Esta noche he soñado con Manolo. No lo recuerdo muy bien pero he soñado algo muy parecido a lo que ha sucedido en la realidad. Al principio él estaba bien y de repente en cuestión de segundos se ponía a vomitar todo doblado y poco después dejaba de moverse y se quedaba completamente rígido. Lo que en la vida real ocurrió a lo largo de todo un día en mi sueño transcurría a toda velocidad, casi sin transición entre una cosa y la otra.
Cuando estaba ya tieso yo corría desesperada con él en brazos buscando ayuda y alguien me indicaba una dirección en la que vivía un veterinario y hacia allí me dirigí toda enloquecida para intentar salvarlo. Y aquí es donde cambia la historia porque en mi sueño, a pesar de que ya llevaba bastante tiempo muerto y con signos evidentes de rigor mortis, de repente empezaba a moverse y milagrosamente despertaba y me miraba con sus ojitos amorosos. Es lo que tienen los sueños, que en ellos todo es posible. Yo aturdida de felicidad lo abrazaba y le reñía por haberme dado ese susto.
Hasta aquí todo correcto. Un hermoso sueño que corrige la dura realidad de la irreversibilidad de la muerte.
Pero ahora viene lo alucinante. De repente me daba cuenta de que el veterinario era Pepe Navarro, y yo ya una vez contenta y feliz de la vida por haber recuperado a mi perrillo y tenerlo sano y salvo en mis brazos, no pude evitar que saliera mi vena cotilla y le preguntaba qué tal iba su contencioso con Yvonne Reyes.
Y esto es lo que me tiene completamente espantada. Es que no voy a poder nunca soñar con nada, ni siquiera con mi Manolo, sin tener que soportar que los sueños se me llenen de personajes frikis asiduos de Telecinco?
O es mi mente que está mucho más enferma de lo que yo pensaba? Qué clase de subconsciente hay que tener para mezclar en una misma secuencia onírica a un precioso perrito muerto y a Pepe Navarro e Yvonne Reyes?
Pero vamos, podría haber sido peor, podría habérseme aparecido Belén Esteban, que no sería la primera vez que se cuela en mis sueños.
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jueves, 2 de marzo de 2017
martes, 28 de febrero de 2017
Noche de duelo
Está siendo una noche intensa. Manolo y yo, él de cuerpo presente, yo también.
Lo mismo lloro, que río, que le hablo, que yoquesé.
La verdad, más lloro que otra cosa.
Y le toco, le toco mucho, pero por encima de la mantita. No quiero sentir el frío de su piel.
Y me dedico a mandar compulsivamente mi post anterior a todas las asociaciones animalistas que encuentro en twitter.
Creo que es un vano intento de montarle un funeral a lo grande.
Necesito que el mundo entero sepa que Manolo ha muerto.
He mandado el post a varias asociaciones mexicanas, peruanas y venezolanas porque allí puede que estén despiertos y lo vean.
Es que no puedo creer que Manolo esté muerto y que el mundo siga. Incluso yo seguiré mañana y pasado y todos los días.
Necesito que Manolo sobreviva de algún modo, aunque sea en el recuerdo de la gente que lea esto.
Como Hatchiko sobrevive en mí desde que vi la peli.
Necesito que todo el mundo sepa que Manolo existió.
No era el perro más listo del mundo, en realidad era bastante tonto.
No sabía levantar las patas para que le pusiera sus abrigos. Era supertorpe.
Pero no puedo dejar que muera y que eso no sea una catástrofe mundial.
Quiero funerales de estado para él. Quiero que el mundo se pare. Si alguien en el mundo se lo merece es él.
Porque nunca ha hecho daño a nadie.
Porque se ha muerto sin dar un ruido.
Porque embellecía el mundo con su presencia.
Porque era un pequeño gran perro.
Porque saltaba como un loco cuando me oía llegar.
Porque sus ojos no tienen parangón en el mundo entero.
Porque estoy segura de que nadie me ha querido como él. Ni me querrá.
Manolo, mi amor, buen viaje.
Lo mismo lloro, que río, que le hablo, que yoquesé.
La verdad, más lloro que otra cosa.
Y le toco, le toco mucho, pero por encima de la mantita. No quiero sentir el frío de su piel.
Y me dedico a mandar compulsivamente mi post anterior a todas las asociaciones animalistas que encuentro en twitter.
Creo que es un vano intento de montarle un funeral a lo grande.
Necesito que el mundo entero sepa que Manolo ha muerto.
He mandado el post a varias asociaciones mexicanas, peruanas y venezolanas porque allí puede que estén despiertos y lo vean.
