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miércoles, 14 de febrero de 2024

Con dos pares de cojones destapo mis obsesiones

Aviso desde el principio a navegantes.  Este no es un post de cachondeo, y ni siquiera es mínimamente agradable. Sí es muy íntimo y totalmente sincero, es un desnudo integral de mis peores miedos, y no recomiendo leerlo a la gente impresionable. Entre otras cosas porque pueden no compartir estos terrores, lo cual es muy probable, y a partir de esta lectura empezar a obsesionarse con ellos. Y esa no es mi intención.

Tengo sobre mi mesa un libro para catalogar, "Hasta que se me acaben las palabras", la biografía del periodista Pepe Domingo Castaño. Siempre echo un vistazo a todos los libros que pasan por mis manos, sobre todo a los que tengo interés por leer, como es el caso. Es de las cosas que más me gustan de mi trabajo. Miro las fotos que el autor ha escogido minuciosamente, y la última me llama la atención. Es la última foto de su madre con todos sus hijos. Son un montón, por lo que pienso que son los hijos y las parejas, pero no, me voy a la sinopsis y veo que efectivamente Pepe Domingo era el segundo de doce hermanos, que ahí es nada. Y me quedo totalmente admirada. Esa señora, que debe de tener en la foto más de 80 años, está con todos sus hijos. Todos vivos!! Y por lo que se ve en la imagen, en perfecto estado de salud. Todos con dos piernas, dos brazos, con buen aspecto, altos, guapetones. Joder, si hasta todos los varones tienen pelo!! No hay ni uno solo con calvicie!! Tienen unos pelazos envidiables. No he visto cosa igual en una familia. Pero sobre todo, es eso, que están vivos!!!!!!!! Esto me parece totalmente sorprendente en una señora con esa edad y con tantos hijos. Que haya tenido la bendita suerte de pasar por tan larguísima vida sin que a ninguno de sus muchísimos descendientes le haya pasado nada  malo. O al menos no tan malo como para no estar en esa foto.

Y he sentido la tremenda necesidad de desahogarme. Probablemente también sea porque llevo dos semanas en estado de shock por una noticia que, aunque por suerte no me afecta directamente, me ha golpeado con fuerza, al hacer realidad en otra persona la peor de mis pesadillas. Me refiero a la muerte en accidente de tráfico de un padre y dos hijos adolescentes de Morón de la Frontera, aficionados del Sevilla, que iban a Madrid a ver un partido contra el Atlético.  

Oí hablar del accidente de madrugada, en un programa de radio que escucho cuando no puedo dormir. El de Carlos Moreno "El Pulpo", en la Cope: "Poniendo las calles".  Un camionero llamó al programa para decir que había mucha niebla y que a la altura de Despeñaperros se había producido un accidente terrible con un montón de coches implicados. Estuvieron toda la noche llamando otros conductores que pasaban por allí y casi todo el programa estuvo marcado por ese accidente. Al día siguiente en las noticias me enteré de lo del padre y los chavales. 

Por supuesto que pensé en los muchachos, en sus vidas perdidas, en todas sus ilusiones destrozadas entre los hierros de ese coche. Y deseé intensamente que el padre, que era el conductor, hubiera muerto al instante y no se hubiera dado cuenta de lo ocurrido a sus hijos ni media milésima de segundo. Pero sobre todo sobre todo en quien pensé fue en la madre. En cómo se puede seguir viviendo cuando de sopetón lo has perdido todo. Si ya de por sí es terrible perder a un hijo, y de eso en mi familia ha habido bastante, perder a todos ya es lo peor de lo peor de lo que puede pasarle a alguien en el mundo. Es que no se me ocurre nada más horrible. Y de hecho es algo en lo que pienso recurrentemente, mi peor pesadilla. Desde que ocurrió me acuerdo todos los días de esa pobre mujer que ha sufrido tan inmensa desgracia.

Yo siempre he tenido mucho miedo a los accidentes de coche. Desde que hace muchos años, cuando era adolescente, una prima lejana mía murió en uno.  Eso me impresionó muchísimo, porque aunque apenas la conocía, en mi casa se habló mucho de ello, y sobre todo de lo hecha polvo que se había quedado la madre, que era prima de la mía. Y yo, que siempre he tenido una capacidad tremenda, quizás excesiva,  de ponerme en el lugar de la gente (ahora se llama empatía), pensaba constantemente en esa mujer, sin saber que años después vería a mi propia madre pasar por un trance, si no igual, bastante parecido.

Luego viene la historia que ya sabéis, la cantidad de tragedias que han ocurrido en mi familia a personas jóvenes, lo cual no ha hecho sino reforzar mi pánico a todo tipo de peligros, pero muy especialmente a coches y transportes en general. 

Hace mucho tiempo, en una comida en un restaurante de mi barrio, la madre de la familia propietaria, compuesta por el matrimonio y dos hijos, con sus parejas y nietos, me contó que a ellos les gustaba mucho ir de vacaciones juntos, pero que nunca iban en el mismo vehículo. Fueran en coche o en avión, siempre dividían a la familia porque tenían claro que si padecían un accidente mortal al menos una parte sobreviviría. Luego he sabido que esto lo hacen también mucho en las Casas Reales, y en general en las familias millonarias, para que al menos quede algún heredero. Y ahora que estoy viendo Succession, la famosa serie, compruebo que efectivamente con frecuencia la familia protagonista se divide para ir en dos helicópteros, dos aviones, varios coches, etc.

Bueno, pues como podréis suponer, esta conversación se me quedó grabada a fuego. Cuando tienes una obsesión cualquier cosa que pueda relacionarse de algún modo con ella siempre se agarra como una lapa a tu memoria.

Yo tengo claro que, por mucho terror que me den la carretera o los aviones, no puedo evitar que mis hijos viajen. Tengo un futbolista que se pasa la vida en la carretera. Prácticamente no podría ni respirar si pensara constantemente que le puede pasar algo. He asimilado que tengo que convivir con el hecho de que ellos se tienen que mover, que además desgraciadamente para mí les encanta viajar y no tengo más remedio que hacer de tripas corazón. Pero con lo que no puedo, lo que me produce auténtico pavor, palpitaciones, angustia máxima, es imaginar que vayan en el mismo vehículo dos de ellos, o aún peor, todos. Y que no vaya yo. Porque si yo voy y pasa algo me da igual, con un poco de suerte no me voy a enterar. Pero si yo no voy para mí ese vehículo no es propiamente un coche ni un avión. En mi cabeza es una bomba, un artefacto mortal. Y eso es lo que me provoca terror.

Da igual que me digan que diariamente millones de personas van de un lado a otro y no les pasa nada. Da igual porque para mí solo existe esa señora que hace dos semanas perdió a su marido y sus dos hijos en Despeñaperros cuando iban tan felices e ilusionados a ver a su equipo. Los otros millones a los que no les pasa nada no me interesan, me interesa solo ella. Porque ella podría ser yo, y dados los antecedentes trágicos de mi familia, llevo muchas papeletas. 

Puede que no consiga evitar un palo terrible del destino, si es que está para mí. Pero sí puedo ponerle las cosas un poco difíciles. Por eso hago auténticas virguerías para evitar esa circunstancia. Y como las familias de la realeza o como los multimillonarios, intento que si mis hijos viajan a un mismo sitio vayan en vehículos diferentes. Se trata básicamente de no jugarte todo lo que tienes al mismo número.

Que estoy bastante tarada? Pues sí. Pero vamos, que hoy en día, que tanto se habla de salud mental, para lo que se ve por ahí, teniendo en cuenta que ésta es mi única tara, me doy con un canto en los dientes. Además tengo este blog, que es para mí como el diván del psicoanalista.  Y aunque esta obsesión me provoca el mismo sufrimiento que a otras personas sus terrores, es algo que tengo asimilado por completo y bastante hablado con mi familia, y aunque protesten y les dé por culo tener que someterse a mis complicadas planificaciones logísticas, suelen hacerlo. Puede ser que de vez en cuando me engañen y me hagan la tres catorce, pero si no pasa nada y no me entero, por lo menos no sufro.

Y todo esto venía a esa foto de la madre de Pepe Domingo Castaño con sus doce retoños. Si alguna vez me preguntaran eso de: "Qué le pides a la vida??", yo lo tengo muy claro. Ser como esa señora, y dure más o dure menos, llegue a los 60 o a los 100, que en la última foto que me haga estén todos mis hijos. Sanos y felices. Incluso aunque no tengan el pelazo de los Castaño.

sábado, 21 de octubre de 2023

Ni estoy ni nunca estaré, y siempre me escaparé

En mi curro han hecho hace unos días un curso de liderazgo y habilidades sociales, al que yo, como es costumbre en mí no me he apuntado. 

Para empezar tengo mínimas intenciones de ejercer ningún liderazgo en nada, y para terminar, de habilidades sociales vengo sobrada de fábrica. Otra cosa es que me apetezca ejercitarlas o no, y últimamente cada vez me apetece menos.

