viernes, 18 de agosto de 2017

Multiculturalismo. Toda vale?

Una de estas largas noches de verano discuto con una amiga sobre hasta qué punto determinadas actitudes humanas responden a la naturaleza idem o a la cultura. Hablamos principalmente de sexo, de comportamientos que nos resultan aberrantes a nosotros pero que en otras culturas son perfectamente normales.

Mi amiga opina que lo que no es normal no es normal y que hay cosas que son aberrantes per se; mi postura es que según la cultura a la que pertenezcas y en la que hayas sido educado hay cosas que son aberrantes y otras que son normales. Y a menudo de unas culturas a otras esto choca frontalmente.

Ejemplos, miles:

- Hay culturas en las que un hombre besando a otro puede ser motivo de condena a muerte y repulsa social y familiar; en la nuestra es perfectamente normal (bueno, se supone).

- Hay culturas en las que casarse a los 13 años forma parte de la normalidad mientras que en la nuestra está totalmente prohibido y el sexo con un menor es delito y motivo de repulsa social.

-  Hay culturas en las que maltratar a los animales es lícito y hasta encomiable y otras en las que está muy mal visto. (Esta última ambivalencia se da incluso sin salir de nuestra propia cultura. No se trata igual a un perro en el campo, donde se le considera un animal útil que si no realiza su trabajo no sirve que en la ciudad, donde es un animal de compañía y forma parte de la familia).

- Hay culturas en las que agredir o violar a una mujer no es nada reprochable y sin embargo en la nuestra es delito; es más, hace unos años en nuestra propia cultura follar con tu mujer aunque ella no quisiera era lo más normal, un derecho más del marido, y hoy es motivo de cárcel.

- Hay culturas en las que las mujeres son propiedad del hombre y sin él no pueden hacer nada, no son nada, carecen de derechos; en otras culturas las mujeres tienen los mismos derechos (o casi) que los hombres.

En fin, podríamos hablar de miles de cosas del comportamiento de las personas que dependen fundamentalmente de la sociedad en la que se muevan,  que en unos sitios son aberraciones y en otros cosas perfectamente normales, y viceversa.

Por eso es tan difícil aceptar las  migraciones masivas que causan trastornos culturales muy serios.

Hablamos con mucha alegría de multiculturalismo, de mezclas... sí, queda muy chulo cantar eso de

CONTAMÍNAME, MÉZCLATE CONMIGOOOOOO, QUE BAJO MI RAMA TENDRÁS ABRIGOOOOOO

Es muy chulo y muy bonito y todo. Ahora bien, yo planteo lo siguiente:

Hasta dónde somos capaces de aguantar el multiculturalismo?

Por ejemplo:

- Estamos dispuestos a aceptar a la gente que es partidaria de seccionar el clítoris de las niñas?

- Estamos dispuestos a aceptar como iguales a los que creen que violar a una mujer es perfectamente lícito?

- Queremos convivir con gente que no respeta las normas de convivencia en una comunidad, que celebra fiestas multitudinarias hasta el amanecer? (Igual lo de la turismofobia tiene un poco que ver con esto. no?)

- Nos gusta que nuestros hijos vayan al colegio en nuestras escuelas laicas con muchachas que llevan la cabeza tapada por su religión?

- Si nuestra compañera de trabajo lleva burka o niqab porque ella así lo decide la aceptaremos igual que si  es francesa y viste pantalón y camiseta?

- Queremos tener de vecinos a tipos que consideran que a partir de los 13 años una niña es una mujer y por tanto perfectamente abordable, aunque tú tengas 45?

- No te jode ni siquiera una mijillla que cuando tú llevas tu basura al contenedor perfectamente separada por su posibilidad de reciclarse venga alguien después con un gancho y la saque toda para llevarse lo que quiera, y lo que no le gusta lo deje tirado en la calle sin contemplaciones?

Y así podría seguir hasta pasao mañana sin parar. Pero mi tiempo, y también el vuestro, es limitado. No creo que haga falta mucho más.

Yo siempre he tenido una teoría: realmente nadie es racista (salvo unos cuantos muuuuuuuuy tarados como los del Ku-Klux-Klan o los supremacistas rancios esos americanos o los neonazis muuuuy nazis). A la gente no le molestan las otras razas; lo que le molesta principalmente es, sobre todo, que sean pobres. Y encima que intenten imponerles cosas que culturalmente no pueden aceptar. Eso sí, estamos dispuestos a aceptarlo casi todo, incluso el multiculturalismo más salvaje, siempre y cuando haya solvencia económica y beneficio claro.

Ejemplo: aceptamos a los saudíes en Marbella porque son ricos y hacen ricos a muchos negocios. Nos importa una mierda si les cortan el clítoris a sus mujeres y a sus hijas o si ellas no pueden salir a la calle si no es acompañadas por un ejército de guardaespaldas y sin enseñar ni un centímetro de piel. Esos no nos molestan. Somos supermulticulturales con ellos.

Claro que... si el inmigrante del piso de al lado es un puto machista asqueroso casi casi casi como los saudíes, que se vaya a su puta casa!!!!!!!! Ahí el multiculturalismo... tch, falla un poco.

Racistas nosotros? Ni de coña!

Otro caso interesante: a Lola Flores y a Camarón los quería todo el mundo. Eran personajes superrespetados, como lo siguen siendo sus hijos y sus nietos. Todos ellos han llevado siempre su condición de gitanos "con orgullo y satisfacción". Esos gitanos no han molestado nunca, igual que los moros ricos de Marbella. Pos anda que no es chulo el multiculturalismo cuando Rosario le dice a un niño en La Voz Kids: "monstruo, que eres un monstruo!!!!!

Cuáles son los gitanos que molestan? Pues los que no se integran en la sociedad, los que siguen con su "intraculturalismo" de pruebas del pañuelo y gitanas vírgenes y todo eso.

Eso sí, ellos siempre dirán que los payos somos racistas. El hecho de que con Lola Flores o con Lolita no tengamos problema no les da ninguna pista.

Vamos a ver, planteo varias cuestiones:

1. Realmente en nombre del multiculturalismo estamos dispuestos a aceptar todo todo todo?

2. Nos importa una mierda lo que hagan otras culturas siempre y cuando paguen bien?

3. Existe el racismo o simplemente es puro clasismo?

4. Si un gitano es tu vecino y vive más o menos como tú y no enciende hogueras en el bloque a las 5 de la mañana pa cantar por Camarón y montar una juerga... tú tienes algún problema con ese tío?

