Estos días se ha convertido en tema estrella en medios y redes la señora Maricarmen. Pones Maricarmen en Google y te salen veinte mil noticias sin necesidad de añadir apellidos, aunque tengo que decir que me he enterado de que la mujer en cuestión se llama María del Carmen Abascal (sí, no es coña).
En fin, que como hoy me ha pillado con tiempo y con ganas he decidido comentar mi opinión al respecto porque el asunto me provoca grandemente.
Y me provoca porque Maricarmen ha sido elegida, no sé muy bien cómo ni por qué, mártir icónica del tema de la vivienda. La señora tiene 80 años o así y no sé qué grado de discapacidad, y a pesar de ello acaba de ser desahuciada de su casa en Madrid.
Para empezar confieso que, como todo el mundo, al ver las imágenes sentí muchísima rabia e indignación además de inmensa pena por la situación de la pobre mujer. El problema de la vivienda, que en mayor o menor medida nos afecta a todos, si no en carne propia sí en la de nuestros hijos, se ha convertido en el verdadero horror de este país. Con decir que hace 8 años estaba en el parecer de la gente catalogada como la preocupación número 18 y a día de hoy va en cabeza se dice todo.
Que el problema viene de largo es bien sabido, pero en los últimos años ha ido de mal en peor, tanto en venta como en alquiler. Se ha llegado a límites totalmente imposibles y todos sabemos que en algún momento esto tendrá que estallar por alguna parte sí o sí. Porque no puede haber millones de jóvenes que no pueden salir de casa de sus padres y hacer sus vidas por no poder acceder a viviendas mínimamente dignas a precio asequible, incluso aunque tengan trabajos, a veces muy bien remunerados.
En fin, que no soy ajena a este problema ni mucho menos y por eso la imagen de Maricarmen me impresionó vivamente. También es verdad que hace años, durante el gobierno de Rajoy, este tipo de protestas, estas escenificaciones de desahucios con activistas a las puertas de las casas impidiendo los desalojos, se veían casi a diario. Y yo hace muchos años que he dejado de verlos en los medios, por lo que había llegado a pensar que ya estas cosas habían dejado de pasar. Pero no, ahora con lo de la señora Maricarmen (si me permitís prefiero llamarla así a señora Abascal), he sabido que no solo no ha dejado de pasar sino que ocurre todos los días y en mucha mayor proporción que en aquellos tiempos. No me preguntéis por qué llevamos años sin que salten estas noticias porque no tengo ni idea.
Bueno, al lío. Que la cosa es que este caso ha vuelto a poner de actualidad el tema. Y que lógicamente yo, como buena chismosa, me he interesado y me he puesto a leer sobre el asunto en cuestión. Y aquí es donde viene lo peliagudo. Porque sinceramente, no me explico en qué momento alguien pensó que era buena idea convertir a Maricarmen en víctima paradigmática de los desahucios en este país.
Informándome en medios bastante fidedignos y de distintos palos he sabido que esta señora llevaba 72 años viviendo en ese piso en pleno centro de Madrid, concretamente frente al Retiro, gracias a la subrogación del alquiler de renta antigua de sus padres. Dicho alquiler ya se subrogó a la muerte del padre a favor de la madre, y al fallecimiento de la señora fue la hija la que intentó la misma estrategia, aunque ya para entonces solo pudo hacerse por dos años porque por cierta ley aprobada durante el Gobierno de Felipe González, los alquileres de renta antigua del franquismo ya no se podían eternizar per secula secularum. Esto en beneficio de los propietarios que llevaban décadas sin poder hacer uso de sus viviendas por estas subrogaciones llamémoslas dinásticas.
En definitiva, que Maricarmen llevaba 72 años viviendo en el centro de Madrid por poco más de 400 euros al mes. Vamos, no sé vosotros, pero yo eso lo considero más privilegio que otra cosa. Y oye, ole su coño por haberlo podido disfrutar durante tanto tiempo. Qué más quisiera mucha gente. No es mi caso porque a mí lo de vivir en el centro de las ciudades me parece muy agobiante y nunca me ha llamado la atención, quizás porque nací en barrio y barriera me siento. Pero a muchas personas les encantaría esa posibilidad.
