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domingo, 11 de febrero de 2018

Montero versus Marías

Hoy, queridos amigos, os traigo una doble lectura sobre una misma realidad. En el número de hoy de El País Semanal aparece en una página la columna de Rosa Montero y en la siguiente la de Javier Marías, ambas dedicadas al mismo tema aunque desde perspectivas muy distintas. Se trata de esta nueva corriente feminista que viene empujando con el movimiento Metoo y otras iniciativas por el estilo.

Como siempre digo, me parece un ejercicio mentalmente saludable leer opiniones variopintas sobre todos los temas, así que aquí os traigo los enlaces a sus artículos junto con un par de copipegas de cada uno para los más perezosos que no quieran molestarse en leerlos enteros. Primero va Montero y después Marías:

https://elpais.com/elpais/2018/02/02/eps/1517574544_713786.html

Un perfecto ejemplo de respuesta reaccionaria es la carta de las intelectules francesas; primero, porque está firmada por mujeres, demostrando lo que siempre digo, que el machismo es una ideología en la que se nos educa a todos y que también nosotras lo practicamos; pero, sobre todo, por su falacia al intentar confundir la agresión y la humillación con el cortejo amoroso. Seguro que hay denuncias exageradas o falsas dentro del aluvión de los últimos meses, ¡segurísimo! Los humanos somos así. Pero ya están los jueces para dirimir eso. 

Y por cierto: todo esto no es un tema de mujeres, no es algo que nos interese sólo a nosotras. La deconstrucción del sexismo cambia profundamente el modelo social y por tanto las vidas de los hombres y de las mujeres. Es una causa que nos implica a todos. Apoyemos y empujemos, para que los dos malditos pasos sean hacia delante. 


https://elpais.com/elpais/2018/02/02/eps/1517571327_169234.html

Dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a las venganzas, las revanchas, las calumnias, las difamaciones y los ajustes de cuentas. Las mujeres mienten tanto como los hombres, es decir, unas sí y otras no. Si se les da crédito a todas por principio, se está entregando un arma mortífera a las envidiosas, a las despechadas, a las malvadas, a las misándricas y a las que simplemente se la guardan a alguien. Podrían inventar, retorcer, distorsionar, tergiversar impunemente y con éxito.

El resultado de esta “barra libre” es que las acusaciones fundadas y verdaderas —y a fe mía que las hay a millares— serán objeto de sospecha y a lo peor caerán en saco roto, haya o no pruebas. Eso sería lo más grave y pernicioso. 


Os invito a que os toméis la molestia de leerlos para tomar vuestra propia conclusión sobre cuál de ellos os convence más, porque a mi entender lo que plantean los dos escritores son visiones bastante contrapuestas sobre este fenómeno.

Yo ya habréis adivinado que estoy mucho más con Marías. Hace muy poco escribí un post al respecto que viene a decir poco más o menos lo mismo que él. A mí lo de olvidarnos con tanta alegría de la presunción de inocencia cuando se trata de este tipo de acusaciones me preocupa tanto como a Javier. Por si alguien se perdió mi post copio también el enlace:

http://arfondoalaizquierda.blogspot.com.es/2018/01/woody-nuestro-que-estas-en-los-infiernos.html

Por el contrario a Montero la veo últimamente bastante fanatizada con este asunto, al modo de esas corrientes hiperfeministas representadas por blogueras como la inefable Barbijaputa y otras por el estilo. En definitiva, tías que tienen una visión totalmente ortodoxa del feminismo, que no admiten  matices ni tampoco la menor objeción y que o les compras el pack completo o inmediatamente te tachan de machista heteropatriarcal, que es lo más bonito que te pueden decir. Más o menos como se refiere Montero a las intelectuales francesas que ponían en tela de juicio algunos de los principios del Movimiento Metoo.

