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sábado, 29 de abril de 2017

Feministas de pacotilla

Veo el programa Zapeando justo cuando comentan una noticia sobre cierta línea aérea que exige a sus azafatas una determinada presencia física y una vestimenta que los comentaristas del programa consideran "machista", con toda la razón, no seré yo quien lo niegue.

También hace unos meses se criticaba en espacios como "El Intermedio" o "La Sexta Noche" a una clínica privada que imponía a sus enfermeras un uniforme "clásico" que chocaba con las tendencias actuales que priman la comodidad sobre el supuesto encanto fetichista del traje tradicional que toda la vida han usado las profesionales del gremio.

Comparto la indignación de todos estos presentadores, colaboradores y comentaristas. Para ser azafata o enfermera no debería ser ningún handicap el aspecto físico y estas profesionales lo normal, lo deseable, lo lógico sería que cumplieran con sus funciones llevando la indumentaria más práctica y cómoda para ello. Eso de tener a una azafata horas y horas de pie llevando zapatos de tacón y ropa ajustada que casi no le permite moverse en estos tiempos está totalmente de más. No digamos ya a las enfermeras, que encima tienen un trabajo muy duro y a menudo desagradable. Imponerles una vestimenta sexi no es ya solo que sea machista e intolerable, es que además es cruel. Tratar de salvar la vida de un paciente que acaba de padecer un ataque cardiaco procurando que no te asomen las bragas por debajo del uniforme o que no se te salgan las tetas por el escote no debe ser plato de gusto precisamente.

Y una vez aclarada mi postura, vamos al ajo. Lo que realmente me hace gracia de todo este asunto es que en todos estos programas que se muestran tan indignadísimos por el trato vejatorio que en tales empresas se da a la mujer, las presentadoras responden exactamente a ese mismo prototipo!!!!! Son todas mujeres esbeltas, delgadísimas y guapérrimas que llevan sistemáticamente ropa ajustada y zapatos de tacones altísimos y que permanecen durante horas y horas de pie ante las cámaras con tal indumentaria, no precisamente caracterizada por su comodidad.

Me parece graciosísimo que la presentadora de "La Sexta Noche", que va embutida en unos vestidos imposibles diseñados para destacar sus curvas y con unos taconazos que harían tambalearse a la top model más experimentada, comente con cara de pocos amigos y una aparentemente profunda indignación las exigencias de la compañía aérea machista o de la clínica privada que quiere en sus filas sólo enfermeras guapas y sexis. A ver, bonita,  tú crees que si pesaras 15 kilos más y exigieras trabajar con una ropa algo menos llamativa estarías ahí, por muy buena periodista que fueras?

Justamente la Sexta  es una cadena que se caracteriza por contratar de forma sistemática a periodistas y presentadoras espectacularmente guapas, jóvenes y delgadas. Con ellos no tiene tanto miramiento, pueden sobrepasar la cincuentena tranquilamente, peinar canas y hasta bizquear si se tercia, pero en lo que a las chicas se refiere la media de edad no creo que sobrepase los 35; es complicado encontrar en sus programas a una sola presentadora que sobrepase esa edad, y por supuesto, deben responder al canon estético por el que apuesta la cadena.

En fin, es tan descarada la contradicción, tan absurdo que unas tías que presentan un programa con escotazos de infarto y minifaldas que dejan poco espacio a la imaginación, se dediquen a criticar a empresas que exigen a sus trabajadoras exactamente lo mismo que la suya les exige a ellas, que da hasta risa.

Supongo que no soy yo la única que se ha percatado de esta sinrazón pero como no he leído ni escuchado a nadie comentarla en ningún medio me ha parecido oportuno, incluso imprescindible, traerla a colación yo aquí.

No es que mi blog lo lea mucha gente pero al menos los pocos que lo leen que caigan en la cuenta de la tremenda paradoja, y que además lo hagan constar cuando comenten esos programas con sus amigos y familias, o por las redes sociales. Que no parezca que somos completamente imbéciles y que nos pueden colar cualquier cosa sin que pestañeemos ni un momento ante la poca vergüenza con la que nos venden ideas supuestamente progresistas que los propios medios son incapaces de respetar.