jueves, 7 de mayo de 2020

Coronavireando

A ver cómo cuento yo esto para que no suene fatal.

Sabéis esa gente que en mitad de una guerra o una pandemia o un desastre nuclear o una catástrofe de cualquier tipo va y se enamora, y resulta que pasa los mejores momentos de su vida mientras a su alrededor el mundo entero se derrumba? Hay un montón de películas con historias así. Os acordáis de Titanic? Ese barco hundiéndose con un montón de gente dentro, y Kate Winslet y Leo Di Caprio a su bola ellos, dando vueltas por el barco corriendo uno detrás del otro, metiéndose mano, y luego ella recordando ese día con carita de no haber pasado uno más guay en su vida.... Bueno, pues yo me siento un poco así con esto del Coronavirus, y me da un poco palo decirlo, pero es que es verdad.  Lo tengo que confesar sin tapujos: yo estoy disfrutando con el confinamiento como una mona.

Claro, tiene su explicación. Para empezar, hay dos cosas en el mundo que odio: madrugar y los mogollones de gente. Pues bien, el confinamiento me ha venido a librar repentinamente de las dos.  De repente puedo vivir siguiendo mis propios ritmos naturales. Levantarme a la hora que el cuerpo me pide y acostarme igual. Sin prisas, sin estrés, sin despertador, sin remordimientos. Y luego las calles, prácticamente vacías. Ufff, lo que he disfrutado cuando sacaba a mi perrilla y no había absolutamente nadie más en el mundo. Como mucho, algún vecino paseando también a su can por la acera de enfrente. Silencio total. Lo más parecido que había vivido nunca era el éxodo masivo de agosto,  pero incluso entonces los chinos estaban abiertos, no estaba sola del todo. Esto de la soledad completa ha sido sencillamente orgásmico.  Sé que mucha gente no lo entenderá, la mayoría probablemente, pero igual hay algún rarito por ahí como yo que me entiende perfectamente.

Tengo que reconocer también que he tenido otro golpe de suerte: he podido pasar el confinamiento con mis hijos en casa.  Y estoy disfrutando muchísimo, de verdad. Con lo mamá gallina que soy, si hay algo que me gusta en el mundo es tener a mi prole, por muy crecidita que esté ya, pululando a mi alrededor. Tal vez si esto me hubiera pillado siendo pequeños estaría más jodida. O en plena edad del pavo, qué horrooor!!!! Pero es que ya son grandes y su capacidad de dar por culo ha menguado bastante. Así que... cuándo iba yo a pillar una oportunidad como ésta de tenerlos a tiempo completo para mí?? De desarrollar mi faceta gallinácea a tutiplén?? Jamás.

Hombre, si fuera para toda la vida igual me agobiaba un poco. Confinados para siempre como que no mola. Pero esto del confinamiento temporal da para mucho: charlas nocturnas, juegos, diversión,  risas.... en fin, hogar dulce hogar.

Entiendo que las familias que estén separadas lo tienen que estar pasando fatal.  Aparte, otras viven esta situación con angustia por varios motivos: económicos, de salud, etc. En fin, que de todas las casuísticas posibles yo me he topado con la mejor: todos mis polluelos en el nido, y en buenas condiciones. No puedo quejarme, las cosas como son. Ellos estarán hasta los huevos/pipilla del confinamiento pero yo estoy encantada.

Se da la circunstancia también de que estoy viendo estos días una serie sobre la historia de una familia: This is us. Está muy bien, os la recomiendo. Tiene una estructura narrativa como de puzzle. Son piezas que poco a poco van encajando hasta reconstruir el retrato entero, con constantes saltos a distintas etapas del pasado y del futuro.  Los recuerdos están muy presentes  porque muchas cosas de la vida actual de los protagonistas están directamente relacionadas con acontecimientos del pasado, y hasta te van dando pistas de por dónde irá la cosa 20 años después. Eso sí, es un poco moñas; bueno, un poco bastante moñas. Y los personajes son muy intensitos. Pero está muy bien porque, como decía Tolstói en Ana Karenina "Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera", y esta familia tiene una manera muy curiosa de ser infeliz.

La cuestión es que viendo la serie muchas veces pienso que probablemente estos días también quedarán en la memoria de todos nosotros. Algunos los recordarán con tristeza, otros con horror... en fin, cada cual según lo haya vivido.  Quien haya perdido a alguien por el virus pensará en todo esto como en un infierno. Pero tal vez otras personas no tengan un recuerdo negativo. Yo sé que probablemente los recordaré con nostalgia, como una oportunidad única que la vida me ha dado, que me ha permitido disfrutar de los míos de una manera que, en condiciones normales, nunca habría sido posible.