Es que no puedo creer que Manolo esté muerto y que el mundo siga. Incluso yo seguiré mañana y pasado y todos los días.
Necesito que Manolo sobreviva de algún modo, aunque sea en el recuerdo de la gente que lea esto.
Como Hatchiko sobrevive en mí desde que vi la peli.
Necesito que todo el mundo sepa que Manolo existió.
No era el perro más listo del mundo, en realidad era bastante tonto.
No sabía levantar las patas para que le pusiera sus abrigos. Era supertorpe.
Pero no puedo dejar que muera y que eso no sea una catástrofe mundial.
Quiero funerales de estado para él. Quiero que el mundo se pare. Si alguien en el mundo se lo merece es él.
Porque nunca ha hecho daño a nadie.
Porque se ha muerto sin dar un ruido.
Porque embellecía el mundo con su presencia.
Porque era un pequeño gran perro.
Porque saltaba como un loco cuando me oía llegar.
Porque sus ojos no tienen parangón en el mundo entero.
Porque estoy segura de que nadie me ha querido como él. Ni me querrá.
Manolo, mi amor, buen viaje.
Manolo ha muerto
Manolo ha muerto. Está frío y no se mueve.
No sé qué hacer, nunca he estado en una habitación con un perro muerto.
Ni siquiera sé lo que siento. Como siempre que muere alguien importante en mi vida soy incapaz de reaccionar, no siento nada. Solo escalofríos.
Son las 3 de la mañana, no puedo llamar a nadie para contárselo. Y tampoco quiero hablar con nadie ahora. Qué me podrían decir si ni siquiera sé qué decir yo?
Creo que aún no me lo creo. No quiero tocarlo, no me atrevo.
Al principio no sabía que estaba muerto. Lo he estado zamarreando un rato para que se moviera. Incluso he puesto bien el suero y me he echado a dormir otra vez pensando que estaba muy dormido solamente. Pero no conseguía conciliar el sueño, sabía que algo no iba bien. Y he encendido la luz y lo he vuelto a zamarrear. Y ya he visto que no hacía nada. Nada.
Manolo ha muerto y ni siquiera me he dado cuenta. Además ha muerto por mi culpa. Yo le dí el puto hueso que le provocó la obstrucción intestinal por la que le operaron de urgencia anoche. Yo lo he matado.
Está muerto ahí, en su camita, pegado al sofá donde yo dormía a su lado. No ha hecho ni un ruido. No se ha quejado. Ha muerto solito. Y yo estaba al lado durmiendo tan ricamente. A eso se le llama una dueña en condiciones.
Ha sido el único perro de mi vida. Y ahora es el único perro muerto de mi vida.
Mi Manolo. Tan chiquito. Tan gruñón. Con sus tremendas orejas picudas.
Todavía estoy esperando que resucite. Que se mueva. Que haga algo.
Cómo se hace el velatorio de un perro muerto? Si ni siquiera soy capaz de acercarme y tocarlo. No quiero tocarlo frío.
Podría cogerlo en brazos y pasar esta última noche juntos abrazándolo o tumbado en mi regazo, como tantas veces. Pero no puedo. No soy capaz, de verdad.
Nada, está muerto. He ido a zamarrearlo otra vez y no se mueve.
Y mis vecinos de abajo se han puesto a follar a grito pelao. Qué buena noche para ponerse a follar! Es como el canto del cisne de Manolo. Él muerto, su dueña contándoselo al mundo y los de abajo follando.
Nada, no se mueve. Está muerto de verdad. De cuerpo presente. Y la de abajo se acaba de correr.
En realidad me alegro de que no haya nadie en casa hoy. Prefiero que estemos los dos solos esta noche. No sabría qué decir si hubiera aquí alguien. Y no podría soportar ahora mismo que nadie me hablara.
Creo que voy a tomarme una cerveza. O mejor aún, tengo un benjamín de cava. Lo abriré para brindar por él. Haremos una gran despedida. La ocasión lo merece.
En el suelo su cuenco lleno de comida. Su recipiente del agua. Todo en esta casa está lleno de Manolo. Mi Manolo.
Se me ocurre que podría hablar con él un rato. Tipo Cinco horas con Mario. Cinco horas con Manolo.
Sí, voy a hablar con él:
Manolo, no sabes lo feliz que he sido contigo. Y lo orgullosa que me he sentido de ti siempre cuando te paseaba por la calle y todos los niños querían tocarte y decían lo bonito que eres. Y todas las señoras. Y ese viejecito que siempre te dice cosas.
Eres el perro más bonito del mundo. Y no es pasión de madre; es que lo eres objetivamente hablando. Ningún perro tiene tus ojitos ni mira como tú.
