Leo en El País un artículo de Elvira Lindo con el que me identifico al cien por cien y decido traerlo a mi blog.
Para los que estén interesados ahí va el enlace:
http://elpais.com/elpais/2016/07/14/estilo/1468514309_602696.html
No sé, es probable que esto hasta sea ilegal. Hace un tiempo alguien me dijo que se estaba estudiando lo de poner un canon para quien divulgara mediante enlaces artículos de otras personas... la propiedad intelectual y todo eso. Me parece absurdo porque es una forma de promocionar a las personas y lo que escriben; ya me gustaría a mí que enlazaran mis posts hasta en los rollos de papel higiénico, pero bueno, si es ilegal ya me denunciará alguien, supongo.
En realidad el copiar el enlace no es más que un intento de que quede claro que de lo que voy a hablar aquí es de lo mismo que habla ella, que voy a suscribir plenamente sus palabras y que simplemente voy a intentar explicar lo mismo que Lindo pero a mi manera, algo que agradará sin duda a algunos de mis lectores, que dicen preferir mi manera de contar las cosas a la de otra gente. Por eso lo hago básicamente. Digamos que es como una especie de traducción a mi lenguaje de lo que dice Lindo. Yo, como soy una tía muy ordenada, dividiría su discurso en cuatro puntos:
CULTURA POPULAR
Es duro para muchas personas que pensamos que "Cultura" es otra cosa que en este país cuando se use ese término con demasiada frecuencia sea para referirse a fiestas populares en las que se maltrata sin ningún tipo de pudor a un animal, llámese la fiesta corrida, encierro, sanfermines, correbous, toros embolaos o como se llame.
Muchos no nos identificamos con esa "cultura" ni pensamos que las tradiciones deban ser respetadas forzosamente cuando el entorno en el que surgieron es radicalmente distinto al actual, en el que imperan otros valores y otra forma muy distinta de entender el mundo, en la que el respeto a los animales y el principio de no maltratarlos para nuestro divertimento personal está muy por encima del respeto servil a "las tradiciones seculares", maxime cuando muchas de ellas son actualmente hasta ilegales, como por ejemplo la costumbre española tan arraigada de pegar a las mujeres cuando no obedecen las órdenes de sus maridos. Las "tradiciones" no tienen por qué ser sagradas, señores.
VIOLENCIA SEXUAL EN LOS SANFERMINES
Últimamente, añadido a todo esto de los festejos populares con base taurina, hemos tenido noticia de una cantidad de turbios incidentes de violencia sexual durante las "fiestas" navarras que han levantado algunas ampollas, aunque no las suficientes para replantearse según qué cosas.
Lindo se limita a apuntarlas: realmente creemos que estos incidentes violentos contra mujeres no tienen nada que ver con la idiosincrasia de la fiesta, que básicamente consiste en que que grupos de tíos envalentonados por el carácter masivo del evento corran e intenten burlar a toros para demostrar su "hombría" y su virilidad?? Se sabe de muchas mujeres que corran delante de estos toros?? No es una fiesta fundamentalmente masculina en la que los tíos exhiben su supuesta valentía en una especie de "danza de cortejo" para que todo el mundo sepa que son los más machos de la manada? En serio alguien cree que es ajeno al tipo de espectáculo del que se trata el hecho de que después ocurran ese tipo de incidentes? Por no hablar, claro, del alcohol consumido en cantidades industriales y la ciudad entera toda ebria de "cultura popular".
BESTIAS ANIMALISTAS
Naturalmente habrá quien crea, una vez leído lo anterior, que tanto Elvira como yo aplaudimos con fervor a esa panda cobarde anónima que desde las redes sociales se ha dedicado a despotricar salvajemente por la desgraciada muerte del torero Víctor Barrio, a vilipendiarlo a él y a su familia y a soltar todas las burradas habidas y por haber.
Bueno, pues no, ni de coña. Esa gente me parece igual de basura y de escoria social que los que violaron a esas muchachas en Pamplona, ni mejores ni peores. No participar del entusiasmo popular por el maltrato animal disfrazado de cultura no significa que nadie se pueda alegrar de la muerte de nadie. Como muy bien apunta Lindo, "hoy cualquier buena causa puede degenerar en religión y, por tanto, exigir su hoguera de infieles".