5. Es igual que se venga a vivir al piso de al lado el futbolista rumano Stropomescu que una familia rumana que se tire todo el día yendo y viniendo con los residuos de todo el barrio? Si esto último no te hace del todo gracia eso es que eres racista?

Y quien dice el futbolista rumano Stropomescu (no existe, me lo he inventado, no lo busquéis en el Google, gilipollas) dice la anticuaria rumana Caprinescu. Vamos, alguien que se gane la vida de modo normal, sin molestar a sus vecinos.

Será que a lo mejor, como muy bien dice mi amiga, lo que queremos es gente que actúe y se comporte como a nosotros nos parece normal? Y que lo que rechazamos es que venga gente que importe culturas que chocan frontalmente con la nuestra, y sobre todo, con algunos valores que para nosotros son esenciales?

Todo esto independientemente de que, si hay dinero por medio,  nos importa una mierda que se traigan su cultura o su puta incultura. Alguien les pregunta algo sobre su modo de vida a los saudíes? Si violan a las niñas de 15 años nos molesta? Si ninguna de sus hijas tiene el clítoris en su sitio nos importa? Estamos dispuestos a preguntar?

Pues no. Si pagas, y pagas bien, te lo consentimos todo. Y no preguntamos nada.

Como mucho nos atreveremos a hablar de ti a tus espaldas con una mijilla de asco y te llamaremos "puto moro de mierda".  Y punto.

Hasta ahí llega nuestro maravilloso multiculturalismo.

sábado, 12 de agosto de 2017

El lenguado

Hoy he comprado un lenguado. Y también lo he cocinado. Y después me lo he comido.

Ahí queda eso! Para que luego digan que no hay emociones fuertes en unas vacaciones sin moverse de casa.

(Breve inciso:  me refiero a sin moverse de casa físicamente. Porque yo llevo todas las vacaciones de Nueva Caledonia a las Seychelles y de ahí a las Maldivas. Lo que pasa es que no he cogido ningún avión ni nada, sólo he volado mentalmente, que es la forma más barata y segura de volar. Pero vamos, que he estado en mogollón de sitios chulísimos, eso lo puedo asegurar.  Y he buceado con tiburones y todo. Diiiiiiigo! Anda que no molan!)

Bueno, sigo. Como de costumbre, habrá algún malintencionado que se pregunte qué tiene de particular comprar un lenguado, cocinarlo y comérselo. Siempre hay un aguafiestas en todas partes.

Bueno, pues te lo explico, amigo o amiga. La particularidad de esta experiencia consiste en que...

ES LA PRIMERA VEZ EN MI VIDA QUE COMPRO Y COCINO UN LENGUADOOOOOOOO!!!!!

En realidad es la primera vez que entro en una pescadería a comprar. He ido algunas veces pero siempre de recaera o acompañando a alguien que iba a comprar.  Pero lo que es yo entrar como futura cocinera... ésta es la primera vez.

Al principio no me atrevía. Qué mieeeedoooooo! Venga a dar vueltas con la Bimba por delante de la pescadería. Peor que el que no sabe cómo entrar en un puticlub. Entro o no entro? Y si entro y me llevo algo al tuntún que luego no sé cocinar? Y si encima me cuesta una pasta? Porque dicen que el pescado que no va en lata es supercarísimo.  Así que venga calle arriba calle abajo sin  terminar de decidirme.

Y es que una amiga mía me había picado unas noches antes preguntándome si yo comía algo de pescado, y yo le dije que sí, que atún en escabeche y sardininhas picantes en aceite. Y esta amiga me dijo que eso era una mierda, que tenía que comer de vez en cuando pescado pescado pescado de verdad. O sea, de la pescadería.

Y por eso me encontraba yo en tan desasosegante situación. La pobre Bimba ya harta de olisquear los mismos matorrales y de mearse en ellos.

Totaaaaaaa, que al final digo: "entro".

To nerviosita.

Y ahora qué pido, si no sé distinguir un boquerón de un mero? Por lo menos espero que pongan los nombres de las cosas. Bueno, y si no pregunto. Ya que me he echao a los deportes de riesgo... Inma, a por todaaaaas!

Efectivamente, ponían los nombres de las cosas, y el precio también. Pero yo no los veía. Venga a arrugar los ojillos...  nada, ni un pijo.

- Tiene merluza?

El primer pescado que se me ocurrió.

- La merluza se me ha acabado.

Hossstia, también es mala suerteeee! Pero por lo menos no me ha dicho que la merluza no se compra en las pescaderías sino en las zonas de congelados de los supermercados, que era lo que me estaba temiendo.

- Bueno, y qué tiene así parecido?

- Pues mira, aquí hay de todo (Sí, cabrón, menos merluza). Mero, sardinas, boquerones, salmón, lenguado...

Jodeeeeeeer, pero es que yo estoy buscando algo para ponerlo en plan sano, a la plancha, al horno, al papillote... (Agárrame el cipote. Sí, antes de que lo digas tú lo digo yo, lector graciosillo)

- Bueno, vale, gracias, es que yo quería merluza.

Salgo pitá de la pescadería jurándome a mí misma que no vuelvo más. Pero cómo me he atrevido a entrar en un sitio que no sé ni cómo se llaman los bichos ni cómo se cocinan ni lo que cuestan ni nada?

Agarro a la Bimba, que la he dejado atada en el local de al lado (a la sombrita, malpensaos!) y la llevo a tirones lo más lejos posible de la pescadería.

Pero oye, con una desazón, un resquemor, una cosilla... Que no tenía ganas de volver a mi casa, a pesar de que era la 1 del mediodía y hacía un calorín del copón y la Bimba ya había cagao.

Venga, que entro otra vez, con siete pares de cojones!

Totaaaaaaaaaaa, que entro.

- Hola buenas, me lo he pensado mejor. Qué es eso?

Y señalo al azar un bicho, intentando ganar tiempo.

- Mero.

- Ah, vale!

- Y eso?

- Bacalao. Buenísimo.

- Ajá!

Y cómo coño se cocina el bacalao que no está congelao? Y el mero, eso qué coño es?

- Y lenguado? Tiene lenguado?

El lenguado me suena de toda la vida, igual que la merluza.

- Sí, unos lenguados buenísimos.

- Vale, póngame.