De todas formas esto aún no ha terminado, queda partido. Aquí no está nadie libre de pillar el bicho, y si eso ocurre en cualquier momento todo puede dar un vuelco. Pero pase lo que pase a partir de ahora, que nos quiten lo bailao estos dos meses. Lo bailao, lo reído, lo jugado, lo charlado... en definitiva, lo vivido.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Yo o el caos, el caos o yo

Me manda una amiga una petición de Change.org para presionar por la prórroga del estado de alarma durante dos semanas más. Hasta ahora se había venido renovando sin problemas en el Parlamento con el apoyo de la mayoría de los grupos, pero llegados a este punto algunos han dicho claramente que se niegan a seguir dando ese apoyo mientras que otros remolonean, dudan y ponen ciertas condiciones para darlo.

Le digo a mi amiga que antes de firmar esa petición prefiero informarme porque la verdad es que he leído y oído cosas contradictorias y quiero formarme mi propia opinión sobre el asunto. Además hay otra cosa que me ha disgustado bastante, y es la actitud de parte del Gobierno, encabezada por el propio Presidente, de plantear el asunto en términos asquerosamente fatalistas, en plan "O yo o el caos". De hecho, han usado esa palabra exactamente, caos. Y sinceramente, ese tipo de actitudes me ponen rápido a la defensiva. Una cosa es que yo piense que la oposición es una mierda y otra muy distinta es estar dispuesta a tragarme los mensajes catastrofistas que puedan venir del Gobierno para conseguir sus propósitos.

Para empezar me alerta que sean tantos los grupos que se niegan a seguir manteniendo la alarma, incluídos los socios preferentes del Gobierno. Y más me alerta todavía escuchar a miembros del Gobierno acusar directamente a la derecha responsabilizándola del posible repunte de contagios y muertes que pudieran producirse.

Alto ahí! Alerta máxima!! Si convenimos en que es infame y miserable atribuir al Gobierno la responsabilidad de las muertes que se han producido por Coronavirus, que son bastantes, cómo voy a aceptar que se responsabilice a la oposición de las posibles muertes del futuro?? Esto qué coño es, el deporte nacional favorito?? Lanzamiento de muertos?? Y está feo cuando tú lo haces pero mola cuando el que lanzo los difuntos contra ti soy yo?? Venga ya!!

Eso me raya. Pero más me raya todavía que el reproche vaya directamente al Partido Popular y no a los socios nacionalistas, que de hecho han remoloneado todo el tiempo para apoyar la alarma y algunos de ellos ya directamente han dejado claro que con ellos no se cuente. Si hubiera que achacar responsabilidades de lo que pueda pasar a alguien, con éstos qué pasa, que tienen bula papal o qué?

Pero es que además me pongo a leer cosas y veo que varios juristas no precisamente sospechosos de simpatizar con la derecha ponen en duda la constitucionalidad de algunas de las medidas que se están tomando aprovechando el estado de alarma, que limitan peligrosamente con el estado de excepción.  Escucho además en la radio al mismísimo Baltasar Garzón explicando que el estado de alarma, pese a ser el más práctico, no es el único mecanismo legal que permite al Gobierno limitar el movimiento de los ciudadanos.  También desmonta de paso otro bulo gubernamental: que el mantenimiento de los ERTES y de las ayudas sociales relacionadas con la pandemia vayan ligados inexcusablemente al estado de alarma, un argumento que el Gobierno ha usado repetidamente para defender la prórroga. De hecho el mismo Gobierno renunció ayer mismo a ese argumento falaz al pactar con Arrimadas la desvinculación de ambas cosas a cambio del Sí de Ciudadanos. Ahora tendrán que tirar de la fábrica de argumentarios para explicar por qué lo que hasta ayer no era posible de ninguna manera ahora ya sí lo es. En fin, ellos y sus líos.

Me molesta mucho que me mientan, y más todavía que me intenten manipular con esas mentiras. Es por esto por lo que no firmaría esa petición. No porque no piense que sería bueno que se prolongara un poco más la alarma, al menos otras dos semanas, sino porque en lugar de usar argumentos veraces y honestos intentan convencerme con falsedades, además bastante burdas. Eso me cabrea un montón. Que no cuenten conmigo para esos juegos.

De todas formas estoy bastante convencida de que el PP se hubiera abstenido para facilitar una última prórroga, aunque ya no será necesario porque tanto Ciudadanos como el PNV han pactado el SI. Esta prórroga saldrá adelante pero creo que el Gobierno debe empezar a plantear otras opciones para cuando termine porque no le van a dar más cuartelillo para alargar esto indefinidamente. Salvo en caso de que se diera un retroceso o un repunte de contagios, cosa que ni creo ni espero que ocurra,  ésta será la última prórroga del estado de alarma, así que no estaría de más que fueran ingeniando la forma de colaborar con las Comunidades Autónomas para gestionar conjuntamente el desconfinamiento y la transición a la "nueva anormalidad".

Y aunque sea mucho pedir, tampoco estaría de más que dejaran de intentar manipularnos persistentemente con planteamientos catastrofistas y asustaviejas. O yo o el caos. O yo o la muerte.

