lunes, 30 de enero de 2017

Modernidades

Voy de finde a Madrid con mi prole.

Estamos en un bar y mi hija y yo subimos al baño.

Cuando salgo me la encuentro estudiando con mucha atención el lavabo:

- Qué haces?

- Nada, que no encuentro el pitorro del grifo. Cómo se abrirá esto?

- A ver, déjame a mí.

Busco, toco, rebusco... y nada. No hay absolutamente nada en ninguna parte del grifo que se mueva un centímetro para ninguna parte. De repente mi hija empieza a hacer aspavientos raros y a mover los brazos para todas las partes, como si bailara una rumba.

- Qué haces?

- Es por si hay algún sensor.

- Sensor ni sensor. Anda, vámonos. El lavabo será de adorno.

Ya en la barra no me puedo aguantar y le pregunto al camarero, que el hombre ha sido todo el tiempo muy amable.

- Oiga, perdone, pero el lavabo del baño de señoras es de adorno o se abre de alguna manera?

- Sí, tiene un pedal en el suelo.

- Glups!

Mi hija y su novio hacen tremendos esfuerzos por aguantarse la risa. Pero yo no me rindo:

- A que no es la primera vez que le preguntan esto?

- A mí sí.

- Juaaaaaaaaaaaaas!

Ya todo despiporre es poco. Cuando salimos:

- Con que "a que no es la primera vez que le preguntan esto? Juaaaaaaaaaaassss, mamá qué pringáaaaaaaa!

- Pos te voy a decir una cosa. Una de dos, o tú y yo somos las más torpes del mundo o esto mismo le ha tenido que pasar antes que a nosotras a mucha más gente. Lo que pasa es que la gente es imbécil y pasa de preguntar y yo por lo menos no me quedo con las ganas de enterarme.

- Juaaaaaaaaaaassss!

Nada, ya han entrado en modo petardo, no hay na que hacer.

Ya en el apartamento, que es un loft-estudio-ático- dúplex muy chulo pero que está a tomar por culo (Montepinar le llamamos), me entro en el baño a ducharme en la fantástica ducha de hidromasaje que la publicidad ofertaba.

En pelotas empiezo a toquetear los cienes de botones que tengo delante. Todos se mueven pero agua lo que se dice agua no sale de ninguna parte. Arriba una pedazo alcachofa, a mi altura una ducha de teléfono, abajo un grifo de pies y además un montón de chorritos que supongo que serán para el hidromasaje de los cojones. Pero de ninguna parte sale una gota.

- Juliaaaaaaaaaaaaaa!

- Qué pasa?

- Nada, a ver si tú sabes cómo funciona esto.

Se pone a tocar todos los artefactos igual que antes he hecho yo pero nada. Por lo menos aquí no se pone a bailar la sardana para buscar un sensor. Esta vez hace algo más expeditivo: llama al novio.

-Fraaaaaaaaaaaaaannnn!!!!!!

Yo me pongo una toalla y entra el muchacho.

Empieza a tocar por aquí y por allá y nada. Pero de repente le pega un empujoncito casual a un botón y... Chas! Magia! Empieza a salir agua de la alcachofa. Una vez conseguido este primer e importantísimo paso hay que averiguar cómo pasar de la alcachofa a la ducha de teléfono y de ahí al hidromasaje.

Más o menos una hora después conseguimos averiguar que girando uno de los múltiples botones salientes es como se va cambiando de una a otra salida de agua. Ya a esas alturas he empezado a estornudar y muestro alarmantes síntomas de enfriamiento pero al menos consigo pegarme esa fantástica ducha con la que llevaba soñando todo el día. Del hidromasaje paso como de la mierda, solo quiero una ducha normal monda y lironda, o sea, agua cayendo por el cuerpo.

Ahora viene el momento "Microondas".

Meto un vaso en el microondas y compruebo que no hay ningún botón giratorio para señalar los minutos. A cambio hay un montón de botones, que si Inicio, que si Menú, que si tal que si cual. Me pongo a pulsarlos al azar para ver si consigo que en algún momento en la pantallita que aparece arriba salga algún número que indique algo parecido a un temporizador.