Yo de pequeña fui una niña extrovertida, amable y expansiva. En el fondo creo que siempre he tenido cierta timidez, por ejemplo, nunca me ha gustado hablar en público ni participar en reuniones de mucha gente, pero luego en petit comité tengo desde muy chica mogollón de habilidades y creo que bastante encanto personal. No es por darme pisto, pero a estas alturas de la vida ya una sabe lo que tiene y lo que no. Así que realmente no fui al curso, aparte de porque ya no estoy interesada en tirarme tropecientas horas para aprender cosas que perfectamente me puede enseñar alguien en quince minutos de clase particular, porque el tema en cuestión me interesaba entre nada y menos nada.

Mis habilidades sociales hace tiempo que las uso para escaquearme de la gente sin parecer demasiado maleducada, aunque no sé si siempre lo consigo. Intento no ser desagradable pero asegurando que no invadan mi espacio, y ese equilibrio es muy complicado, palabrita.

Y los más curiosillos diréis: y por qué eres así de asocial, de rarita y de rancia? Pues mira, es muy sencillo, porque no me interesa casi nada de lo que habla la gente.

Por ejemplo, estos días de atrás he estado muy triste por el tema de Álvaro Prieto, el chaval cordobés que murió electrocutado en un tren. Como ya sabéis muchos, en mi familia ha habido bastantes muertes de personas jóvenes, Desde que este chico desapareció me impliqué muchísimo en la historia, me traía muchos recuerdos, momentos terribles vividos en mi familia. Cuando ya se supo definitivamente que había muerto de la manera más tonta posible no podía dejar de pensar en esos padres, sobre todo en ellos porque por experiencia sé que los padres son los que a menudo nunca levantan cabeza cuando pierden un hijo. Me acordaba constantemente de los míos propios, de mis tíos Pepe y Rafi, de mi hermana y mi cuñao, pensaba en el horror tan terrible que estaría viviendo esa familia y me partía el alma. Empatizo tanto con estas cosas que de algún modo es como revivir las mías propias. Y como es natural me interesa una mierda que venga nadie a contarme otras gilipolleces, porque yo estoy en ese momento viviendo intensamente una tragedia, que no me afecta directamente pero que de algún modo siento como mía propia.

Esto es sólo un ejemplo, pero hay muchos más. También me pasa cuando estoy muy embebida con algún libro, y la historia me absorbe, sobre todo si hay un trasfondo trágico, esos libros que te hacen llorar a ratos, que dejas de leer y te cuesta un buen rato recuperar la normalidad emocional... pues que alguien me hable de un pego que me importa otra mierda se me hace insoportable.  En general cuando estoy muy concentrada en alguna cosa me sobra todo el mundo. Vamos, hablando en plata, que no tengo el chichi pa farolillos.

Luego hay temas que sí me interesan muchísimo, que incluso me apasionan. Por ejemplo, la política. Soy una persona hiperinformada sobre política porque leo constantemente y escucho medios de todo pelaje. Como ya he dicho muchas veces tengo fuertes convicciones de izquierdas, pero actualmente, desde hace años, estoy huérfana de voto. Bueno, pues es que no quiero hablar con nadie de política, porque las pocas veces que lo he intentado me he encontrado con que es imposible sacar a la gente de su sectarismo. Si hablas con gente de izquierdas, que supuestamente son los míos, ves que realmente lo único que les importa es que de ninguna manera gobierne nunca la derecha. Si hablo con gente de derechas les doy la razón en muchas cosas pero no puedo comprar en absoluto su pack completo, porque soy atea, republicana, socialdemócrata, creo a cascoporro en la enseñanza pública, eso sí, lo más aséptica posible; aboliría por completo la concertada, el que quiera exquisiteces pedagógicas, biblias, coranes, talmudes o manifiestos comunistas que se los pague de su bolsillo. En fin... choque frontal. Y actualmente la derecha sólo tiene un objetivo: quitar a Sánchez del poder como sea. Cosa que, por cierto, yo también querría. Pero no para que lo sustituyan ellos, sino alguien de izquierdas con un poco de vergüenza, decencia y pundonor. Dicho esto, puedo hablar con alguien de política? Imposible.  En esta España a garrotazos que tan bien retrató Goya, tanto para un bando como para el otro yo soy un forúnculo extraño e incómodo porque no le compro el pack a ninguno.  De todas formas la gente que está en una posición no sectaria, o sea, tan horrorizada con unos como con los otros, es normalmente apolítica, no les interesa el tema. O sea, imposible encontrar un alma gemela con quien marcarme un debate medianamente sano.

Los deportes tampoco me interesan, sólo el fútbol cuando juega mi hijo. Son los únicos partidos que veo por la tele, y tampoco puedo comentarlos con nadie porque es 1ª REF y eso sólo lo vemos los de la familia y los fans de los equipos en cuestión. Por cierto, aprovecho para animar al equipo. Viva el Sanluqueño! 

Otra cosa que no me interesa ni un pimiento son los problemas laborales. No en general, claro, sino concretamente los de mi curro. Lo digo porque la gente se puede pasar horas y horas hablando de eso y yo huyo como de la peste bubónica. La verdad es que me considero una privilegiada en este aspecto. Tengo un curro que me gusta muchísimo, pero mucho mucho mucho. Mis condiciones de trabajo son envidiables, de hecho procuro ocultárselas por delicadeza a toda la gente que tiene menos suerte. Mi sueldo es bastante aceptable y me permite vivir sin apuros económicos, cosa que poca gente puede decir hoy en día. Las únicas personas de mi entorno laboral cuyos problemas me interesan son los que están en precario, contratados haciendo sustituciones, que las criaturas se pasan la vida opositando, trabajando y estudiando al mismo tiempo, muchos de ellos con cargas familiares. Yo también estuve ahí muchos años y siempre voy a solidarizarme con esa gente. 

Pero cuando veo a uno de los míos, los que estamos asentados, tenemos nuestros puestos y una serie de privilegios que no dejan de ser un agravio comparativo hacia toda esa otra gente que está en una situación de inestabilidad, cuando los veo quejarse, digo, de alguna gilipollez (y los que no vivís en este mundo, no os hacéis una idea de las chorradas de las que la gente privilegiada se puede llegar a quejar) es que me gustaría mandar a esas personas a tomar por culo. Me parece tan obsceno quejarnos de algunas cosas en este trabajo que cuando alguien lo hace, y encima delante de esas criaturitas que están acojonaítas, con el contrato pendiendo de un hilo, siento una necesidad imperiosa de gritar.  Además por experiencia sé que, para más escarnio, luego en los desayunos se pasan horas hablando de esas cosas, que es uno de los motivos por los que hace mil años decidí no volver a ir a desayunar con nadie.

Así que creo que se puede entender por qué luego, cuando me junto con mis amigos o con mi familia, parezco el loro la perla porque no paro de cascar. Los tengo fritos a los pobres, todo lo que no hablo en mi curro lo hablo luego con ellos. Mis hijos me dicen muchas veces: "anda que si la gente supiera que cuando abres la boca hay que ponerte un bozal pa callarte".

Pues bueno, éste es el tema. No tengo un problema de habilidades sociales; lo que tengo es una clara intención de no usarlas.  Por tanto no necesito cursos de sociabilidad en los que enseñan a la gente cosas tan interesantes como decir buenos días a los compañeros y preguntarles qué tal les ha ido el fin de semana. Lo que yo necesito más bien es un curso de estrategias infalibles de evasión para escapar de las conversaciones que me aburren. No me cuentes tu vida, yo prometo no contarte la mía. Cuéntame tus problemas laborales si eres un triste contratado por prejubilación al 75% y estás jodido; si te pasas la vida de oposición en oposición,  sacando el tiempo para estudiar de debajo de las piedras; si yo puedo aportarte algo por mi experiencia, o por supuesto si tienes un problema personal, o de salud, o de familia, o de lo que sea.  Para eso siempre he estado y siempre voy a estar. Ahora, para chorradas, chismorreos y nininanas, ni estoy ni nunca estaré y siempre me escaparé.

viernes, 27 de mayo de 2022

Sobre sustos y disgustos y variedad en los gustos

Hoy me ha dicho mi hijo que igual me tengo que hacer mirar los nervios.

Todo ha sido porque ha llegado a la cocina y estaba yo allí a mis cosas, y él me ha dicho "hola", y yo he gritado:

- Aaaaaaaaaarg!

- Hossstia mamá, por qué gritas?

- Porque me has asustado.

- Asustado de qué? Sólo te he dicho "hola"! Háztelo mirar!

Es cierto, últimamente me asusto mucho. Me lo dice la gente con frecuencia. Es verdad que siempre he sido muy asustadiza, pero con el tiempo la cosa va a más. Ya es que mi estado natural es chillar.

He estado pensando en los posibles motivos de esta reacción mía, y he llegado a una serie de conclusiones que voy a explicar aquí.

Me asusto tanto porque la gente interrumpe mis reflexiones. Sí, lo digo en serio. Aunque no lo parezca mis engranajes mentales están siempre en funcionamiento, en un constante run run, como el corazón de Rosario Flores, pero en mi caso en la cabeza. 