Hace unos días me decía una amiga hablando sobre estos temas que casi le da miedo opinar sobre ellos porque en seguida la gente, en cuanto le llevas mínimamente la contraria, te tacha de reaccionaria. Y efectivamente así es. Lo que pasa es que yo a estas alturas de mi vida paso por veintemil tubos de que me tachen de lo que les dé la gana. Ya estoy muy granaíta para saber bien lo que pienso y lo que soy, y de qué lado estoy en cada contencioso vital.

Y yo tengo muy claro que estoy del lado de las mujeres si de lo que se trata es de reivindicar la igualdad total de derechos y oportunidades. Que estoy por el reparto igualitario de tareas del hogar y de cuidado de hijos y dependientes. Que estoy por valorar nuestro trabajo al mismo nivel, y esto requiere empezar a educar a las propias mujeres para que no sean las primeras en tirar sus carreras por la borda en cuanto son madres y la conciliación se convierte en una cuesta arriba muy dura de sobrellevar. Y también por que ellas mismas consideren sus trabajos igual de importantes que los de sus maridos y no un mero complemento, un aporte secundario del que en un momento dado se puede prescindir y no pasa nada. Mientras todo esto no ocurra todos los pasos adelante que demos no servirán una mierda.

Pero es cierto que en el momento en el que pones en duda esta corriente, que es una especie de cajón de sastre, al más puro estilo del de la violencia de género, donde todo se mezcla y todo cabe por igual, desde la mutilación genital a que un señor se meta contigo por la calle, desde una violación a que te toquen el culo en la feria, que siempre te puedes volver y soltarle una hostia al tipo o por lo menos ponerlo a parir; y donde en todas las acusaciones sin excepción la presunción de inocencia brilla por su ausencia... pues nada, si objetas algo de todo esto ya eres una reaccionaria de tomo y lomo, una facha y una machista del copón. Otra pena pa mi coño. Yo, desde que hay independentistas catalanes que llaman facha a Serrat estoy de vuelta de todo.

En fin, hasta aquí mi opinión, que es sólo eso, una opinión, espero que tan respetable como cualquier otra. Yo os dejo ahí ambos artículos y que cada cual sopese y practique el sano  ejercicio del razonamiento. Y si luego os echáis una carrerita o un buen paseíto campestre para ejercitar el cuerpo mejor que mejor.

Mens sana in corpore sano.

lunes, 5 de diciembre de 2016

La carne, by Rosa Montero

Acabo de leer "La carne", la última novela de Rosa Montero, y me ha impactado bastante. Aprovecho para recomendarla como lectura navideña e incluso como regalo; un regalo especialmente indicado para señoras en esa edad difícil que va de los 50 a los 65 años en la que inexorablemente el paso del tiempo se va notando en el cuerpo casi por días sin que eso se traduzca en una sensación análoga en el aspecto emocional. Es decir, puedes seguir sintiéndote a muchos niveles como si tuvieras 25 y sin embargo tienes más del doble. Como dijo el otro: "yo tenía 20 años un minuto antes de cumplir 70".

La historia va de una relación un tanto extraña entre una mujer que acaba de entrar en la sesentena y un gigoló al que contrata en principio puntualmente para que la acompañe un día a la ópera con el fin de darle celos a un ex-amante. A partir de ese momento esta pareja tan anómala y poco común entra en una dinámica de la que no quiero adelantar mucho pero que me ha dado bastante que pensar.

La novela aborda varios temas que me parecen interesantes, lo que pasa es que es difícil analizarlos porque la propia Rosa hace una petición al final para que los lectores no desvelemos la particular relación que se establece entre los protagonistas, dado que sería casi como destripar la historia, así que procuraré ser lo suficientemente cuidadosa como para respetar ese deseo de la autora.

Como sabéis, soy una acérrima detractora del concepto de "violencia machista" tal y como oficialmente se entiende, por lo que supone de cajón de sastre en el que todo cabe sin que casi nada tenga mucho que ver entre sí. Bueno, pues este libro es bastante ilustrativo a ese respecto.