- Cuántos?

- Uno.

- Sólo uno?

- Uno grande.

A ver si me voy a llevar siete y me los como con patatas. Vamos a probar primero con uno.

- Éste?

- Vale, ese mismo.

- Se lo limpio?

- Ah, pues sí.

Jodeeeeeer. había que limpiarlo!!!!! Mira que si el tío no me lo pregunta y lo cocino tal que así! Madre mía, qué locura haber entrado aquí sin tener ni puta idea!

Me lo limpia y me lo da, 3 leuros. Si al final tengo que tirarlo más se perdió en Cuba, tú.

La verdad es que es una minucia de pescao, con eso yo me muero de hambre.  Y si algo sé del lenguado es que la mitad es raspa. Pero bueno, ya le echaré guarnición para darle un poquito de gracia y alimento.

Más contenta que unas pascuas, superada mi desazón y mi congoja, cojo a la Bimba y nos vamos para casa.

Meto el lenguado en la nevera y me bajo a la piscina con mi librito y mis cosas para entretenerme. Normalmente aprovecho esos ratos para hacer viajes astrales a Nueva Caledonia pero oye, que no podía viajar. Venga a darle vueltas a distintas formas de cocinar mi lenguado.

Del papillote (agárrame el cipote) he oído siempre hablar muy bien: sano, nutritivo y natural. Y mancha poco. A mí es que manchar muchos cacharros en la cocina me echa patrás tela.  Esto es un papel Albal y ahí lo metes todo y lo pones en la bandeja del horno. No se mancha nada, lo cual supone su atractivo fundamental. Y por lo visto conserva todas las propiedades de la materia prima. Un chollazo.

También puedo hacerlo al horno pero sin el papel Albal. En un cacharro, sólo uno, no está mal. Ahora bien... cuáles de los cacharros que tengo sirven para meterlos en el horno? Tengo una fuente supergrande de cristal que la usaba mucho mi ex para hacer cordero y pollo y lubina a la sal y cosas así pero me parece excesiva para esta mierda de lenguado, la verdad. Y tengo también cazuelas de barro, que creo que se pueden meter en el horno,  pero en ninguna me cabe el lenguado, la cola sobresale.

Mi novio me aconseja: fríelo. Yo frito no quiero nada, no me gustan los fritos, pero bueno, en una sartén con una mijilla aceite sí puedo ponerlo.

Totaaaaaaaaaaa, que apago el horno que lo había encendido para lo del papillote (agárrame el cipote). Y enciendo la vitro y saco una sartén, y digo: que sea lo que Dios quiera.

(Sí, es verdad, aunque no crea en él, Dios siempre está presente en mis oraciones. Es muy socorrido, qué le vamos a hacer?)

Ahí va mi receta: Lenguado, aceite, cebollino, guindilla picante, cilantro (es que he comprao un ramillete y como me he aficionado, se lo echo a todo), zanahoria y una mijilla sal. Al final me he vuelto to loca y le he echado también un chorreón de vino blanco. Que no nos falte de na!

Sólo digo una cosa. En mitad del acto culinario mi hija ha entrado en la cocina y ha dicho tal que así:

- Jooooooo, qué bien huele, mamáaaaaaaa!

Y es que a todo lo que se le echa vino huele genial. Saber... no se sabe cómo sabrá, pero las cosas como son, huele muy bien.

Luego he emplatado. Bonito no... lo siguiente. Se me ha quedado de exposición universal. Le he hecho unas cuantas fotos que le he mandado a mi amiga, por sus sabios consejos, y a mi novio, pa que vea que soy una muchacha de pro. Y no una perdía de la vida como a veces parezco.

Desenlace: bueno, bonito y barato. Una vez a la semana puedo comer pescado. No pasa nada. No me he muerto y estaba rico. A ver, desde luego no como mis espaguettis a los 67 quesos pero es sano y contiene proteínas. Proteínas de pescado, que son las mejores.

Y ya la próxima vez que pase por la pescadería no me entrarán sudores fríos. Porque ya sé cómo es una pescadería por dentro y cómo interactuar con el pescadero.

Sé que hay que decirle con gran seguridad en ti misma que te limpie el pescado, si es que él no lo dice antes. Y que si no sabes cómo cocinar algo, el papillote (agárrame el...) siempre está ahí.

Y oye, que estas grandes aventuras hay que compartirlas. Que no todo en la vida va a ser viajar constantemente de Nueva Caledonia a las Seychelles y a las Maldivas. Que también hay que comer pescao. Y a ser posible no todo de lata.

Ps. Pero vamos, que como el atún en escabeche y las sardininhas en aceite picante, que se quite el lenguado a la plancha con cebollino y cilantro, también te lo digo. Las cosas como son.

jueves, 10 de agosto de 2017

Creencias

Tengo una amiga que dice que no se cree que yo sea atea. En su opinión, yo creo en algo y la prueba está en la cantidad de veces al cabo del día que nombro a Dios y al resto de su familia, en distintas modalidades, variantes y situaciones: ay Dios miiiío, Virgen sannnnnnta, madre del amor hermosooooooo, a Dios pongo por testigo, etc.

Ahí lleva razón, yo a Dios, a su madre y al espíritu santo no me los quito de la boca. Son la mar de socorridos para todo, y una persona tan elocuente verbalmente como yo no podía dejar pasar ese acervo cultural religioso que he mamado desde pequeña, para bien o para mal.

Pero creer creer lo que se dice creer... vaserqueno, reina. Y lo poco que creía cuando llegué al instituto se encargaron mis profes de Religión de echármelo por tierra cuando pretendieron convencerme racionalmente de la existencia de un ente supremo basándose en teóricos como Santo Tomás, San Agustín, etc., aquella chorrada del ser contingente y el ser necesario.... ufffff, ahí ya mataron del todo la poca fe que me quedaba.

Pero macho, cómo pretendes convencerme de que se puede demostrar racionalmente la existencia de Dios diciéndome que como todos somos seres contingentes por huevos tiene que haber un ser necesario? Cómo que por huevos? Qué huevos, de avestruz o de gallina? Es que no has oído hablar del Big Bang? Vamos, que Santo Tomás no hubiera oído hablar de ello puede considerarse normal pero... el cura que me daba clases de religión en el instituto?????