Sé que no lo parece, sé que la sensación que doy a muchas personas es la de ser un poco descerebrada, la de ir un poco a mi bola, sin darme cuenta de las cosas. Y en cierto sentido puede que lleven razón. La verdad es que considero milagroso que nunca me haya atropellado un coche o un camión (cruzo los dedos) porque yo siempre voy un poco despistada por la vida, como en otro mundo, y bueno, aunque no me hayan atropellado el claxon sí que me lo han pitado mil veces cuando han estado a punto.

Tal vez algunos se sorprenderán al saber que mi actividad mental es tan intensa. Igual es porque soy una fashion victim, y normalmente nadie piensa que las fashion victims tengamos demasiada actividad mental. No nos toman en serio, ésa es la verdad. Nos toman por gente frívola, insensata incluso. Nada más lejos de la realidad, al menos en mi caso. El hecho de que yo me plante una flor en el pelo cuando llega la feria no significa que bajo esa flor la maquinaria mía mental no continúe en constante funcionamiento.

La cuestión es que esos sustos que me pego cuando la gente interrumpe mis reflexiones son totalmente normales, en mi opinión, Tú imagínate a Einstein, salvando las distancias, por supuesto. Einstein está dándole vueltas en su cabeza a la ley de la relatividad (E = mc2), ahí dale que te pego, el tío saliéndole humo de la cabeza, y ahora llegas tú y le dices "holaaaaa Einstein!!!!". De verdad pretendes no sobresaltarle? Una persona que está inventando una teoría universal! Bueno, pues a mí, ya digo que salvando las distancias, me pasa un poco igual.

Yo es poco probable que invente nada importante ni que revolucione las leyes de la física, pero aunque modestamente, no paro de inventar a pequeña escala. Voy constantemente escribiendo posts, por ejemplo.  Éste, sin ir más lejos, lo he estado escribiendo mentalmente mientras sacaba a la Bimba de paseo y reflexionaba sobre el estado de mis nervios y sobre la conveniencia de hacérmelos mirar por un especialista.  De verdad estoy pal psiquiatra sólo porque la gente me dé sustos? No sería mejor que antes no intentara yo averiguar por mi cuenta a qué se deben esos sustos?

Y eso es lo que estoy haciendo, aquí, en vivo y en directo. Es un decir, porque realmente ya lo he estado pensando durante el paseo, mientras recogía las cacas de mi perra con un klinex.

Vale, lo reconozco, soy una persona que estoy casi todo el tiempo como flotando. Más pallá que pacá. Pensando en mis cosas, escribiendo mentalmente, o bien reflexionando sobre algún tema de actualidad, que puede ser desde la actualidad negra a la actualidad rosa, o sea, que lo mismo voy dándole vueltas al futuro de la humanidad, al deterioro del sistema educativo, a la última factura del Carrefour o a la crónica rosa de Federico JLo.  Igualmente otras veces voy inventando posibles continuaciones a la serie que esté viendo o al libro que esté leyendo. O poniendo mentalmente a parir a Irene Montero. La cuestión es que nunca estoy donde parece que estoy, sino que siempre estoy en alguna otra parte. No es, por tanto, extraño que si alguien irrumpe en esa otra realidad paralela en la que estoy me pegue un sobresalto. O no?

Es posible que sea tan asustadiza por eso. También mi reconocida misantropía podría deberse a esto mismo, a que la gente me asusta porque invade constantemente sin aviso previo mi mundo interior. Básicamente con afán de socializar. Y claro, esto implica que yo tenga que estar en permanente tensión, porque sé que con nada que empiece a pensar en algo, a reflexionar, a darle vueltas a algún asunto, es muuuuuuy probable que alguien irrumpa abruptamente y aborte mi proceso mental. Fijo, me pasa constantemente.

Debería ir al psiquiatra por esto? Es lo mío una patología? Bueno, hoy en día seguro, puesto que todo se ha patologizado brutalmente.  Lo que antiguamente era un chiquillo nerviosillo ("desinquieto", que se decía entonces), ahora es un TDAH. Lo que antes era un pichabrava que se follaba a todo lo que se movía ahora es un adicto al sexo y hay que ponerlo en tratamiento.  Probablemente a mí cualquier psiquiatra me empastillaría hasta las cejas para curarme de mis enmimismamientos y convertirme así en una persona más sociable y asertiva, más comunicativa y simpática.  Vamos, en otra persona que no soy yo.

Pues mira, no. Si me tiene que dar un infarto por un susto de éstos que me dé tranquilamente. De todas formas de algo hay que morirse y el infarto es un método rápido y bastante seguro. Yo tengo mis peculiaridades y ya está. Al que le guste bien y al que no le guste también. No soy un peligro social, no sólo no lo soy sino que si por mí fuera viviría como Mowgli, en mitad de la selva. O como Fran de la Jungla. Eso sí, sin bichos, porque los bichos tampoco me gustan mucho. El único bicho que me gusta es la Bimba.

Que soy rara? Sí. Que soy un cardo borriquero? También. Bueno, y qué? A ver si es que todo el mundo va a tener que ser igual.  Ahí está el maestro Joao, que lee el futuro de la gente estudiando el agujero del culo. En la variedad está el gusto, eso lo decía mi madre de toda la vida y llevaba toda la razón. 

Además, en lugar de ir al psiquiatra tengo un blog. Aquí hablo de mis cosas y comunico mis reflexiones. Ésta es mi forma ideal de socializar, en la distancia.  Por aquí no puede asustarme nadie, porque sólo interactúo cuando yo misma lo decido.  Por eso me sincero totalmente, de hecho no me guardo nada, soy un libro abierto.  Igual si no tuviera este blog sí que debería ir corriendo al loquero más cercano, pero como resulta que lo tengo... no necesito pastillas. Ésta es mi terapia y mi medicación.

Y punto pelota. Eso es lo que hay.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Aunque parezca infumable, es mi vicio inconfesable

Pues sí, amigos. Tengo un vicio secreto inconfesable. O por lo menos muy difícilmente confesable. 

Pero últimamente estoy un poco por la labor de confesar lo inconfesable. Será porque me estoy haciendo vieja y a los viejos siempre se ha dicho que les importa una puta mierda lo que piensen de ellos. La cuestión es que paso cada vez más de ocultar mis pequeños "pecadillos".

Así que allá voy, y que salga el sol por Antequera: 

Yo confieso que... 

SOY SUPERFAN DE LA CRÓNICA ROSA DE FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS.

Ea, pos ya está dicho.

Sí, amigos. Me encantaaaaaaaa! Me lo paso como los indios con la crónica rosa. 

Es verdad que no siempre puedo escucharla entera. Si trabajo de tarde no tengo problema pero cuando trabajo de mañana me pego un pequeño desmarque para desayunar mientras escucho un ratito de mi crónica social, y me parto el culo de la risa.

Que síiiiiiiiiií, que ya lo sé, que Federico es muy facha. Todos lo sabemos, no es ningún secreto. Pero es que hay fachas sin gracia y fachas graciosos, y él es muuuuuuuy gracioso. 

Los motes que le pone a la gente, por ejemplo, son bueniiiiiísimos. Mi favorito es Echeminga (de Echenique y su coplilla "chúpame la minga, Dominga") No me digáis que no es genial. O la Fábrica de la Trola, que es un hallazgo personal suyo que se ha extendido por las redes. Como muchos de sus inventos, que al final triunfan porque el tío, oye, se lo curra. No en vano estudió Filología y maneja las figuras literarias como él solo.

A ver, también es verdad que es superplasta, un poco estilo abuelo Porretas. Todos los días dice las mismas cosas, es muuuuuuuy pesado... pero coño, las dice de una forma que hace gracia. Se lía a mezclar temas y te hace un mix que lo flipas. Por ejemplo, un clásico ya porque lo repite a diario: lo de Rociito y la victoria de Ayuso en Madrid. 

Más o menos él relaciona las dos cosas de la siguiente manera:

"Lo peor fue cuando entró la ministra de "Igual da" a la docucosa. Entre la ministra, la Fábrica de la Trola, la comisaria política Carlota, y Jorgeja convirtieron aquello en una comisaría política comunista. Y todo fue porque estaban en campaña, para destruir a Ayuso, y fíjate que Jorgeja fue al mitin con Gabilondo y hundió a Gabilondo, y Ayuso barrió. Eso es lo que consiguieron con la docuserie, cargarse a Gabilondo y que Ayuso sacara unos resultados como nunca nadie había sacado antes. Jorgeja, con lo que tú has sido y mira para lo que has quedado!"

Traduzco para los no iniciados:

Lo peor fue cuando llamó la ministra Montero a la tele para solidarizarse con Rociito y llamar maltratador a su ex. Entre Montero, la Fábrica de la Tele, Carlota Corredera y Jorge Javier Vázquez y su feminismo selectivo combinado con socialcomunismo hundieron la candidatura de Gabilondo y consiguieron que a Ayuso la votaran en masa miles de madrileños.

Éste es su mantra diario, y lo puede soltar en cualquier ocasión de la sección rosa. Lo cierto es que es uno de mis momentos favoritos del día, cuando Federico acusa a Jorgeja de comunista y de haber ido contra Ayuso con la coartada de la documierda de Rociito. No me canso nunca de escucharlo. De verdad, que cualquiera que me vea por las mañanas descojonándome sola debe de pensar que estoy como una puta chota. Y seguramente lo estaré, pero es que me hace muchísima gracia. Este señor, con esa vocecilla de gnomo, y esas hechuras igualmente un poco gnómicas, diciendo esas cosas... es bocatto di cardinale para una viciosa del cachondeo maligno como yo. 