Otra cosa es que muchos pensemos que, tal como ellos reconocen sin pudor, esta gente "se juega la vida" delante de un toro, tanto toreros como corredores de sanfermines y demás "machotes", y que cuando te juegas la vida la cuestión es que puedes perderla, y eso entraba en el riesgo. Nunca es bueno jugarse las cosas más importantes porque en el juego se puede ganar o se puede perder.
Y una vez dicho esto, lamentar que estas personas hayan muerto al preferir correr ese riesgo y dejar tras sus muertes el dolor que dejan, y dar mi sincero pésame a sus familias porque tendrán que pasar todo el resto de sus vidas con esa pena, y encima muchos ni entenderán ni por qué ni si mereció la pena.
APÁTRIDAS
En relación a todo lo anterior queda por resolver una pregunta clave: hay en este absurdo y tremendista país sitio para las personas que no participamos del entusiasmo por esa "cultura popular" contra la que ningún político ni institución se atreve a arremeter, salvo en casos de verdadero clamor como ha sido el de "El toro de La Vega" (y veremos a ver en qué termina)... pues eso, que no estamos en eso, pero que en absoluto nos identificamos con las bestias pardas que aprovechan las redes sociales para lanzar su odio y su mierda contra todo, sin tener el menor respeto por la vida humana ni por las familias de los muertos, que encima no tienen culpa de nada??
La cuestión es: cuando tanto asco te dan los que santifican al torero muerto y escriben loas interminables e infumables hacia su persona y su profesión como los que aplauden su muerte y agreden a su desgraciada familia... puedes sentirte ciudadano de este país?
Y a eso responde un poco otro artículo que me parece de obligatoria lectura que también escribe hoy en El País otro gran escritor y analista, Julio Llamazares. Y os invito a leerlo porque éste es ya mucho más difícil de traducir al inmañol, pero además porque se lee muy rápido y muy fácil. Y porque es todo un alegato a la lucidez.
Hoy en día sentirse español y estar orgulloso de ello es francamente difícil, y Julio explica muy bien por qué. Ahí va el enlace:
http://elpais.com/elpais/2016/07/15/opinion/1468595456_275905.html
Ps.
Y ya puestos a enlazar cosas me gustaría poner un enlace que no me puede ocasionar ningún problema de autoría intelectual porque es mío.
Va sobre los sanfermines y lo escribí allá por el 2013, a cuenta de más o menos lo mismo:
http://arfondoalaizquierda.blogspot.com.es/2013/07/los-sanfermines.html
Y si antes no la palmo, algo me dice que no será el último. Puede que ni el penúltimo.
Por algo puse la etiqueta "Sanfermines", presintiendo vagamente que podría haber una serie.
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sábado, 16 de julio de 2016
Que viva la cultura!
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lunes, 2 de mayo de 2011
Calumnia, que algo queda
Estupenda la columna de Elvira Lindo hoy en El País:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Calumnia/algo/queda/elpepusocdgm/20110501elpdmgpan_1/Tes
Insuperable este párrafo: Esta es una vieja historia. Habrá de repetirse una vez y otra. Cierto es que hay climas políticos que favorecen la calumnia, el escarnio o la mentira, y también cierto que los medios de comunicación a menudo favorecen que columnistas y opinadores les hagan el trabajo sucio, suelten por esa boca en aras de la libertad de expresión aquello que no se sienten impelidos a demostrar: es una opinión, ¡su sagrada opinión! Todo con tal de animar un espectáculo que sólo conduce a la ignorancia. Estoy convencida de que aquellos justos que acusan con tanta ligereza con frecuencia no creen en lo que están afirmando. Es el cinismo, el ansia de victoria, la falta de juego limpio con el adversario lo que les anima y les da fuelle. Para ellos la recompensa estará en el bar la mañana siguiente, cuando alguien se les acerque y les diga, con una palmada en la espalda, que menos mal que hay gente como él, como ellos, que se arriesgan a decir lo que nadie se atreve. Y a nuestro héroe se le quedará en el rostro una sonrisa beatífica, la de los que soportan el peso de la verdad sobre sus hombros.