Me parece que lo que le pasa a mi amiga es que confunde mi "espiritualidad" con un trasfondo religioso que no tiene. Es cierto que yo soy una persona muuuuuuy supersticiosa y creo profundamente en el destino y en la buena o la mala suerte. Tampoco es que haya que ser muy creyente, la realidad es tozuda: hay gente con una estupenda buena suerte en la vida y gente con una mala suerte del copón. Y casi nunca tiene que ver con cualidades personales ni con la bondad ni con la maldad ni con nada de eso. Es simple suerte y punto. Es más, si existiera un Dios, menudo hijodelagranputa estaría hecho por permitir ese tipo de cosas. Un auténtico cabrón.

Vale, cierto es que soy supersticiosa a tope. No de las supersticiones colectivas estas del gato negro, la escalera o la sal derramada, no. Yo prefiero las de mi propia cosecha. Si ocurren varias cosas buenas o malas en una fecha concreta, si llevas una ropa determinada o se repite una circunstancia demasiadas veces yo creo que eso tiene un significado.

La numerología, por ejemplo. Hay un número concreto, del que ya hablé aquí en una ocasión, que ha marcado profundamente mi vida  y al que le tengo a partes iguales afición, respeto y miedo.  Me encanta para comprar lotería y para otros juegos de azar pero procuro no viajar nunca en ese día y presiono a los míos para que, en la medida de lo posible, tampoco lo hagan. No es que me paralice por completo pero ese respeto lo tengo, y no hay manera de quitármelo.

Tampoco atribuyo a mera casualidad el hecho de que mi novio y yo tengamos el mismo número en el DNI salvo un dígito que cambia de orden. Las probabilidades de que eso suceda son tan escasas que para mí tiene un significado claro que no tiene nada que ver con lo religioso, ni con Dios ni con la Virgen. Es como una especie de guiño del destino.

El Destino. Si algún Dios yo pudiera tener sería ése.  No es que crea que todo está marcado, decidido y predeterminado por un ser superior ni nada de eso, pero sí presiento que hay como un orden lógico que da sentido a las cosas. Ese DNI casi idéntico, ese número que se ha repetido sospechosamente en varios acontecimientos importantes de mi vida... Que podrían ser meras casualidades? Vale, mucha gente piensa que lo son, pero para mí es prácticamente imposible concebir tanta coincidencia. Podéis llamarme incrédula, flipada, loca o lo que sea, pero no.

Aparte de todo esto, también es cierto que tiendo a establecer cierta conexión con el mundo de los muertos. A ver, es difícil de explicar. Cuando yo digo que hablo a menudo con mi madre muerta o con mi perro puede que algunos piensen que creo en el más allá o en la vida después de la muerte o algo así. Para nada, ni de coña. Mi perro y mi madre están muertos y bien muertos y de ellos no queda en este mundo más que un montón de fotos, unas pocas cenizas y nada más.

El resto está en mí; ellos seguirán vivos mientras yo esté viva y los recuerde. Y use la energía que ellos me dan para afrontar mi propia vida. Yo no creo en Dios, yo creo en la sinergia de todas esas fuerzas que se concentran en mí.

Es difícil de explicar. A ver si lo consigo. Cuando yo digo que mi madre al morir me regaló a mi hijo (escribí hace tiempo un post al respecto) no me refiero a que ella como espíritu me mandara ese regalo de una forma voluntaria. Me refiero a que yo durante la larga enfermedad de ella había entrado en barrena y es verdad que había intentado quedarme embarazada durante bastante tiempo y no lo conseguía. Lo cual era completamente normal. Estaba moral y físicamente hecha un trapajo: no comía, no me cuidaba, no era feliz, iba cuesta abajo y sin frenos y hasta dejé de menstruar. Pero la muerte de mi madre de repente me hizo ver la luz; fue como un revulsivo, como si su energía se hubiera trasladado a mi cuerpo, y de repente vi diáfano que estaba haciéndolo todo fatal, y empecé a comer de nuevo, y a cuidarme y a creer en mí. Me puse fuerte en muy poco tiempo, engordé los kilos que me hacían falta y la regla volvió con ímpetu renovado. Presiento que mi primer óvulo estaba pidiendo a gritos ser fecundado. Y justo a los 3 meses de irse ella me quedé embarazada y la prueba evidente de que ese hijo fue un regalo de mi madre es que nació justo al año de su muerte.

Eso no significa que yo crea que mi madre está aquí, ni que cuando hablo con ella me escuche. Lo que significa es que su fuerza y su amor siguen en mí, y hablar con ella es como hablar con esa parte de mí misma que hace posibles las cosas. Cuando yo le pido protección estoy conjurando esa energía suya que me hace capaz de proteger a los míos. Cuando yo hablo con el retrato suyo que preside mi salón, cuando brindo con ella en las grandes ocasiones... no es un fantasma, es la presencia suya que sigue viva en mí.

Ufffff, fijo que no os habéis enterado de nada. La verdad es que todo esto es complicado de transmitir y no me extraña que mi amiga piense que soy creyente. Y más de uno y más de tres que lean esto. Pero lo cierto es que no lo soy. No creo que haya ningún ser superior que me vaya a salvar de nada ni que me vaya a conceder la vida eterna. Yo seguiré viva, como mi madre lo sigue en mí, mientras haya quien me recuerde y ese recuerdo le dé energía para vivir, y le alimente y le acompañe en su propia trayectoria.

Ésas son las cosas en las que yo creo. En conjurar al destino si viene en contra para que se ponga a mi favor. En intentar que los números se alíen en positivo, en esquivar al máximo lo maligno que pueda rodearme y apostar siempre por todos los signos favorables. Creo en la energía que se transmite después de la muerte y creo en el poder del amor como forma de preservar la memoria de las personas a las que hemos querido.  No creo en nada sobrenatural porque todo esto forma parte de la propia naturaleza de las cosas.

Y por supuesto, independientemente de que Dios como ser supremo no exista, todos tenemos nuestros pequeños diosecillos de andar por casa, esas cosas a las que nos aferramos para vivir... no sé, el dinero, el poder, la fama, las drogas, la familia, el trabajo...

Pero sí, amiga mía, aunque te cueste creerlo, soy atea por la gracia de Dios.  Y a él mismo lo pongo por testigo.

domingo, 6 de agosto de 2017

Turismofobia

Pues ya lo siento, ya, pero anoche se repitió el fenómeno y volví a estar de acuerdo con Marhuenda en otro momento de La Sexta Noche. Esta vez con el tema de la turismofobia, esa cosa de la que de repente habla todo el mundo y de la que hasta hace unos meses no se sabía nada de nada. Marhuenda se chotea de este fenómeno y yo no puedo más que hacer lo mismo.

