Mostrando entradas con la etiqueta Trabajo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trabajo. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de marzo de 2024

Estoy hasta el sisilisco y en los cursos ya me cisco

En mi curro hacen cursos constantemente. Algo muy lógico, teniendo en cuenta que esto es una Universidad y lo normal es formar a la gente. Pero para mí un verdadero coñazo porque cada vez que hay nuevo curso tengo que preparar mi cara de póker y mi correspondiente y tajante NO.

Yo no hago cursos básicamente por dos motivos:

1. Porque no necesito más puntos para mi curriculum.

2. Porque no aprendo absolutamente nada.

A estas alturas no tengo plan ninguno de ascender porque he llegado al máximo que puedo alcanzar en mi carrera como personal laboral de Biblioteca. Entiendo que los que tienen intención de promocionarse o los que están en precario y preparan oposiciones para conseguir plaza no tengan más remedio que inflarse a hacer cursos para tener puntos, pero yo por fortuna ya pasé ese momento y actualmente me encuentro en un agradable estado de buena esperanza hacia la reducción horaria por provecta edad.

Por otro lado, como he dicho, la verdad es que no aprendo nada en esos cursos. Yo soy una tía básicamente analógica, totalmente negada para lo digital. En lo único que estoy interesada es en las cosas que en mi día a día forman parte de mi trabajo y de mi ocio. Por eso sé manejarme por redes sociales, por mi blog, por los motores de búsqueda de mi curro y por el sistema de gestión que manejamos. Punto pelota. Todo lo demás que intenten enseñarme es inútil porque va a chocar de pleno con mi mente profundamente analógica.

En los últimos cursos que fui me aburría como una ostra porque en cuanto empezaban a utilizar terminología propia de ese oscuro mundo yo desconectaba de momento y me ponía a buscar grietas en el techo. O a pensar en la lista de la compra. Vamos, como cuando follas sin ganas, más o menos. Pero con la terrible sensación de estar perdiendo mucho más tiempo. Por eso en el momento en que me enteré de que esos cursos no eran obligatorios y que no me quitaban nada del sueldo ni de la productividad por no apuntarme tuve claro que daba por finiquitada mi etapa formalmente formativa.

Porque además si surge algo nuevo que vaya a serme imprescindible en el curro la mejor manera de que yo lo aprenda es que alguien se siente conmigo, me lo explique in person, yo tome las notas convenientes y luego me ponga a practicar como una loca hasta que lo pueda hacer con los ojos cerrados. Después de tantos años he comprobado que ese es el sistema ideal. Y además es rápido y eficaz. Desde luego, los cursos de formación no son para mí. Y aun en el caso de que consiguiera aprender algo si no es de uso diario a los dos días lo he olvidado por completo.

Pero esto, que dicho así suena como muy lógico y razonable, me obliga a tener que pasar siempre por el desagradable trance de decir NO. Y además, decirlo con la suficiente contundencia como para no tener que soportar vanas insistencias.

Mi sistema es sencillo. Cuando vienen a comentarme que va a haber un curso sobre blablablabla, solo al oír la palabra curso y antes de dar lugar a confusiones digo alto y claro: NO.

- Pero este curso podría intere...

- NO.

- Pero es que va sobre...

- NO.

Esto lo tienes que decir mirando fijamente a la persona a los ojos. La rotundidad no entiende de matices ni sutilezas, tampoco de explicaciones. 

Y esto lo cuento ahora (aunque creo que ya alguna que otra vez he comentado algo sobre el tema) porque se aproxima nuevo curso en el horizonte, lo noto, lo percibo en el aire, y ya estoy empezando a practicar mi cara de póker y mi fulminante mirada.

Siempre espero (mi estado de buena esperanza en este sentido es perpetuo) que no me vuelvan a preguntar, pero es inútil. Sé que es cuestión de días.

Es lo que hay. Qué pereza, diosssssss!!

sábado, 21 de octubre de 2023

Ni estoy ni nunca estaré, y siempre me escaparé

En mi curro han hecho hace unos días un curso de liderazgo y habilidades sociales, al que yo, como es costumbre en mí no me he apuntado. 

Para empezar tengo mínimas intenciones de ejercer ningún liderazgo en nada, y para terminar, de habilidades sociales vengo sobrada de fábrica. Otra cosa es que me apetezca ejercitarlas o no, y últimamente cada vez me apetece menos.

Yo de pequeña fui una niña extrovertida, amable y expansiva. En el fondo creo que siempre he tenido cierta timidez, por ejemplo, nunca me ha gustado hablar en público ni participar en reuniones de mucha gente, pero luego en petit comité tengo desde muy chica mogollón de habilidades y creo que bastante encanto personal. No es por darme pisto, pero a estas alturas de la vida ya una sabe lo que tiene y lo que no. Así que realmente no fui al curso, aparte de porque ya no estoy interesada en tirarme tropecientas horas para aprender cosas que perfectamente me puede enseñar alguien en quince minutos de clase particular, porque el tema en cuestión me interesaba entre nada y menos nada.

Mis habilidades sociales hace tiempo que las uso para escaquearme de la gente sin parecer demasiado maleducada, aunque no sé si siempre lo consigo. Intento no ser desagradable pero asegurando que no invadan mi espacio, y ese equilibrio es muy complicado, palabrita.

Y los más curiosillos diréis: y por qué eres así de asocial, de rarita y de rancia? Pues mira, es muy sencillo, porque no me interesa casi nada de lo que habla la gente.

Por ejemplo, estos días de atrás he estado muy triste por el tema de Álvaro Prieto, el chaval cordobés que murió electrocutado en un tren. Como ya sabéis muchos, en mi familia ha habido bastantes muertes de personas jóvenes, Desde que este chico desapareció me impliqué muchísimo en la historia, me traía muchos recuerdos, momentos terribles vividos en mi familia. Cuando ya se supo definitivamente que había muerto de la manera más tonta posible no podía dejar de pensar en esos padres, sobre todo en ellos porque por experiencia sé que los padres son los que a menudo nunca levantan cabeza cuando pierden un hijo. Me acordaba constantemente de los míos propios, de mis tíos Pepe y Rafi, de mi hermana y mi cuñao, pensaba en el horror tan terrible que estaría viviendo esa familia y me partía el alma. Empatizo tanto con estas cosas que de algún modo es como revivir las mías propias. Y como es natural me interesa una mierda que venga nadie a contarme otras gilipolleces, porque yo estoy en ese momento viviendo intensamente una tragedia, que no me afecta directamente pero que de algún modo siento como mía propia.

Esto es sólo un ejemplo, pero hay muchos más. También me pasa cuando estoy muy embebida con algún libro, y la historia me absorbe, sobre todo si hay un trasfondo trágico, esos libros que te hacen llorar a ratos, que dejas de leer y te cuesta un buen rato recuperar la normalidad emocional... pues que alguien me hable de un pego que me importa otra mierda se me hace insoportable.  En general cuando estoy muy concentrada en alguna cosa me sobra todo el mundo. Vamos, hablando en plata, que no tengo el chichi pa farolillos.

Luego hay temas que sí me interesan muchísimo, que incluso me apasionan. Por ejemplo, la política. Soy una persona hiperinformada sobre política porque leo constantemente y escucho medios de todo pelaje. Como ya he dicho muchas veces tengo fuertes convicciones de izquierdas, pero actualmente, desde hace años, estoy huérfana de voto. Bueno, pues es que no quiero hablar con nadie de política, porque las pocas veces que lo he intentado me he encontrado con que es imposible sacar a la gente de su sectarismo. Si hablas con gente de izquierdas, que supuestamente son los míos, ves que realmente lo único que les importa es que de ninguna manera gobierne nunca la derecha. Si hablo con gente de derechas les doy la razón en muchas cosas pero no puedo comprar en absoluto su pack completo, porque soy atea, republicana, socialdemócrata, creo a cascoporro en la enseñanza pública, eso sí, lo más aséptica posible; aboliría por completo la concertada, el que quiera exquisiteces pedagógicas, biblias, coranes, talmudes o manifiestos comunistas que se los pague de su bolsillo. En fin... choque frontal. Y actualmente la derecha sólo tiene un objetivo: quitar a Sánchez del poder como sea. Cosa que, por cierto, yo también querría. Pero no para que lo sustituyan ellos, sino alguien de izquierdas con un poco de vergüenza, decencia y pundonor. Dicho esto, puedo hablar con alguien de política? Imposible.  En esta España a garrotazos que tan bien retrató Goya, tanto para un bando como para el otro yo soy un forúnculo extraño e incómodo porque no le compro el pack a ninguno.  De todas formas la gente que está en una posición no sectaria, o sea, tan horrorizada con unos como con los otros, es normalmente apolítica, no les interesa el tema. O sea, imposible encontrar un alma gemela con quien marcarme un debate medianamente sano.

Los deportes tampoco me interesan, sólo el fútbol cuando juega mi hijo. Son los únicos partidos que veo por la tele, y tampoco puedo comentarlos con nadie porque es 1ª REF y eso sólo lo vemos los de la familia y los fans de los equipos en cuestión. Por cierto, aprovecho para animar al equipo. Viva el Sanluqueño! 

Otra cosa que no me interesa ni un pimiento son los problemas laborales. No en general, claro, sino concretamente los de mi curro. Lo digo porque la gente se puede pasar horas y horas hablando de eso y yo huyo como de la peste bubónica. La verdad es que me considero una privilegiada en este aspecto. Tengo un curro que me gusta muchísimo, pero mucho mucho mucho. Mis condiciones de trabajo son envidiables, de hecho procuro ocultárselas por delicadeza a toda la gente que tiene menos suerte. Mi sueldo es bastante aceptable y me permite vivir sin apuros económicos, cosa que poca gente puede decir hoy en día. Las únicas personas de mi entorno laboral cuyos problemas me interesan son los que están en precario, contratados haciendo sustituciones, que las criaturas se pasan la vida opositando, trabajando y estudiando al mismo tiempo, muchos de ellos con cargas familiares. Yo también estuve ahí muchos años y siempre voy a solidarizarme con esa gente. 

Pero cuando veo a uno de los míos, los que estamos asentados, tenemos nuestros puestos y una serie de privilegios que no dejan de ser un agravio comparativo hacia toda esa otra gente que está en una situación de inestabilidad, cuando los veo quejarse, digo, de alguna gilipollez (y los que no vivís en este mundo, no os hacéis una idea de las chorradas de las que la gente privilegiada se puede llegar a quejar) es que me gustaría mandar a esas personas a tomar por culo. Me parece tan obsceno quejarnos de algunas cosas en este trabajo que cuando alguien lo hace, y encima delante de esas criaturitas que están acojonaítas, con el contrato pendiendo de un hilo, siento una necesidad imperiosa de gritar.  Además por experiencia sé que, para más escarnio, luego en los desayunos se pasan horas hablando de esas cosas, que es uno de los motivos por los que hace mil años decidí no volver a ir a desayunar con nadie.

Así que creo que se puede entender por qué luego, cuando me junto con mis amigos o con mi familia, parezco el loro la perla porque no paro de cascar. Los tengo fritos a los pobres, todo lo que no hablo en mi curro lo hablo luego con ellos. Mis hijos me dicen muchas veces: "anda que si la gente supiera que cuando abres la boca hay que ponerte un bozal pa callarte".

Pues bueno, éste es el tema. No tengo un problema de habilidades sociales; lo que tengo es una clara intención de no usarlas.  Por tanto no necesito cursos de sociabilidad en los que enseñan a la gente cosas tan interesantes como decir buenos días a los compañeros y preguntarles qué tal les ha ido el fin de semana. Lo que yo necesito más bien es un curso de estrategias infalibles de evasión para escapar de las conversaciones que me aburren. No me cuentes tu vida, yo prometo no contarte la mía. Cuéntame tus problemas laborales si eres un triste contratado por prejubilación al 75% y estás jodido; si te pasas la vida de oposición en oposición,  sacando el tiempo para estudiar de debajo de las piedras; si yo puedo aportarte algo por mi experiencia, o por supuesto si tienes un problema personal, o de salud, o de familia, o de lo que sea.  Para eso siempre he estado y siempre voy a estar. Ahora, para chorradas, chismorreos y nininanas, ni estoy ni nunca estaré y siempre me escaparé.

viernes, 15 de octubre de 2021

Un homenaje sentido a este sitio tan querido

Sé que más pronto que tarde tendré que irme de aquí. 