O tú o tu tía la de Burgos.  Vete a meterle miedo a tu abuela, capullo!!

lunes, 27 de abril de 2020

Coronaviradas

Cuando llevamos ya algo así como 44 días de confinamiento siento la necesidad de compartir algunas de  mis reflexiones acerca de estos tiempos tan raros que nos ha tocado vivir.

Continúo paseando a diario por Twitter y alucinando con las batallas que el Coronavirus provoca entre las hordas de simpatizantes de los unos y los otros. Como era de prever cualquier crítica a la gestión de la pandemia es tachada automáticamente de fascista y/o antipatriótica.  La adhesión tiene que ser total o si no de cabeza al otro bando. Veo todo lo que pasa como mera observadora, con cierta fascinación, porque tengo bastante claro que si en lugar de gobernar éstos gobernaran los otros las cosas serían exactamente igual pero al revés. Los progubernamentales defenderían a muerte la gestión de los suyos, sin importarles realmente si es buena o mala, sólo porque son los suyos, y la oposición estaría poniendo igual a parir al Gobierno, convocando caceroladas o protestas y culpándole de todos los desastres, de las muertes, de los contagios de sanitarios, de las chapuzas en las compras de materiales, de los giros argumentales, de los errores de comunicación.... Como no tengo ninguna confianza en los políticos actuales, ni de un lado ni del otro, no me hago ilusiones, estoy segura de que sería así. Conmigo que no cuenten ni para ataques cruentos ni para defensas numantinas.

Flipo también con la resiliencia de la gente. La mayoría de las personas con las que hablo llevan el confinamiento bastante bien. De mí misma no me sorprende porque soy una persona casera, estoy en mi zona de confort y no echo de menos prácticamente nada. Al revés, agradezco el no tener que madrugar, que es lo que peor llevo en la vida. Como tengo costumbre de comunicarme con mi familia y amigos por mensajería y además no soy aficionada a eventos ni a desplazamientos vacacionales masivos no echaré de menos playas empetadas ni atascos en carreteras ni colas en aeropuertos ni interminables documentos gráficos ante portadas de Iglesias y catedrales. Si acaso extraño algo son los restaurantes, las terracitas...., en fin, nada que no se pueda sobrellevar dignamente sin tirarse de los pelos.  Pero conozco a mucha gente que en condiciones normales su vida es un no parar, siempre de un lado para otro, y sorprendentemente no están agobiados, incluso te dicen que el enclaustramiento les está viniendo bien. La capacidad de adaptación de esta especie supongo que explica que todavía, a estas alturas y después de haber cometido miles de gilipolleces y barbaridades, aún sigamos aquí.

Otra cosa que me llama la atención es la cantidad de gente que ve todo esto como una especie de castigo de la naturaleza por nuestra mala vida. Algo así como las plagas bíblicas esas que Dios mandaba a la gente por sus pecados.  Es increíble la de personas que piensan que hay un sentido, una relación causa-efecto detrás de esta pandemia. Yo sinceramente soy bastante escéptica al respecto. Creo que esto ha pasado porque los virus existen, están ahí, y en un mundo globalizado su expansión acelerada es inevitable. No creo en conspiraciones ni en castigos divinos, ni en la naturaleza rebelándose contra el hombre en forma de bicho invisible. La naturaleza tiene formas mejores de vengarse por medio de huracanes, inundaciones, sequías, tsunamis, terremotos, etc. Los virus están ahí desde el principio de los tiempos; lo que pasa es que nos creemos a salvo de todo y éste ha venido a recordarnos que seguimos siendo vulnerables, que no somos ni mucho menos invencibles ni tenemos superpoderes. Ha venido a darnos un baño de humildad. Somos mortales, nuestro bienestar tan duramente conquistado está sujeto con pinzas y cualquier cosa en un momento dado puede derrumbarlo todo. Es una buena lección pero no una venganza planetaria.

Otros piensan también que de esto vamos a salir mucho mejores, que vamos a cambiar nuestro modo de vida y seremos mucho más respetuosos con el medio ambiente y blablablabla... En fin, también soy escéptica con respecto a esto. Yo no creo que de esto vayamos a salir ni mejores ni peores.  Vamos a seguir siendo exactamente igual. Saldremos un poco más acojonados y durante algún tiempo tomaremos un montón de precauciones porque las cagaleras nos mantendrán físicamente alejados a unos de otros y durante una temporada igual la gente rehuye las aglomeraciones y los desplazamientos masivos ésos que tanto gustan. Pero poco más. En cuanto se nos pase un poquito el canguelo volveremos a consumir como locos todo lo que se nos ponga por delante (bueno, los que puedan), las carreteras se llenarán de coches que formarán interminables caravanas para escapar en masa a la costa cada finde, los aeropuertos estarán petados de personas con decenas de bultos en un éxodo sin fin, volveremos a ver por la tele esas imágenes dantescas de playas atestadas con la gente hacinándose una encima de otra... en fin, seremos los de siempre, y esto pasará a ser un recuerdo de un tiempo extraño que conseguimos superar.