Conste que hablo como turismofóbica de toda la vida. No sabía que existía esta patología pero una vez conocido el término ya le puedo poner nombre a esa aversión natural que desde hace años me vienen provocando los lugares atestados de personas en general y de turistas en particular. Por tanto no me cuesta comprender el sentimiento de repulsa que por lo visto ahora siente mucha otra gente hacia esa masificación que se da en muchas playas, ciudades y pueblos del mundo entero.

Por supuesto rechazo totalmente las manifestaciones violentas de los tarados que se dedican a quemar autobuses o a pinchar bicis en algunas grandes ciudades, concretamente que yo sepa, en Barcelona. Por cierto, una ciudad que visité hace años como una turista más, despotricando naturalmente de todos los demás turistas que no eran yo, que parecían haberse puesto de acuerdo en joderme la visita paseando ellos en el mismo día y a la misma hora por donde yo querría haber paseado sola, a ser posible.

Porque lo que me llama más la atención es que mucha de esa gente que se ha apuntado a la nueva fobia luego no tiene el menor reparo en viajar compulsivamente de un lado para otro convirtiéndose a su vez en el mismo turista del que abomina cuando el turista es otro y el sitio que visita es su ciudad.

No me imagino a todos esos de las CUP que andan tan exaltados escribiendo pintadas del tipo "Guiris go home", sin moverse de Barcelona jamás, sin coger un tren ni un avión, perennes en sus casas poniendo a parir a todos aquéllos que han tomado la abominable decisión de visitar su ciudad. Me apuesto la cabeza a que la mayor parte de ellos viajan todo lo que pueden, y no me extrañaría que lo hicieran en plan mochilero, buscándose pisos turísticos lo más baratos posibles donde poder meterse tropecientos gastando lo justo. Vamos, plan turismo muy muy muy low cost.

Hay alguien por aquí que no haya sido turista alguna vez? Me parece a mí que no, que en algún momento de nuestra vida todos lo hemos sido. Por eso el quid está en que no es que no nos gusten los turistas; lo que aborrecemos son los turistas que están en el mismo sitio en el que estamos nosotros.

Hijosdeputa, cómo se les ocurre venir a invadir nuestra hermosa ciudad, con la de ciudades de mierda que hay por ahí para poder invadirlas tranquilamente? Y por qué a todas esas hordas de cerdos cabrones les da por venir a París justo en las mismas fechas en las que hemos decidido venir nosotros? Y encima a los mismos sitios, los mu mamoneeeees!!!!!! Es indignante! Que vas a la Torre Eiffel? Allí están los muy asquerosos! Que quieres ir al Louvre? O a los Campos Elíseos, o a Montmartre o al Sacre Coeur o a dar un paseo por el Sena? Hosssstia, allí están también para joderte el día!!!! Repugnantes turistas de mierrrrrda!

Y básicamente en esto consiste la turismofobia, en hacer uno todo el turismo que le dé la gana a la par que se odia a muerte a todos los demás que hacen exactamente lo mismo.

Marhuenda, volvemos a estar de acuerdo. Empiezo a preocuparme seriamente.

Hossstia, de acuerdo con Marhuenda!

Si no lo hay debería de haber un hashtag que rezara "hostiaqueestoydeacuerdoconmarhuenda" 😢. Porque es verdad que cuando sucede traumatiza un poco, y debería haber algún modo de decir lo tocada que se queda una.

Lo primero que piensas cuando coincides en algo con Marhuenda es que te lo tienes que hacer mirar. Y si no es la primera vez que te pasa, como es mi caso, ya es que te emparanoias un montón, te lo juro.

A mí hoy me ha vuelto a pasar.  Debate en "La Sexta noche". Caso Juana Rivas.

Os pongo al día, aunque el caso es bastante mediático: esta señora estaba casada con un italiano que fue acusado en su país de malos tratos y cumplió condena por ello. Ahora Juana se enfrenta a una denuncia por secuestro porque no quiere que sus hijos vean a su padre, pese a que una sentencia italiana permite al padre ver a sus hijos, incluso creo que le concede la custodia.

El caso Rivas plantea la cuestión de hasta qué punto los maltratadores de mujeres tienen derecho a ver a sus hijos. Son forzosamente los maltratadores malos padres? En el nuevo pacto este que han hecho todas las fuerzas políticas por la "violencia de género" se establece la prohibición de que los maltratadores vean a sus hijos, así a saco, todos. Nada de mirar caso por caso ni de establecer variables ni nada.

Hombre, si te pones a mirar casos como el de José Bretón, el asesino de los niños cordobeses, por nada del mundo dejarías a un tarado como ese a cargo de sus hijos. Quién coño se va a arriesgar a dejar a unos niños con un tipo así? Pero cómo es posible saber de antemano que alguien es capaz de algo como eso?

Generalizar con estas cosas es muy injusto, y aplicar a todo el mundo el mismo rasero peor.

Por ejemplo, todos hemos oído hablar de madres que en plena depresión matan a sus hijos y se nos ponen los pelos de punta de pensar en el grado de locura que una tía tiene que tener para hacer una cosa así. Pero yo planteo: debería de quitarse la custodia de los hijos a toda mujer deprimida o en tratamiento psiquiátrico?

Oye, que ha habido varios casos muy alarmantes. no uno ni tres. Mujeres que están pasando una depresión postparto y se sienten agobiadas con la maternidad... Mujeres recién abandonadas que no saben si van a poder salir adelante con su prole... Mujeres que piensan, que sinceramente creen que antes de irse con su padres los niños estarían mejor muertos. Que de esto hay por ahí, eh?

Casi más que de padres asesinos de sus hijos. Bretones ha habido, según dijeron ayer en el debate, creo que 7 en los últimos cinco años, y ni siquiera todos ellos habían sido juzgados como maltratadores. El propio José Bretón no había sido ni denunciado como tal. Hablamos de un tipo al que se le va la pinza cuando la mujer le deja y decide hacerle el mayor daño posible  del que es capaz.

Por suerte hay muy pocos tíos capaces de algo así; la mayoría de ellos pueden odiar a muerte a su mujer pero siguen amando a sus hijos. Una cosa no es incompatible con la otra.

