viernes, 30 de octubre de 2026

Puente culpa a los currantes cuando todo falló antes

Yo debería estar hoy preparando mi maleta para pasar este puente en Madrid con mi hijo pequeño, que vive allí. Tenía mis billetes comprados y toda la ilusión del mundo por pasar estos días con él. No hace falta que os diga que el plan ha sido abortado. El reciente accidente ferroviario de Urda ha provocado, como es natural, la cancelación de todos los trenes que circulan por la línea Madrid - Andalucía sine die.

En menos de diez meses dos accidentes mortales. He estado mirando estadísticas y al parecer tenemos el récord mundial de muertos en Alta Velocidad. Mundial, señores.  El 72% de fallecimientos en accidentes de tren en Europa son patrimonio nacional. Qué orgullo de país!!

46 muertos en Adamuz, 70 en Urda. Si les añadimos los dos maquinistas que murieron en el Cercanías de Cataluña hagan ustedes la cuenta del añito que llevamos. Multiplicamos por no sé cuanto al resto de países de la UE.

Cuando pasó lo de Adamuz te acojonas, pero todavía piensas que bueno, estas cosas pasan, no existe el riesgo cero, en esta vida solo hay que respirar para estar en peligro de muerte. Pero claro, cuando ya ocurre en la misma línea otro accidente en pocos meses te empiezas a emparanoiar mucho mucho.

Y luego te vas enterando de cositas, viendo la tele, escuchando la radio, por las redes sociales, leyendo lo que dicen los técnicos, que son los que saben del tema. Y así te enteras, por ejemplo, de que en estos años, después de la pandemia, hemos recibido de los Fondos Europeos Next Generation 160.000 millones para actualizar la red de alta velocidad. 

Y te enteras también, escuchando a los técnicos,  de que el sistema de seguridad de la línea Madrid-Andalucía es el que existe desde que se inauguró el AVE. Que ese sistema no existe en ninguna otra línea española ni europea. Que en los últimos años ha fallado mogollón de veces (170 concretamente este año) por distintas causas, a menudo por falta de inversión en materiales de reposición. Y que se estaba produciendo la migración al nuevo sistema de seguridad, mucho más moderno y funcional, pero que llevaba meses de retraso. Que tenía que haberse implantado en abril de este año pero que no pudo ser porque blablablabla. Es decir, que los 70 muertos más nosecuantos lisiados que deja este accidente se deben a que el sistema de seguridad antiguo ha fallado y por lo que sea aún no se había terminado de instalar el nuevo.

Y ahora viene lo más sangrante, la miseria moral más inconcebible. El intento de largarles los muertos a los curritos de ADIF que contactaron con el maquinista del AVE siniestrado y le dieron indicaciones erróneas. Esto mismo ya pasó, si os acordáis, en el gravísimo accidente de Angrois de hace años. Que le cargaron el marrón al pobre maquinista del tren, cuando los mecanismos de seguridad que pudieron haber evitado el accidente es que ni estaban instalados. Y los gestores se fueron de rositas mientras el pobre hombre fue acusado de todas las muertes. Los muy mamarrachos hijoputas. 

Pero es que ahora pretenden hacer exactamente lo mismo con estos chavales. Que como si no tuvieran bastante con lidiar con sus conciencias el resto de sus vidas por haber dado esa orden encima tienen que escuchar, por medio de filtraciones del Gobierno a sus medios afines, los audios que están en poder de la justicia en los que se escucha el diálogo entre el maquinista fallecido y los controladores. O sea, que falla todo el sistema automático de seguridad, que por lo visto fallaba día sí y día también, y falla también el sistema supletorio, y al final el asunto llega a manos del controlador que estaba de turno (por cierto, que estaban también sus supervisores), da la orden errónea, que consultó con esos supervisores, y la culpa es suyaaaaaa!!

El Gobierno va y filtra los audios para intentar autoexculparse. Concretamente el Ministro, de cuyo nombre no quiero acordarme aunque encabece este título, suelta en rueda de prensa que al parecer el fallo ha sido humano. Hay que ser miserable e hijodeputaaaaaaaa!!

Menos mal que hasta los sindicatos, que llevan ocho años callados ominosamente como puertas, esta vez han salido a la palestra para defender a los trabajadores y han dicho que nanay de la China, que qué coño es eso de cargarle la responsabilidad a esos chavales cuando todos dentro de la empresa saben que el puto sistema venía fallando desde hace años y hay numerosas quejas al respecto, empezando por los propios trabajadores, además de los responsables de las empresas de ferrocarriles Iryo y Ouigo. Y además de los sindicatos por fiiiiiiiiiiiin han abierto la boca también los socios de Gobierno y han dicho que ni pensarlo, que por ahí no tragan y que tiene que dimitir el Ministro. Hombre, ya era hora!! De hecho tendría que haber dimitido después de lo de Adamuz. Incluso mucho antes, cuando empezaron a dejar de pagarnos el importe por los retrasos en el AVE, cuando los trenes empezaron a quedarse parados durante horas en medio del campo, cuando no podías garantizar ni la hora de salida ni la de llegada, o cuando los trabajadores de Renfe y Adif empezaron a protestar más o menos estruendosamente por todas las irregularidades. Mientras el Ministro en cuestión decía orgulloso, dándose golpes de pecho, que el ferrocarril español estaba viviendo la mejor etapa de su historia, y que si se metían con él era por lo bien que lo estaba haciendo. Con sus santos cojones. Y luego por las noches, con la copita en la mano, se dedicaba a machacar por las redes a todo el que osaba poner en duda sus palabras.