Como no consigo nada, sino un montón de números raros que no se pueden corresponder con segundos ni minutos ni horas (600, 1000, 3000 y cosas así) esta vez me salto el paso previo de pedir socorro a mi hija y llamo directamente al novio, que parece ser algo más solvente que nosotras.

Se pone a toquetear el aparato igual que he hecho yo, con los mismos resultados poco más o menos.

Movidos por la curiosidad de vernos pulsando compulsivamente botones mientras nos rascamos la cabeza con la mano sobrante acuden los demás miembros de la familia.

Nos quedamos todos mirando el microondas como si fuera una nave espacial. En la puerta del aparato se reflejan las caritas pegadas de los cinco con los ojos muy abiertos. Estamos muy graciosos, somos como una simpática familia de Gremlins ante un cubo de agua sin atrevernos a acercarnos demasiado, no sea que al rozarlo nos pueda dar algo y empecemos a hacer barbaridades.

Por fin mi hijo el mayor desde la retaguardia acerca un dedo tímidamente y pulsa uno de los botones al azar. No pasa nada y lo vuelve a pulsar y como por arte de magia aparece en la pantalla lo siguiente:

30.00

Podrían ser segundos, minutos u horas pero qué más da, hay que apresurarse a meter el vaso y que sea lo que Dios quiera. Efectivamente el aparato empieza a funcionar y a los 30 segundos se para. Pero claro, el vaso no se ha calentado casi nada.

- Dale otra vez a lo que le hayas dado antes.

Le da otra vez pero no hace nada. Todos seguimos asomados al Microondas expectantes. Le seguimos dando y no hace nada.

- Pero qué hiciste la otra vez?

- No lo sé, ma. Yo le di a un botón y se puso en 30 segundos pero ahora no hace nada.

- Pues vamos a seguir tocando.

Seguimos y seguimos y seguimos, y nada. Hasta que otra vez de repente y sin saber cómo aparece en la pantallita un 5!!!!!!!

- Alto ahí! Para! Eso deben de ser 5 minutos.

- Pero cómo se ha puesto en 5 minutos él solo?

- Da igual.  No intentes entenderlo. Lo importante es que hemos conseguido que se ponga en 5 minutos. Vamos a aprovechar y vamos metiendo cada minuto un vaso porque conseguir otra vez esto va a ser imposible.

Y eso hacemos. Cada minuto  abrimos la puerta, sacamos un vaso y metemos otro y así todos vamos calentando nuestras tazas sin tener ni puta idea de cómo funciona el microondas.

Y así nos hemos tirado todo el finde, pulsando los botones al azar y cuando alguien conseguía que saliera un número más o menos razonable, poniéndonos en cola a meter nuestros vasos.

La cuestión es:  Somos nosotros los más torpes del mundo? O somos normales y esto mismo le pasa a todo el mundo? Y si así fuera, por qué hacen aparatos que hace falta estudiar una ingeniería y tres másteres para ser capaz de ponerlos a funcionar? Qué tenía de malo el microondas con el temporizador giratorio donde tú veías perfectamente los minutos? Qué tenían de malo los grifos que se abrían y se cerraban mediante una cómoda manivela??? Se trata de un maquiavélico plan para que todos lleguemos a pensar que somos subnormales y así manejarnos mejor? Soy yo la única que piensa que esto es una conspiración universal y que no tiene nada de casual?

Ahí dejo mis preguntas. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

2 comentarios:

  1. No soporto la leche caliente. Y sí, hoy se habla mucho de la ergonomía y ésta es incompatible con la absurda complejidad de algunos aparatos que solo deben servir para echar agua o calentar cosas. Es el reflejo de un mundo cada vez más epidérmico y patético, que nos hace incluso llegar a pensar que somos lerdos, cuando en realidad lo verdaderamente absurdo es dotar de tal complejidad cosas que deberían de ser muy, pero que muy sencillas. En Japón las propias tazas de los sanitarios tienen chorros de agua caliente para lavarte el culete. El bidé es mucho más sencillo y cómodo. Podría entenderlo en el baño de un restaurante, pero en la casa de cada uno es mejor un bidé que un sanitario que expulsa agua sin control desde abajo. Por cierto, ¿qué opinas Inma del bidé?

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    1. Pues opino como aquel sabio que dijo: jamás hallarás sensación más refrescante, por detrás y por delante, por delante y por detrás.

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