Pues bien, nuestra amiga Maricarmen, de profesión docente aunque ya jubilada, ha estado litigando los últimos 20 años por poderse quedar disfrutando de ese alquiler, y al parecer ha ido perdiendo juicio tras juicio en instancia tras instancia sin que en ningún momento (y tengo verdadera curiosidad por saber por qué) se le haya ocurrido pensar que tarde o temprano tendría que irse de esa casa que era propiedad de otras personas y a la que no tenía derecho por vía hereditaria. Este tipo de cosas ya solo las disfrutan los Borbones, que se pasan de padres a hijos el derecho a vivir en casas que no son suyas por no sé qué rollo del color de la sangre.
Bueno, pues eso. Que con la de gente que está en situaciones terribles, de verdad, horrorosas, no sé a quién se le ocurrió poner de víctima ideal a Maricarmen. Tal vez por su edad han debido de pensar, y con razón, que mucha gente se indignaría al verla salir de su casa en esas condiciones. Pero claro, a poco que indagas te das cuenta de que ha tenido 20 años para buscar otra solución. Además era profesora y cuando empezó a litigar para quedarse la casa no tenía 80 años, era relativamente joven. Tenía muchas opciones y no estaba en ninguna situación de vulnerabilidad. Pero es que además resulta que le han propuesto varias alternativas de alquiler social o de trasladarse a residencias de la Comunidad y tampoco ha aceptado. De hecho ha preferido irse a vivir con sus primos a Segovia.
No termino de entender por qué en todos estos años no ha pensado en trasladarse allí si tenía familia. Pongamos que no quería irse de su barrio porque no conocía a gente fuera de allí y porque era su entorno habitual. Pero esto es muy común, sobre todo si vives en sitios que se han encarecido hasta límites que tú no te puedes permitir. Esto obliga a muchas personas a mudarse a otros barrios, incluso a pueblos o a ciudades cercanas. En el caso de Madrid prácticamente nadie puede permitirse vivir en el centro, la gente ni se lo plantea. Y si tú no eres propietario de tu vivienda tienes que saber que en algún momento te tienes que ir de ahí. Son 20 años sabiéndolo y negando esa posibilidad.
Y conste que la situación da pena. Pero hombre, nada que ver con algunas historias que se conocen de personas que viven en pisitos modestos, con niños pequeños y sin posibilidades económicas de pagarse ningún alquiler, y sin que los ayuntamientos les ofrezcan ninguna solución. Este era el caso, por ejemplo, de otra señora, Olga, que se suicidó hace pocos meses en Hospitalet de Llobregat, tras pasar por esta situación, sin que por lo visto haya merecido la atención de los medios de comunicación ni el apoyo de personas importantes del mundo de la cultura ni de ningún otro mundo. No me preguntéis tampoco por qué de lo de Olga nadie se enteró en su momento. Por lo menos yo no sabía nada ni lo había visto en ningún medio ni en redes sociales, y no será porque no me intento informar al máximo.
Que todos tenemos derecho a vivienda digna lo sabemos porque eso está en la Constitución. Lo que no dice en ninguna parte es que la vivienda digna tenga que ser maravilloso pisazo en pleno centro. Por eso el caso de Maricarmen no me parece a mí paradigma de ninguna injusticia. Me parece en todo caso muy triste que esta mujer en los últimos 20 años no haya sido asesorada por nadie de su entorno, o si lo ha sido no haya hecho ni puto caso, para buscar esa alternativa digna que no supusiera seguir disfrutando por derechos dinásticos del alquiler de renta antigua de sus padres.
En todas estas cosas hay mucha hipocresía moral. Me he reído hoy viendo declaraciones de la propia Maricarmen echando la culpa de su situación a todo quisqui, a Pedro Sánchez, a Ayuso, a Almeida, a los jueces que han visto su caso. A ver, menos pensar en que ella ha podido tener cierta responsabilidad ha señalado hasta al apuntador. Y más gracioso todavía es luego ver cómo se van echando los políticos las culpas y sacando pecho de lo mucho que han hecho por ella.
Yo no soy la tía más inteligente del mundo pero si fuera tan rata de alcantarilla y tan miserable como los políticos y quisiera aprovecharme de la situación terrible de alguien para utilizarla a mi favor buscando votos desde luego me molestaría en seleccionar mi objetivo mucho mejor. No elegiría a alguien que se ha beneficiado durante muchos años de cierto privilegio por herencia, privilegio que para más inri procede del franquismo. Aunque la persona sea anciana y sepa que va a dar pena a la gente y que Ana Belén va a ir a recitarle poemas de Alberti.
Joder, si es que tiene que haber por ahí miles de desgraciados que sí que son verdaderas víctimas de esta tragedia y que no tienen dónde caerse muertos. Pero en qué estaban pensando??