A diferencia de mí, Montero es una persona completamente comprometida con ese concepto, tan defensora de él como yo detractora. Y sin embargo observo que tiene un tratamiento completamente distinto de la violencia según el sexo de la persona que lo comete; es mucho más benévola cuando procede de la mujer hacia el hombre que al revés. Es algo que me ha llamado mucho la atención en una mujer a la que considero bastante inteligente. Montero es capaz de justificar o al menos de intentar entender qué puede llevar a una mujer a cometer ciertos actos pero en cambio nunca muestra ese beneplácito de la duda cuando de un hombre se trata. Es bastante implacable cuando es el hombre el que acosa o el que se muestra posesivo y controlador. Lo sé de buena tinta porque, además de sus novelas, la leo todos los domingos en El País Semanal y es muy guerrillera en estos asuntos.

En fin,  con respecto a este tema hasta aquí puedo contar por respeto a la autora y también a quien decida leer el libro y lógicamente no quiera que se lo destripen.

Otro asunto en el que me ha hecho pensar la lectura de esta novela es el de la relación que tenemos las mujeres con nuestro cuerpo cuando va acercándose el inevitable deterioro físico. Hay un capítulo bastante divertido en el que se habla de la diferencia entre las cosas que se necesitan para viajar a los 25 y las que se necesitan 25 años después.

Bueno, y ya de follar ni hablemos. Los preparativos de nuestra protagonista cada vez que va a mantener relaciones con su amante son de auténtica comedia bufa: maquillaje, depilaciones varias, peluquería, manicura, pedicura, perfumería, cosmética corporal multifacética... Necesita horas para prepararse e intentar disimular todos los efectos demoledores de la edad. Claro que... si te echas un amante cachas que podría ser tu nieto ése es el peaje a pagar. Si te echas uno más acorde a tu edad igual te lo tienes que currar un poco menos.

Todo esto me ha hecho reflexionar sobre algo de lo que no he hablado por aquí antes, creo. El tema de los tíos que abandonan a sus mujeres por otras chicas bastante más jóvenes justo en esa edad en la que ellas empiezan a sentirse inseguras y asustadas por ese deterioro corporal inevitable. Es algo que he visto en varias amigas y el efecto psicológico es tremendo y aterrador. Justo en ese momento en el que estás entrando en la edad crítica en la que empiezas a verlo todo caer, a la piel ir arrugándose poco a poco, al cuerpo llenarse de manchitas y bultitos y cosas raras que no sabes lo que son y que antes no estaban ahí... plassssssss, en to el careto! Llega tu marido y te dice que adiós muy buenas. Y a los pocos meses te lo encuentras de la mano paseando con una tía que podría ser tu hija... y también la suya.

Conste que la mayoría de maridos que hacen esto tienen la delicadeza de no decir de sopetón que te están dejando por otra mucho más joven. Normalmente ponen todo tipo de excusas: que están en crisis, que no saben lo que quieren, que la pareja ha dejado de funcionar, que ya no sienten esa chispa de antes... Cualquier cosa antes que soltar brutalmente: mira, que estás hecha un trastajo y que me gusta una tía que es mucho más joven que tú y que tiene las tetas más duras y el culo más duro todavía.

No es el caso de la protagonista de esta novela, ni mucho menos. Pero su obsesión por el paso del tiempo me ha hecho acordarme mucho de estas amigas que he visto pasar por trances similares. Si ya de por sí es duro envejecer y ver ese día a día en el que todo se va descolgando y desluciendo, cuánto más no lo será cuando encima te han desechado y te han sustituido por algo en muchas mejores condiciones de uso y disfrute.

Ya, ya sé que el amor es así. Las relaciones se deterioran inevitablemente y el tiempo las va erosionando sin piedad, hasta que llega ese punto final que a todos nos toca tarde o temprano. Pero no es menos cierto que en el caso de los tíos casi siempre ese final llega cuando aparece otra persona (antes no tienen cojones de separarse nunca en la vida, por más hartos de coles que estén) y normalmente esa persona podría ser su hija... cuando no su nieta. Para esto último de la nieta se necesitan bastantes posibles, que no todos los tíos se lo pueden permitir, no os hagáis ilusiones.