Puede que quien saque más beneficio sean los Gobiernos de todo pelaje, que probablemente aprovecharán la coyuntura para controlarnos un poquito más y recortarnos unas cuantas de esas libertades tan arduamente conquistadas. Nos resignaremos a ser un poquito menos libres, a que nos tengan localizados constantemente y sacrificaremos nuestro derecho a la privacidad en beneficio de una causa mayor como es la Salud Pública.  Tal vez tengamos que llevar un microchip o algo así en el que nuestro historial clínico determinará dónde podemos o no ir, en qué ciudades o países seremos bien recibidos y en cuáles no nos dejarán ni asomar la nariz.

Y poco más.  No me hago muchas ilusiones. Creo que el ser humano es bastante pertinaz en sus usos y costumbres. Y del mismo modo que tenemos una capacidad de adaptación al medio prodigiosa y que nuestro instinto de supervivencia es enormemente poderoso, también nos aferramos a nuestras filias y fobias con uñas y dientes.

Todo esto pasará y el Corte Inglés y Zara volverán a abrir sus puertas, para quien aún tenga la tarjeta de crédito en disposición de seguir echando humo. Eso sí, para muchísima gente lo que de verdad quedará serán las terribles secuelas económicas, que eso sí es para echarse a temblar. Al final recordaremos el confinamiento casi como una etapa tranquila y feliz, al menos los que no hayamos perdido a ningún ser querido en la batalla.  Puede que incluso lo echemos de menos cuando tengamos que enfrentarnos a esa otra pandemia que nos acecha y que sí que devora todo lo que toca: la pobreza.

Pero eso ya si eso lo dejo para otro post.

sábado, 18 de abril de 2020

Lolitas y Lolitos: juegos del Coronavirus

- Dromedario.

- Cómo que dromedario?????

- Dromedario. Dromedario, mamá.

- Dromedario como vehículo?

- El dromedario es un vehículo en muchos países.

- Ya, como pulpo animal de compañía, no?

- El dromedario es el medio de transporte de muchísimas personas.

- Ya, y el burro también, pero no es un vehículo.

- Es un vehículo. Busca en el diccionario la palabra vehículo.

- Por esa misma regla yo puedo ser un vehículo si te cojo en brazos.

- Venga mamá, que hay muy pocos vehículos con la D, vamos a dejárselo.

- Huuummmmm!! En fin, vale, te lo apuntas. Pero vamos, que está muy cogido por los pelos.

- Vale. Pero me lo apunto.

- Bueno, seguimos. Personajes con la L. Yo tengo Lolita, de Nabokov.

- Esa quién es?

- Esa es un personaje de una novela muy famosa que escribió un tipo que se llamaba Nabokov. Y además es una película.

- Pues a mí no me suena.

- Ni a mí.

- Ni a mí tampoco.

- Anda que vaya nivel cultural de mierda tenéis.  Bueno, qué tenéis vosotros?

- Yo he puesto Lolito Fernández.

- Ese quién coño eeeeees?

- Es un youtuber. Manolito Fernández, pero le llaman Lolito.

- No me lo creo, te lo has inventado.

- Que sí mamá, joder, que existe, búscalo.

- Sí, mamá, yo también lo conozco.

- O sea, que no sabéis quién es la Lolita de Nabokov pero sí conocéis a un capullo que se llama Lolito Fernández y hace gilipolleces en un canal. Vaya nivelazo!

- A ti te hemos pasado como personaje con la A al Ángel de la guarda.

- El ángel de la guarda es un personaje bíblico, como la Virgen María o San José.

- Pues yo no sé quién es.

- Claro, a ti sacándote de  "Los hombres de Paco"....  que te vale para todas las letras. Paco el de Los hombres de Paco, Mariano el de Los hombres de Paco... Y encima vas y te inventas a una Natalia de Los hombres de Paco. No tienes tú morro ni na!

- Qué quieres? Me sonaba que había una Natalia.

- Claro, si por probar nombres a ver si cuela! Y no hay ningún Dromedario en los hombres de Paco??

- Jo, mamá, qué borde eres!! Tienes muy mal perder.

- Y tú un morro que te lo pisas.

- Bueno, venga, mueble con la P.

- Puerta.

- Puertaaaaaaaaa??????????

lunes, 6 de abril de 2020

Una habitación con vistas

Os acordáis de una película preciosa de James Ivory que se llamaba "Una habitación con vistas"?

Pues bien, estos días de confinamiento obligado pienso mucho en lo importantes que se han convertido de repente cosas que hasta ahora eran puramente accesorias. Por ejemplo, se convierte en un lujo algo tan sencillo como disponer en tu casa de eso, de una habitación con vistas. No te digo ya si además tienes una buena terraza en la que hacer vida al aire libre, y ni hablemos de un jardín o un patio propio, que ya sería el summum.