Y me da muchísima pena. Porque amo este lugar. Sí, aunque lleve sólo un año aquí y no me haya dado tiempo a vivir muchos momentos memorables, pero me encanta. Me encanta la gente, me encantan mis compañeros, me encantan los niños... Conozco ya a muchos de ellos y en general son educados, amables, buenos chicos. Todos muy estudiosos. Estoy segura de que entre ellos hay muchas lumbreras del futuro. Pero sobre todo... me encanta el lugar. Es una biblioteca preciosa. Cálida, acogedora, luminosa. Siempre está llena, la gente se da tortas por venir, y la verdad es que no me extraña. 

Hasta a lo que peor llevaba al principio le he terminado cogiendo el punto. Os acordáis de lo que me quejaba de los baños cuando llegué? Que había que cruzar todo el patio, y en invierno te mueres de frío. Bueno, pues una vez que he vivido la experiencia en verano me he dado cuenta de lo agradable que es ese fresquito y de lo bien que sienta ese paseo al aire libre. Es cierto que en invierno no apetece mucho, pero bueno, es un paseíto, te abrigas bien y con eso te mueves y haces algo de ejercicio. Y meas menos.

Mis baños favoritos, creo que os lo conté, son los del aula de disección. Como he donado mi cuerpo a la ciencia sé que ése será mi ultimo destino. Cuando voy a mear siempre pienso en que algún día estos niños me abrirán ahí en canal para estudiar anatomía, y aunque haya quien pueda pensar que es una idea tétrica, a mí, que siempre he sido rarita, me reconforta, porque siento que es el final perfecto para una buena vida. Terminar sirviendo para algo útil. No sé, es como quien mira un paisaje y piensa que algún día le gustaría que sus cenizas fueran echadas allí. Pues eso es lo que me pasa a mí pero con el aula de disección. Además, la de risas que se pueden echar con mis tetas de agua! Igual se las pasan como una pelota. No sé, eso me hace ilusión, que la gente se divierta conmigo hasta después de muerta.

Al principio no me gustaba hacer tantos turnos de tarde pero con el tiempo mi cuerpo se habituó y recordé algo que había olvidado a fuerza de repetir pesadas rutinas: recordé que nunca me ha gustado madrugar. Y que siempre me había prometido a mí misma que cuando mis hijos estuvieran grandes me cogería un turno fijo de tarde. Nunca os habéis dado cuenta de lo que se deteriora la gente que madruga? De las ojeras, las bolsas, la palidez cetrina de la piel... Y luego está lo otro, lo peor. Que el cuerpo se les habitúa tanto que cuando se jubilan ya son incapaces de estar en la cama más tarde de las 7. Están condenados a madrugar de por vida. Es horribleeeeee! Yo no creo que a este paso vaya a jubilarme nunca, pero no quiero que se me ponga cara de jubilada insomne, que es la cara que tiene todo el mundo que madruga. Además salir a la calle de madrugada cuando aún no ha amanecido debería de estar prohibido, es antinatura. Es una agresión que nadie tendría que soportar. No me extraña que la gente tenga tantos problemas de salud mental, la verdad.

Y luego está que en el turno de tarde el trabajo es tu feudo y tú reinas en él. Normalmente en los turnos de tarde no hay jefes, nadie te incordia, te organizas el trabajo como te da la gana sin tener a nadie encima; si además estás en un sitio precioso, un sitio que te gusta, una biblioteca, rodeada de gente joven, con ilusiones, con proyectos de vida... es la pera! Lo creáis o no, eso se transmite, se contagia, se respira en el ambiente. Claro, no será lo mismo trabajar en turno de tarde en un vertedero, en un matadero o en una UCI, pero en una biblioteca con tanto traqueteo de gente es una pasada. Palabrita.

Desde la terraza de mi casa veo mi biblio, y desde mi biblio veo mi casa.  Me tomo una cervecita a mediodía en la terraza viendo la facultad. Y al revés, cuando salgo de aquí a los cinco minutos me estoy tomando esa cervecita o en mi casa o en algún baretillo de mi barrio. En verano antes de venir a trabajar me bajo un rato a la piscina y me tomo la cerveza allí. Salgo con el tiempo justo para vestirme, coger la bici y venir a trabajar. Vengo relajada, fresquita y feliz, y me paso la tarde aquí igual de relajada, de fresquita y de feliz. Se me pasa el tiempo volando, y cuando quiero darme cuenta es la hora de salir. Cuando voy cerrando ventanas y apagando luces miro a mi casa y me digo: hogar, dulce hogar, ya mismo estoy ahí repantingada en el sofá. No sé, creo que no se puede pedir más, la verdad.

Por eso, porque estoy tan contenta me da mucha pena pensar que tendré que irme, con la ilusión que me hacía quedarme aquí ya para siempre. Cuando pedí el traslado lo hice con esa idea, y ahora, un año después, puedo decir que fue una fantástica decisión. Mi calidad de vida se multiplicó por mil, y con ella mi sensación de que había encontrado por fin mi sitio en el mundo.

No quiero hablar aquí del problema por el que seguramente me tendré que ir. La mayoría lo sabéis y no es necesario mencionarlo. Por muy feliz que yo sea aquí y por muy enamorada que esté del sitio, hay fuerzas de la naturaleza que escapan a mi control. Y además estoy segura de que también estaré bien donde vaya. Pero no querría hacerlo sin despedirme de este lugar maravilloso, sin dedicarle mi pequeño homenaje. En realidad es una declaración de amor en toda regla.

No sé cuándo será la despedida real, pero hoy me ha parecido el día perfecto para escribir esto. Un viernes por la tarde, un día precioso de otoño, disfrutando de esta soledad, de este silencio casi sagrado, de este luminoso ambiente de paz, estudio y sabiduría. Mirando con anticipada nostalgia mis dominios y despidiéndome íntimamente de ellos, con muchísima pena pero también con la sensación de haberlos disfrutado intensamente. Y de que siempre guardaré el mejor recuerdo de este lugar.

Hasta siempre, querida biblio.

Venga, Inma, a trabajar!


jueves, 20 de febrero de 2020

Liberación

Bueno, antes de empezar con el tema de hoy, que va de la liberación de la mujer, quiero copiar aquí una charla que he tenido por guasap con un amigo al respecto de mi anterior post.

Como recordaréis la cosa iba de brecha salarial y yo planteaba mis dudas sobre si las preferencias profesionales según los sexos podrían venir determinadas por la propia naturaleza o por condicionantes educativos. En ese contexto me escribe mi amigo:

- Desde mi imposibilidad de responderte en el blog quiero decirte que en los países en los que están adoptando medidas para corregir esos desequilibrios se observa que no hay modo. Se reservan plazas en enfermería y  educación infantil para hombres, bajando todos los requisitos, y la gente (hombres) no acuden. Y viceversa con las ingenierías para mujeres; ellas (con expedientes brillantes que podrían elegir lo que quisieran) no acuden.

- No sé, igual hay algo diferente en nuestras naturalezas. Que la Virgen de la Perpetua Igualdad me perdone.

- Me temo que sí. Y se ha comprobado con neonatos y animalicos. Pero claro, eso son investigaciones hechas por hombres o por mujeres alienadas.

- Di fachas y terminamos antes. En fin, colgaré tu comentario en el blog.

Bueno, pues hasta aquí nuestras profundas reflexiones sobre el tema.

Y ahora ya voy a lo de hoy: la liberación femenina.

Anda la peña estos días bastante revuelta con esto de que la Ministra de Igualdad, Irene Montero (como sabéis, también pareja del vicepresidente Iglesias) vaya todos los días al trabajo con su hija pequeña en la mochilita. Sobre todo la irritación viene por parte de mujeres que, más que verlo como una reivindicación feminista, lo sienten como un privilegio insultante. Te encuentras a un montón de indignadas en las redes o en los foros de los distintos medios, sobre todo madres (y también algunos padres) que no pueden llevar a sus hijos a sus lugares de trabajo y les parece una tomadura de pelo ver a esta muchacha restregarle a todo el mundo por las narices que ella sí que puede. Muchas de ellas, las que se lo podían permitir económicamente, incluso han tenido que pedirse varios meses sin sueldo después de la baja maternal para poder seguir amamantando a sus hijos un poco más de tiempo, así que entiendo perfectamente que no les haga mucha gracia el espectáculo.

Luego hay otra corriente de indignación que se plantea si esto era en lo que consistía la famosa liberación de la mujer, en poder llevarnos a los niños al trabajo para así extender nuestra faceta maternal a todos los ámbitos de la vida, incluido el laboral.  Algunas malintencionadas incluso apuntan la posibilidad de que de vez en cuando la mochilita podría ser transportada por el padre de la criatura, en virtud del sagrado objetivo de la igualdad que da nombre al Ministerio de su señora.

En fin, yo quiero desde aquí tranquilizar a todas esas mujeres que tienen dudas, comprensibles pero infundadas desde mi punto de vista. No dudéis, mujeres de poca fe.

Sí, amigas, esto es liberación femenina auténtica, aunque a simple vista pueda no parecerlo. Qué mayor liberación que no tener que vivir angustiadas por tener que separarnos de nuestros retoños porque éstos puedan estar pegados a nosotras todas las horas del día? No tendremos que preocuparnos de encontrar una guardería cercana ni sufrir y estresarnos cuando la canguro se pone enferma y nos deja colgadas. Tampoco tener esclavizados a los abuelos cuando los pobres están ya gozando del más que merecido descanso de la jubilación.

Y quien piense erróneamente que los empresarios podrían preferir en un momento dado contratar a trabajadores masculinos libres de cargas familiares que lo mire de esta otra manera, con mucha más perspectiva de género: qué empresario no querría crear en su negocio un ambiente materno-infantil que invitara a sus clientes a sentirse como en casa?? Creo que este argumento por sí mismo es definitivo.

Por otra parte, para aquellas descreídas que tengan dudas sobre la viabilidad de llevar a su prole al puesto de trabajo he visualizado mentalmente una serie de oficios variados y os traigo aquí unas cuantas ideas y ventajas:

1. Madre peona de la construcción. Lo ideal en este caso es llevar al bebé con un casco del mismo color del de la madre, para que haga juego y estén perfectamente conjuntados. Si la trabajadora tiene que subirse a una plataforma para ascender y descender por la obra en construcción podría incluso jugar con el botoncito para columpiar al chiquillo y tenerlo entretenido subiendo y bajando. Por lo demás éste es un tipo de trabajo muy adecuado desde el punto de vista lúdico. Cuando los niños estén un poco más creciditos los pueden poner hasta a hacer las mezclas, ya sabemos que a los críos les encanta embadurnarse y ponerse guarros. En definitiva, una profesión perfecta para llevar a los niños con nosotras.

2. Madre cirujana. Sin problemas. Querida amiga, este trabajo también es ideal para llevar a tu bebé. Recomiendo usar con el chiquillo una mascarilla del mismo color que la de la madre, por una cuestión tanto estética como práctica, puesto que al haber otras madres con sus críos en el quirófano así se evitan confusiones. Los niños criados en este ambiente hospitalario además crecen más fuertes que los demás porque el contacto con todo tipo de virus y bacterias hace que su sistema inmunológico se desarrolle con mayor efectividad. Sería interesante también llevar algún tipo de artilugio que permitiera amamantar al bebé sin tener que soltar el bisturí, el escalpelo o cualquier otro instrumento propio del gremio. Ahí dejo caer la idea para posibles inventores.