Desde aquí quiero decirles a todas esas amigas a las que he visto pasar por ese doloroso trance, que a muchas les ha llevado años y años superar, que me pongo perfectamente en su lugar y que alabo la fortaleza mental que le han tenido que echar para conseguir pasar página, resetearse, reinventarse y volver a sentirse guapas, estupendas y vivas. Ellas se merecen este pequeño homenaje. Porque sí, porquelovalen.

Tampoco quiero que este post sirva para culparlos a ellos. Nadie tiene culpa de dejar de querer a su pareja ni de enamorarse de otra persona. Y es lógico y normal que esa otra persona sea más joven, más guapa, más lista y más nuevecita que la anterior. Son cosas de la vida, pasan y punto.  Pero chicos, sin ánimo de reprocharos nada, tenéis que reconocer que es una tremenda putada para ellas. En fin, es un clásico, está a la orden del día, y como tal hay que abordarlo

Como otros temas que también nos afectan a esta edad y que ya he tratado antes aquí: el nido vacío, la menopausia (o la no-menopausia, cuando no llega ni a tiros),  las rarezas que van a más...

Vamos para viejos, amigos. Saber aceptarlo y saber afrontar los distintos retos con dignidad forma parte del aprendizaje de la vida. Es verdad que tiene sus cosas buenas pero sobre todo envejecer tiene un montón de cosas malas. Asumámoslo, plato de gusto no es.

Hoy me reía bastante leyendo también un fragmento de otro libro de Elvira Lindo, un poema dedicado a sus tetas. A las tetas de sus 20 años, claro. Y suscribo totalmente su conclusión: de mi juventud solo echo de menos mis tetas, mi culo y lo durita y apretá que estaba. Lo demás no se lo deseo a nadie ni regalao. Pero anda que no molaría como presente navideño... un solo día...volver a tener esas tetas, ese culo, esa tez tersa y suave... eso sí, con la cabeza amueblá como la tengo ahora y sabiendo todo lo que sé ahora. Quién se apunta?

O mejor, quién no se apunta?


domingo, 23 de junio de 2013

Noticias del fin del mundo

Titulo así este post porque hace referencia a un artículo de Rosa Montero que he leído en El País Semanal. En resumidas cuentas es una reflexión sobre la incidencia del desarrollo tecnológico en el mundo del trabajo, o más exactamente, del no trabajo.

http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2013/06/23/noticias-del-fin-del-mundo/

El artículo es realmente escalofriante. Montero habla de un informe del año 1980 que por lo visto hay por ahí sobre el impacto de la revolución microelectrónica en el empleo. Al parecer se hizo un experimento en el sector relojero alemán y se comprobó que la microtecnología acabó de un plumazo en cinco años con el 70% de los puestos de trabajo. Por ello se encargó a un grupo de "sabios" de distintas disciplinas el antedicho informe, que tuvo conclusiones demoledoras: la tecnología, de seguir desarrollándose al mismo ritmo (y se ha desarrollado de hecho a un ritmo mucho más vertiginoso), abreviando... el trabajo tal y como lo entendemos hoy en día, se va a tomar por culo.

Yo creo que no hace falta ser un sabio de reconocido prestigio internacional ni un experto en nada para adivinar eso; de hecho es una obviedad, y en la realidad ya lo estamos viendo en muchísimos sectores. Por poner un suponer: en esta sociedad de la pluriinformación y el acceso en tiempo real a todo, qué futuro creéis que pueden tener las agencias de viajes de aquí a cinco años? Yo ya casi no conozco a nadie que acuda a ellas, la gente se monta sus vacaciones por su cuenta y se las diseña totalmente a su gusto, y la mayoría de hoteles, líneas aéreas y compañías de transportes ya disponen de páginas web para gestionar directamente las reservas y las compras con sus clientes. Bye bye, agencias, bon voyage!!!!