Cuando escucho que empieza a decir "eso es como cuando Jorgeja quiso cargarse a Ayuso en Madrid..." ya es que pongo la antena, las orejitas como soplillos, y de verdad, nunca me defrauda, siempre le echa pedazo de bronca a Jorgeja por aquello. No se lo perdona, no se lo perdonará jamás. Porque él era muy fan de Sálvame, era un auténtico "Salvamer", pero desde aquel aciago día que lo vio compartiendo mitin con Gabilondo le echó la cruz.

Aunque lo que más me gusta de Federico es la crónica rosa, reconozco que también me río mucho oyéndolo despotricar de política. Cuando me despierto de madrugada me encanta poner su discurso mañanero de las 6. Es mi favorito de entre todos los reyes de las mañanas radiofónicas. No tiene rival. Es el único que no lleva guion escrito, que despotrica según le va saliendo.  Se nota mucho porque se enrolla como una persiana y va pegando saltos de un tema a otro como si estuviera beodo en la barra de una tasca. Según va hablando se va acordando de esto y de aquello y al final hace uno de esos mix como el de Rociito y Ayuso. Y te mezcla al Pollo Carvajal con el juez Garzón y el juez Pedraz, amigo de Garzón, que ahora sale con Esther Doña, la viuda del Marqués de Griñón,  el papá de Tamara y exmarido de la Preysler y blablablabla... Y así puede terminar perfectamente hablando del Papa. 

Los findes por la mañana también me gusta escuchar a otro de su cadena, que es del mismo pelaje: Luis del Pino se llama el  artista. Que haciendo honor a su nombre planta unos pedazo de pinos exabrúpticos que te mueres. Éste no tiene vocecilla de gnomo pero es un poco gangosillo, parece que siempre esté resfriado. El tío empieza saludando a la audiencia y diciendo que se tomen un cafelito a su salud. Y ya a partir de ahí es un no parar. En 60 minutos sacude estopa a diestro y siniestro.  Le pasa como al jefe Federico, que va saltando de un tema a otro, improvisa, se lía, va palante, patrás, rebobina... y yo algunas veces me adormilo escuchándolo y sueño con él y todo. Hemos vivido grandes aventuras en mis sueños, aunque él lo ignore.

Son unos cracks. Porque a pesar de que son superfachas le pegan unas palizas al PP que lo crujen. O sea, mucha gente que nunca escucha esta cadena piensa que se meten continuamente con el Gobierno, y a ratos es verdad. El mantra socialcomunista está ahí, es una constante. Pero en realidad la mayor parte del tiempo lo que hacen es meterse con el PP; con todo el PP menos con Ayuso, que es su musa. Federico además necesita nombrarla cada cuatro palabras; por eso la saca a relucir también en la crónica rosa, no es por otra cosa. Pero a Casado... al pobre Casado lo ponen a caldo tooooodos los días, pero todos todos. Bueno, y a Rajoy y a Soraya ya es odio mortal. Lo que le gusta recordar lo del bolsito de Soraya en el sillón de Rajoy el día de la moción de censura mientras él se pillaba una cogorza en el bar de enfrente! No se lo perdona. Tengo el convencimiento de que si le dieran a elegir entre Sánchez y Rajoy tanto Federico como Del Pino preferirían mil veces a Sánchez. 

En fin, que me enrollo yo también como un Losantos cualquiera. La cuestión es que la crónica rosa es la hostia de divertida. Además los colaboradores le hacen la pirula constantemente. Cuando empieza a irse por los cerros de Ayuso le devuelven al tema en cuestión que estén tratando con la máxima discreción. 

"Ejem ejem! Bueno, Federico, como íbamos diciendo... "

Los he visto algunas veces en Youtube, que retransmiten las tertulias, y las caritas que ponen cuando Federico empieza a soltar lo de Rociito, Ayuso, Gabilondo y Jorgeja, son un verdadero poema. En plan:

"Hossstia, ya ha entrao en trance! Hay que sacarlo del bucle"

En fin, confesado está mi pequeño vicio. Que por otra parte tampoco hace daño a nadie; es un entretenimiento incluso saludable, porque me río un montón, ejercito bastante los músculos faciales, desayuno con alegría, y luego estoy de buen humor todo el día.

Oye, quién da más?

sábado, 16 de octubre de 2021

Hoy me he puesto un nuevo reto, revelaré mi secreto

No sé si habré hablado de esto alguna vez aquí. Son ya tantos años contando cosas que igual sí lo he hecho, pero como no me acuerdo hago como si lo revelara ahora de nuevas. Ahí va:

Yo bailo todos los días una hora.

Sí, amigos, como os lo cuento. Mucha gente me pregunta qué hago para mantenerme en forma, si tengo un pacto con el diablo o qué. Bueno, pues ni pacto ni pollas. Una hora de baile al día. Algo que recomiendo a todo el mundo porque es una receta fantástica tanto para el cuerpo como para el alma. A la par que se hace ejercicio es un subidón de moral de la hostia. Os animo a que lo probéis.

Sé que mucha gente se apunta al gimnasio y al cabo del tiempo se terminan cansando y dejando de ir. Lo entiendo, ir al gimnasio es un coñazo, salvo que te guste socializar mientras haces ejercicio y sudas, claro. A mí ni me gusta hacer deporte ni me gusta sudar ni me gusta socializar, porque como sabéis soy de naturaleza asocial. Hacer ejercicio y tener que interactuar al mismo tiempo con otra gente me parece un esfuerzo tremendo, sobrehumano y totalmente inadecuado para mí.

En cambio mi rutina de una hora diaria de baile es ideal para alguien como yo. Además, a quién no le gusta bailar? A lo mejor  hay gente a la que no le gusta hacerlo públicamente porque es tímida, pero quién no se ha puesto a bailar en su casa escuchando su música favorita? Yo no conozco a nadie.

En fin, por si os animáis a seguir mis consejos os diré cómo es mi rutina dancing.

Primero seleccionar la música. Yo me pongo la radio a veces y otras cojo algún disco de grandes éxitos del Spotify. Soy muy ecléctica en cuanto a gustos musicales, pero para bailar mis favoritos son Abba, Raffaella y los Bee Gees. Me pongo muy loquísima con ellos. 

Luego otra cosa importante. Hacerlo frente a un espejo. Esto da un subidón del copón. Un espejo a cierta distancia, claro. No vale ponerse ante el del armario a un metro. Eso puede ser demoledor, ni se os ocurra.  Tampoco valen gafas ni lentillas.  Esto es de importancia vital. Yo al espejo de mi habitación le hago luz de gas, lo ignoro por completo. Mi referente visual es el espejo del baño, a unos cinco metros de distancia desde mi posición de baile. Y también hay que estudiar el tema de la luz. Por ejemplo, yo tengo justo la ventana detrás, lo cual favorece una barbaridad. Ese trasluz es pura magia visual. Como ya he dicho, aparte del ejercicio físico la elevación de la autoestima es fundamental.

Tema vestuario. En verano bailo en bikini y en invierno tiro de licra: mallas y camiseta. También me embadurno de aceite de oliva virgen extra, porque así se ve la piel brillante y mola más todavía. 

(Hago un inciso para contar otro de mis secretos de belleza: el aceite de oliva virgen extra como hidratante corporal, facial y manual.  Hoy lo estoy dando todo contando secretos, eh? En fin, antes usaba cremas como todo el mundo, pero dejé de hacerlo porque ni me gustan los envases de plasticuchi ni los productos tóxicos que llevan ni la experimentación con animales para conseguirlas. Puedo admitir que se experimente con seres vivos por cuestiones de salud pero no para la industria cosmética. Que experimenten con su abuela. Por eso prefiero un producto totalmente natural y además de la tierra. De ahí mi elección del aceite de oliva virgen extra. Además sólo compro los envasados en vidrio, que es mi tipo de envase favorito. Ya sé que es carillo, pero oye, la gente se gasta auténticos pastizales en potingues para la cara, en gimnasios o en tratamientos de belleza. Por que yo me compre una botella de aceite de vez en cuando para uso cosmético tampoco estoy cometiendo ningún crimen. Y además apoyo a la industria local. Qué coño!)

Y una vez terminado este inciso, continúo con mi rutina de baile. 

Estábamos en que a una prudente distancia del espejo enchufas el Spotify y te lanzas a darlo todo. Y como te estás viendo a esa prudente distancia, con esa luz favorecedora y escuchando de fondo tu música favorita, empiezas a flipar contigo misma. Tal que si te hubieras metido entre pecho y espalda cinco whiskazos.  Eres una dancing queen total. Ya no te ves a ti en ese espejo, ves a la mismísima Beyoncé. Y claro, te vienes arriba: 

Japuta, qué buena estás. Pedazo cuerpo. Brutal. Te sales, te rompes, lo petas. Ole la madre que te parió!