3. Madre teleoperadora. Este oficio me parece ideal para desarrollar las capacidades lingüísticas de los infantes. Estar todo el horario laboral escuchando a las madres hará que con toda probabilidad aprendan a hablar mucho antes que los otros niños. Por otro lado podría ser muy agradable para las personas que están al otro lado de la línea oír el alegre gorgojeo de un bebé. Mucho más que esa música horrible que a menudo nos ponen mientras nos van pasando de un teleoperador a otro. Estos niños además dormirán muchísimo porque el soniquete de la voz de sus mamás les hará sentirse como si siguieran calentitos y protegidos en el vientre materno. Como podéis comprobar todo son ventajas.

4. Madre presentadora de televisión. Una profesión perfecta para familiarizar a los chiquillos con el medio audiovisual y con el ambiente periodístico. Son niños que muy pronto entenderán los beneficios de una buena fotogenia y de una dicción perfecta. También serán muy comunicativos porque aprenderán a hablar de todos los temas; y si ya la madre trabaja en un programa de actualidad con muchísimos tertulianos que opinen sobre todas las cuestiones tendrán un plus de información que les puede ser muy útil en su día a día cuando sean mayores. Además se acostumbrarán desde su más tierna infancia a estar en el punto de mira del interés público, a que los observen y les reconozcan por la calle, puede que aprendan a firmar autógrafos antes que a andar. Para amamantarlos con tranquilidad propongo que se aprovechen los intermedios, o bien que se haga durante las entrevistas más cordiales, evitando traspasarle a la criatura la leche materna durante tensas confrontaciones periodísticas con políticos, terroristas y otros personajes de semejante calaña.

En definitiva, amigas, que querer es poder.  Dejad de meteros injustamente con la Ministra Montero y pensad que las mujeres empoderadas nunca debemos dudar de nuestras posibilidades como madres y trabajadoras capaces de simultanear ambas facetas.

Y si tenéis dudas sólo tenéis que repetiros a vosotras mismas el gran lema del empoderamiento:

SÍ SE PUEDE, SÍ SE PUEDE!!!!!

Y ya veréis qué bien.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Becarios

Las becarias de mi curro ganan 400 euros por 4 horas diarias. Hace 30 años yo tenía una beca de 4 horas y ganaba 60.000 pesetas, que si no me equivoco viene a ser lo mismo que ahora están cobrando ellas.

Escandaloso, ciertamente. No sé en qué momento las cosas empezaron a torcerse para que a día de hoy la gente esté ganando lo mismo que hace 30 años. Bueno, en realidad tampoco es así porque en aquel tiempo los trabajadores de mi gremio cobraban unos 800 euros, es decir, aproximadamente el doble que los becarios. Sin embargo hoy por hoy ganamos en torno a los 1.600, lo que equivale a 4 veces una beca. Es decir, no sé en qué momento las cosas empezaran a torcerse para llegar a este punto en que los becarios son una especie de esclavos capaces de hacer el mismo trabajo que un profesional pero por 4 veces menos.

Bueno, pues a pesar de esa mierda de remuneración que bordea peligrosamente el esclavismo, todavía hay gente que considera que a los becarios hay que putearlos un poquito más.

Hace unos días, coincidiendo con el puente del 1 de Mayo, se planteó en mi servicio la posibilidad de darles el puente a nuestras becarias. Pero surgió un problema: buena parte del personal se lo había cogido y podían ser necesarias nuestras chicas para cubrir otros servicios. Naturalmente ante la posibilidad de que unas personas explotadas hasta lo indecente encima tuvieran la obligación de cubrir puestos de gente que, cobrando el cuádruple que ellas, se permitían cogerse el día sin pensar en que los servicios se quedaban desatendidos, sentí una tremenda indignación.

- O sea, que la gente se ha tomado el puente tan ricamente pasando total de dejar cubiertos los servicios básicos y vamos a hacer venir a las becarias, que cobran una puta mierda, para que se los cubran ellas?

- Bueno, es que ellas en su contrato no tienen derecho a puentes.

- Claro que no, ellas no tienen derecho a puentes ni tienen derecho a nada. Pero para eso están las personas responsables de darles el trabajo, para no explotarlas todavía más de lo que ya de por sí están. Y para no joderlas haciéndoles venir un puente cuando la mayor parte del personal se coge esos días.

- Es que la directora ha dejado muy claro que los becarios ni puentes ni días libres ni nada.

- La directora es un cardo y puede decir misa. Esto no es el ejército, donde hay que obedecer por cojones las órdenes por muy hijaputas que sean.

- Pero es que si no vienen va a haber un agravio comparativo con otros becarios que sí que van a venir. Ya sabes que la gente está a la que salta.

- Pues oficialmente se dice que no es que se tomen el día sino que van a recuperar esas horas. No creo que haya nadie pendiente de si cumplen o no. Y si preguntan juramos por Dios y por la Virgen que las han recuperado.

- Eso sí se puede hacer.

Y así fue. Las chicas no vinieron ese día, pero fueron sólo ellas porque efectivamente en el resto de servicios se tiró de becarios y mientras el personal se iba tan alegremente de puente ellos se dedicaron a cubrir sus puestos a cambio de la mierda de pasta que les pagan.

Mi hija, que también es becaria aunque de otro tipo, también fue a trabajar el puente porque aunque a ella sí le ofrecieron la oportunidad de no ir, fue a cambio de recuperar de verdad las horas. Y como tiene su tiempo totalmente ocupado todos los días de la semana era imposible planteárselo.

Nunca voy a terminar de entender que la gente no se dé cuenta ni reaccione indignada ante este estado de cosas. Por suerte en mi servicio hay cierto espíritu crítico que hace posible la desobediencia, después de todo estas chicas han tenido hasta suerte, pero me toca la moral que en otras dependencias se esté explotando a estas personas sin el menor atisbo de mala conciencia, sin ni tan siquiera dedicar al asunto un minuto de reflexión. Las condiciones de trabajo de los becarios no parecen importarles a nadie, incluso a mucha gente que en el pasado fue becaria y ha vivido en propia carne injusticias muy gordas. La gente tiende  a olvidarse de todo eso y en cuanto pilla ocasión se dedica a repetir el mismo comportamiento que un día padecieron.

Yo a pesar de que tengo muy mala memoria en general, nunca he olvidado mis tiempos de becaria. No en vano estuve casi 6 años empalmando una beca detrás de otra hasta que al final pude conseguir un contrato laboral en condiciones. Aparte de eso ver repetida la historia en mi propia hija, vivir en tiempo real cómo también ella es puteada sin compasión y por un sueldo comparativamente mucho más miserable que el que ganaba yo en mis tiempos, me pone todavía de más mala hostia. Me cuesta mucho entender esta indiferencia de mis compañeros. Es que no tienen hijos? Es que no se dan cuenta de que algún día pueden joderlos a ellos igual?

Es lo que le espera a esta generación tan ultramegapreparada que sólo aspira a limosnas de 400 euros para al menos no tener que pedirles a sus padres dinero los findes para tomarse una copa: explotación salvaje e indiferencia social.

Luego, eso sí, la gente está de lo más indignada porque a los jubilados no les suben las pensiones más que un 0'4, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo. Da igual que el jubilado tenga una pensión de 800 que de 2.000 euros, hay que salir a la calle para defender unas pensiones dignas.

Que me parece muy bien, oye. Pero entre tanto, alguien se acuerda de las mierdas que les pagan a nuestros preparadísimos hijos por currar lo mismo y a menudo bastante más que los profesionales con los que trabajan? Y encima estos pobres ni van a tener nunca en su vida pensiones ni nada que se le parezca remotamente.

lunes, 27 de noviembre de 2017

El sueño de una noche de otoño

Esta noche me la he pasado entera catalogando tesis doctorales. Como churros. Una, otra, otra, otra... y así hasta 20 o por ahí.

Tooooooooda la noche. Os lo podéis creer? Bueno, pues ésta es mi interesantísima y apasionante vida onírica. No tengo bastante con el cerro de tesis que tengo en mi mesa de trabajo que por las noches me dedico a seguir catalogando.

En un momento dado me he despertado sobresaltada porque he caído en la cuenta de que había un dato que me había saltado en todas las tesis, lo que significaba que tenía que volver al principio e ir una por una añadiendo el dato olvidado. Esto en términos laborales bibliotecarios es sinónimo de tremenda putada y en términos oníricos de pesadilla.

Era tal mi desazón que luego ya no sabía qué hacer. Me levanté a mear y al volver a acostarme apareció la gran duda. Volverme a dormir rápido normalmente es sencillo si retomo el sueño donde lo dejé. Es lo que suelo hacer cuando me despierto para ir al baño, siempre y cuando el sueño no sea especialmente desagradable. Pero claro, en este caso os podéis imaginar el dilema. Volver a empezar  tesis por tesis para incorporar el dichoso dato de los cojones? Seguir catalogando en sueños para levantarme al cabo de dos horas y seguir catalogando tesis en el curro? Dónde está ese maravilloso sueño reparador del que habla todo el mundo?

Tooooootaaaaaá! Que al final decidí que no, ni pensarlo, prefería quedarme despierta ya toda la noche a seguir catalogando tesis tontamente porque me estaba pegando un gran curro que luego no iba a repercutirme en nada positivo.

Para pasar el rato, ya asumido que iba a ser imposible recuperar el sueño, me dediqué a despotricar y a escribir mentalmente este post. Pero... Ooooooh milagrooooo!!!! Cuando iba por el segundo párrafo más o menos me he quedado frita otra vez. Y esta vez sé que he soñado un sueño normal. No me acuerdo de qué iba pero éste sí ha sido profundo y reparador. De hecho me ha despertado la alarma del móvil y estaba yo tan agustísimo, donde quiera que estuviese, con maldita la gana de levantarme.

Y nada, aquí estoy contando mis entretenidas noches. Ya que ni voy a cobrar más ni nadie me va a agradecer mi ingente productividad laboral, por lo menos que la gente se entere. El colmo de catalogar tesis en sueños es que nadie en el mundo sepa que lo has estado haciendo. Porque cansar, cansa igual que si las hubiera catalogado en el mundo real. Y el disgusto cuando tienes que volver atrás porque has olvidado alguna etiqueta es el mismo. Y no estoy dispuesta a pasar este trance sola.

Así que ya lo sabéis, que no sólo me hincho de currar por el día sino que luego sigo por la noche. Probablemente soy la persona más trabajadora de toda España, sin lugar a dudas merezco más que nadie la Medalla al Mérito en el Trabajo.

Lo dejo caer por si esto lo lee alguna vez alguien que tenga algún tipo de influencia. Y si no, pues por lo menos me he desahogado. Hala!

miércoles, 31 de mayo de 2017

Me cago en el puto aire acondicionado de los cojones

Son las 9'30 de la mañana y ya han venido cinco asfixiaos de la vida a pedirme que ponga el aire acondicionado en la biblioteca. A los cinco les he dicho lo mismo, que ya lo he puesto hace cinco minutos pero que aún no se nota porque no le ha dado tiempo a enfriar la sala. Por supuesto es mentira pero no me voy a poner a discutir con nadie sobre este asunto porque ya sé que llevo todas las de perder.

En la calle estamos a 19 grados. De verdad una hermosa mañana de mayo a 19 grados, cuando el sol aún no ha llegado a pisar las calles, es para encender el aire acondicionado? He subido un momento a la sala de arriba, donde sí está puesto, y eso es el Polo Norte mismamente. Es necesario pasar frío en verano desde primera hora de la mañana para estar a gusto?

Ninguno de los niñatos que ha venido a pedirme que lo encienda venía sudoroso ni abanicándose con un cartón. Ni una leve gotita cayendo por la frente. Simplemente la cuestión es que no hace el fresquito que a ellos, con sus hormonas dislocadas, les gustaría. Ni siquiera puedo decir que estuvieran gorditos y les sobraran unas cuantas calorías. Nooooooo, estaban delgados, finos como sílfides!!!!!!