O por hablar del sector que más conozco: las bibliotecas universitarias. Todos los que nos dedicamos a esto creo que estamos de acuerdo en que éste es un sector a extinguir, sus días están contados y no existe futuro ninguno, por más que algunos estén empeñados en reinventarlo y se esfuercen en idear nuevas tareas con el fin de mantenerlo artificialmente en una sociedad que de aquí a muy poco no lo va a necesitar. La gente cada vez se maneja mejor con la información, sabe buscarla, seleccionarla y gestionarla, y hasta el nativo digital más tonto nos da algo así como cienmil vueltas a los que de sopetón nos hemos visto envueltos en esta revolución y por mucho que intentemos ponernos al día no tenemos cojones de alcanzarlos.

Los más optimistas piensan que al menos la cosa dará hasta que nos jubilemos (si es que alguna vez nos jubilamos, cosa que yo doy por imposible. A mi post sobre las jubilaciones me remito), pero yo tengo claro que ni de coña esto da para veinte o treinta años más, por mucho que se vayan jubilando los más viejos y los demás nos vayamos resituando para cubrir agujeros. Las tecnologías van a una velocidad que dudo que nos dé para mucho tiempo más. Esto está finiquitado y es bueno que lo sepamos.

Lo que no sé es que harán con nosotros (si es que nos perdonan la vida y no nos mandan con un ERE a todos a la puta calle, que ya lo pueden hacer tranquilamente gracias a los desvelos de nuestro eficiente gobierno).  Bueno, ya en su día en las Universidades reconvirtieron al personal de cocina y al de limpieza en bibliotecarios; no me extrañaría que ahora hiciéramos el camino inverso y terminásemos todos dándole a la mopa o al puchero, que todavía son trabajos no invadidos por la tecnología punta y necesitan mano de obra analógica. Yo cuando veo a algunos que se dan aires casi de ministros porque son del grupo tal o de la categoría cual lo flipo porque no me cuesta nada imaginármelos de aquí a unos años de rodillas, con unos guantes de plástico quitando mierda de los servicios. Los que sois del gremio haced la prueba y pensad en algunos que todos conocemos, veréis qué risa da.

Bueno, a lo que voy, que mucha gente cree que esto del paro es algo temporal, que viene de la crisis y que con el tiempo volverán los buenos tiempos del famoso y añorado "Estado del bienestar". Yo, igual que os decía en el post de los viejos, creo que en absoluto, que eso nunca volverá y que esto no tiene marcha atrás. Simple y llanamente no hay trabajo para todos y ya nunca lo va a haber, ni aquí ni en Pekin, y mucho menos en las maravillosas condiciones de los tiempos mileuristas. El trabajo, el poco trabajo que haya, tendrá que repartirse entre los millones de habitantes del planeta y por supuesto los sueldos y la calidad de vida no tendrán nada que ver con lo que un día tuvimos.

Igual que soñábamos con el elixir de la vida casi eterna y se hizo realidad en forma de pesadilla, los que soñaron con que las nuevas tecnologías descargarían al hombre del trabajo pesado y rutinario al final verán cómo lo descargan de ésos y de todos los demás trabajos. Ayyyyy, esos sueños peligrosos que se terminan haciendo realidad...

Rosa Montero tiene al final de su artículo un momento flowerpower realmente entrañable y habla de ocio, de tiempo libre para desarrollar aficiones maravillosas, de una sociedad sana y feliz concienciada en el anticonsumo (creo que no se percata de que cuanto menos consumo aún menos trabajo), de lo que podremos disfrutar de la familia y los amigos cuando no trabajemos y cobremos el paro (tampoco sé de dónde piensa que saldrán esos subsidios ni qué clase de familias podrán formarse con estas perspectivas)... En fin, que tiene un puntito de ingenuidad y de misticismo sostenible que la pobre da hasta penilla. Dan ganas de abrazarla y de darle un par de achuchones a la feliz infeliz.