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Calumnia/algo/queda/elpepusocdgm/20110501elpdmgpan_1/Tes
Insuperable este párrafo: Esta es una vieja historia. Habrá de repetirse una vez y otra. Cierto es que hay climas políticos que favorecen la calumnia, el escarnio o la mentira, y también cierto que los medios de comunicación a menudo favorecen que columnistas y opinadores les hagan el trabajo sucio, suelten por esa boca en aras de la libertad de expresión aquello que no se sienten impelidos a demostrar: es una opinión, ¡su sagrada opinión! Todo con tal de animar un espectáculo que sólo conduce a la ignorancia. Estoy convencida de que aquellos justos que acusan con tanta ligereza con frecuencia no creen en lo que están afirmando. Es el cinismo, el ansia de victoria, la falta de juego limpio con el adversario lo que les anima y les da fuelle. Para ellos la recompensa estará en el bar la mañana siguiente, cuando alguien se les acerque y les diga, con una palmada en la espalda, que menos mal que hay gente como él, como ellos, que se arriesgan a decir lo que nadie se atreve. Y a nuestro héroe se le quedará en el rostro una sonrisa beatífica, la de los que soportan el peso de la verdad sobre sus hombros.
domingo, 17 de abril de 2011
La vida misma, by Elvira Lindo
Os cuelgo un artículo que me ha encantado, sobre todo por lo que tiene de cosmopolita (no confundir con Cosmopolitan, famosa revista para marujillas con ínfulas). Es un artículo precioso sobre gente preciosa; ahí va:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/vida/misma/elpepusocdgm/20110417elpdmgpan_2/Tes
Lo veremos. En un futuro cercano, los niños de las limpiadoras que vinieron de Ecuador, de Guinea o Polonia, los hijos de los obreros que llegaron desde Rumanía o Marruecos, los nietos de los dueños de tiendas chinas, contarán su versión de los hechos. Entre todos ellos habrá alguno que escriba libros, dirija películas o escriba artículos; todos aportarán modismos del idioma que hablaron sus padres y nos harán entender que la visión que teníamos de nosotros mismos era estrecha e insuficiente. Ésa es parte de nuestra esperanza. En ciudades como Buenos Aires o Nueva York, la cultura del siglo XX tuvo el colorido de la inmigración y la mejor literatura nació de ella. Antonio (Muñoz Molina) y yo tuvimos la suerte de organizar un acto literario en torno a esa idea en la Universidad de Nueva York. Era un evento literario sin literatos (a veces se agradece). Buscamos cuatro personas de procedencias dispares que hubieran venido a labrarse un futuro en esta ciudad. Les animamos a contar la novela de su vida.
Rubiela Ruiz. Vino desde Colombia hace veintitantos años. Sin papeles. Desde entonces, limpia casas. Ha trabajado para ricos y famosos, pero ella prefiere la clase media. Según su criterio, es menos cutre. Si yo fuera tan mala como Truman Capote les contaría algunos chismes jugosos sobre sus cuitas con personajes conocidos, pero soy leal a esta mujer diminuta que transmite autoridad en cuanto habla. Tiene un aire a Giulietta Massina y un don natural para la comedia. Nos hizo reír contando cómo en los primeros tiempos fingía que entendía todo aquello que le ordenaban sus jefas. Hasta que fue evidente que le pedían una cosa y hacía otra. Aprendió inglés. Se deprimió porque la vida social era menos divertida que en Colombia. Ella había pasado su juventud, dijo, living la vida loca. En cambio, en su nueva ciudad, todo el mundo quería acostarse temprano. Para serenarse, comenzó a practicar yoga. Sabe todo sobre productos de limpieza ecológicos y en cuanto te descuidas te da una conferencia con los guantes de goma puestos. Es una de tantas hispanas que perdieron a un familiar en la guerra de Irak. En Queens hay una calle dedicada a su sobrino.
Jim White. Vino desde el sur de Estados Unidos a Nueva York a principios de los ochenta. Es hijo de banquero, quería ser pianista. Acabó siendo agente inmobiliario. En la década de los ochenta no salió de su asombro. El chico del sur tuvo que espabilarse para que el Nueva York de la excentricidad, la droga y la promiscuidad no se lo comieran. Jim era un guapo de foto de Ralph Lauren. El ambiente le ayudó a sentirse libre y salir del armario. Volvió a Florida con el ánimo de confesárselo a sus padres. Con la voz temblorosa, Jim reprodujo la conversación que mantuvo entonces con su padre. El rechazo de su familia fue implacable. No volvieron a hablarle en 25 años. Veinticinco años en los que Jim sufrió la pérdida de algunos de sus mejores amigos por el azote del sida. Ahora, sus padres tratan de recuperar su afecto.