No sé si habréis visto la multipremiada película "Parásitos". A mí no es que me hiciera mucha gracia, pero sí recuerdo una imagen que me impresionó. En la peli se incidía mucho en las abismales diferencias entre las vidas de las personas ricas y las de las pobres. En ese aspecto la fotografía era totalmente descriptiva. Hay una escena de un diluvio visto desde los amplios ventanales de una casa maravillosa, de ésas que salen en las revistas de diseño. Una escena preciosa, cualquiera querría estar en esa casa, a salvo de todo, contemplando el espectáculo de la lluvia torrencial cayendo sobre el jardín. Justo a continuación ese mismo diluvio visto desde un sótano completamente inundado en el que vive la familia pobre. De verdad, es lo mejor de la película, ese contraste brutal entre una imagen y la otra.

Bueno, pues estos días pienso mucho en esa escena y también en las enormes diferencias entre pasar una larga temporada de confinamiento como ésta en una vivienda amplia, perfectamente acondicionada y con ese lujo que suponen las habitaciones con vistas, las terrazas, las azoteas, los patios... o pasarla en un sótano sin apenas luz, en un bajo, en una casa húmeda, fría, oscura, pequeña.

Por imperativo canino, paseo dos veces al día con mi perrita por las calles vacías, y voy observando las casas, las terrazas, pensando en las personas que viven detrás de esas paredes. Es algo que me ha gustado hacer siempre pero ahora mucho más, porque sé con toda seguridad que detrás de esas moles de ladrillo cientos de personas respiran y viven a diario pequeñas alegrías y tragedias íntimas a las que los demás somos ajenos.

Mi barrio es alegre y luminoso, hay amplios espacios entre los bloques de pisos. La mayoría tiene buenas vistas, zonas verdes... pero siempre me han llamado la atención algunos pisos, por suerte los menos, que quedan encajonados en zonas sin apenas luz. A menudo he pensado qué clase de gente viviría en ellos. También he meditado mucho sobre los arquitectos que idean ese tipo de edificios tan "injustos", con unas viviendas privilegiadamente luminosas y otras terriblemente condenadas a la negrura. Los considero sádicos; ellos saben perfectamente, mejor que nadie, la diferencia que hay entre una vida con vistas y otra que da a un callejón sombrío.  Me pregunto si debería ser legal diseñar bloques así sólo para apurar unos cuantos metros cuadrados; permitir que un montón de personas pasen sus vidas en un mundo en el que el sol no existe.

Me consuela pensar que sean pisos de estudiantes, en los que la vida está más en el exterior que dentro. A los estudiantes les importa un pimiento la oscuridad porque se pasan la vida en la calle, y cuando están dentro de las viviendas es para estudiar, así que cuanto menos se distraigan mejor. Pero si pienso, sobre todo, en abuelillos que podrían vivir en esas casas me da una pena terrible. Personas mayores o dependientes, con su movilidad limitada, que apenas pueden pisar la calle, viviendo en un sitio horrible, sin poder mirar tras las ventanas la vida exterior, sin ver la luz del día, sin distinguir entra la mañana y la noche.... Uffffff, entonces cogería a esos arquitectos y les condenaría a una vida eterna infernal en uno de esos pisos que ellos mismos han diseñado para torturar a otros.

En fin, hablaba de las habitaciones con vistas y de las terrazas. Cuando paseo veo a mucha gente que antes no pisaban apenas esas zonas de sus casas y que ahora las han adaptado para hacer la poca vida exterior que se puede. Familias charlando, tomándose una cerveza, haciendo manualidades,  jugando a las cartas....  Hay quien mantiene largas conversaciones con el vecino de al lado o con el de enfrente. Me encanta verlos, están deseosos de saludar a todo el que pasa. He oído por ahí que algunos increpan a los que van andando por la calle, pero yo nunca me he encontrado con ninguno, la verdad. Llevo mi salvoconducto perruno y mis paseos son todos lo breves que me lo permite el tránsito intestinal de la Bimba, aunque la hijaputa algunas veces se remolonea un montón. Supongo que sabe que cuanto antes clave su pica antes subimos a casa y por eso se demora todo lo que puede.

Yo tengo la suerte de contar en mi casa con una terraza soleada y con vistas.  Es pequeñita pero no tengo vecinos enfrente y veo un horizonte bastante amplio. Hombre, no es como el de una prima mía que vive en un pueblecito de Granada con unas vistas a la Sierra que te mueres. De vez en cuando me manda fotos de atardeceres desde su casa, que sabe que me encantan, y son flipantes. Tampoco tengo las vistas de una compañera que tiene una casa que da justo a los jardines del Alcázar de Córdoba.  Desde su baño se ven tooooodos los jardines. Guaauuuuuu, una pasada!!

Bueno, mis vistas son menos espectaculares sin duda, pero a mí me encantan. Y más en estos días. Porque desde mi terraza lo que se ve en la distancia son los dos principales hospitales de la ciudad, donde ahora mismo se debaten entre la vida y la muerte muchas personas y donde esos héroes contemporáneos de la era del Coronavirus que son los sanitarios están luchando día a día por salvar esas vidas, probablemente en unas condiciones no del todo seguras para su propia integridad. Así que cuando salgo cada tarde a aplaudirles, como hacen miles de personas en todo el país y en todo el mundo, los tengo justo enfrente. Todo el barrio les ovaciona, les canta, los anima, les manda señales luminosas con el móvil.... Es emocionante.  Estoy segura de que nos escuchan. Me gusta tenerlos cerca, saber que ahí, justo delante de mis narices, se está librando la batalla más dura, y que yo soy testigo privilegiado y animadora entusiasta.