Y en esto que dice Marhuenda algo que podría ser la clave: qué pasa con la reinserción? Con la prisión como medida de reinserción? Un maltratador no puede reinsertarse y volver a hacer vida normal?

Porque nuestra Constitución, esa con la que tanto se les llena la boca a muchos, considera la pena privativa de libertad como una medida de reinserción social. Por tanto un maltratador, como cualquier otro delincuente, tiene que tener derecho a reinsertarse, no? Y en ese derecho se incluye poder ver a sus hijos y poder volver a ejercer como padre, si se determina que esa persona ya ha cumplido su pena, ha pagado por su delito y está rehabilitada. A los otros delincuentes, terroristas, violadores, asesinos, ladrones, defraudadores, vale, les aplicamos tanto la presunción de inocencia como  la posibilidad de reinserción, pero a los maltratadores ni agua?

Pues oye, todos los forofos de ese pacto contra la violencia de género, ante este argumento tan básico pero tan razonable del inefable Marhuenda callaron ominosamente. No tenían nada que decir. Todos se pegaron un punto en la boca y cambiaron rápido de tema.

Cuando yo digo que esta sociedad está enferma lo digo por algo.  Con esto de la "violencia de género" a mucha gente se le va la pinza totalmente. Es que se saltan la Constitución y todo lo que haya que saltarse.

Por eso una vez más, y ya son varias en las últimas semanas, no he tenido más remedio que estar de acuerdo con Marhuenda, mal que me pese, y plantearme hasta qué punto la señora Rivas tiene derecho a negar a sus hijos que se vean con su padre.

Y ya no este caso concreto, que a lo mejor en él sí podría ser razonable, o no, no lo sé. Sino el generalizar y determinar que ningún hombre que haya sido condenado por maltrato pueda ya nunca más volver a ver a sus hijos. Un asesino sí (siempre que no haya asesinado a su mujer, claro), un ladrón también, un violador también, pero un maltratador no.

No se nos ha ido un poco la perola?

Ayyyyyyy, Marhuenda, con esa carita de lechuza que tienes... si al final hasta me vas a caer bien!

Opiniones gratuitas

Como sabéis, soy muy forofa del First Date. Ya he abierto antes varios posts comentando sobre este espacio de citas amorosas... o pretendidamente amorosas.

La verdad es que lo que se aprende observando y reflexionando sobre el comportamiento de la gente en este tipo de programas no tiene precio. Y hoy vengo a hacer un análisis más de un tema que surge con frecuencia en el programa, tengo que decir que sobre todo en mujeres.

Llega Carlos Sobera, el presentador, y pregunta a la chica/señora:

- Tú qué buscas en una posible pareja?

Y en un porcentaje importante, casi escandaloso, ellas contestan:

- Sinceridad, honestidad y fidelidad. Sobre todo que no me mientan.

Ayer mismo, sin ir más lejos, hubo tres participantes que dijeron algo parecido. Una de ellas una chica de 19 años, en la que el comentario en cuestión era perfectamente esperable y comprensible, a la par que entrañable. A esa edad es difícil dar más de sí, no se llega mucho más lejos. Todos fuimos así un día y hay que entenderlo.

Lo verdaderamente espeluznante es cuando el comentario lo hace gente de 35 para arriba. Y cuando digo para arriba quiero decir muy muy muy para arriba. Algo absolutamente imposible de entender para mí. Porque a determinadas edades no puede ser que no sepas que la sinceridad es algo altamente peligroso y muy poco deseable.

También por este blog han pasado a menudo algunas almas nobles y puras de ésas que claman por la verdad y recomiendan a las personas que sean totalmente sinceras con sus parejas cuando han dejado de quererlas o se han enamorado de otra persona.

Me pregunto si la gente antes de soltar ese tipo de soflamas se para a pensar mínimamente en lo que está diciendo y en las implicaciones que eso tiene en la vida real de las personas.

No voy a hablar aquí de parejas sin hijos, que ahí la cosa es fácil. Si la cosa no funciona se habla, nos ponemos de acuerdo, vendemos las propiedades en común si las hay y hasta luego Lucas.  Aquí paz y después gloria, y tan amigos. O tan enemigos, como cada cual quiera.

Vamos a hablar abiertamente y sin tapujos de lo que significa enamorarse de otra persona cuando se tienen hijos y de lo que implica ser absolutamente honrado, honesto y sincero, como propugnan muchos. De lo que supone una separación con hijos, tanto en el aspecto económico como en el familiar. Y vamos a tratarlo, sobre todo, desde el punto de vista de los tíos, que en estas cosas hoy por hoy llevan todas las de perder.

Voy a dar una serie de razones prácticas por las que decir la verdad en estas situaciones puede ser el mayor error de tu vida. Y lo haré planteando los distintos casos que pueden darse en el marco de una separación:

1. Que ambos cónyuges trabajen y el juez determine la custodia compartida de los hijos.

Éste sería el mejor de los casos. La custodia compartida implica que los cónyuges se implican igualmente en el cuidado y manutención de los hijos y nadie tiene que pasarle a nadie ningún tipo de pensión alimenticia ni nada.

Pueden darse varias circunstancias. Por ejemplo, que el domicilio familiar sea declarado como el mejor para que sigan viviendo en él los hijos, en cuyo caso los cónyuges pueden repartirse por temporadas la convivencia por turnos en el citado domicilio. En las etapas que no les toque, pueden alquilarse cada uno un domicilio alternativo en el que poder vivir en sus turnos de "solteros".

Ya digo, éste es el mejor de los casos. Cada X tiempo se muda al domicilio común uno de ellos y convive ese tiempo con los hijos. Esto implica tener que pagar un alquiler y unos gastos de mantenimiento vital en las temporadas en las que no les toque convivencia familiar. Por supuesto asumiendo en todo momento su parte en los gastos comunes como hipoteca, colegios, medicinas, etc.

Sólo digo una cosa: que cada cual que lea esto eche cuentas de si podría mantener esta situación por mucho tiempo con su sueldo.

Y estamos hablando del mejor de los casos!

Por no hablar del trastorno personal de no tener un hogar estable porque constantemente tienes que andar haciendo maletas de un lado para otro con tal de que los hijos sigan manteniendo su entorno, sus amigos, sus colegios y un nivel de vida lo más similar posible al que mantenían antes.