Entretanto yo con un trancazo del copón, moco va moco viene convertido en estalactita, con la papelera al lado llena de klínex usados y con la chaqueta puesta. Y con las amígdalas como huevos de avestruz!!!!!!

Cada vez que veo acercarse a uno con cara de venir a pedirme que encienda el aire me gustaría fulminarlo. Pienso que vaya mierda de generación que no son capaces ni de soportar 19 grados sin recurrir a la ventilación artificial. Me gustaría preguntarle qué hace, cómo consigue sobrevivir, cuando se tumba al sol en la playa a 35 grados.  O peor aún, en su azotea, que es un clásico por estos lares.  O cuando folla con su novia o novio en la habitación de su cutrepiso de estudiante en el que el aire acondicionado ni está ni se le espera. O cuando caga en un baño de la feria a más de 45 grados, porque en los baños de la feria no suele haber aire acondicionado. No quiero imaginármelo haciendo fuerzas, apretando, en una crisis de estreñimiento con esas temperaturas.

Porque todos ellos soportan esas cosas y las que les echen. Pero eso sí, cuando entran a las 9 de la mañana en la biblioteca, en MI LUGAR DE TRABAJO, EN EL QUE TENGO QUE PERMANECER TODOS LOS DÍAS 7 HORAS POR COJONES SÍ O SÍ, cuando entran en mi sala, quieren, exigen, que esté fríiiiiiiiiiiiiia, heladaaaaaaaa como un congelador, y a ser posible con pingüinos bibliotecarios.

Estoy muuuuuuuuy hartaaaaaaaaaa!!!!!! Harta de pasar frío en verano, harta de tener la nariz como un pimiento a base de estornudar y de sentir el moquillo en la punta todo el rato, harta de tener que venir a trabajar con rebecas de lana en una ciudad en la que los 45 grados son la norma. Estoy harta de esos cinco capullos que a las 9'30 de la mañana ya han venido en comanda uno detrás de otro con cara de no haber roto un plato a machacar un poco más mi ya maltrecha salud. Putos asesinos!

QUIERO QUE SE VAYAN A ESTUDIAR A SU CASAAAAAAAAAAAA!!!!! QUIERO QUE NO VUELVAN POR AQUÍ HASTA EL INVIERNOOOOOOOOOO!!!!!!! LOS ODIOOOOOOOOOOO!!!!!!! QUIERO EL VIENTO FRESQUITO DE LA MAÑANA EN LA BIBLIOTECA Y PODER RESPIRAAAAAAAAAR!!!!!!!

Por favooooooooooor, es tanto pedir?

viernes, 24 de marzo de 2017

El guarro (Enésimo capítulo)

Os cuento la última de mi compañero el guarro, del que ya os he hablado largamente en otras ocasiones.

Ya os había dicho que el tipo se dedica a ir por ahí recogiendo todo tipo de chatarras y basuras y dejándonos por aquí todas las mierdas que se encuentra. El artista viene viene siempre cargado de bolsas cutres llenas de objetos de todo tipo y condición. Pero ya lo de hoy sobrepasa todo.

Hemos descubierto en un rincón un recipiente en el que guarda... no os lo perdáis... tarritos de aceite monodosis de estos de las cafeterías, pero abiertoooooos!!!!!!! El tío va recogiendo los restos del aceite que deja la gente en las mesas!!! O vete a saber dónde, porque conociéndolo capaz es de rebuscar en las papeleras o en el contenedor de basura.

Por supuesto se lo hemos tirado. Como le hemos tirado también un cucurucho de patatas fritas (fritas fritas, no chips) que también ha debido de encontrar por ahí y que había puesto en un sitio que hemos habilitado como "su rincón". Aunque en la práctica tiene todo el espacio invadido con "sus cosas".

Yo ya sabía que sale por el campus después de los desayunos para recoger restos de comida que la gente se ha dejado, pero creía que se llevaba las cosas no usadas. Los tarros de aceite cerrados por ejemplo. Bueno, no deja de ser de miserables pero eso podría tener un pase. Ahora descubrimos que no, que lo recoge todooooo!!!!! Una compañera nos ha contado que lleva en las bolsas trozos de pan, de tortilla... to lo que pilla!

Ayyyyyyy Dioooooosssss!!! Está mucho más chiflado de lo que había imaginado.

Aquí la gente se toma estas cosas a cachondeo y todo el mundo se descojona de él, pero este hombre está muy mal, hosssstia! Y a mí empieza a preocuparme bastante qué puedo encontrarme debajo de mi mesa cualquier día de éstos. Ya es bastante tener que convivir con unos zuecos asquerosos con más mierda que las bragas de la Potitos, que los tiene aquí debajo de la mesa para quitarse los zapatos cuando llega, pero visto lo visto, qué será lo siguiente?

Lo peor es que tenemos que hacer desaparecer las cosas en el quinto carajo porque si nota que le falta algo rebusca en la papelera desesperado hasta que lo encuentra y lo vuelve a colocar en su sitio. Tenemos que dárselo a las limpiadoras para que lo tiren cuanto más lejos mejor. Y con todo y con eso alguna vez nos hemos encontrado algo de vuelta después de creer que lo habíamos hecho desaparecer para siempre.

Yo no digo que lo que tiene este hombre no sea una enfermedad, y de verdad que me da pena, pero... esta gente está para trabajar? Es decir, está para convivir con personas más o menos normales? No estaría mejor recogidito en alguna parte donde le trataran de sus males?

Porque mucho cursito de Seguridad e Higiene en el Trabajo y mucha polla, pero luego resulta que si tu compañero huele a zorruno a 15 leguas y tienes que colgar tu chaqueta en un clavo para no ponerla en la percha al lado de la suya y te tienes que comprar un cojín para no poner el culo en el mismo sitio en el que antes lo ha puesto él y tienes que desinfectar el teclado todos los días antes de ponerte a trabajar, no te queda otra que joerte.

Vale que él estará fatal de la cabeza y que hay que ser piadosos y compasivos con las personas enfermas, pero es que yo voy a terminar también con una psicosis del copón a cuenta de trabajar en el mismo sitio que el cerdo chalado este, perdón, el enfermo este. Es que si fuera posible morir de asco yo ya estaría muerta y enterrada.

De verdad tengo que esperar a que se jubile para poder venir a trabajar sin que se me levante el estómago día sí día también?

Si es que solo de contarlo me entran ganas de vomitar. Ayyyyyyy Dioooooossss, qué cruz!!!

viernes, 17 de marzo de 2017

Estibadores

GRAN VICTORIA DE LA OPOSICIÓN EN EL PARLAMENTO! Le han echado para atrás al gobierno el Decreto sobre la liberalización del sector de la estiba. De puta madre!

La única vez que se pone de acuerdo toda la oposición es para tumbar un decreto que es una orden directa de Bruselas, que viene de una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo que obliga al gobierno a liberalizar el sector so pena de multa de 25.000 kilazos de euros. Toma ya!!!!!! Kilazos que vamos a pagar tú, yo y el de la moto. Los estibadores también pero esos tienen un sueldo medio de 65.000 euros anuales, que para pagar su parte de la multa se queda casi en calderilla. 135.000 euritos al día a pagar entre todos. Gracias, Ciudadanos, PSOE y Podemos, gracias por vuestros inestimables servicios, por vuestros desvelos por el bien común y por esta histórica victoria contra el Gobierno.

Considerar a los estibadores, como pretenden algunos, unos trabajadores representativos del resto es un insulto a la inteligencia. Llevo semanas escuchando testimonios de personas que han intentado acceder al sector y las condiciones si no eres pariente de alguien que ya esté dentro son imposibles. El índice de parentesco en el sector es escandaloso. Es una mafia de cuidado, es una especie de sindicato vertical que impone sus condiciones con la amenaza de paralizar por completo la actividad portuaria. A mí qué coño me van a representar esos tíos?

El mismo caso que los controladores aéreos pero peor porque al menos a un puesto de controlador puede acceder cualquiera que se haya preparado pero para la estiba es imposible. Que le pregunten a los trabajadores del transporte que han intentado siquiera acercarse.

Gracias otra vez a Ciudadanos, PSOE y Podemos por el multazo que vamos a tener que pagar todos los españolitos para defender los privilegios de estos señores. Que esto es una directiva europea que hay que cumplir sí o sí y que cuanto más se tarde en cumplir más nos va a costar? Y a ellos qué les importa si pueden conseguir algún rédito electoral?

Ciudadanos tiene que demostrar su distanciamiento del PP como sea, aunque en su programa electoral atacaran duramente el monopolio de la estiba y propusieran también la liberalización del sector para adaptarlo a las condiciones de los trabajadores europeos. Como saben que sus votantes difícilmente les van a perdonar esto ahora dicen que es que el decreto se les presentó muy precipitadamente pero que se lo están leyendo mejor y les parece bastante razonable. Mamarrachos!

Los votantes socialistas tampoco es que lo vayan a entender mucho mejor, pero en el PSOE mientras no terminen de decidirse entre papá y mamá todo es puro desbarre. Todo es mirar muuu fijamente a ver qué dice Podemos y decir ellos lo mismo pero más, no sea que alguien pueda pensar que Podemos son la verdadera y única oposición. Aunque saben perfectamente que de estar ellos en el Gobierno habrían tenido que aprobar ese decreto sí o sí.

Y Podemos... bueno, Podemos a lo suyo, en el mundo flower en el que viven, todo puro amor. Cuando yo escucho a Irene Montero hablar de que "nosotras y nosotros" no podemos permitir este "Decreto salvaje" contra los estibadores y estibadoras  (ah, no, que no hay estibadoras en el sector, vaya por dios) me entran ganas de coger a esta tía y pegarle un par de tortas a ver si alguna vez dice algo medianamente coherente. Tía, que les han propuesto prejubilarse a los 50 con el 75% del sueldo, que viene a ser unos 3.500 limpios al mes!!!!!!!! Por quedarse en su casita de por vida tan ricamente rascándose los cojoneeeeees!!!!!! Y tú dices que me representas a míiiiiiiiii? Éstos son los que representan a LA GENTE????????? Por favooooooor, que me hagan esa propuesta a míiiiiiiiiii!

De verdad, entre toda esta panda están consiguiendo hasta que me caiga bien Rajoy. Y no es que el tipo sea ningún fenómeno; es que el nivel político está tan por los suelos que Rajoy al lado de todos estos fantoches parece una lumbrera. Hossstia, parece Dios.

Dios mío, qué asco de políticos!

viernes, 25 de noviembre de 2016

La usuaria

Una usuaria escribe una carta a la biblioteca protestando por el ruido que hacemos mi compañera y yo. Transcribo la carta, aun a riesgo de que la usuaria me pueda denunciar por no haberle pedido los derechos de autor:


Les mando este correo porque estoy bastante insatisfecha con el trato que se le da a la sala de las revistas, sobre todo por parte del personal que ahí trabaja.



Vengo varios días a estudiar a esta sala, supuesta por ser más tranquila y de menos tránsito que el resto, y no hay un día que no me encuentre un panorama propio de la calle. La mayoría de los días las dos mujeres que deben estar pendiente de la sala molestan más que ayudan a mantener un ambiente en calma, con sus conversaciones matutinas y las visitas que les hacen algunos de sus compañeros/as. Hoy en concreto, tanto ellas dos como un hombre calvo y una mujer rubia se han tirado charlando a voz propia, sin intentar susurrar siquiera, ¡20 minutos!



Y eso no es todo. Algunos días me he encontrado música sonando en la sala, no sé si proveniente del mostrador o de otra persona, pero ninguna de las dos han hecho nada por silenciarlo. Por no decir que raro es el día que la puerta que comunica con los servicios no está cerrada y se va toda la calefacción.



Del hombre mayor que hay a veces no tengo queja, es el único que hace su trabajo en condiciones, e incluso de mi parte le pueden felicitar.