Tú te lo guisas, tú te lo comes. No hay mejor piropo que el que se echa una a sí misma, con absoluto convencimiento autenticidad y entrega.

Y esto al mismo tiempo que te contorsionas toda enloquecida y chillas, por ejemplo:

MORE THAN A WOMAAAAAAAAN, UUUUUUUUUUUUUUH, MORE THAN A WOMAN TO MEEEEEEEEE!

Olvidad depresiones, ansiedades, bajonazos. Ésta es la medicina, la auténtica, la mejor. Música, aceite y baile.

Y nada, luego te duchas, y como nueva.

Mano de santo. Palabrita.


viernes, 25 de agosto de 2017

Confesiones melancólicas de una pirada

Vivo muy cerca de los hospitales más importantes de mi ciudad. Por la noche desde la terraza de mi casa se ven a lo lejos las luces, siempre encendidas, de esos hospitales.

Pocas personas saben esto que voy a contar ahora. Muchas noches me gusta salir a la terraza y simplemente mirar esas luces en la distancia. Imagino a la gente que está ahí, que pasa momentos difíciles y que probablemente se asoma a sus ventanas y mira hacia donde yo estoy, sin saber que les estoy mirando.

Pasé muchas noches en esos hospitales, primero con mi madre y luego con mi padre. De hecho él murió en uno de ellos. Y mi madre también pasó largas temporadas sometida a tratamientos de todo pelaje, principalmente experimentales, en un vano intento médico que rozaba el ensañamiento terapéutico, por encontrar un remedio que pudiera salvarla.

Ya digo, fueron muchas noches de tristeza, de desesperación, de noticias ambivalentes, contradictorias, a menudo mal explicadas y peor entendidas. Noches interminables de asomarme a la terraza de ese hospital (por fortuna se construyó en una época en la que aún se valoraba que un hospital tuviera terrazas estupendas tanto para los pacientes como para sus acompañantes, benditos tiempos)... pues eso, muchas noches de asomarme a esas amplias terrazas y mirar a lo lejos, hacia las casas de la gente que yo pensaba que vivía una vida normal, alejada del mal y de la enfermedad.

Me gustaba imaginar qué estarían haciendo todas esas personas en sus casas. Estarían cenando? Acostando a sus niños?  Tal vez tomando una cerveza con los amigos y volviendo a casa en ese momento? Qué verían en la tele? Preferían leer quizás? Envidiaba esas vidas supuestamente tranquilas y felices en las que se podía hacer todo aquello que entonces yo no podía.

Cuando estás en un hospital cuidando a alguien hay muchas horas muertas en las que sólo puedes pensar, imaginar, evadirte como buenamente puedas. Y era tan consolador para mí mirar hacia ese otro lado, el lado de la no enfermedad, de la salud, de la vida...

Tal vez por eso ahora me gusta hacer lo mismo pero al revés. Me siento en la terraza y les miro yo a ellos, desde mi posición de persona privilegiada que hoy por hoy está sana y tampoco tiene a nadie enfermo a quien cuidar. Sé que me envidian desde la distancia, aunque no me vean; sé que ellos también me miran a mí, como yo hace años les miraba a ellos. Sé que nos turnamos en el sitio desde el que nos miramos unos a otros.

Por suerte hace muchos años que yo no miro desde ahí. Por suerte llevo mucho tiempo mirando desde este otro lado, desde el de la vida y la salud. Pero no me olvido de ellos, porque igual que un día estuve ahí, en cualquier momento las tornas pueden cambiar y volveré a estar en su lugar, quién sabe si en las mismas habitaciones en las que ellos están o en las que yo estuve. Pasé por tantas!

Vale, sí, hoy estoy melancólica. Mis vacaciones tocan a su fin y pronto el tiempo dejará de correr para mí libremente y sin presiones. Poco a poco va llegando a la ciudad la gente que estaba fuera, en esos desplazamientos masivos que tanto les gustan, y conforme ellos van volviendo yo me voy deprimiendo. Su regreso significa el principio del fin, la ciudad desierta se va llenando y los comercios y los bares vuelven a la vida, y yo de repente siento una tristeza infinita.

Se acabó, volveré a ser esclava del reloj, de horarios impuestos que violentan mi naturaleza perezosa, tendré que acostarme a horas en las que el cuerpo no me pide dormir para poder despertar a horas en las que el cuerpo no me pide levantarme.

Igual por eso esta noche, en la que todos en casa han salido y aún puedo saborear levemente el gozoso murmullo del silencio, estoy aquí, mirando las luces del hospital y pensando en toda esa gente para la que el tiempo se ha parado indefinidamente. Y siento que igual muchos de ellos me están envidiando por no estar allí.

Sé que no es ningún consuelo, amigos, pero tal vez esas luces que miráis también os miran a vosotros. Hay un nexo, un vínculo invisible que nos une. En la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Hasta que la muerte (o quizás, con suerte, el alta hospitalaria) nos separe.

No estáis tan solos. Yo también estoy aquí. Y os miro.

Ps. Sé que en unos tiempos en los que lo que mola es mostrar a través de las redes lo guay que es la vida de uno y lo fantásticamente bien que lo pasa todo el tiempo, escribir un post melancólico de este tipo puede ser asocial, subversivo incluso... pero es lo que hay.

martes, 27 de septiembre de 2016

Dormir

Me gusta muchísimo dormir sola.

Es algo que he descubierto ya de mayor porque entre unas cosas y otras yo nunca había tenido una habitación para mí sola.

En casa de mis padres compartía dormitorio con mi hermana y cuando me independicé empecé a compartirlo con mi novio, y así fue durante más de 30 años, hasta el día en que empecé a gozar del inmenso placer de disponer de una habitación individual.

Sinceramente, tras haber probado las dos experiencias, no me cabe en la cabeza que haya nadie en el mundo que quiera compartir su habitación con alguien, y mucho menos su cama.

En eso estoy al cien por cien con María Teresa Campos, mi modelo a seguir en el tránsito a la vejez desde que se enamoró de Bigote Arrocet y se quitó 40 años de encima de un tirón.

María Teresa comparte su maravilloso dúplex con su novio, pero tiene muy claro que no comparte dormitorio. Cada cual tiene el suyo propio y luego me imagino yo que para sus cosillas se juntarán de vez en cuando, lo justo para consumar su pasión otoñal pero sin que le dé tiempo a ninguno de los dos a sentir ese momento pánico que suele sentirse cuando te das cuenta de que hay alguien en tu cama y que lo que realmente quieres es que se vaya a la suya.

Yo iría aún más lejos. Creo que sería interesante y apropiado, aunque tengas novio, que cada cual viva en su casa y dios en la de todos. No veo ninguna necesidad de tener que compartir sofá todo el tiempo con alguien ni de que cada vez que te levantes para hacer uso de tu libre albedrío haya alguien que te pregunte dónde vas.

Si llevas toda la vida conviviendo con la misma persona, bueno, se puede soportar, porque los años provocan que ya no se haga ni caso a lo que hace el otro. Pero en una relación reciente, como es el caso de Campos, es una verdadera pesadilla que cada impulso individual de aislamiento tenga que ir acompañado de una profusa explicación, del tipo:

- Mira, es que me apetece irme un rato a ver una peli en el ordenador. O a escribir. O a ver el debate de Gran Hermano. O a leer guarradas.

No, me niego.

Pero bueno, en principio este post no iba de convivencia sino de dormir.

Desde que duermo sola he descubierto que tengo una capacidad infinita de expansión corporal. En verano concretamente me abro de brazos y piernas en diagonal sobre la cama, ocupándola por entero de un lado al otro. Es como una especie de defensa, como que mi cuerpo quiere decir: aquí no cabe más nadie, ni te acerques porque muerdo. Y luego, así en forma de aspa, voy dando vueltas alrededor de la cama, unas veces poniendo la cabeza aquí y otras allá y un brazo en esta punta y una pierna en aquella. Mi capacidad de movimiento nocturno también es inmensa.

En invierno, en cambio, me hago un cucurrito en mi lado, me minimizo al máximo, me refugio bajo el edredón, bien forradita de arriba abajo, con mis mallas, mis calcetines gordos y mi jersey polar. Por nada del mundo querría que ninguna otra persona levantara el edredón por el otro lado para acostarse o para levantarse o simplemente para darse la vuelta. Cada vuelta que se da alguien en la cama en invierno levanta casi un huracán que puede destrozar por completo el calorcito que la otra persona atesora como oro en paño.

Por eso, de verdad, no me explico que haya gente que quiere compartir su cama. Entiendo que haya quien quiera echarse pareja para salir de paseo, charlar, follar, viajar, ir de tiendas... en fin, para un montón de actividades... pero no para dormir. Dormir es algo tan personal e intransferible, tan íntimo. Es como si me dijeran que alguien busca compañía para cagar, porque no le gusta hacerlo solo. Pues me parece igual de aberrante.

Pero bueno, tiene que haber gente pa to. Yo desde luego aporto aquí mi testimonio de persona que ha experimentado las dos cosas y que sin duda ninguna opta por la alternativa del sueño en soledad.

martes, 26 de julio de 2016

Vicios inconfesables: me encanta Roberto Carlos.