No puedes estar muerto, no puede ser. Estoy soñando, un mal sueño. Pero cuando me despierte tú vas a estar ahí saltando y ladrando y yo te voy a abrazar y te voy a comer a besos.
Por favor, muévete, gruñe un poquito como tú sabes.
No te mueras, por favor. Éramos tan felices juntos! No te puedes morir. No quiero que te mueras.
Bueno, por lo menos los de abajo han parado de follar.
Ps. Vaya mierda de noche! Ni siquiera he sido capaz de abrir el benjamín!
No sé qué hacer, nunca he estado en una habitación con un perro muerto.
Ni siquiera sé lo que siento. Como siempre que muere alguien importante en mi vida soy incapaz de reaccionar, no siento nada. Solo escalofríos.
Son las 3 de la mañana, no puedo llamar a nadie para contárselo. Y tampoco quiero hablar con nadie ahora. Qué me podrían decir si ni siquiera sé qué decir yo?
Creo que aún no me lo creo. No quiero tocarlo, no me atrevo.
Al principio no sabía que estaba muerto. Lo he estado zamarreando un rato para que se moviera. Incluso he puesto bien el suero y me he echado a dormir otra vez pensando que estaba muy dormido solamente. Pero no conseguía conciliar el sueño, sabía que algo no iba bien. Y he encendido la luz y lo he vuelto a zamarrear. Y ya he visto que no hacía nada. Nada.
Manolo ha muerto y ni siquiera me he dado cuenta. Además ha muerto por mi culpa. Yo le dí el puto hueso que le provocó la obstrucción intestinal por la que le operaron de urgencia anoche. Yo lo he matado.
Está muerto ahí, en su camita, pegado al sofá donde yo dormía a su lado. No ha hecho ni un ruido. No se ha quejado. Ha muerto solito. Y yo estaba al lado durmiendo tan ricamente. A eso se le llama una dueña en condiciones.
Ha sido el único perro de mi vida. Y ahora es el único perro muerto de mi vida.
Mi Manolo. Tan chiquito. Tan gruñón. Con sus tremendas orejas picudas.
Todavía estoy esperando que resucite. Que se mueva. Que haga algo.
Cómo se hace el velatorio de un perro muerto? Si ni siquiera soy capaz de acercarme y tocarlo. No quiero tocarlo frío.
Podría cogerlo en brazos y pasar esta última noche juntos abrazándolo o tumbado en mi regazo, como tantas veces. Pero no puedo. No soy capaz, de verdad.
Nada, está muerto. He ido a zamarrearlo otra vez y no se mueve.
Y mis vecinos de abajo se han puesto a follar a grito pelao. Qué buena noche para ponerse a follar! Es como el canto del cisne de Manolo. Él muerto, su dueña contándoselo al mundo y los de abajo follando.
Nada, no se mueve. Está muerto de verdad. De cuerpo presente. Y la de abajo se acaba de correr.
En realidad me alegro de que no haya nadie en casa hoy. Prefiero que estemos los dos solos esta noche. No sabría qué decir si hubiera aquí alguien. Y no podría soportar ahora mismo que nadie me hablara.
Creo que voy a tomarme una cerveza. O mejor aún, tengo un benjamín de cava. Lo abriré para brindar por él. Haremos una gran despedida. La ocasión lo merece.
En el suelo su cuenco lleno de comida. Su recipiente del agua. Todo en esta casa está lleno de Manolo. Mi Manolo.
Se me ocurre que podría hablar con él un rato. Tipo Cinco horas con Mario. Cinco horas con Manolo.
Sí, voy a hablar con él:
Manolo, no sabes lo feliz que he sido contigo. Y lo orgullosa que me he sentido de ti siempre cuando te paseaba por la calle y todos los niños querían tocarte y decían lo bonito que eres. Y todas las señoras. Y ese viejecito que siempre te dice cosas.
Eres el perro más bonito del mundo. Y no es pasión de madre; es que lo eres objetivamente hablando. Ningún perro tiene tus ojitos ni mira como tú.
No puedes estar muerto, no puede ser. Estoy soñando, un mal sueño. Pero cuando me despierte tú vas a estar ahí saltando y ladrando y yo te voy a abrazar y te voy a comer a besos.
Por favor, muévete, gruñe un poquito como tú sabes.
No te mueras, por favor. Éramos tan felices juntos! No te puedes morir. No quiero que te mueras.
Bueno, por lo menos los de abajo han parado de follar.