Siempre me ha gustado sentarme en mi terraza y mirar los hospitales al fondo. Imaginar esas luchas y esos sufrimientos que allí acontecen, mandar íntimamente fuerza a esas personas. Porque yo a veces también he estado ahí, y sé lo que se siente al otro lado. Ahí, en el Hospital Provincial, murió hace muy pocos meses mi querida  sobrina Helena; ahí también agonizó y murió mi padre hace años; y mi madre pasó largas temporadas de su enfermedad. Y un poco más a la derecha, en el otro hospital, en Reina Sofía, también murieron muchas personas queridas, pero igualmente nacieron mis hijos, mis sobrinas, muchos niños queridos....  Esos hospitales no son sólo signo de dolor y muerte; también en ellos surge la vida, y mucha gente encuentra la cura a sus males. En esos hospitales cada día se da el alta a decenas de personas a las que les espera una buena y larga vida gracias a los cuidados que les dieron en ellos.

Por eso no se me ocurren ahora mismo ningunas vistas mejores.  No puedo imaginar otro horizonte mejor mientras paso estas semanas confinada con mi familia, esperando que algún día no muy lejano todo esto se convierta en historia.

Ánimo y fuerza a todos. Ah, y que nunca os falte una buena habitación con vistas

jueves, 26 de marzo de 2020

De enfermedades venéreas y pandemias

Lo creáis o no, hay empresas que tratan a las personas que son víctimas de una pandemia como si de una enfermedad venérea se tratase. Algo que si le toca a alguno de sus trabajadores hay que ocultarlo como si fuera secreto de estado.

Por eso, porque sé que existe este tipo de directivos en nuestra sociedad quiero dejar claras una serie de cosas.

Amigos y amigas directivos y directivas, padecer una infección por un virus en el contexto de una pandemia no es como padecer una enfermedad venérea,  ni siquiera como otro tipo de enfermedad. Y no, no vale alegar que existe una Ley de Protección de Datos. Para estas cosas esa ley no existe.

Ya os habréis dado cuenta de que es difícil encontrar en las noticias titulares tales como "la ministra Fulanita tiene candidiasis" o "el vicepresidente cual padece sífilis". A que no? Pero a que sí habéis escuchado últimamente muchas noticias relativas a personas famosas, políticos, cantantes, actores, escritores, etc., que padecen Coronavirus?

Os explicaré por qué, estimados y estimadas directivos y directivas..

(Inciso: a la gente normal sé que no hay que explicarle estas cosas, no os ofendáis. Si queréis podéis dejar de leer aquí; pero sí es necesario explicárselo a alguna gente que puede leer este post y no es capaz de distinguir la diferencia).

Veréis. Si alguien padece cáncer de próstata es muy libre de decírselo a quien quiera y no decírselo a quien no quiera, y eso hay que respetarlo siempre. Y si padece gonorrea también es libre de contarlo o no (aunque si mantiene relaciones íntimas con alguien y no se lo dice se está portando como un auténtico cabroncete, por decirlo suavemente).

Pero queridos directivos y directivas, imaginad que uno de vuestros empleados padece el Covid-19. Y que unos días antes ha mantenido reuniones de trabajo en las que ha tenido estrecho contacto con otros trabajadores de vuestra empresa o de cualquier otra. Bien, pues si no informáis a esas personas de que ese compañero está infectado, si tuvieran o tuviesen síntomas de la enfermedad y sus médicos les preguntaran si han mantenido contacto con alguien que padezca el virus.... esas personas contestarán que no.  Por qué? Pues porque no lo saben. Hasta aquí lo vais pillando?

Bien, pues ahora imaginad que esos compañeros se hubieran contagiado durante esas sesiones de trabajo y no lo saben. Y que en sus casas tengan contacto con mayores, o con familiares que padezcan enfermedades respiratorias, por poner un suponer. Estáis ocultando a esa gente una información vital para su salud y la de su familia!!!!!!

Lo entendéis ahora???? Entendéis por qué razón en cuanto se tiene conocimiento en una empresa de que alguien padece este virus la obligación de los responsables es ponerse en contacto con el resto de personal que haya tenido contacto profesional con esa persona y preguntarle si tiene síntomas, y los tenga o no, informarle de que han mantenido contacto con alguien que sí ha dado positivo????

ENTENDÉIS AHORA POR QUÉ NO SE PUEDE TRATAR UNA INFECCIÓN POR CORONAVIRUS COMO UNA PUTA GONORREA????

Perdón, quizás he levantado un poco la voz, pero es que hay cosas que... de verdad, no puedo. Me superan.