Creo que una biblioteca de ámbito universitario no puede ofrecer un trato tan pobre y que las personas que venimos a estudiar a la sala lo recibamos. Somos personas adultas que no venimos a pasar el rato (la mayoría) y en muchos casos nos estamos jugando exámenes, oposiciones, etc.



En definitiva, creo que esta sala es maravillosa si se le diera el uso que merece, no es un patio de recreo y si bien es cierto que no tienen que trabajar como si esto fuera un funeral, si tienen muchas ganas de conversar pueden salirse afuera, como nos recomiendan otros trabajadores de la misma cuando estamos haciendo ruido y con mucha razón.



Siento el mensaje tan largo, pero llevo estudiando en esta sala desde principios de septiembre y creo que he esperado demasiado tiempo para saber lo que ocurre con cotidianidad y lo que es un hecho aislado.



Gracias de antemano por su atención. Un cordial saludo.

Conste que entono un serio mea culpa. Es cierto,  lleva gran parte de razón. A menudo nos olvidamos de que estamos en una biblioteca. Y yo, que soy una persona silenciosa, poco amiga del ruido, que hasta me escondo en el último vagón del tren para huir de la atronadora muchedumbre, tengo que entenderlo por huevos.

Bien es verdad también que si yo fuera un usuario de la biblioteca que buscara silencio por encima de todo jamás me sentaría cerca de los mostradores de los bibliotecarios, que son lugares donde el silencio absoluto es imposible. Es donde van los proveedores, los conserjes, los de mantenimiento, los de limpieza, suena constantemente el teléfono y hay que responder forzosamente a los usuarios que preguntan o a los compañeros... Es un constante ir y venir de gente con la que hay que hablar sí o sí. O bien se aísla al personal acústicamente con una mampara o una cristalera o bien el usuario asume que cerca de los mostradores el silencio total es imposible. Hay sitios en la biblioteca mucho más apropiados para estudiar tranquilamente.

Con todo y con eso asumo nuestra culpa. Efectivamente nos juntamos a primera hora y charlamos en los mostradores y cuando van llegando los usuarios casi ni los vemos durante los primeros minutos, y seguimos de cháchara un rato más sin darnos cuenta de que podemos estar molestando. Vale, nostra culpa. De todas formas la cartita de marras tampoco era necesaria; habría bastado con que se acercara al mostrador para decirnos que la estábamos molestando o simplemente emitir un sencillo shhhhhhhhhhhhhh, que es lo que normalmente se hace en estos casos. Se nota bastante que pretende hacer pupa.

Pero bueno, lo que realmente me interesa de esta misiva es el concepto de "bibliotecario" que tiene la usuaria. Ella no necesita ningún servicio que le podamos prestar los bibliotecarios puesto que solo usa la biblioteca como lugar de estudio. Luego para ella el bibliotecario perfecto, al que le gustaría felicitar incluso, es un señor que llega a su puesto de trabajo, se planta los cascos y en siete horas no hace absolutamente nada más. Es decir, quiere un ciego, un mudo o mejor aún, un muerto como bibliotecario.

Ella no necesita material, y si lo necesita da por supuesto que llega a las estanterías solo, sin proceso de ningún tipo. Personas que nos pasamos la jornada laboral completa trabajando, seleccionando material, recibiéndolo, registrándolo, catalogándolo, colocándolo en las estanterías y atendiendo al público, no le parecemos buenos profesionales porque molestamos. En cambio el compañero que no hace absolutamente nadaaaaaaaa en sus siete horas de jornada, salvo estar de cuerpo presente, y a veces ni eso, le parece el bibliotecario perfecto. Si le pusieran un maniquí en el mostrador estaría encantada.

Y es muy triste, de verdad. Hay muchos usuarios que creen que los bibliotecarios, y esta chica lo menciona así, somos cuidadores, al estilo de los que en las salas de los museos vigilan que la gente se comporte y no haga barbaridades. Para ellos solo estamos ahí para mandar callar y por supuesto para callar nosotros mismos.

Ya he hablado aquí varias veces largo y tendido de mi compañero, pero lo que más me ha dolido de esta carta es que un tipo caracterizado por virtudes tales como la vagancia máxima, la falta absoluta de higiene personal hasta un punto rayano en la cerdez, la racanería más enfermiza y el autismo laboral más implacable..., que esa joyita sea considerada un modelo profesional.

Cómo me gustaría decirle a esa usuaria y a muchos otros que piensan como ella que, además de atender al teléfono y a los usuarios que vienen a consultarnos y a los compañeros que vienen al mostrador por distintos motivos, nos pasamos la jornada haciendo posible que todo ese material esté a disposición de todo el mundo, perfectamente registrado, catalogado y controlado, lo que supone un trabajo ingente que no podría hacer cualquier muerto al que se sacara de la tumba y se colocara en el mostrador para hacer bulto. Que es un trabajo especializado, que no es como descubrir la radiactividad pero que requiere preparación y concentración y que ser bibliotecario no consiste en guardar silencio absoluto durante siete horas al día, aunque ese silencio pueda ser una virtud interesante a tener en cuenta.

En fin, inevitable hacer autocrítica. Somos bibliotecarios y o nos aíslan físicamente de los usuarios (lo cual no estaría mal) o tenemos que evitar al máximo los ruidos y realizar nuestro trabajo lo más silenciosamente posible. Ahí lleva toda la razón.

Pero ya el mero hecho de que haya alabado las virtudes profesionales de una persona conocida por todos los compañeros por su falta de interés en el trabajo, por su profunda inoperancia, por su falta de compañerismo y por los indescriptibles hedores que se desprenden de su cuerpo,  le quita toda la razón que en otros aspectos pudiera haber tenido.

Yo creo que lo menos que la autora de esa carta se merecería sería pasar una jornada entera estudiando junto a este señor. Lo más cerquita posible. Y luego ya hablaríamos.

jueves, 16 de junio de 2016

El guarro (II)

Hace un tiempo hablé en este blog de un compañero de trabajo con cierta alergia al agua y al jabón. Para los que no lo leyeran paso el enlace:

http://arfondoalaizquierda.blogspot.com.es/2015/12/el-guarro.HTML


En aquel momento incidí en ese aspecto de la personalidad del sujeto, y también hice una leve alusión a su impresionante falta de compañerismo. Hasta el punto de que una lectora llegó a insinuar que podía tratarse de un Síndrome de Asperger o algo similar.

Que este hombre no es muy normal es claro. Ahora bien, si tiene alguna patología diagnosticada o no es algo que ignoro. Desde luego si la tuviera creo que nosotros, sus compañeros de trabajo, deberíamos de saberlo. Al menos para tratarlo como un enfermo y no como a un simple guarro cabroncete con el que es francamente difícil la convivencia laboral. No quiero ya ni pensar la convivencia personal. Dios mío, lo que su señora tiene que estar soportando no lo puedo ni quiero imaginar.

En fin, como iba diciendo, la guarrez no es la única cualidad de este personaje. Además de eso tiene como una especie de obsesión con ir recogiendo cosas por ahí. El tío aparece todos los días en el trabajo resoplando y sudando la gota gorda (tiene turno fijo de tarde) cargado de bolsas de supermercado (Mercadona, Carrefour...) llenas de cosas que ha ido recogiendo por ahí.

La verdad es que nosotras nunca tocamos sus bolsas pero más o menos nos hacemos a la idea de lo que contienen porque hay gente que lo ha visto por ahí en esta entretenida tarea. Yo misma lo vi un día de lejos, yendo yo en la bici, sacando papeles de propaganda de un buzón que no era el de su casa. Estaba registrando un buzón de propaganda de un bloque de pisos que le pillaba de camino para el trabajo!!!! Lo prometo.

Igualmente otras personas le han visto recoger todo tipo de chatarra y objetos que se va encontrando por la calle. Y como supongo que su señora le tendrá prohibido que lleve sus tesoros a casa lo que hace el tipo es traerlos al trabajo y distribuirlos por el cubículo en el que trabajamos. Ayer sin ir más lejos mi compañera me mandó una foto de un tapacubos de rueda de coche que asomaba por una bolsa.

Frecuentemente hacemos eso, mandarnos fotos de sus hallazgos una a la otra, y la receptora siempre contesta con la carita del guasap esa que suda copiosamente del bochorno.

Naturalmente nosotras nunca tocamos sus cosas. Hemos ido desarrollando una repugnancia enfermiza hacia todo lo que viene de este hombre, y estoy segura de que ninguna de nosotras venía de fábrica con esa cualidad. Yo por lo menos nunca he sido escrupulosa ni nada por el estilo, pero a tal punto he llegado que como tengo que usar el mismo asiento que él y ahora en verano vengo a trabajar con pantaloncillos cortos o con faldas y sin medias ni nada, totalmente a pelo, no puedo soportar la idea de plantar mi culo y mis piernas en donde él ha puesto los suyos, así que me he comprado un cojín y en cuanto le hago el relevo cuando yo vengo de tarde lo primero que hago es ponerlo. Ni muerrrrta pongo yo mi culo ahí sin protección.

Para que os hagáis una idea, también va recogiendo las cosas que los alumnos se van dejando en las mesas. Incluso cosas de comerrrrr!!! Que alguien se ha dejado media hamburguesa? Pues él la recoge y se la guarda!!!!!! De verdad, palabrita.

El tipo nos tiene a todos alucinados. De hecho algunos compañeros han pillado más de una vez a los alumnos haciéndole fotos. Lo que no me explico es cómo no las han colgado en el Twitter o en el Facebook de la biblioteca.

Un día se estaban descojonando de él porque estaba repantingado en la silla, con los pies en la mesa y dos ordenadores, uno a cada lado, los cascos puestos, la camisa desabrochada con todo su inmenso tripón al aire, y durmiendooooooo de esta guisa! Por lo visto los nenes tenían un cachondeo que pa qué y estaban sacándole fotos. El compañero que lo vio fue corriendo a despertarlo y le llamó la atención, pero lo hecho hecho estaba, y las fotos deben andar por ahí en alguna parte.

Y lo peor es que hay quien ve estas cosas y nos mete a todos en el mismo saco. Esa imagen del trabajador público que a todos los que somos más o menos normales y cumplimos con decoro con nuestras funciones nos llena de horror.

A pesar de lo mal que nos hace sentirnos esta persona la verdad es que nadie sabe muy bien cómo tratarlo, porque nos damos cuenta de que muy normal no es y de que alguna enfermedad mental debe de tener, y además grave. Yo creo que por eso nadie le dice nada y todos nos limitamos a espantarnos cada vez que lo vemos aparecer cargado con su chatarrería y con sus pintas de no haber visto una ducha en meses.

Otra peculiaridad que tiene es que va a todo lo que sea gratis. Que se entera de que dan una copa en alguna parte o que hay un evento en el que no hay que pagar... sea de lo que sea, da igual... lo mismo un concierto que un congreso de biología molecular... él va a todo y se toma su copa gratis. Un homenaje a alguien, una jubilación, el aniversario de algún acontecimiento... allí que va él tan contento y tan feliz, tanto si conoce al homenajeado como si no, siempre que den de comer o de beber gratis.

Habrá quien piense que igual es que el tío está mal de dinero o algo así. De hecho durante años nosotras nos aferramos a esa esperanza, pero qué va. El colega tiene su casa pagada, la mujer es profesora de instituto, no tiene personas mayores ni hijos pequeños a su cargo, solo un hijo mayor que ya ha terminado sus estudios y trabaja con una beca... y además de tanto ahorrar yendo a sitios gratis hace un par de años se compró un apartamento en la playa que debe de estar pagando en cómodos plazos.

En fin, cuento esto por aquí porque de vez en cuando siento la tremenda necesidad de desahogarme.

No puedo explicarme cómo su señora puede soportarlo. Porque del olor no he hablado pero... podría hacer mil comparaciones e inventar cientos de metáforas que darían por sí solas para otro post. La cuestión es que si esa mujer lo conoció así tal cual eso significa que ella está igual de enferma que él o peor. Y si lo conoció normal y luego se ha vuelto de esta manera... no me cabe en la cabeza cómo  puede tener estómago para algo así. Por mucho cariño que le haya cogido.