Pues sí, lo confieso, entre mis vicios secretos y socialmente más execrables está este: soy una forofa acérrima de Roberto Carlos y una moñas como la copa un pino.

Y como tal fan hoy he decidido abrir un post-karaoke y soltaros algunos de mis temazos favoritos a grito pelao.

Al que no le guste que se vaya saliendo desde ya y al que le guste pues que si quiere que cante conmigo.

La primera se la quiero dedicar a mi mejor amiga del alma. Y además le he prometido que algún día, como prueba de mi amistad incondicional, iremos al karaoke de verdad y se la pienso cantar delante de todo el mundo. Va por ti, nena:


Tú eres mi hermano del alma realmente mi amiiiiiiiiiigo
que en todo momento y jornada está siempre conmiiiiiiiiiigo.

Recuerdo que juntos pasamos muy duros momeeeeeeeentos
y tú no cambiaste por fuertes que fueran los vieeeeeeeeeentos.

Es tu corazón una casa de puertas abiertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas,
tú eres realmente un acierto en horas inciertaaaaaaaaaaaas.

No preciso ni decir todo esto que te diiiiiiigo
pero es bueno así sentiiiiiiiiiiiiiiiiiiir que eres tú mi gran amigoooooo.

Y ahora ésta para mi madre.

Mamá, va por ti:

Muchas veces quisiera oirte hablando sonriendooooooo
Aprovecha tu tiempo, tú eres aún un chiquillooooooooo

A pesar la distancia y el tiempo no puedo olvidaaaaaaar
tantas cosas que a veces de ti necesito escuchaaaaaaaar

Lady Laura abrázame fuerte lady Lauraaaaaa,
y cuéntame un cuento ladyyyyyyy Lauraaaaaaa. Un beso otra vez lady Lauraaaaaaaaaa

Lady Laura abrázame fuerte lady Lauraaaaaa,
y hazme dormiiiiiiiir ladyyyyyyy Lauraaaaaaa. Un beso otra vez lady Lauraaaaaaaaaa

Y ésta os la dedico a todos mis fans del blog.

Va por vosotros:

Yo sólo quiero mirar los campoooooos, yo solo quiero cantar mi cantoooooooo
pero no quiero cantar solitoooooooo, yo quiero un coro de pajaritooooooooos

Quiero llevar este canto, amigo, a quien lo pudiera necesitaaaaaaaaaar
Yo quiero tener un millón de amiiiiiiiigos y así más fuerte poder cantaaaaaaaar.

Y ahora una comprometida, para todos los que se mojan por causas nobles.

Venga, todos conmigooooooooo:

Yo quisiera no ver tanto verde en la tierra muriendoooooooo
y en las aguas del río los peces desapareciendoooooooooooo

Y ballenas desapareciendo por falta de escrúpulos comercialeeeeeees
yo quisiera ser civilizado como los animaleeeeeeeeeeeeeeeeeeees

Bueno, y de las de amor... qué me decís de las de amor???

Aquí va un popurrí con lo más mejor.

Dedicado a todos los enamorados, desenamorados, en trance de o en el estado que sea:

Quieto parao to el mundo que allá voy:

Yo soy de esos amantes a la antiguaaaaaa
que suelennnnnn todavía mandar floreeeeees
de aquellos que en el pecho aún abrigaaaaaaan
recuerdos de románticos amoreeeeees

Voy vestido igual que cualquieraaaaa
y vivo con la vida de hoyyyyyyyy
pero es cierto que con frecuenciaaaaaaaa
sufro por amor y a veces lloro por la ausenciaaaaaaa.





Cuántas veces yo pensé volveeeeeeeeer
y decir que de mi amor nada cambioooooooó
pero mi silencio fue mayooooooooooooooooor
y en la distancia muero día a día sin saberlo tuuuuuuuú.





Quiero ser tu canción desde principio a fiiiiiiiiiin
Quiero rozarme en tus labios y ser tu carmiiiiiiiiiiín
Ser el jabón que te suavizaaaa, el baño que te bañaaaaaa
La toalla que deslizas por tu piel mojadaaaaaaa

Quiero estar en el más suave toque de tus dedooooooos
entrar en lo más íntimo de tus secretooooooos
quiero ser la cosa buena, liberada o prohibidaaaaa
ser todo en tu vidaaaaaaaaa

Tú eres mi dulce desayuno, mi pastel perfectoooooo
mi bebida preferida, el plato predilectooooooo
Todo lo que me quieras dar quiero que me lo deeeeeees
Yo te doy todo lo que un hombre entrega a una mujeeeeeeer

Todo hombre que sabe quereeeeeeeeeer
se apasiona por una mujer
convierte su amor en su vida
su comida y bebida en la justa medidaaaaaaa.




Este amor siempre sincero sin saber lo que es el mieeeeeeedo
no parece ser reaaaaaaaal
en un mundo tan ingrato solo tú amada amaaaaaaante
lo das todo por amooooooor.
Y es que tú amada amante das la vidaaaaaaaaaaaaaa
sin pedir ningún favooooooooor.




El gato que está en nuestro cieeeeeelo
no va a volver a casa si no estaaaaaaás
no sabes mi amooooor qué noche bella
presiento que tú estás en esa estrellaaaaaaa

El gato que está triste y azuuuuuuuuul
nunca se olvida que fuiste míaaaaaaaaaa
mas sé que sabrá de mi sufriiiiiiiiiir
porque en mis ojos una lágrima hayyyyyyyyyyyyyyy


Bueno, si habéis llegado hasta aquí e incluso algunos habéis coreado conmigo las canciones, como ya os he dado la murga bastante con Roberto Carlos y puede que alguien haya terminado un poquillo saturado, cambio de tercio y termino este post cantarín con otro tema que me gusta muchísimo, un reciente descubrimiento

Es de Los Mismos, un grupo superantiguo, más antiguo todavía que yo. De hecho nunca lo había oído antes, pero alguien lo rescató para mí y me encantó. Se llama "Pon una cinta amarilla en el viejo roble" y cuenta una historia muy chula:

Un tío que sale de la cárcel y vuelve a su pueblo en el autobús. Su novia le prometió que si pensaba en él ataría una cinta amarilla en un viejo roble donde se le había declarado, y el chaval va todo acongojado y muerto de miedo porque el autobús va a pasar por  delante del roble y no sabe si mirar o no mirar por si no hay ninguna cinta. Pobrecillo, os imagináis qué mal rato?

Bueno, si tenéis curiosidad por saber cómo termina, voy a hacer spoiler. Os saco de dudas cantando el final:

Yo temo miraaaaar porque el autobús cerca pasaráaaaaa
El viejo roble donde me ofreciste ayer tu amoooooooor
Y por fin el autobús llegó, mas no sé que sentiiiiiiiií
Cien cintas amarillas en el roble viiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Cien cintas en el roble viiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Cien cintas en el roble viiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii


Sí, qué pasa, soy una moñas!! A saber qué vicios ocultos tendréis vosotros.

Pos mucho cuidao, que cualquier día de éstos me lanzo por Raphael.

martes, 7 de junio de 2016

Otra vez la Zozozo

Hace poco conté aquí la anécdota del flamenquín que había caído accidentalmente en los calzoncillos del marido de mi vecina, la Zozozo, y no sé si recordaréis que al  final comentaba que no acababan ahí mis desventuras con esta desgraciada señora, víctima inocente de mis desmanes de juventud.

Pues bien, continúo con el siguiente episodio. Advierto de que el post es un poco guarro, vale?

Bueno, pues unos años después de lo del flamenquín, siendo ya mocita, llegué una noche a mi casa en esas condiciones lamentables en las que en la juventud se llega de vez en cuando a casa, ya sabéis. Lo que vulgarmente se suele decir “a cuatro patas” o “mu perjudicá”.

Como mi dormitorio estaba en el pasillo primero de la casa y para pasar al baño a potar la pedazo papa que llevaba tenía que cruzar el salón y allí estaban mis padres viendo la tele, lo descarté de momento y me limité a asomar la cabecilla por la puerta y decir lo más dignamente que pude: “Ya estoy aquí. Me voy a la cama”.

Y dicho y hecho, a la cama me fui derechita, y entonces, justo al poner la cabeza sobre la almohada, pasó lo que tenía que pasar. La susodicha cabeza empezó a darme vueltas enloquecidamente,  era un tiovivo demencial. Claro, yo hice lo que te recomienda todo el mundo para estos casos, poner un pie en el suelo y agarrar con la mano contraria el cabecero, pero vamos, que a mí este sistema tan popular nunca me ha funcionado, y aquel día no fue una excepción.

De repente lo sentí; sentí cómo algo me impelía a elevarme y la pota se acercaba inexorablemente. Como levantarme e ir al baño estaba descartado, aparte de que no hubiese llegado seguro, sólo quedaban dos opciones: dentro o fuera. O sea, en la cama o en el suelo de la habitación, con el consiguiente desaguisado y las explicaciones que me habría visto obligada a dar, o lo que finalmente hice, que fue sacar medio cuerpo por la ventana y vomitar a la calle.