Ufffffff, es que es muy duro estar rodeada de incompetentes y gilipollas.

domingo, 22 de marzo de 2020

El amor y el odio en los tiempos del Coronavirus

Hola amigos, qué tal lleváis el confinamiento? Espero que le estéis echando paciencia y que reine la concordia familiar a los que vivís acompañados y la concordia con vosotros mismos a los que lo lleváis en estricta soledad.

Por mi parte lo llevo bien. Como ya sabéis, tengo un talante asocial bastante acentuado, así que echo poco de menos la vida social. Todos los días tengo una serie de rutinas que cumplo a rajatabla: cuatro comidas,  dos paseos diarios para sacar a la Bimba, la compra, teletrabajo, lectura, gimnasia, baile,  momento aplausos sanitarios en el balcón, ducha, serie por las noches.... En fin, que casi no me dan las horas para todo.

También estoy muy entretenida con el Twitter. A decir verdad estoy superenganchada. Menos mal que con todas las otras actividades me queda poco tiempo libre,  pero reconozco que me quedo pilladísima con todo lo que está sucediendo en la red.  Hay una dinámica de amores y odios que me tiene totalmente flipada.  Pero oye, pasiones  superintensas, como no había visto yo hace mucho tiempo. Por eso he decidido titular este post así, el amor y el odio en los tiempos del Coronavirus. No es sólo un pequeño homenaje a mi idolatrado García Márquez; es que de verdad es un fenómeno que me parece digno de reflexión y análisis.

Hay gente que con esto del Coronavirus y la gestión que se está haciendo por parte del Gobierno ha desarrollado un odio aterrador hacia la autoridad competente, que ahora mismo es por decreto la estatal; al mismo tiempo que otros estarían dispuestos a batirse en duelo a muerte por defender la honra y el buen hacer del Presidente y sus ministros.

En fin, desde mi óptica de observadora imparcial (y digo imparcial porque no me apunto a ninguno de los bandos y soy capaz de entender perfectamente la parte de razón que pueden llevar unos y otros y la parte de ceguera ideológico-emocional) me limitaré a referir y analizar lo que leo.

Por dónde empiezo? Por el amor o por el odio? Casi mejor empiezo por el odio para terminar con el amor, que es un poco más reconfortante, aunque a menudo igualmente ciego.

1. ODIO.

Los detractores de este Gobierno andan supercabreados por varios motivos.  Consideran que se ha llegado a esto tarde y mal, que se ha ido totalmente de las manos y que la prueba de la mala gestión es la cantidad de muertes que está habiendo, en comparación con otros países de nuestro entorno en los que se está controlando mejor la mortalidad de la enfermedad. Y no entienden que no haya pruebas para gente con síntomas pero sí para hacerlas por duplicado a políticos y familiares. Y ahí llevan toda la razón, las cosas como son.

También tienen un cabreo mayúsculo por que no se prohibieran las manifestaciones feministas del 8-M. Aunque en esto hay bastante de impostura, porque si bien es cierto que desde mi punto de vista fue una gran irresponsabilidad alentar a la gente a salir a manifestarse en un momento en el que no era difícil ver venir que era arriesgado hacerlo (y más el gobierno, que probablemente disponía de mucha más información que el resto de los ciudadanos), lo cierto es que a esta gente lo que de verdad le jode es que esas manifestaciones fueran feministas y que la izquierda las usara a modo propagandístico. Dudo mucho que mostraran la misma irritación si hubieran sido manifestaciones, yo qué sé, en contra de la eutanasia, por ejemplo.

Bueno, pues este sector odiador está que trina.  Hiperventila literalmente. El vocabulario para referirse a Sánchez o a Iglesias es verdaderamente superlativo. No es difícil encontrar calificativos como criminal, asesino, terrorista, psicópata.... En fin, todo cosas de ese pelaje.

Como a mí me gusta meterme en todo tipo de berenjenales, muchas veces les llamo la atención sobre esta hiperbolización odiadora y hago llamamientos a la mesura y la moderación, pero ellos atienden poco, la verdad. Vamos, que no me hacen ni puto caso. Alegan en su defensa que Sánchez agredió verbalmente a Rajoy hasta límites insoportables cuando la crisis del Ébola, en la que sólo enfermó una enfermera y murió sacrificado preventivamente su perrito Excalibur, como recordaréis.

Y llevan razón en que entonces la actitud de Sánchez fue bastante deplorable y sobreactuada. Pero  no me parece que la mejor manera de actuar en este momento sea emular la actuación injusta y oportunista que entonces tuvo el Presidente. Vamos, que no entiendo que tu manera de protestar por algo sea comportarte de una forma que te resulta repulsiva cuando la ves en otros.

Los odiadores llevan muy mal también lo de las caceroladas al Rey.  En esto te dicen que no es el momento de hacer manifestaciones de odio (jajajajaja, palabrita), que es tiempo de unidad y de ir todos a muerte con los sanitarios y con la gente que lo está dando todo en el frente.  De verdad, lo prometo. A ellos les gusta mucho lo de las balconadas de aplausos a las 8, pero nada lo de las caceroladas.