Ps. Vaya mierda de noche! Ni siquiera he sido capaz de abrir el benjamín!
jueves, 15 de diciembre de 2016
Manolo y yo (Capítulo 555)
El otro día se quejaba el amigo Martínez, entusiasta lector de mi blog, de que soy un cardo borriquero cuando alguien me dice cosas cariñositas y bonitas. Y no lo niego, la cosa ya me venía de nacimiento, pero luego también soy cardo porque el mundo me ha hecho así, como Jeanette era rebelde.
De todas formas, Martínez, la verdad es que te quejas de vicio, porque yo dentro de lo que cabe tengo cierto puntito afectuoso, aunque me salga de higos a brevas. Yo sí que tengo motivos para quejarme porque hay en mi casa un auténtico cardo borriquero que me hace cosas que te matarían de espanto si yo te las hiciera a ti. Por si te sirve de consuelo te diré cómo me trata mi Manolo a mí.
Cuando volvemos de nuestro paseo diario yo lo cojo siempre, me lo pongo en las piernas y le quito su abriguito, y cuando lo veo tan chiquito y tan bonito me entran unas ganas locas de comérmelo a besos, y eso hago, me lo como. Le doy un montón de besos y le digo cosas amorosas del tipo: "Ayyyyy, lo más bonito del mundo, lo que lo quiere su mamiiiiiii, que me como yo a esta cositaaaaa. Quién te quiere a ti más del mundoooooooo. Ayyyyyyy muac muac mua muac muac muac muac muac........."
Y sabes lo que hace el hijoputa en cuanto consigue zafarse de mí? Pues sale to escopetao y SE SACUDEEEEEEEEEE! Se sacude el muy cabronazo todos los besos que le he dado, ahí con toda la poca vergüenza!
Y anda que se molesta en esconderse pa que no lo vea! Una mierrrrrda! Ahí delante de mis narices se pega unas sacudidas que un día se le van a despegar las orejas. Delicadeza cero. Y así un día y otro y otro. Tooooooodos los díaaaaaaaas lo mismoooooo!!!!!
Y duele, sabes? Que te mueras por tu perro y seas cariñosita con él y te guste estrujarlo y achucharlo y besuquearlo y que te trate con desprecio manifiesto, que al tío le falta nada más que escupirme cuando lo trato amorosamente. Pero por más que me propongo no hacerlo nunca más luego no lo puedo remediar. Lo veo tan ternito y tan chico!!!! Ainssssss!!!!!!!
Te cuento esto para que veas que lo tuyo es pecata minuta si lo comparas con esta tragedia personal mía. Y me has visto quejarme alguna vez? Nunca. Si te lo cuento ahora es porque creo que fuiste demasiado duro conmigo el otro día, total, solo porque te dije que si te habías pasado con el anisete.
Ojalá el Manolo me tratara a mí con la mitad de cariño y delicadeza que te trato yo a ti! Con un canto en los dientes me daría, palabrita.
De todas formas, Martínez, la verdad es que te quejas de vicio, porque yo dentro de lo que cabe tengo cierto puntito afectuoso, aunque me salga de higos a brevas. Yo sí que tengo motivos para quejarme porque hay en mi casa un auténtico cardo borriquero que me hace cosas que te matarían de espanto si yo te las hiciera a ti. Por si te sirve de consuelo te diré cómo me trata mi Manolo a mí.
Cuando volvemos de nuestro paseo diario yo lo cojo siempre, me lo pongo en las piernas y le quito su abriguito, y cuando lo veo tan chiquito y tan bonito me entran unas ganas locas de comérmelo a besos, y eso hago, me lo como. Le doy un montón de besos y le digo cosas amorosas del tipo: "Ayyyyy, lo más bonito del mundo, lo que lo quiere su mamiiiiiii, que me como yo a esta cositaaaaa. Quién te quiere a ti más del mundoooooooo. Ayyyyyyy muac muac mua muac muac muac muac muac........."
Y sabes lo que hace el hijoputa en cuanto consigue zafarse de mí? Pues sale to escopetao y SE SACUDEEEEEEEEEE! Se sacude el muy cabronazo todos los besos que le he dado, ahí con toda la poca vergüenza!
Y anda que se molesta en esconderse pa que no lo vea! Una mierrrrrda! Ahí delante de mis narices se pega unas sacudidas que un día se le van a despegar las orejas. Delicadeza cero. Y así un día y otro y otro. Tooooooodos los díaaaaaaaas lo mismoooooo!!!!!