Como mínimo lo habría llevado a un médico y tendría algún diagnóstico. Y es de suponer que alguien habría informado a sus superiores para que fueran comprensivos con él. Y los superiores habrían intentado hacer con él cualquier cosa menos tenerlo de cara al público, atendiendo a la clientela. De hecho, es lo que se hace aquí con las personas que tienen problemas psíquicos, que son un montón. Aunque os cueste creerlo esta profesión es un nido de tarados, es un trabajo de riesgo total, a juzgar por la cantidad de gente que está más pallá que pacá. Tenemos una colección que es digna de un tratado de Psicopatología.

Pero de todos los piraos éste es el único que está de cara al público, y ya os digo que es famoso y tiene a un montón de paparazzis detrás a la caza de sus mejores momentos.

En fin, y aquí estoy yo con el tapacubos a un lado, una bolsa del Mercadona igualmente sospechosa al otro, y ... ah, se me había olvidado, también tiene debajo de nuestra mesa una especie de pantuflas que se pone cuando llega y se quita los zapatos. Yo cada vez que me asomo y veo las pantuflas me quiero morir.

Es que no tiene desperdicio. No hay por dónde cogerlo, de verdad.

Y pensar que le quedan lo menos cuatro años más para jubilarse!!!! Ay virgen santa, lo podré soportar????

Ps. No podía guardarme esta información espeluznante. Hoy he sabido que el apartamento en la playa lo pagó a tocateja. Palabrita. Conocéis a alguien que tenga dinero para comprarse un apartamento así??

Ps2. Ah, y ahora se ha ofrecido voluntario para trabajar también los śabados. Querrá ahorrar para un yate al contado??

martes, 31 de mayo de 2016

La guerra climática

Cada día lo tengo más claro. En los trabajos, en las aulas, en los organismos públicos y en todas partes debería distribuirse a la gente según su temperatura corporal: los frioleros a un lado y los calurosos al otro. Es la única discriminación de la que soy partidaria. Eso de separar por sexos o por edades o por religiones o por razas es una gilipollez, pero lo de las temperaturas corporales es otra historia. Eso tendría un sentido y haría que la vida de todos, de unos y de otros, fuera mucho más agradable.

Se evitarían, por ejemplo, cantidad de discusiones que se producen en todos los centros de trabajo por el uso de la calefacción o del aire acondicionado. Esos rifirrafes, esa tensión… ése que se levanta a bajar la calefacción… ésa que en un descuido del otro se levanta y la sube… Te ríes, eh???? A que te suena de algo?? Qué pesadilla, qué sindiós!!

Ahora empieza la época en la que los frioleros nos congelamos en los centros de trabajo. En la biblioteca abrimos por la mañana las ventanas y corre bastante fresquito, pero siempre aparece el típico gordito, sí, ese que por el sobrepeso ya sabes cuando se está acercando que lo que te va a pedir es que pongas el aire acondicionado a las 8 de la mañana.

Y efectivamente, se acerca resoplando todo sudoroso y te pide que hagas el favor de encenderlo. Si eres del club friolero, como yo, te cagas en su puta madre, pero no puedes decirle que no. No sé por qué pero no puedes. Bueno, sí sé por qué. Porque si le dices que es mejor esperar un rato te dice que es que hace muuuuuucho calor y a ver cómo tú le dices que no, que la mañana está fresquita y que se está muy bien, que es él el que tiene un problema con su temperatura corporal, muy probablemente debido a ese sobrepeso que arrastra.

Te dan ganas de preguntarle qué va a hacer cuando den las 2 de la tarde si ya a las 8 está asfixiao. Te dan ganas de decirle que en verano es normal pasar un poquito de calor, que una cosa son 40 grados y otra muy distinta 18 o 20, que son perfectamente soportables para el organismo humano sin aditivos ni conservantes. Te dan ganas de decirle que por su culpa y la de muchos otros como él algunos nos pasamos todo el verano resfriados por estar en sitios superfríos y luego salir a la calle y pegarnos un bofetón de calor que te mueres. En fin, te dan ganas de soltarle un rollo tal que se le quiten las ganas de por vida de volver a acercarse a tu mostrador a pedirte que enciendas el aire. Pero no, te callas y lo enciendes, y todo eso te lo dices a ti misma mientras con todo el asquito del mundo le das al puto botón ON y agarras tu rebeca de pelito y te la pones para no pillar el enésimo resfriado del mes.

Luego al cabo de un rato aparece una de las tuyas, una chica de peso y aspecto saludable que viene pegando tiritonas y te pide por favor que apagues un rato el aire. A ésa te dan ganas de zamparle un montón de besos y de darle las gracias por haber intercedido entre tú y el gordito. Ella es tu coartada perfecta porque cuando el gordito vuelva a aparecer a pedirte que lo enciendas ya le puedes decir tranquilamente que hay personas a las que les molesta, sin faltar a la verdad, porque por lo menos hay dos, la chica y tú.

En cuanto a los compañeros de trabajo, yo afortunadamente no tengo mucho problema con mi compi porque compartimos una temperatura corporal similar. Ella es tal vez un poco más calurosa que yo, pero hasta un punto soportable. Además el aire acondicionado le da dolor de huesos así que tampoco lo  quiere tener todo el rato encendido; lo enciende y lo apaga más o menos a un ritmo parecido al mío. En ese aspecto he tenido suerte.

Pero conozco servicios en los que la tensión podría cortar el aire. Gente que se pasa el invierno asfixiá así que cuando llega el verano os podéis hacer una idea; resoplan constantemente y sudan todo el rato como pollos. Si encima son tías y están pasando por la espinosa etapa de los sofocos te puedes echar a temblar. De pesadilla porque éstas nunca tienen bastante fresquito, cuando les viene el soponcio ni en el Polo Norte.

(Breve inciso: acaba de llegar el primer niño a pedir que encienda el aire. Éste de hoy no era gordito pero se veía a la legua que tenía las hormonas to acelerás. Le he dicho que iba a esperar un ratito más porque si no la gente protesta. No me da la gana de encender el aire a 20 grados que estamos. Hasta que no me lo pida el segundo de la mañana me niego. Hala!!)

Lo malo es que los frioleros somos clara minoría. La inmensa mayoría de la gente tiene siempre muchísimo calor. Entre los del sobrepeso, las menopáusicas y los alterados testosterónicos los organismos sudorosos son legión. Y mientras ellos sudan y sudan nosotros tiritamos y tiritamos.

Mucha gente me dice que lo que tenemos que hacer es ponernos ropa adecuada. Adecuada a qué? Yo tengo que ponerme abrigo en verano? Tengo que ponerme calcetines y botas para que no se me congelen los dedos de los pies? Y por qué no hacen ellos al revés y se ponen unos pantaloncitos cortos o una faldita y unas sandalias de verano y se visten como se ha vestido en verano de toda la vida de Dios?

En fin, es un despropósito, un sinvivir. Tienes que estar todo el día con la gente a cara de perro si no quieres morir de congelación. Y de todas formas los cambios bruscos de temperatura harán que te pases todo el verano estornudando como una posesa y moqueando y gastando klínex a punta pala. Eso es sano? Eso es normal?

Mi propósito secreto (ya no tan secreto desde ahora) es remolonear lo máximo posible cuando la gente me pida que enchufe el aire, para así, poco a poco, que vaya corriendo la voz de que esta sala es un sitio donde hace calor y se convierta en el refugio perfecto de los frioleros como yo que estamos totalmente marginados en esta sociedad. Y los calurosos que se vayan a otros sitios buscando su temperatura ideal de 10 grados. Fuera tos, chusma!!

LO DIRÉ ALTO Y CLARO:

QUIERO UNA BIBLIOTECA SOLO PARA FRIOLEROOOOOOOOS!!!!

jueves, 14 de abril de 2016

Llorando en el curro

A menudo lloro en el trabajo. Pero vamos, unas lloreras importantes, no penséis que son cuatro lagrimillas.

No, no es por mi situación laboral, que para lo que se estila hoy en día, es bastante aceptable. La verdad es que lloro porque en el fondo soy una sentimental.

Veréis, en la zona de la biblioteca donde yo presto mis servicios una de las cosas a las que nos dedicamos son las tesis doctorales, los proyectos fin de carrera y los trabajos fin de grado.  Nosotras los registramos y los catalogamos  para posteriormente custodiarlos y ponerlos a disposición de los usuarios que los pidan.

Bueno, pues mis lloreras tienen que ver con los agradecimientos de los autores de esos trabajos. Como para catalogarlos no tengo más remedio que echarles un vistazo para ver de qué tratan y darles una materia adecuada, al final siempre me termino tragando enterita la parte de acción de gracias, que es la que más me gusta. Vamos, que estoy superenganchada.  Normalmente me salto la parte primera dedicada a directores de tesis y compañeros de Departamento y me voy al final, a la parte de amigos y familiares, que es donde te enteras de todos los chismes, si están casados, solteros, separados, viudos, si tienen hijos, si sus padres viven, si no... en fin, la parte puramente humana. Y ahí es donde se me caen lagrimones como puños día sí día también.

Hay varias categorías de investigadores:

Los hay que son supersecos y que despachan a sus familiares y amigos con un simple "Mi más sincero agradecimiento a mis padres, mi esposa y mis hijos porque este trabajo sin ellos nunca hubiera podido hacerse realidad". Estos son unos sosos y me dan hasta coraje. Normalmente despotrico un poco y me digo yo para mis adentros: "Serás mu listo y tu tesis será la polla, pero qué sosito y qué singracia eres, hijo".

Pero luego están los que, después de todos los agradecimientos de rigor, terminan dedicando su trabajo a la memoria de su difunta abuela o de su padre muerto poco tiempo antes; y hablan de lo orgullosos que se hubieran sentido, de lo importantes que fueron para él o ella, de cómo siempre le animaron a no rendirse y a trabajar duramente para conseguir sus objetivos, y blablablabla blablablabla, así dos páginas enteras … Con éstos son con los que más lloro.

Pero tampoco me quedo corta con los que le dedican especialmente su trabajo a su esposa/oso e hijos, a los que han tenido abandonados durante años para escribir la puta tesis. Y hablan con todo lujo de detalles de días de campo a los que no asistieron, de niños que nunca fueron al cine con su papá o con su mamá, de cumpleaños de sus hijos a los que no pudieron ir, de mujeres y hombres que han tenido que sacar su casa solos adelante porque el doctorando estaba encerrado en la biblioteca escribiendo la dichosa tesis. A esos pobres me los imagino sufriendo durante años y lo paso fatal. Veo a esos niños semiabandonados diciendo “papá, papá”, con sus caritas ansiosas. O peor aún: “mamá, mamá”. Y la madre mesándose la cabellera sin poder hacerles ni caso porque está en medio de un párrafo superimportante y no puede perder el hilo de sus pensamientos para curar a ese hijo que se acaba de abrir la cabeza… en fin, terrible. Con éstos también lloro muchísimo.

Luego están los supercumplidos. Esos dan las gracias a toda su parentela, al vecindario completo, al del quiosco de prensa, a la frutera, al cajero del supermercado, a la asistenta, a los suegros, incluso a los cuñados… Se ve que están agradecidos con el mundo entero. O bien han tenido que dar mucho por culo a todos para escribir su tesis o su proyecto o es que son de natural agradecidos y no quieren dejarse a nadie detrás. Con estos lloro menos porque la gente muy cumplida me pone un tanto nerviosa, pero me los imagino por la calle echando flores a todos sus vecinos y cantando hosana en el cielo y casi siempre se me cae alguna lagrimilla suelta.