Yo les he invitado a hacer su propia cacerolada antigubernamental, y de hecho les he pasado la convocatoria que había para este sábado. Muchos se han apuntado, y me parece bien. Oye, que bastante que estamos encerrados y con nuestra capacidad de libre expresión coartada. Que nos dejen al menos el derecho al pataleo y la protesta. Puede que no podamos salir a manifestarnos por las calles, pero qué pasa por salir con nuestros cazos y nuestras sartenes al balcón a decir alto y claro que estamos hartos?? Del Rey, del Gobierno, de lo que a cada cual le dé la gana, coño!! Pos claro, hombre!! Salid a vuestros balcones, joder!!

En fin, hasta aquí los odiadores.  Pasemos a los amorosos.

2. AMOR.

Aquí están todos los que se multiorgasman cada vez que ven a Sánchez  (y en menor medida a Iglesias) salir a dar su periódico mítin "informativo".

Hay gente de verdad enamorada de cómo está gestionando el Gobierno esta gran crisis, y estarían dispuestos a matar por defender esa gestión. Éstos no ven ningún tipo de error ni retraso ni nada, todo bien, todo perfecto. Alegan además, al igual que los odiadores con la cacerolada real, que no es el momento para recriminaciones, que es el momento de ir todos a una, de aplaudir a las 8 a los sanitarios y de cumplir a rajatabla con las ordenanzas gubernamentales.

Muchos de ellos son los mismos que, efectivamente, cuando lo del Ébola pusieron el grito en el cielo por la gestión de Rajoy, y no vieron necesidad entonces de ir a una para evitar la expansión del virus. Pero hicieran lo que hicieran entonces, lo cierto es que ahora llevan razón. Habrá tiempo para analizar lo que el Gobierno está haciendo cuando todo esto termine y entonces se podrán pasar las facturas correspondientes. 

Ahora mismo lo único que podemos hacer todos es cumplir con lo que nos mandan, que básicamente es quedarnos en casa para aburrir al puto virus hasta que se termine muriendo de no poder saltar de unos a otros.

Pero bueno, tampoco tenemos que ser santos varones y hembras. Que no pasa nada por despotricar o por hacer caceroladas o por amar con pasión a Sánchez o Iglesias o por odiarlos.  Manifestar los sentimientos no debería prohibirse nunca. Es verdad que yo pediría un poco de mesura, sobre todo a los haters. Sánchez y el Gobierno en general pueden ser calificados de muchas cosas. Puedes considerar que son unos inútiles, unos cínicos, incluso unos mentirosos o unos trileros. Pero hombre, de ahí a lo de criminales, psicópatas, terroristas o asesinos, de verdad, va un trecho que nadie debería traspasar. Por mucho que creas que la memoria histórica de agravios pasados te sirve como coartada.

Amigos, amigas, no nos queda otro remedio que respetar este confinamiento y por nuestro propio bien, de la mejor manera posible y con el talante más paciente. En mi opinión va para largo y es muy probable que nos veamos obligados a tirarnos semanas conviviendo con nosotros mismos y con nuestros familiares más cercanos.

Todos sabemos que están pasando cosas terribles: personas que están muriendo completamente solas, sin un ser querido cerca; personas encerradas en sus casas con sus maltratadores, con sus peores enemigos (por cierto, no sólo mujeres, también niños, ancianos, dependientes, padres  y madres puteados); otra gente que está enferma y que ni siquiera ha podido hacerse el test para saber si está o no infectada por el virus pero que mientras tiene que hacer como si lo estuviera; familias separadas por miles de kilómetros... muchas tragedias grandes y pequeñas.

Por favor, hagamos lo que nos piden, echémosle paciencia y el mejor humor posible, y si nos apetece aplaudir aplaudamos, o hacer caceroladas hagámoslas, o bailes colectivos en los balcones, o ponernos a parir en Twitter... no pasa nada. Algún día saldremos y volveremos a ser nosotros.  Nos volveremos a tocar, besar, babosear y abrazar. Algunos volverán a follar, otros con mejor suerte se estarán hinchando ahora, a falta de nada mejor que hacer. Habrá que ver el babycoronaboom dentro de unos meses.

Pero sobre todo, que salgamos de todo esto habiendo aprendido algo. Me encantaría que todos recordáramos esta etapa tan rara de nuestras vidas como "El amor en los tiempos del Coronavirus". Pero hay que ser realistas, la vida es amor, pero también hay cabida para el odio. Ojalá todo ese odio se limitara a las gilipolleces que la gente se suelta por las redes, ojalá nunca saliera de ahí, ojalá siempre hubiera un virus que lo mantuviera a raya. Y que al final siempre triunfara el amor.

Con mis mejores deseos para todos, odiadores y amantes. Sobre todo, seguid respirando, ahora mismo es lo que más me importa.