Y entre todas esas cosas de las que te enteras, incluso en informaciones de los medios más afines al Gobierno, los propios sindicatos denuncian que en los últimos tiempos se han ido sustituyendo en Adif a los técnicos ferroviarios que ocupaban puestos directivos, o sea, a los que saben y tienen experiencia, por cargos políticos del partido que en su puta vida han visto por dentro ni la más mínima máquina.

Y por si fuera poco, denuncian igualmente que el Ministro y la propia Adif han contratado por 360.000 euros a empresas de información que sondeen en medios y redes las opiniones críticas contra el propio Ministro y el funcionamiento de la red ferroviaria. Y piensas que estás viviendo en la puta distopía, que esto no puede estar pasando.

Esa maravilla de AVE que a todos nos encandiló allá por la Expo de Sevilla, eso de llegar a Madrid en dos horas mientras te tocabas tan ricamente la pepitilla y tomabas café o cervecita según la hora. Os acordáis de que te devolvían el dinero del billete si llegabas con más de cuatro minutos de retraso?? Madre mía, qué tiempos!! Joder, que ese paraíso en la tierra haya terminado convertido en esta mierda.

Yo tengo que seguir usando los trenes sí o sí porque los necesito. Mucha gente dice que se pasa al avión o al coche pero yo sigo pensando que el tren es mi medio. Como dije antes, mañana tendría que estar cogiendo el AVE. Mi hija tiene que coger esta misma tarde el de Málaga para volver a Córdoba. Y la semana que viene mi hijo mayor viene desde San Sebastián y tendrá que usar la alternativa que pongan, autobuses probablemente. Y tengo que lidiar con todo ese trajín de viajes en tren.

Pero eso no es lo peor, lo peor es que este hijo mío es trabajador de Renfe. Con toda la ilusión del mundo aprobó hace dos años sus oposiciones y nos dio la alegría más grande. Y hace pocos meses se presentó por promoción interna y ascendió a interventor. Y entonces me sentí superorgullosa de él y pegué saltos de felicidad. Ahora daría lo que fuera por que no hubiera aprobado y se quedara en su estación vendiendo billetes tan ricamente. La idea de verlo todos los días montado en estos trenes que me inspiran cero confianza me pone tremendo nudo en el estómago. Han muerto seis trabajadores en estos dos accidentes. Para estar tranquila no es.

Luego pienso que peor sería que fuera camionero o conductor de autocar o piloto de avión o azafato, o peor aún, podría ser bombero, trapecista, domador de leones, desactivador de bombas, yo qué sé, cosas así. Pobres padres, por cierto. A fin de cuentas la profesión de interventor de tren tampoco es la más peligrosa del mundo. Incluso hasta hace poco era de las más seguras. Los trenes eran los sitios más seguros del planeta. Pero estos dos accidentes tan seguidos lo han distorsionado todo en mi calenturienta cabeza de mamá gallina. Y me parece que la paranoia va a tardar en irse de ahí.

Me han dicho mis amigos: "tienes que escribir en tu blog sobre esto".  Y eso estoy haciendo, no tanto por ganas de escribir sino por espantar todos mis miedos. Parece que al plasmarlos aquí los estoy conjurando, que si los cuento nada pasará. Ya ya, hay que ser gilipollas.

Pienso continuamente estos días en ese hijo mío ferroviario del que tan orgullosa me siento. Y pienso igualmente en todas esas personas que han muerto en esos trenes o que han perdido a sus seres queridos o que se han quedado sin brazos o sin piernas. Y en ese chaval al que le quieren cargar todo eso porque cometió fatídico error al decidir sobre algo que nunca tuvo que llegar a decidir él. Y que tendrá que vivir el resto de su vida con esa pena y esa sensación horrible de culpa, cuando él no es más que otra víctima más de todo este desastre.

Ya lo que me faltaba era oír hoy al Ministro hablar del calvario que está pasando y que sabe que irá a más por no dimitir a pesar de las presiones. Su calvario!! Con ciento y pico muertos y decenas de familias destrozadas, algunas de las cuales siguen esperando a que identifiquen los cadáveres por el ADN. Y lo siento, pero se me va radicalizando el alma y me voy polarizando por minutos. No quiero más a esta gente. No quiero.

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