Juan Carlos Bonilla. Es ecuatoriano. Su papá fabricaba sandalias en el patio de casa. Tenían poco y con poco vivían, pero decidieron buscar un futuro mejor. El padre tomó la avanzadilla y llegó a la ciudad tras un viaje penoso del que nunca quiso hablar. Juan vino con su madre y su hermana dos años más tarde. A Juan le habían contado que en Nueva York la gente tenía tanto dinero que te ibas encontrando billetes por las esquinas. Pero Juan sólo quería ver a su papá. Se lanzó a sus brazos en cuanto lo tuvo delante en el aeropuerto JFK y los dos lloraron mucho rato. Cuando entraron en la isla por el Spanish Harlem, Juan pensó que aquella ciudad había sido repentinamente devastada por una catástrofe: la pobre iluminación, la basura, los edificios cochambrosos y aquel pisito miserable en donde no se podía dormir por el ruido que hacían los latinos rumbeando. El mundo cambió para el niño Juan. Su hermana y él pasaban muchas horas solos en casa. Tenían miedo de salir a la calle por las pandillas. Con el inglés, la integración llegó, pero a Juan siempre le ha pesado no ser buen estudiante como hubieran querido sus padres. Espera que sus hijas cumplan ese sueño.
Bisila Bokoko. Sus padres llegaron a Valencia desde Guinea. Su padre fue el primer negro en licenciarse como abogado en la universidad valenciana. Ella fue la única niña negra en todas las clases en las que estudió. Pero sus padres le enseñaron a llevar con orgullo su origen africano. Aterrizó como becaria de la cámara de comercio española en NY y ahora es directora ejecutiva. Está casada con un afroamericano y tiene dos niños. Dice, con humor, que sus problemas con su marido no son personales sino culturales. Los negros americanos arrastran la historia de la esclavitud; los africanos, la de la colonización. Ella lo sabe todo sobre empresas españolas que quieren abrirse camino en este mundo. Es tan brillante que podría ser embajadora de ese triángulo que lleva en el corazón: África, España, Estados Unidos. En Nueva York se sintió bien en cuanto llegó: por fin no era el centro de atención por su color.
Cualquiera de sus historias da para una película, para una novela. Pero hay veces en que nada es comparable al aliento de una voz humana.
Bueno, qué? Os ha gustado?
Yo muchas veces, cuando veo la paranoia que tiene alguna gente con el tema de la inmigración y la españolidad (sea esto lo que sea) y tal, pienso que tal vez no se den cuenta de que nosotros somos el resultado de un cruce de razas que ha ido teniendo lugar a través de siglos, gente que ha pasado por aquí, se ha quedado o ha seguido para delante, pero que por el camino se ha mezclado. Y de todos ellos hemos salido tú, yo, tu primo... Aqui no hay razas puras, lamento tener que sacar del error a los entusiastas de esta teoría.
Y cuando pienso en el futuro me parece maravillosamente multicolor. Me imagino a mis descendientes futuros con ojos rasgados (qué pánico tienen algunos a "la invasión china, por favor"), o con la pìel más oscura, tal vez mezclada con otras pieles subsaharianas... Casi nunca pienso en ellos como una forma de perdurabilidad de una raza pura inexistente. A mí no me asusta que sus rasgos sean diferentes a los míos. Y de sus costumbres para qué hablar, serán diferentes a las mías sí o sí. Que me gustaría que fuera para mejor? Pues claro, pero es imposible adivinar por dónde irá el mundo cuando nosotros ya no estemos en él.
Con toda la corriente xenófoba ésta que estamos viviendo actualmente, a raiz de la crisis, que tanto hace pensar a la gente cosas como "nos quitan el trabajo", o "es que no respetan nuestras costumbres", este artículo precioso me parece un canto justo y necesario a la diversidad, a lo distinto, una invitación a mirar de frente al otro y jugar a adivinar en él lo que algún día será, lo que seremos.
Es verdad que no podemos ni debemos admitir en nuestra sociedad, con todos esos avances que tanto nos ha costado conquistar, hábitos que nos resultan bárbaros, incluso delictivos. Es cierto que los que vienen a nosotros tienen que tener claro que tenemos unas leyes y una forma de vida y que se tienen que adaptar a ellas. Esto forma parte de los mecanismos básicos de la emigración: el famoso "donde fueres haz lo que vieres" que nuestros emigrantes llevaron consigo a otros mundos cuando aquí la vida y la dignidad eran imposibles.