Ya os conté en el post del flamenquín que las ventanas de la casa daban a un jardín de infancia y que justo debajo había unos setos cantidad de discretitos donde tirábamos mis hermanos y yo la comida que no queríamos. Y esa fue mi intención al sacar el cuerpo por la ventana, que estaba justo encima de mi cama, que la pota cayera dentro del seto para seguir dando alimento a los bichitos que se refugiaran en los matorrales, aunque fuera alimento involuntariamente regurgitado.

Bueno, como podéis comprobar, yo era todo un regalito como hija y como vecina. Una joya, vamos.

En fin, una vez arrojado el excedente alcohólico creo que debí desmayarme o algo así porque ya solo me acuerdo de lo que pasó al día siguiente. Me levanté muy tarde al oír el sonido del timbre y salí a abrir la puerta; era un amigo que venía a casa a estudiar. Nos metimos en mi habitación y me dijo tal que así:

- Menudo revuelo hay en la escalera. Por lo visto anoche alguien vomitó por la ventana y le ha caído en el alféizar a una vecina.

Yo, claro, me puse blanca, amarilla, verde y de todos los colores. Mi amigo de repente me miró muy fijamente:

- Nooooooooooooo!

- Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiií.

- Hosssssstiaaaaaaaa!

- A ver, tío. Me puse malísima y no me dio tiempo a otra cosa.

Le pregunté en qué planta había sido y me horroricé toda al descubrir que otra vez había sido en casa de la Zozozo. Eso significaba que mi pota se había saltado olímpicamente la ventana de la vecina de abajo y se había dirigido directamente a la ventana de la Zozozo, que cual poderoso imán parecía atraer irresistiblemente cualquier cosa que fuera arrojada por mí desde mi casa.

Al cabo del rato llegó mi madre de la compra y tal cual entró en la casa, se dirigió a mi dormitorio, me agarró del moño y me largó una bronca que pa qué. La Zozozo la había interceptado en la escalera y la había bombardeado a preguntas. Ella había mentido por mí y le había dicho que yo esa noche no había salido de casa y que había estado viendo la tele con ellos, cosa que la Zozozo debía de saber perfectamente que era mentira puesto que se pasaba la vida espiando por el ojo de la mirilla y estaba totalmente al tanto de las salidas y entradas de todos los vecinos. Bueno, mi madre me largó un broncazo que pa qué, clamó a los cielos lamentándose de haber parido un bicho como yo y debió de castigarme o algo, aunque yo de eso no me acuerdo, tal era mi bochorno en aquellos momentos.

Ni que decir tiene que la Zozozo no la creyó. Ya había dado por sentado que la autora de los hechos era yo, como lo había dado años atrás con el asunto del flamenquín.

Esta vez ni se molestó en preguntarme directamente; se limitó a dejar de hablarme por una temporada, todo el tiempo que le fue posible, hasta un día en el que su curiosidad y su propensión al chisme fueron superiores a ella y me paró en el portal para preguntarme si ese muchacho que me traía a casa por las noches en la moto era mi novio.

Bueno, tal como hice en mi otro post, quiero aprovechar la ocasión para confesarme y disculparme por el incidente:

Zozozo, si alguna vez lees esto… que sí, que fui yo también la de la pota. Te prometo que intenté que cayera en el seto, que puse todo mi empeño en sacar el cuerpo por la ventana, pero a ver, las leyes de la física son como los designios del Señor, inescrutables, y se ve que llevan las cosas para donde les da la gana. Por favor, Zozozo, aunque sea con 30 años de retraso, perdóname.

sábado, 28 de mayo de 2016

El flamenquín

Hace unos días estuve rememorando con unos amigos algunas anécdotas infantiles que no recordaba hacía tiempo y de repente pensé que debería abrir un apartado de memorias en este blog en el que recogiera esas historias divertidas que, aunque en su día fueran para mí auténticos dramones, hoy son dignas de por lo menos un breve recordatorio.

Yo de pequeña era bastante delicaducha para la comida, y como mi madre y mi padre trabajaban los dos, tanto mis hermanos como yo teníamos la costumbre de comer lo que nos daba la gana y tirar lo que no nos apetecía.

Al principio lo tirábamos en la basura pero como mi madre lo descubrió y se dedicó a registrarla cada día para ver lo que habíamos tirado, empezamos a buscar otras alternativas.

Nosotros vivíamos en un cuarto piso (sin ascensor, por cierto), y debajo de mi casa había unos jardines pertenecientes a una guardería infantil. Justo debajo de nuestras ventanas había unos setos bastante grandes que daban paso al césped de los jardines. Bueno, pues los setos eran un lugar idóneo para camuflar la comida que tirábamos, que además como era toda materia orgánica seguro que daba alimento a cientos de animalitos hambrientos, por lo menos más hambrientos que nosotros. A mí eso me consolaba, qué quieres.

Un buen día mi madre dejó para comer macarrones y flamenquines. Los flamenquines eran una de mis pesadillas, por increíble que parezca, porque es una comida que encanta a casi todos los niños. A mí no, a mí se me hacían unas bolas en la boca que pa qué, me podía tirar horas y horas masticando aquella bola, y cuando mi madre estaba en casa y no tenía más remedio que tragármelos, lo pasaba francamente mal. Se me caían lagrimones como puños.

En fin, que tuve clarísimo que yo mi flamenquín no me lo iba a comer. De manera que cogí el susodicho flamenquín y me asomé a la ventana buscando el sitio idóneo para tirarlo. Como había bastante ropa tendida en los pisos de abajo tenía que esquivarla para que cayera en el seto y no rozara la ropa tendida.

Pues bien, tuve una puntería que te cagas, porque a pesar de que penduleé el flamenquín todo lo que pude para que cayera en el seto, el hijoputa fue a parar dentro de unos calzoncillos del marido de la Zozozo, una vecina que vivía dos pisos más abajo y que como era gaditana y hablaba con la zeta la llamábamos así.

Horreaurrrrrrr! Cuando yo vi ese flamenquín estratégicamente situado a to lo largo de los calzoncillos no me lo podía creer. Si hubiera intentado colarlo así a cosa hecha no lo habría conseguido en la vida. Imposible!!!! Y sin embargo había ocurrido.

Una vez superado el impacto inicial, cogí la escoba y con el palo, asomando medio cuerpo por la ventana, intenté llegar a los calzoncillos para moverlos y sacar de allí el flamenquín, pero mis intentos fueron inútiles. Eran dos plantas y el palo no llegaba ni de lejos.

Desesperada empecé a rezar interiormente para que se produjera un huracán o algún fenómeno de similar naturaleza que hiciera que el flamenquín saliera de los calzoncillos. Pero nada, mis ruegos no fueron escuchados.

En esto que oigo un jaleo tremendo en la escalera. Se veía que algo importante había pasado, y yo, que no era ajena a los hechos, estaba muerta de miedo esperando a que cayera sobre mí todo el peso de la ignominia.

Llaman a la puerta. Sudores de todos colores me recorrieron el cuerpo. Diossss míoooo, ya vienen a por mí!!!! Muerta de terror abro.

Era mi prima, que a la sazón vivía en la puerta de al lado y que venía de la calle en ese momento. Y me espeta tal que así:

- Tú qué tenías hoy de comer?

- Yo macarrones.

- Y qué más?

- Nada, mi madre solo ha hecho macarrones.

- Mira, a mí me da igual lo que hayas comido, pero resulta que la Zozozo tiene un cabreo que pa qué porque alguien ha tirado un flamenquín en los calzoncillos de su marido, y que sepas que está llamando puerta por puerta y que viene para acá, así que tú sabrás lo que le vas a decir.

- Vale vale. Gracias por el aviso.

Ay, señooooooorrrrr!!!!!! Todos mis temores se hacían realidad. La Zozozo ya había visto mi hazaña y subía a pedir cuentas. Mis sudores se multiplicaron por mil.

Efectivamente a los dos minutos suena otra vez el timbre:

- Hola.

- Dónde eztá tu madre?

- Trabajando.

- Y tú hoy que has comido?

- Yo macarrones.

- Zolo macarrone?

- Sí.

- Y de cegundo qué?

- Nosotros no comemos segundo; solo un plato.

- Ezo no me lo creo. Déjame que pace a la cocina que yo lo compruebe perzonalmente.

- No. Mi madre me tiene dicho que no deje entrar a nadie cuando esté sola.

- Poz alguien ha tirado un flamenquín en los calzoncillo de mi marío y ezto no va a quedar ací.  Y que cepa que ce lo voy a contá a tu madre.

- Pero si yo no he sido!!!!

- Y ci no ha cío tú, que eztá aquí zola, entonce quién ha cío?

- Pos habrán sido los niños de arriba seguro, que siempre están tirando cosas. A nosotros nos tiraron a la terraza el otro día un salchichón.

Inspiración divina.

Y la Zozozo:

- Huuuuummmmmm! Voy a zubí a preguntá.

- Sube sube. Se pasan el día tirando de todo. Como su madre no les hace ni caso!!  A nosotros nos tienen hartos.

- Voy a zubí pero que cepa que como no hayan cío ello ce lo voy a decí a tu madre y te va a enterá.

- Vale vale.