También puede darse que uno de los cónyuges deje al otro el uso y disfrute del domicilio familiar y se traslade solo o con una pareja a otro domicilio al que periódicamente los hijos deberían acudir. Esto naturalmente sólo puede hacerse si se cuenta con una economía familiar que lo permita y/o con una nueva pareja que haga una importante aportación económica para sostener la situación.

Ni que decir tiene que en este caso los puteados son los hijos, que tienen que andar periódicamente mudándose de casa, de hábitos, de amigos incluso. Contando con que los padres vivan en el mismo barrio y en la misma ciudad, porque naturalmente esto es insostenible cuando se vive en lugares muy distantes, incluso en países diferentes. Imposible sencillamente.

2. Que ambos cónyuges trabajen pero el juez determine la custodia para uno de ellos, generalmente la mujer, porque es la que siempre ha cuidado de los hijos.

Lo de antes era gloria bendita al lado de esto. Aquí toca apechugar económicamente, con el agravante de que en la práctica el contacto con los hijos se dificulta enormemente para el que no tiene la custodia.

Pongamos que hablamos de alguien con un sueldo de 2.500 euros mensuales. Convendremos en que en este país no es un mal sueldo. Y pongamos que tiene tres hijos. Como poco por cada hijo que pague 300 euros, aparte por supuesto de seguir apechugando con los gastos que le corresponden de hipoteca, seguros, colegios, etc.

Ahora echemos cuentas de lo que le queda a esa persona para vivir  teniendo en cuenta que tiene que alquilarse una vivienda y hacer frente a todos los gastos de mantenimiento y subsistencia personales sin dejar en ningún momento a su familia desasistida.

Y luego echemos las mismas cuentas cuando no se tiene un sueldo de 2.500 euros sino uno un poco más de andar por casa. Un mileurista por ejemplo. Tembláis de pensarlo, no? Pues aún puede ser peor, como el que viene a continuación.

3. Que sólo uno trabaje y el otro (generalmente la mujer) se dedique a eso que eufemísticamente se ha venido denominando "labores del  hogar".

Aunque os pueda parecer mentira este caso existe, y no son pocos. De hecho en los últimos tiempos hay como una corriente favorable a este tipo de arreglos: la mujer se queda en casa a cuidar de la prole y el hombre se hace cargo del trabajo remunerado. Por lo visto así se ahorra mucho dinero en la etapa de crianza.

En fin, a mí personalmente no me cabe en la cabeza en estos tiempos pero hay quien defiende esta opción con uñas y dientes  como válida y razonable, hasta alguna feminista. Para mí sencillamente es un despropósito, una soga al cuello de por vida, una hipoteca mucho más gorda que las del banco.

Eso podía ser válido cuando los matrimonios por cojones eran para siempre, tanto si querían como si no. Pero en nuestros días, en caso de separación, ya no es que tengas que pagar pensión por tus hijos hasta que sean mayores y se puedan valer por sí mismos; es que además a esa persona le tienes que pagar la compensación correspondiente por haber dedicado su vida a cuidarlos y no haber tenido un trabajo remunerado. Y ella muy probablemente no se va a poder valer por sí misma ya nunca, depende de ti económicamente para tooooooooda la vida. Cadena perpetua.

Pongamos el caso anterior: ganas 2.500 euros, convinimos antes que es un buen sueldo, pero en tu casa eso es todo lo que entra y punto. Tres hijos. Pensión para cada uno de ellos y la compensatoria para la señora. Pongamos 1.500 en total,  y poco es. No es que vayan a vivir muy bien con ese dinero, pero es todo lo que puedes dar. O lo que te queda. Aparte todos los demás gastos al completo por tu cuenta, porque ahí no hay más ingreso de donde sacar: hipoteca, coches, seguros, comunidad, colegios, universidad... Supongamos que de tu sueldo de 2.500 te quedan 700 (y soy muuuuuuy optimista). Ahora intenta buscarte un piso y vivir con eso.  Y que tu ex y tus hijos se acostumbren también a vivir con la mierda que les queda. Ayyyyyyy, esa bendita sinceridaaaad!

Por supuesto, todo esto es si ganas 2.500 euros. No vale si eres un mileurista ni un milquinientoseurista. Por cierto, que todos esos partidarios de la sinceridad y de la honestidad por encima de todo creo que se paran poco a echar cuentas sobre la diferencia de ser mileurista o dosmileurista o tresmileurista. Pa qué nos vamos a complicar, no? Aunque en realidad la cosa varía mucho, de hecho varía todo a la hora de una separación el tener mucha pasta y el no tenerla.

En fin. Todo esto además lo hablamos partiendo de la base de que seas tú quien decide separarse por aquello de la honestidad y de lo feo que es mentir. Si encima es ella la que quiere dejarte a ti y te ves en una de éstas, tiembla, chaval.... Y si ya es que se ha enterado de que había tercera o tercero de por medio y decide ir a putearte y a hacerte la vida un infierno, que haberlas haylas, y no son pocas... cágate lorito.

A alguien puede extrañarle el porcentaje de suicidios de tíos separados? Una cifra escalofriante. Superior, por cierto, al de mujeres muertas por "violencia de género".  Sabéis que el suicidio es la primera causa de muerte en España, por encima de los accidentes de tráfico? Y que buena parte son de hombres separados de entre 35 y 55 años? Ayyyyysssss, nooooooo, que de eso no se sacan públicamente estadísticas ni se dice en los medios cada vez que hay un caso!!!!! Vaya por diosssss!

Repito mi planteamiento inicial: vale que con 25 años creas en la sacrosanta honestidad y la sinceridad en la pareja por encima de todo... Pero si has vivido un poco, si has visto lo que pasa a tu alrededor, si te has fijado algo en las consecuencias de las cosas... qué me estás contando?

De verdad, amigos, antes de soltar según qué opiniones y según qué sentencias demoledoras lo mismo no estaría de más pensar en qué es lo que estamos pidiendo y en cuáles son las consecuencias para las personas y para sus familias.

Y lo mismo seríamos capaces de ser un poco más realistas y un pelín menos flowerpower.

sábado, 29 de julio de 2017

Elogio de la rutina (y de la vida sencilla)

Hola amigos.

ESTOY DE VACACIONEEEEEEEESSSSSSSSS, GUAUUUUUUUUUUU!!!!!!!!