Pero no es menos cierto que, si respetan esas normas esenciales de convivencia, tienen todo el derecho a intentar hacerse un sitio, construir sus vidas, establecerse, enseñarnos cómo comen, cómo se visten, cómo hablan, y... si encarta, cómo se reproducen. Es más, que se reproduzcan con nosotros, y que nos hagan niños con ojos ragados, o con piel oscura. Y si de aquí a cien años Europa es negra o achinada qué pasa? Es que somos tan bonitos que tenemos que conservar nuestros ragos en alcanfor para que no se pierdan?
http://www.elpais.com/articulo/opinion/vida/misma/elpepusocdgm/20110417elpdmgpan_2/Tes
Lo veremos. En un futuro cercano, los niños de las limpiadoras que vinieron de Ecuador, de Guinea o Polonia, los hijos de los obreros que llegaron desde Rumanía o Marruecos, los nietos de los dueños de tiendas chinas, contarán su versión de los hechos. Entre todos ellos habrá alguno que escriba libros, dirija películas o escriba artículos; todos aportarán modismos del idioma que hablaron sus padres y nos harán entender que la visión que teníamos de nosotros mismos era estrecha e insuficiente. Ésa es parte de nuestra esperanza. En ciudades como Buenos Aires o Nueva York, la cultura del siglo XX tuvo el colorido de la inmigración y la mejor literatura nació de ella. Antonio (Muñoz Molina) y yo tuvimos la suerte de organizar un acto literario en torno a esa idea en la Universidad de Nueva York. Era un evento literario sin literatos (a veces se agradece). Buscamos cuatro personas de procedencias dispares que hubieran venido a labrarse un futuro en esta ciudad. Les animamos a contar la novela de su vida.
Rubiela Ruiz. Vino desde Colombia hace veintitantos años. Sin papeles. Desde entonces, limpia casas. Ha trabajado para ricos y famosos, pero ella prefiere la clase media. Según su criterio, es menos cutre. Si yo fuera tan mala como Truman Capote les contaría algunos chismes jugosos sobre sus cuitas con personajes conocidos, pero soy leal a esta mujer diminuta que transmite autoridad en cuanto habla. Tiene un aire a Giulietta Massina y un don natural para la comedia. Nos hizo reír contando cómo en los primeros tiempos fingía que entendía todo aquello que le ordenaban sus jefas. Hasta que fue evidente que le pedían una cosa y hacía otra. Aprendió inglés. Se deprimió porque la vida social era menos divertida que en Colombia. Ella había pasado su juventud, dijo, living la vida loca. En cambio, en su nueva ciudad, todo el mundo quería acostarse temprano. Para serenarse, comenzó a practicar yoga. Sabe todo sobre productos de limpieza ecológicos y en cuanto te descuidas te da una conferencia con los guantes de goma puestos. Es una de tantas hispanas que perdieron a un familiar en la guerra de Irak. En Queens hay una calle dedicada a su sobrino.
Jim White. Vino desde el sur de Estados Unidos a Nueva York a principios de los ochenta. Es hijo de banquero, quería ser pianista. Acabó siendo agente inmobiliario. En la década de los ochenta no salió de su asombro. El chico del sur tuvo que espabilarse para que el Nueva York de la excentricidad, la droga y la promiscuidad no se lo comieran. Jim era un guapo de foto de Ralph Lauren. El ambiente le ayudó a sentirse libre y salir del armario. Volvió a Florida con el ánimo de confesárselo a sus padres. Con la voz temblorosa, Jim reprodujo la conversación que mantuvo entonces con su padre. El rechazo de su familia fue implacable. No volvieron a hablarle en 25 años. Veinticinco años en los que Jim sufrió la pérdida de algunos de sus mejores amigos por el azote del sida. Ahora, sus padres tratan de recuperar su afecto.