Caso aparte es el de los sudamericanos, al menos la mayoría de ellos. Se les reconoce rápido por dos cosas: los nombres y las dedicatorias. Normalmente se llaman cosas como Yésica del Rosario, Alberto Augusto, Horacio Alfredo, Ligia Esmeralda… y todos así. Pero más unánime aún es su afición por agradecer su trabajo a Dios, a alguna virgen o al santo patrón de su pueblo. Son muy místicos y raro es el que no termina con alguna oración o salmo. Con estos lloro también pero de la risa. Gracias a ellos he sabido de santos y de vírgenes y de santísimos cristos del perpetuo loquesea que no tenía ni repajolera idea de que pudieran existir.

Los brasileños también son muy graciosos. Dicen cosas como "a minha mae y minho pae porque passamos sufoco juntos...".   Lo del sufoco es que me encanta. Es que a mí el portugués me llega al alma.

Y bueno, finalmente está la inefable autora de una tesis que catalogué ayer, y que dedica el trabajo naturalmente a sus padres, hermanos, tíos, primos, a sus difuntos abuelos, a su director, a sus amigas del colegio, a las del instituto, a las de la Universidad, a los colegas Erasmus, y por último… a su true and friendly love, Chuchi. Y claro, lloré.

sábado, 5 de diciembre de 2015

El guarro

Hay en mi trabajo un tío que es guarro no, lo siguiente. No es que huela mal porque tenga algún problema o algo así, que hay gente que tiene una enfermedad y no es culpa suya. No, el tipo este es que no se cambia de ropa en toda la semana, de lunes a viernes!!!! Todos los días va con la misma!!!!! Generalmente un polo azul marino de éstos megasufridos que sirven para disimular la mierda que tienen encima. En invierno o en verano, da igual que estemos a 0 grados que a 40, él no se cambia en toda la semana. Os podéis imaginar el cantazo que da el colega. En verano es algo realmente espeluznante.

Recuerdo una vez que se ofreció a llevarnos a unos cuantos a casa. Pleno verano, no olvidaré la fecha exacta, 27 de agosto de 2002 (iba a una celebración familiar y llegué blanca como la pared, toda descompuesta), 42 grados a la sombra, jueves o viernes, el polo del tipo ya de un color indefinido, entre el marrón mierda y el negro. A mí me tocó ir detrás de él. Madre mía, sin aire acondicionado, él con la ventanilla abierta, sin ventanilla trasera, el alerón del tío al aire y ese viento que echaba para atrás justo hacia mis fosas nasales el nauseabundo olor de sus sobacos. No he estado más cerca de morir de asco en  la vida, si no morí aquel día lo mismo ya ni me muero nunca. 

Ni que decir tiene que me juré que una y no más, santo Tomás. Prefiero ir andando mil veces de Rabanales a Córdoba a la pata coja que repetir la terrorífica experiencia.  Solo de pensarlo me traspongo casi al borde del desmayo.

Le cuento todo esto a un amigo y me dice que lo que le sorprende es que nadie le haya dicho nunca nada. La verdad es que somos un poco gilipollas con el tema este, porque los que cumplimos con las normas básicas de higiene personal no deberíamos sentir vergüenza por llamar la atención a alguien que no las cumple. Deberían ser ellos los que se avergonzaran y se sintieran mal. Sin embargo aunque todo el mundo habla de esto a sus espaldas, incluída yo, y procuramos no acercarnos demasiado a él, nadie hasta el día de hoy ha sido capaz de decirle nada al tío este.

Y no lo entiendo, porque igual que le decimos a la gente que nos molesta cuando hace ruido o cuando llega tarde o cosas así, no sé por qué cuesta tanto decirle a alguien que se lave y que se cambie de ropa, que huele a zorruno que te cagas. 

Y me gustaría hacer una consulta popular a través del blog planteando una serie de cuestiones peliagudas sobre el asunto este que han despertado mi interés:

- Es de mala educación decirle a alguien que es un guarro?

- Qué es de más mala educación, ser un guarro o decirle guarro a un guarro?

- Le habéis dicho alguna vez a alguien que era un pedazo de marrano?

- En caso afirmativo, cómo se lo habéis dicho, directamente o pegando tironcillos a lo Gila?

- Cómo se lo ha tomado el cochino en cuestión?

- Habéis tenido éxito y ha corregido su actitud o ha pasado olímpicamente?

En fin, como me imagino que éste no es el único guarro del mundo, espero ansiosa alguna respuesta, a ver si alguien me saca de dudas. Sé que al final no seré nunca capaz de decírselo directamente por ese extraño pudor que da tratar este asunto pero cualquier idea ingeniosa para combatir la marranez de este sujeto será bienvenida.

Ahora que lo pienso sí que hay algo que podéis hacer por mí. Podéis difundir este post a través de las redes sociales, el correo y todos los medios a vuestro alcance a ver si le llega al tipo en cuestión. Y si no le llega a él igual sí le llega a otro guarro de la misma calaña que se dé por aludido. Tal vez, aunque no me ayude directamente a mí, sí podamos hacer entre todos algo por alguna otra persona que esté padeciendo esta misma lacra.




martes, 26 de mayo de 2015

Análisis comparativo

Como recordaréis, hace unos días abrí un post sobre una entrevista de trabajo a la que había asistido mi hija para un contrato basura, que por cierto, al final ha conseguido. Más contenta que unas pascuas está ella con su curro nuevo.

En fin, posteriormente se desarrolló en esa entrada una interesante conversación con algunos visitantes pero como la cosa se ha alargado demasiado y quería hacer algunas reflexiones he preferido abrir otro post en el que pretendo hacer una especie de análisis comparativo que puede ilustrar bastante al personal sobre lo que aquí está pasando.

El curro que ha conseguido mi hija es de cuatro meses, cinco horas al día, 250 euros al mes; vamos, mileurista cuatrimestral. Pues bien, hace 26 años, justamente cuando yo estaba embarazada de la criatura en cuestión, la misma institución que ahora la ha contratado a ella me concedió a mí una beca de biblioteca, un año, cinco horas diarias, 60.000 pesetas al mes.

Como soy un poco torpe para las matemáticas os invito a vosotros mismos a que hagáis el cambio a euros, aunque me parece que la cifra sobrepasa un poquito los 250 euros que ahora le van a pagar a ella por las mismas horas de trabajo. Es decir, en cuestión salarial nos hemos remontado a 30 años atrás, señores!!!!!! Mi hija está ganando actualmente incluso menos de lo que yo ganaba con esa beca.

Creo que con eso está dicho casi todo, pero aún voy a dar otro dato más. Justo por aquellas fechas mis padres vendieron su piso por dos millones de pesetas y se compraron otro mucho más nuevo y en un barrio bastante mejor por cuatro millones. También un año antes o uno después se construyó el edificio donde yo ahora vivo; mi piso fue vendido a sus antiguos propietarios por seis millones, cochera incluída. 15 años después lo compré yo por 40 millones.

Conocéis de algún piso hoy en día medianamente presentable que se pueda comprar por 4 millones o por 6? Es bastante improbable, pero sin embargo mucha gente está ganando exactamente lo mismo que ganaba yo entonces.

Podría poner muchos más ejemplos pero para qué; creo que con éste queda bastante ilustrado lo que está pasando.

Y vuelvo a repetir lo mismo que dije en mi post anterior: estos cerdos hijosdeputa vienen diciéndonos que nos estamos recuperando, que se está creando un montón de empleo y que esto va de puta madre.

Eso sí, después del batacazo que se han pegado en las últimas elecciones todavía se preguntan cómo es que la gente no ha sabido apreciar todo lo que están haciendo.

Va a ser que somos muy torrrrrrrpes.

Cabroneeeeeees!

miércoles, 20 de mayo de 2015

Entrevista de trabajo

Me llama mi hija toda nerviosita para contarme que ya ha terminado una entrevista de trabajo que tenía hoy. Es para trabajar en la secretaría de un centro, tareas administrativas, cuatro meses, cinco horas al día, 250 euros.

-         Ay mamá, mamá, me lo darán? Nos han seleccionado a 4 de treintaytantos que lo habiamos pedido. Ojalá me lo den, me vendría genial.

Una tía licenciada en Psicopedagogía con unas notarráncanas de la hostia, Premio Extraordinario Fin de Carrera, con un Master en Psicología también con notas espectaculares… nerviosa perdida por unas prácticas de administrativa de 4 meses a 250 euros!

Y luego dicen los cerdos estos que nos estamos recuperando y que estamos saliendo de la crisis y que se está creando mogollón de empleo.

Mecagoensuputamadreyentosunación.

Ps. Como dice un mensaje que me mandaron por guasap hace poco: “Cómo le explico yo a mi hija que el modelo a seguir no es la choni que se forra en la tele sino el ingeniero que atiende en el MacDonald?”

martes, 6 de agosto de 2013

Nadie hablará de mi historia cuando yo haya muerto: tragedia griega en tres actos ambientada en la actualidad laboral

INTRODUCCIÓN.

Esta historia va de la suerte, de la buena y de la mala suerte. O de la suerte cambiante, que viene y va y va y viene, y nunca se sabe hasta el último día de la vida en qué va a quedar.

También es una especie de tragedia griega en la que los aparentes éxitos pueden terminar siendo fracasos y los fracasos éxitos inesperados.

Y sobre todo va de un drama personal relacionado con el trabajo que guardo desde hace muchos años, y que estaba ahí, apaciblemente dormido, pero que ahora, con la crisis, con la precariedad y con el miedo, pues ha vuelto a salir. Aunque sea un poco largo, por favor, leedlo y pensad sobre esa cosa tan caprichosa y juguetona que se llama destino:


ACTO 1º.  OPOSICIONES DE AYUDANTE DE BIBLIOTECAS

Os sitúo: 1997, 31 años. La oposición consistía en  cuatro exámenes, los tres primeros eliminatorios y el cuarto voluntario y de mérito. Aprobé los dos primeros y el tercero no lo tenía demasiado claro. Coincidió con el nacimiento de mi segundo hijo y le estaba dando el pecho.

Lo cierto es que el tercer examen fue muy largo; era práctico y había que catalogar varios documentos, y en la mitad de la prueba, de mis pechos empezó a manar leche a raudales y mientras intentaba cortar el chorro con una mano, escribía con la otra. Cuando, a las cuatro horas salí de allí, parecía que salía de un concurso de camisetas mojadas y en lo único que era capaz de pensar era en ponerle al puñetero niño la teta en la boca y que me sacara toda aquella sobredosis láctea que amenazaba con explotar de un momento a otro.

Aquello me supuso un sofocón muy gordo y unas fiebres considerables. El crío efectivamente, cuando la pilló, se agarró a mi teta como un jabato, pero tanta era la leche acumulada que en dos chupetones se hizo con su dosis, se quedó como un lirón, y el resto de la leche ahí se quedó, haciendo amago de reventar y jodiéndome durante días. En fin, que no tenía yo demasiadas esperanzas puestas en aquel examen que hice en esas condiciones, y efectivamente no me sorprendió en absoluto cuando a los pocos días salieron los resultados y yo no estaba en la lista de aprobados.

Cuando sí me sorprendí es cuando una semana después recibí una carta certificada de la Universidad en la que se me comunicaba que había habido un error en las correcciones y que sí que había aprobado. Yo no daba crédito; me había hecho a la idea de que no, y de repente era que sí. Además eso planteaba un problema: las plazas eran cinco y con aquel error los aprobados éramos seis (yo era la cuarta en orden de nota), en una oposición cuyas bases especificaban que no podía haber aprobados sin plaza. Y sólo quedaba un examen voluntario y de méritos.

En fin, abrevio, porque aunque todo aquello fue muy duro y muy traumático para mí, reconozco que resulta un poco pesado. Resumo:

1. Los del Tribunal me reconocen que efectivamente el error ha sido de ellos y que creen que no habrá problemas y que nos darán plaza a los seis. Compro una botella de cava y lo celebro, craso error que no recomiendo a nadie. Nunca celebres nada hasta que no tengas un papel firmado en la mano.