Sí, soy una repugnante mentirosa y una miserable, pero era cuestión de vida o muerte.

Oye, y la Zozozo daba mucho miedo.

Y yo era una niña zola y abandonada a la buena de Dios.

Quise decir sola, que to se pega.

De todas formas ahí no quedaron mis desencuentros con la Zozozo. Aún hubo otras desventuras dignas de pasar a la posteridad.

Pero ésas ya las contaré otro día.

Ps. Zozozo, si lees esto te pido perdón. Sí, fui yo.

Ps2. Y ya que he confesado abiertamente lo que hice, ego me absolvo in nomine patris et filii et spiritui sancti. Amen.

viernes, 22 de abril de 2016

Fuera de miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, ya no quiero tu quereeeeeeeeeeeeeeeeee

Fuera de miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Ya no quiero tu quereeeeeeeeeeeeeeeeeeee
De mi mente te he borradoooooooooooooooo
Ya no quiero besar tus labiooooooooooooos


- Mamaaaaaaaaaaaá, pordioooossss, cállate!

- Qué pasa? No te gusta cómo canto?

- Pero si eres un grillo, qué pesadilla!

- Ah, sí? Pos toma grillo!

Ya no quiero tus labios porque otros lo han besadooooooooooo
El amor que te tenía con tristeza lo he olvidadooooooooooo


Fuera de miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Ya no quiero tu quereeeeeeeeeeeeeeeeeeee
De mi mente te he borradoooooooooooooooo
Ya no quiero besar tus labiooooooooooooooooos

- Mamaaaaaaaaaaaaaaaá, por favoooooooooooooooor!

- Por favor qué? Que el que canta sus males espanta.

- Pos tú estás espantando tus males y de paso nos estás espantando a nosotros. Si quieres echarnos y quedarte la casa pa ti sola dilo claro y nos vamos.

- No veo por qué os molesta tanto que cante, eso es signo de que estoy contenta.

- Y no puedes estar contenta calladita?

- No.

Vienes arrepentía vienes pidiendo perdooooooooooooooooooooooón
Diciendo que me quieres, he sido tu primer amooooooooooooooooooor

- Cielossssssss, otra vez! Es lo más horrible que he oído en mi vida. Y encima a grito pelao, si por lo menos cantara bajito.

- Vaya niños! Igual preferiríais vivir en un cementerio.

- Hay términos medios, mamá. Hay casas donde la gente no canta. O por lo menos no canta tan mal.

- Hablando de cementerios…

Y los muertos aquí lo pasamos muy bien entre floreeeeeees de coloreeeeeeees
y los viernes y tal si en la fosa no hay plan nos vestimoooooooos y salimoooooooos
para dar una vueeeeeeeeeeeeeeeeeeeelta sin pasar de la puerta eso síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
que los muertos aquí es donde tienen que estar y el cielo por mí se puede esperaaaaaaaar

- Mamáaaaaaaa, pordiooooooooos! Es insoportable!

- Insoportable??? Insoportable como...

Insoportablemente bella bellaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Inaguantablemente bella bellaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

- No puedo más, me voy a la calle!

- Hablando de calle…

Y qué me cuentas del tiempo que he pasao en tu pestañeo
que me trae por esta calle de amargura  y de lamentoooooooooooooo

- Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaá

Maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaami
cómprame unas booooooooooooootas
que las tengo roooooooooooooooootas
de tanto bailaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar

Vale, siiiiiií, reconozco que canto fatal.

Es verdad, soy un grillo.

Pero es que me gusta, qué coño.

Y además…

Yo canto a la mañaaaaaaaana que ve mi juventuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuud
Y al sol que día a diiiiiiiiiía nos trae nueva inquietuuuuuuuuuuuuuuuuuuuud
Todo en la viiiiiiiiiiiiida es una canciooooooooooooooooooooooóon
Te cantan cuando naaaaaaaaaaaaaces y también en el adiooooooooooos
Lalalalalalalalalaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
Lalalalalalalalalaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

domingo, 4 de marzo de 2012

Mi blog y mis lectores

Cualquiera diría que este blog no lo visita nadie más que yo. A que lo parece? Con frecuencia tengo la sensación de escribir para mí misma, que es casi como hablar con una misma. Bien es verdad que me lo tomo con resignación cristiana, ya que mi objetivo fundamental al escribir en este espacio blogosférico es el de recopilar mis reflexiones escritas sobre todo tipo de temas, además de tonterías, chascarrillos varios, intentonas literarias y demás engendros de mi temperamento creativo y protestón.

Pero oye tú, últimamente esta percepción mía ha cambiado. He tenido varios encuentros entrañables con amigos a los que hace tiempo no veía, y resulta que he descubierto que.... este blog lo lee gente!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Lo prometo, palabrita del niño Jesús, que no me lo invento. Gente real, con nombre y apellidos, con ojos y nariz y boca, personas humanas y hasta puede que alguna que otra animal o vegetal, ya que se me escapa el número real de lectores que tengo así como su condición.

Y esto me ha impresionado grandemente, porque me carga de responsabilidad. Al no escribir ya para nadie me parece que debería esmerarme e intentar satisfacer a mi público, por escaso y fantasmal que éste sea. Y aunque todo el que me ha confesado que lee el blog me asegura que le encanta tanto su contenido como su continente y me han manifestado pocas críticas negativas, yo ya me he planteado que el nivel de autoexigencia inevitablemente tiene que subir.

Porque no es igual escribir para una sola que escribir para cinco o seis personas que, quién sabe, algún día con el transcurrir de los años se podrían convertir en 15 o 16. Me parece que eso, de alguna manera, me compromete. Yo para estas cosas soy muy ecuánime; me da igual tener un seguidor que 15 millones, lo tengo que satisfacer igual. Porque puede que sea sólo uno, pero que valga él solo más que, por ejemplo, los 80 millones de seguidores que tiene en twitter Gutti cuando le dice a su novia Romina Belluscio lo mucho que la quiere o que está pensando pedirla en matrimonio. Es más, algo me dice que mis escasos seguidores merecen mucho más mi esfuerzo que los 80 millones de Gutti.

Otra historia es la misteriosa mudez de mis seguidores, un asunto que trato con frecuencia con mi querida compañera y jefa Esperanza, también víctima (aunque en su caso involuntaria) de este sepulcral silencio blogosférico. Ella, por razones estrictamente profesionales, lleva un blog literario, algo así como un club de lectura, creado por la biblioteca y que tiene un público, al menos visible, casi tan escaso como el mío. En esto somos almas gemelas y las dos nos lamentamos mutuamente de nuestra desgracia. Aunque desde mi punto de vista (el que no se consuela es porque no quiere) lo suyo es mil veces peor porque su blog está mucho más publicitado y además cuenta con el beneplácito y el impulso de una institución como la Universidad. Pero vamos, ni por ésas. Es incluso probable que haya más gente que lo lea que el mío, pero ni ella ni yo entendemos el misterioso mecanismo por el cual las personas que leen un blog son invadidas por esa timidez exagerada que las impulsa a ocultar su presencia. Miedo a la red, que todo lo guarda para siempre jamás? Miedo a la palabra escrita, que puede ser usada en nuestra contra? Miedo a decir digo donde luego diré diego?

Es un verdadero enigma. En mi caso sé que existe un leve handicap, handicap que todo el mundo sobrepasa sin problemas para abrirse un correo pero que se hace un mundo para participar en un blog, que a fin de cuentas no es algo de extrema necesidad. El obstáculo es el famoso stop llamado "Alta de usuario", esas palabras que tanto pavor causan a muchas personas no especialmente dadas al uso de la red. Aunque curiosamente la mayoría tienen facebook o twitter e inevitablemente han tenido que pasar por el proceso para participar en estas redes sociales. Debe de haberles costado muchísimo o haber sido un proceso muy desagradable cuando tanta aversión les da repetirlo.

En el caso de Espe y su club de lectura ni eso. En su blog no hace falta darse de alta para participar; sólo poner un nombre (que no tiene que ser el real, para aquéllos que tienen miedo de manifestar sus opiniones literarias en un espacio tan abierto) y una dirección de correo a la que jamás les escribirá nadie. La pregunta es: por qué la mayoría de personas que visitan el club no participan en él? Si te lees un texto colgado para opinar sobre él, por qué luego no dices nada? Aunque sea un breve pero entusiasta "Me gusta". O mismamente un "No me gusta", no nos vamos a poner delicados.

Bueno, en fin, espero que esto no haya sonado a queja, sino a reflexión. Es algo que me llama mucho la atención, tal vez por ser yo una persona muy participativa y con un alto nivel de actividad en la red, o como diría un viejo amigo mío, con muy poco miedo y muy poca vergüenza.

Sólo agradeceros a los que me leéis, que ya sé que existís y eso me reconforta, y animaros a que algún día os animéis, valga la redundancia, a haceros visibles. De todas formas, aunque no lo hagáis nunca y aunque escribir para mí es y siempre ha sido una necesidad vital que no puedo ni quiero reprimir, que sepáis que me gusta saber que estáis por ahí y que de vez en cuando sacáis un ratillo para mí. Un abrazo a todos.