Juan Carlos Bonilla. Es ecuatoriano. Su papá fabricaba sandalias en el patio de casa. Tenían poco y con poco vivían, pero decidieron buscar un futuro mejor. El padre tomó la avanzadilla y llegó a la ciudad tras un viaje penoso del que nunca quiso hablar. Juan vino con su madre y su hermana dos años más tarde. A Juan le habían contado que en Nueva York la gente tenía tanto dinero que te ibas encontrando billetes por las esquinas. Pero Juan sólo quería ver a su papá. Se lanzó a sus brazos en cuanto lo tuvo delante en el aeropuerto JFK y los dos lloraron mucho rato. Cuando entraron en la isla por el Spanish Harlem, Juan pensó que aquella ciudad había sido repentinamente devastada por una catástrofe: la pobre iluminación, la basura, los edificios cochambrosos y aquel pisito miserable en donde no se podía dormir por el ruido que hacían los latinos rumbeando. El mundo cambió para el niño Juan. Su hermana y él pasaban muchas horas solos en casa. Tenían miedo de salir a la calle por las pandillas. Con el inglés, la integración llegó, pero a Juan siempre le ha pesado no ser buen estudiante como hubieran querido sus padres. Espera que sus hijas cumplan ese sueño.
Bisila Bokoko. Sus padres llegaron a Valencia desde Guinea. Su padre fue el primer negro en licenciarse como abogado en la universidad valenciana. Ella fue la única niña negra en todas las clases en las que estudió. Pero sus padres le enseñaron a llevar con orgullo su origen africano. Aterrizó como becaria de la cámara de comercio española en NY y ahora es directora ejecutiva. Está casada con un afroamericano y tiene dos niños. Dice, con humor, que sus problemas con su marido no son personales sino culturales. Los negros americanos arrastran la historia de la esclavitud; los africanos, la de la colonización. Ella lo sabe todo sobre empresas españolas que quieren abrirse camino en este mundo. Es tan brillante que podría ser embajadora de ese triángulo que lleva en el corazón: África, España, Estados Unidos. En Nueva York se sintió bien en cuanto llegó: por fin no era el centro de atención por su color.
Cualquiera de sus historias da para una película, para una novela. Pero hay veces en que nada es comparable al aliento de una voz humana.
Bueno, qué? Os ha gustado?
Yo muchas veces, cuando veo la paranoia que tiene alguna gente con el tema de la inmigración y la españolidad (sea esto lo que sea) y tal, pienso que tal vez no se den cuenta de que nosotros somos el resultado de un cruce de razas que ha ido teniendo lugar a través de siglos, gente que ha pasado por aquí, se ha quedado o ha seguido para delante, pero que por el camino se ha mezclado. Y de todos ellos hemos salido tú, yo, tu primo... Aqui no hay razas puras, lamento tener que sacar del error a los entusiastas de esta teoría.
Y cuando pienso en el futuro me parece maravillosamente multicolor. Me imagino a mis descendientes futuros con ojos rasgados (qué pánico tienen algunos a "la invasión china, por favor"), o con la pìel más oscura, tal vez mezclada con otras pieles subsaharianas... Casi nunca pienso en ellos como una forma de perdurabilidad de una raza pura inexistente. A mí no me asusta que sus rasgos sean diferentes a los míos. Y de sus costumbres para qué hablar, serán diferentes a las mías sí o sí. Que me gustaría que fuera para mejor? Pues claro, pero es imposible adivinar por dónde irá el mundo cuando nosotros ya no estemos en él.
Con toda la corriente xenófoba ésta que estamos viviendo actualmente, a raiz de la crisis, que tanto hace pensar a la gente cosas como "nos quitan el trabajo", o "es que no respetan nuestras costumbres", este artículo precioso me parece un canto justo y necesario a la diversidad, a lo distinto, una invitación a mirar de frente al otro y jugar a adivinar en él lo que algún día será, lo que seremos.
Es verdad que no podemos ni debemos admitir en nuestra sociedad, con todos esos avances que tanto nos ha costado conquistar, hábitos que nos resultan bárbaros, incluso delictivos. Es cierto que los que vienen a nosotros tienen que tener claro que tenemos unas leyes y una forma de vida y que se tienen que adaptar a ellas. Esto forma parte de los mecanismos básicos de la emigración: el famoso "donde fueres haz lo que vieres" que nuestros emigrantes llevaron consigo a otros mundos cuando aquí la vida y la dignidad eran imposibles.