2. Carta colectiva de los seis aprobados a la Universidad para que, teniendo en cuenta que el error ha sido suyo, hagan una ampliación de plazas, contemplada en la convocatoria en determinados casos.

3. Examen de méritos. Búsqueda en bases de datos. Me preparo como puedo pero no es mi fuerte. Voy supernerviosa, el niño con una amiga en la puerta por si me da otra subida de leche (Gracias, Vi). El caso es que la cago y lo hago fatal. Con la puntuación de ese examen ya sí, me quedo la sexta y última de la lista.

4. El tribunal finalmente saca una lista de cinco aprobados y yo no estoy en ella. En los siguientes días no recibo ninguna carta de error. Punto y final.

5. Pongo un contencioso a la Universidad porque considero que yo no he suspendido en ningún momento, que el cuarto examen no era eliminatorio y sólo servía para disponer el orden de aprobados. Yo tenía que estar en la lista final de aprobados sí o sí.

6. La sentencia da la razón a la Universidad. Me releva de pagar los costes porque efectivamente el error ha sido de ellos. Echa una pequeña bronca de procedimiento a la empresa pero considera que al no sacarme en la lista final consto como no aprobada y que eso se ajusta a la legalidad. Se acabó. Gracias, Mari, lo hiciste muy bien pero eras David contra Goliat.

7. Me jodo.

Después de eso me quedo tan hecha polvo que decido no volver a presentarme más nunca a unas oposiciones. Puedo soportar, como todo el mundo, suspender, pero no puedo soportar que me quiten una plaza por un error que no fue mío. Por tanto tiro la toalla para siempre y decido que mi futuro está por otro lado. Oposiciones nunca mais.

ACTO 2º. FUNCIONARIA SUSTITUTA E INTERINA.

Pasado un tiempo empiezan, muy poquito a poco, a llamarme de la bolsa de trabajo en la que me he quedado en la pole position por lo sucedido en las oposiciones. Fue una etapa en la Biblioteca Universitaria de envidiable buena salud del personal funcionario y de anticoncepción militante. Una pequeña sustitución de una semana, quince días por aquí, veinte por allá, un contratito por obra y servicio... nada importante, pero bueno, de vez en cuando trabajaba y ganaba algo, eso sí, con mi pena negra dentro y mi convencimiento de que tenía que buscarme las habichuelas en otra parte.

Finalmente, sorpresa!!!! Una jubilación (un beso desde aquí a la gran Doña Julia, ya tristemente fallecida, pero pedazo de bibliotecaria y pedazo de señora). Su jubilación además fue mi oportunidad. Por fin una interinidad!!! (Curiosamente a partir de la jubilación de Julia se produjo un súbito baby-boom entre el personal bibliotecario (hasta 4 embarazos seguidos) del que se pudieron beneficiar intensamente las compañeras que me seguían en la bolsa de trabajo)

Quieras o no, tener un trabajo más o menos estable (aunque no definitivo) y un sueldecito muy apañado ayudaron bastante a mi recuperación. Decidí echar borrón y cuenta nueva y aprovechar el momento. Carpe diem, baby. La vida me sonreía. En ese tiempo había tenido mi tercer hijo y las angustias económicas por fin desaparecían.

Llevo escasamente dos meses en mi nuevo puesto, con mi respetable sueldo y mi trabajo en la Biblioteca de Filosofía, que me encanta. Me encanta el sitio, me encanta el ambiente de trabajo, me encantan mis compañeros...

En fin, me encanta todo, pero en esto que convocan oposiciones para Auxiliar de Bibliotecas. Qué hago, qué no hago? Bueno, no tengo más remedio que presentarme porque si no parecería que no quiero un puesto fijo, pero como tengo claro que las oposiciones no son lo mío paso de estudiar. Me miro el temario por encima para no hacer demasiado el ridículo y voy a las pruebas como el que va de excursión al zoo.

Hosssstiassssss. Y voy y apruebo. Inesperadamente... sin desearlo, sin comerlo ni beberlo. Apruebo, sí, y de momento me da muchísima alegría. Wawwwww, plaza fija!!!!!

Desde luego si hubiera podido ver por una bola de cristal mi futuro no hubiera dado tantos saltos. Es más, ni siquiera me hubiera presentado nunca a esas oposiciones.

Porque en realidad fue el peor golpe de mala suerte que he podido tener en mi vida laboral, incluso peor que lo de mis frustradas oposiciones de Ayudante. Empieza mi desgracia.

ACTO 3º. LA PLAZA

Vale, ya tengo mi plaza. Por si acaso, lo intento y pregunto a los de personal si puedo seguir ocupando mi interinidad, donde gano bastante más, y mi plaza fija de laboral la puede ocupar otra persona temporalmente. Me dicen que ni pensarlo, que me vaya para mi sitio ya, cagando leches.

- Mi destino es la Biblioteca de Rabanales. Más concretamente el mostrador de la Biblioteca de Rabanales. El mostrador de Rabanales por aquellos días significa esperar sentada a que te lleguen los clientes, pasar el código de barras por los libros y de vez en cuando colocar un carrito de libros en las estanterías. No pretendo en absoluto denostar este trabajo, pero nada que ver con el que dejé en Filosofía. Ni los libros ni el ambiente ni el tipo de trabajo acompañaban, pero si ya mirabas la nómina a fin de mes te podías echar a llorar. Casi la mitad de lo que ganaba con mi interinidad, que sólo pude disfrutar escasamente cinco meses. Porca miseria! Pero bueno, me consolaba de todo esto pensando en que por fin tenía un puesto fijo.

- Con el tiempo me presento a pruebas internas para ascender a Técnico Especialista y, bueno, el trabajo no mejora demasiado pero el sueldo sube ostensiblemente. De todas formas se queda a bastante distancia de lo que ganaba de Ayudante y podría seguir ganando de no haber aprobado las oposiciones de laboral. Aun así sigo agradecida y contenta por mi puesto fijo y no me planteo que haya podido tener mala suerte.

- Me ofrecen un puesto en otro Servicio y acepto. Sigo ganando lo mismo pero tengo turno fijo de mañana y se supone que el trabajo será más interesante. Se supone, pero no. Mi jefa resulta ser una persona poco propensa a valorar la preparación y mucho a valorar la categoría laboral, y decide destinarme a dar de alta en el sistema a los alumnos y a hacer carnets. De vez en cuando de otros servicios me encargan trabajos un poco más elaborados pero el 50% de mi tiempo lo paso buscándome entretenimientos o inventándome yo misma trabajos. Decido hacer mantenimiento del catálogo por mi cuenta, ya que aunque nadie me lo pida, el catálogo está hecho unos zorros y al parecer no hay personal para mantenerlo. Lo hago en secreto por si me lo prohíben por ser laboral. Mientras, mi compañera en el servicio, que es ayudante interina, no da abasto la pobre y está sobrecargada de trabajos en los que yo podría ayudarla pero no me dejan por mi categoría inferior. Con todo y con eso sigo conformándome y no me quejo de mi fortuna.

- Convocan oposiciones para Ayudantes con objeto de consolidar las plazas de los interinos. La antigüedad será el elemento clave. De haber seguido con mi interinidad yo tendría la antigüedad máxima. Me alegro por mis compañeros interinos, pero me siento triste por mí. Ya sí empiezo a darme cuenta de que he tenido verdadera mala suerte. Podría haber estado todos esos años haciendo un trabajo que me gustaba, en un sitio que me gustaba, con una gente que me gustaba... y con un sueldo que me encantaba. Y a su debido tiempo obtener mi plaza fija. En lugar de eso he estado languideciendo lentamente, haciendo trabajos muy por debajo de mis posibilidades, soportando situaciones bastante humillantes y encima cobrando una mierda. En fin, me da pena por mí pero prefiero no comerme demasiado la cabeza con lo que pudo haber sido y no fue.

- Llega la crisis y de repente ocurre lo que nunca pudimos pensar que podría ocurrir: nuestro ocurrente gobierno, en su afán por detener la destrucción de empleo y acabar con el paro, hace una reforma laboral en la que por primera vez se contempla la posibilidad de hacer Expedientes de Regulación de Empleo (los famosos ERE) en la administración, por supuesto sólo para personal laboral. Tanto si te han puesto a dedo por ser cuñada del gerente como si has pasado por una dura y difícil oposición contra 500.000 contrincantes. Ya ni siquiera puedo decir que tengo un trabajo fijo, en cualquier momento puedo ir a la puta calle y es perfectamente legal. Y aquí sí, aquí ya sí que me mosqueo de verdad. Porque pienso... menudo negocio hiciste, tía.

A ver cómo lo explico. Aprobar aquellas oposiciones fue un castigo para mí a todos los niveles: económico, profesional, moral... En todos perdí, y aún está por ver qué más puedo perder. Ya sé que la culpa no es de nadie, que es simple y llanamente la vida, pero que hay que tener muuuuuuy mala follá. La gente que piensa que no existe la suerte y que la fortuna se la labra uno a base de méritos, debería leer esta historia. Paradójicamente si yo hubiera sido un poquito menos lista y talentosa en aquellos exámenes hoy en día tendría una situación laboral y económica bastante mejor. Ya lo decía Sabina en "El blues de lo que pasa en mi escalera": "El superclase de mi clase, qué pardillo, se pudre en el banquillo". Suele ocurrir.

FIN

Y ahora sí, ahora ya sí soy plenamente consciente de que lo mío fue dura y pura mala suerte sin paliativos. La única vez que pareció que me había sonreído la fortuna, cuando obtuve mi plaza, al final resultó que era una de esas trampas del destino de las que hablan las tragedias griegas. Ya sabéis, cargando las tintas un poco, el que se libra de una muerte rápida en un naufragio para morir dos años más tarde lentamente de un cáncer terrible. O el único superviviente en un accidente de aviación, que al mes siguiente se estrella con su camión y mata a decenas de personas. El sino, el destino, el terrible e inexorable fatum. No en vano, la palabra fatídico viene precisamente de ahí, de fatum. Por no hablar de "fatal".

De todas formas hoy por hoy, de momento, sigo trabajando, además en un puesto en el que estoy contenta y me siento valorada, y tal como está el panorama con eso ya me doy con un canto en los dientes. Que las cosas pudieron haber sido de otra manera? Pues sí. Que si no hubiera aprobado aquellas oposiciones hoy en día ganaría más, viviría mejor, y sobre todo, mucho más tranquila con respecto a mi futuro y el de mi familia? Total. Que no hubiera tenido que soportar durante años tantos desprecios por mi bajada de categoría, muchos de ellos procedentes de personas cuya valía profesional está bastante menos acreditada que la mía? Sin duda.

Con todo, nada de eso es lo peor. Lo peor son los hijos. La cantidad de cosas que en estos años no he podido darles a mis hijos porque no me lo he podido permitir. Y no hablo de viajes a Disneyland Paris ni de campamentos de verano en el Pirineo, no. Nada de eso me interesa ni me quita el sueño. Hablo de cosas importantes de verdad para su desarrollo y su formación; hablo, por ejemplo, de que mi hija podía haber pedido una beca Erasmus para practicar inglés durante su carrera, y no ha podido. O poder costearle un par de meses en la Gran Bretaña para lo mismo, y no he podido. O simple y llanamente que mis hijos pudieran elegir la carrera que quisiesen porque yo pudiera costearles la estancia en otra ciudad; y no puedo. Nada de eso he podido darles, y sin embargo, de no ser por mi mala suerte, pude habérselo dado todo.

Pero la cuestión es: no sabía lo que iba a pasar. No podía ver el futuro. Y las cosas son como son. Y lo que pasó ya no lo puedo cambiar. Así que... pase lo que pase, a joerse y punto. No queda otra. C'est la vie!

Como rezaba el título de aquella película: "Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto". Y tampoco nadie hablará de mi historia cuando me haya ido. O cuando me hayan echado, que eso ya sí es una posibilidad. A fin de cuentas mi historia es mía, y a quien le duele es a mí. Por eso tengo que ser yo quien la cuente. Y aquí está.