Conste que la entiendo perfectamente. Lanzar a tus lectores este tipo de mensajes y no darles ni una mijilla de esperanza, sólo mal rollo tutiplén, es una verdadera putada. Yo me permito hacerlo porque soy una cabrona vocacional (porculera de nacimiento, decía mi madre) y ponerle el cuerpo malo a la gente es una especialidad intelectual que no me disgusta. Qué queréis, tengo alma de Fondo Monetario Internacional. Además como tengo pocos lectores tampoco hago un perjuicio social tan gordo;  si tuviera tantos seguidores como Montero igual me cortaba un pelín o echaba mano del toque abeja Maya como hace ella, aunque sólo fuera por compasión, pero sois tan pocos a los que os jodo el día que no merece la pena intentar engañaros.

Os aseguro que si estuviera ahora mismo en edad de procrear no lo haría ni harta vino porque vaya porvenir les espera a estas criaturitas. De hecho con estas perspectivas dudo mucho que nadie quiera reproducirse. Ésa es la única buena noticia que puedo daros, que la especie se extinguirá y por fin dejaremos de dar por culo en el mundo con nuestras putas tecnologías y nuestros aires contaminados de mierda y nuestros ríos más llenos de mierda todavía.

No es que vaya a haber un apocalipsis al estilo bíblico ni como los finales cutres que anuncian las pelis findelmundistas. No, yo creo que será algo mucho más natural, una extinción meditada, paulatina, incluso voluntaria, un suicidio de especie lento pero inexorable. Un "Vámonos disimuladamente uno a uno sin que se note", como los SIMPA, los que se van sin pagar de los bares.

Quisimos vivir eternamente y comprobamos que no era tan guay como parecía... Quisimos repartir la riqueza y se hizo realidad el refrán de que quien reparte reparte se lleva la mejor parte, cuando no toda la parte...  Quisimos que la tecnología nos hiciera la vida más fácil y lo que nos trajo es la imposibilidad de vivir.

Otra buena noticia que tengo que daros es que, como nos quedan cuatro días contados como especie, podéis daros tranquilamente a todos vuestros vicios más o menos confesables. El que fume, que se lo fume todo de dos en dos; el que beba que se ahogue en alcohol, mira Amy Winehouse lo feliz que murió; el que sea más de follar que se olvide de los condones y se pille una buena ETS que se lo lleve de este mundo antes del acabóse; el que sea más de comer grasas polisupersaturadísimas que se infle a hamburguesas gigantes de 5.000 calorías y reviente a gusto... O podéis daros a todos los vicios juntos para aumentar la eficacia y optimizar vuestros recursos autodestructivos. En fin, todo sea por ir desalojando el terreno de juego poco a poco, sin grandes aspavientos, sin llamar mucho la atención.

Yo por mi parte pienso seguir escribiendo posts apocalípticos y jodiéndole los días al personal (preferiblemente los lunes, si es posible, aunque los viernes sería incluso mejor). De todas formas este post, como siempre, está abierto a todo tipo de chusma, y si hay algún optimista irreductible por ahí que vea el panorama menos chungo, oye, que hable ahora o que calle para siempre. Vamos, que si creéis en eso de la redención y en un mundo mejor y en la bondad intrínseca del hombre, en la supervivencia de la especie y cosas así... adelante.

Si crees que eres capaz de enfrentarte con dos cojones a mi malrrollismo crónico, manifiéstate. Pero hombre, con argumentos medio razonables y aceptables para una inteligencia media. No me hagas como la Montero y te pongas a contarme lo bien que lo pasaremos cuando tengamos todo el tiempo libre y podamos dedicarnos a la jardinería a tiempo completo. Manifiéstate, optimista impenitente, pero manifiéstate con fundamento.