Pero no es menos cierto que, si respetan esas normas esenciales de convivencia, tienen todo el derecho a intentar hacerse un sitio, construir sus vidas, establecerse, enseñarnos cómo comen, cómo se visten, cómo hablan, y... si encarta, cómo se reproducen. Es más, que se reproduzcan con nosotros, y que nos hagan niños con ojos ragados, o con piel oscura. Y si de aquí a cien años Europa es negra o achinada qué pasa? Es que somos tan bonitos que tenemos que conservar nuestros ragos en alcanfor para que no se pierdan?
lunes, 21 de marzo de 2011
Elvira Lindo y "El huevo Kinder"
"El huevo Kinder" es el penúltimo capítulo de la novela "Lo que me queda por vivir".
Es un relato muy interesante sobre cómo los adultos usamos a los niños a nuestra conveniencia. Podría llamarse “El niño-coartada”. Tú no quieres quedarte en tu casa para no oir el teléfono porque estás agobiada y no quieres contestar, y qué haces? Pues si tienes un niño a mano está claro; lo vistes, le invitas a merendar y luego al cine, y así te tiras a lo tonto a lo tonto todo el rato fuera de tu casa y no escuchas el temido sonido del teléfono. Y como el niño además se lo pasa bien y alucina, pues genial, todos contentos.
Bueno, ésta es una figura clásica ya en el cine y en la literatura. Existe también la variante del tío que le pide prestado su sobrino a su hermana para llevarlo al parque y ligar.
Aunque hoy en día, ante la falta de niños utilizables y reutilizables, la cosa ha variado un poco y se ha creado para estos menesteres la figura del perro-coartada. Que no quieres escuchar el teléfono? Pues nada, te averiguas un perro y lo sacas de paseo, que la criatura tiene que hacer sus cosas. Y ya está, asunto resuelto.
A mí no suelen gustarme las novelas con componente autobiográfico; en la mayoría de los casos el escritor va a salvar su culo y a echar toda la tierra que pueda encima de los otros. Sí, reconocerán unos cuantos pecadillos y alguna que otra miseria, pero sólo para revestirse de humanidad y mostrarnos aún más ensalzadas sus virtudes al final. Y sinceramente no creo que Elvira Lindo vaya a ser menos.
Ya en este capítulo se ve venir por la forma en la que habla del personaje con el que no quiere hablar por teléfono, que creo que es el padre de la criatura. Supongo que será su forma de vengarse de él por todo lo que le hizo pasar. No sé, tiene un tufillo victimista que a mí personalmente me echa un montón para atrás.
Pero en fin, habrá que leerlo entero para confirmarlo.
Es un relato muy interesante sobre cómo los adultos usamos a los niños a nuestra conveniencia. Podría llamarse “El niño-coartada”. Tú no quieres quedarte en tu casa para no oir el teléfono porque estás agobiada y no quieres contestar, y qué haces? Pues si tienes un niño a mano está claro; lo vistes, le invitas a merendar y luego al cine, y así te tiras a lo tonto a lo tonto todo el rato fuera de tu casa y no escuchas el temido sonido del teléfono. Y como el niño además se lo pasa bien y alucina, pues genial, todos contentos.
Bueno, ésta es una figura clásica ya en el cine y en la literatura. Existe también la variante del tío que le pide prestado su sobrino a su hermana para llevarlo al parque y ligar.
Aunque hoy en día, ante la falta de niños utilizables y reutilizables, la cosa ha variado un poco y se ha creado para estos menesteres la figura del perro-coartada. Que no quieres escuchar el teléfono? Pues nada, te averiguas un perro y lo sacas de paseo, que la criatura tiene que hacer sus cosas. Y ya está, asunto resuelto.
A mí no suelen gustarme las novelas con componente autobiográfico; en la mayoría de los casos el escritor va a salvar su culo y a echar toda la tierra que pueda encima de los otros. Sí, reconocerán unos cuantos pecadillos y alguna que otra miseria, pero sólo para revestirse de humanidad y mostrarnos aún más ensalzadas sus virtudes al final. Y sinceramente no creo que Elvira Lindo vaya a ser menos.
Ya en este capítulo se ve venir por la forma en la que habla del personaje con el que no quiere hablar por teléfono, que creo que es el padre de la criatura. Supongo que será su forma de vengarse de él por todo lo que le hizo pasar. No sé, tiene un tufillo victimista que a mí personalmente me echa un montón para atrás.
Pero en fin, habrá que leerlo entero para confirmarlo.
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