Ejem, siento este momento de expansión tan poco poético y elegante pero es que no lo he podido evitar. Cada año cuando llega este instante sencillamente no puedo hacer otra cosa más que saltar, gritar y darle gracias a la vida por tener acceso a esa cosa maravillosa que muchos no pueden ni soñar: las vacaciones pagadas.

Lo siento fundamentalmente por mis amigos y familiares autónomos que curran como bestias y no tienen ni la más remota idea de lo que hablo. Desde aquí un fuerte abrazo para todos ellos. Sin recochineo, de verdad, esto debería de ser obligatorio para todo el mundo en el universo entero.

Y una vez autojustificada  por mis excesos expresivos me gustaría hablaros de un artículo que acabo de leer y que viene muy al hilo de lo que pretendía comentar. En realidad éste viene a ser mi post de todos los años en el que acostumbro a elogiar el descanso vacacional entendido como tal y no como ese afán de agotar hasta el último minuto moviéndose compulsivamente de un lado a otro que suele practicar la gente con estos días privilegiados que nos han sido dados. Que no regalados, por cierto, porque fueron muchos los que lucharon por este derecho que por desgracia mucha gente aún no tiene, y ya no sabemos si incluso irá desapareciendo poco a poco para todos nosotros como una especie en extinción. A estas alturas no me extraño de nada.

El artículo que tanto me ha gustado se titula "Elogio de la rutina". Y va seguido de un subtitular precioso: "Hay para quienes hacer todos los días lo mismo es una maravillosa manera de no aburrirse" . El autor es un tal J. Ernesto Ayala-Dip (al que no conozco de nada, por cierto, pero cuyo nombre me parece justo reseñar), y parece estar hablando en todo momento de mí, de mis gustos, de mi forma de vida y de todo aquello que año tras año defiendo en mis posts sobre esa vida sencilla y relajada, y en efecto rutinaria, que tanto me gusta.

Os paso el enlace por si estáis interesados en leerlo:

https://elpais.com/elpais/2017/07/10/opinion/1499675917_952426.html

Y aquí va un fragmento:

Si me atrevo a desafiar la paciencia de los lectores es porque todo lo escrito nace del entusiasmo que me causó la última película de Jim Jarmusch, Paterson. Un auténtico canto a la rutina. El director norteamericano crea en la figura de un conductor de autobuses, uno de esos conductores que uno se encuentra y saluda cuando se monta en el vehículo que lo llevará hasta su casa o su faena, el paradigma de la monotonía por excelencia. Jarmusch enseña que en la rutina es posible encontrar también lo nuevo (que no lo novedoso), toparse milagrosamente con una epifanía. El conductor de la película se llama Paterson, el mismo nombre de la ciudad en la que vive con su imaginativa y bella mujer... Paterson, el conductor, se levanta todos los días a la misma hora para acudir a su trabajo de conductor. Siempre lleva consigo una libreta donde anota versos que por la noche le recitará puntualmente a su expectante esposa también a la misma hora. Todo exactamente igual de lunes a viernes. Los fines de semana, más lectura, más escritura. Por las noches saca a su perro y hace un alto en un bar donde todos lo conocen y toman con él una cerveza. Paterson no conoce otra forma de felicidad plena que conducir su autobús, leer a William Carlos William, escribir poesía y leérsela a su mujer. Todos sus días y horas, que transcurren tan luminosamente idénticos.

Me encanta Paterson. Me identifico plenamente con él. Yo, al igual que este sencillo conductor de autobús, no conozco otra forma de felicidad plena que seguir día a día con las pequeñas rutinas que llenan mi vida. No las cambiaría por nada del mundo.  Sólo las varío levemente durante las vacaciones pero es para incorporar nuevas rutinas mucho más relajadas, que no implican prisas ni miradas al reloj, pero que son tan maravillosamente cotidianas como las otras.

Ya he dicho muchas veces que para mí las vacaciones de verano son eso, vacaciones. No necesito viajar ni hacer planes estupendísimos ni llenar mi vida de experiencias y momentos excitantes. Sólo necesito descansar. Dejar de madrugar (eso me da la vida porque para mí levantarme temprano es una verdadera cruz), darle a mi cuerpo la oportunidad de que marque sus tiempos (ayyyyyy, mi tránsito intestinal cómo agradece estos días), estar más tiempo con mi gente (incluyendo a mi perra)... en definitiva, vivir a mi libre albedrío sin tener que fichar en ninguna parte la hora de entrada y la de salida. Marcar yo mis propias rutinas, compuestas por cosas que me apetece hacer y no por cosas a las que estoy obligada; y algunos días saltarme esas rutinas para hacer algo especial, pero dentro de esa misma sencillez que es mi late motiv vital, cosas como quedar para cenar, ir de compras, pasear por un mercaíllo, asistir a algún concierto, o a algún cumple, o a alguna celebración inesperada... actividades que hacen que ese día sea un poco distinto a los demás pero tampoco demasiado.

Yo, como Paterson, encuentro la felicidad en la cotidianeidad de mi rato de gimnasia musical casera, los desayunos laaaaaaargos y sin prisas en la terraza, los paseos con mi perra, la lectura diaria, la siesta de tres horas (ayyyyy bendita siesta!!!!), el baño en la piscina con su correspondiente dosis de sol (nunca más de una hora) , la cervecita del mediodía, los ratitos de charla con mis hijos, con mi novio, con mis amigos..., escribir y compartir momentos en mi blog... Es que no necesito nada más.

No necesito embarcarme en desplazamientos masivos de esos que tanto le gustan a la gente. No necesito carreteras llenas de coches, ni aeropuertos empetados de personas y de maletas, ni playas hasta la bola ni baños en aguas sospechosamente turbias, ni visitas a ciudades o pueblos invadidos por turistas. No sólo no necesito nada de eso sino que huyo de todo ello como de la peste.

Bendita rutina en la ciudad dormida, esa Córdoba desértica del mes de agosto. Bendito veraneo a lo Paterson, ese hombre tranquilo que no necesita más para ser feliz que conducir su autobús, pasear a su perro, tomar su cerveza en el bar con los amigos, escribir sus versos y leérselos cada noche a su mujer. Puede haber algo mejor que una vida sencilla llena de momentos gratos que le hacen sentir a una que no puede haber nada igual en el mundo?

Siempre lo he dicho: la felicidad está en nosotros; la gente que la busca ahí fuera difícilmente la encontrará.

Y recordad:



Hay para quienes hacer todos los días lo mismo es una maravillosa manera de no aburrirse