Y duele, sabes? Que te mueras por tu perro y seas cariñosita con él y te guste estrujarlo y achucharlo y besuquearlo y que te trate con desprecio manifiesto, que al tío le falta nada más que escupirme cuando lo trato amorosamente. Pero por más que me propongo no hacerlo nunca más luego no lo puedo remediar. Lo veo tan ternito y tan chico!!!! Ainssssss!!!!!!!
Te cuento esto para que veas que lo tuyo es pecata minuta si lo comparas con esta tragedia personal mía. Y me has visto quejarme alguna vez? Nunca. Si te lo cuento ahora es porque creo que fuiste demasiado duro conmigo el otro día, total, solo porque te dije que si te habías pasado con el anisete.
Ojalá el Manolo me tratara a mí con la mitad de cariño y delicadeza que te trato yo a ti! Con un canto en los dientes me daría, palabrita.
sábado, 17 de septiembre de 2016
Caga tu perro por encima de tus posibilidades?
Leo en una revista que en Estados Unidos las heces de los perros empiezan a convertirse en un serio problema medioambiental. Por lo visto desprenden no se qué sustancia tóxica que ha llegado a preocupar a las autoridades por su posible incidencia en la salud pública.
Y claro, aunque hasta aquí el problema no ha llegado (que se sepa, o que se haya dado cuenta alguien) yo no he podido evitar plantearme si nuestros perros no estarán también cagando por encima de nuestras posibilidades.
Particularmente, lo cierto y verdad es que me lo he planteado sobre mi propio perro, para qué voy a engañaros. Estoy yo contribuyendo al deterioro del medio ambiente de mi ciudad por las cagadas de mi perro, que de algún modo son mis propias cagadas?
A ver, ya he hablado aquí largamente de las cagadas de mi Manolo. He contado, por ejemplo, que tiene la costumbre de dar un par de vueltas sobre sí mismo antes de proceder a la defecación propiamente dicha.
También he hablado de que suele sostenerse sobre las dos patas traseras para efectuar el acto evacuatorio, de una forma muy graciosa, al menos para mí, porque le da como un tembleque muy divertido, producto del esfuerzo que hace sobre las susodichas dos patas traseras. Pero en esto del gozoso divertimento reconozco que no puedo hablar objetivamente porque el amor me ciega.
Eso sí, de lo de recoger sus mierdas no he hablado nunca. Básicamente porque nunca las recojo.
Y antes de que se me eche España entera encima, por favor, dejadme hablar y defenderme de vuestros ataques gratuitos.
Primeramente, el Manolo caga, cierto es, pero caga poco, en pequeñas cantidades; es un miniperro, casi un nanoperro, pesa solo cuatro kilos. Luego obviamente nunca podría echar un truño en condiciones, de ésos que suele una pisar cuando anda tranquilamente por la calle, llenando de mierda todo el zapato. Las cagadas del Manolo no dan para eso, ni mucho menos. Ni pa un cuarto del zapato; son unas cagadas francamente ridículas, por no decir miserables.
Pero es que además el Manolo caga en dos fases. Lo hace en primera instancia aproximadamente a los dos minutos de pisar la calle, en plan arranque, y luego hay un segundo llamamiento defecatorio más o menos veinte minutos después. Si lo llevas antes a casa puede ser que evites ese segundo momento pero si lo tienes el tiempo suficiente en la calle, no falla. Siempre, por supuesto, con sus dos vueltas de rigor.
Y alguien podría decir: "Bueno, y qué? Déjate de pegos y recoge las mierdas de tu perro, so tía guarra".
Y aquí es donde viene mi explicación: "No, no lo hago y no lo haré por los motivos que paso a exponer":
Como el Manolo caga por partes, caga muy poco cada vez, como ocurriría si tú también cagaras por partes. Si añades a eso que es muy pequeño, caga todavía menos. Con esto quiero decir que la mierda del Manolo no da para recogerla con cierta solvencia y con garantías de éxito. Es muy probable que si intentas recogerla con un pañuelo o una bolsa lo único que consigas es enmierdarte tú sin llegar a capturar ningún elemento sólido o mojón sustancioso que poder soltar en la papelera.
Y luego está el factor B. Desde pequeño yo tengo a mi perro acostumbrado a cagar sobre tierra cultivable. Jamás dejo que cague en asfalto o en terreno duro; si alguna vez hace amago le pego un tirón de la correa y lo dirijo a lugar seguro, o sea, matorral o similar, donde ya dejo que dé todas las vueltas que le de la gana para proceder.
La verdad es que siempre lo he hecho pensando que sus heces servían para abonar la tierra y hacer crecer la flora patria, pero alguien me dijo una vez que las cacas de perro no sirven para abono (la verdad, no sé por qué cuando para abono sirve prácticamente todo). En fin, vale, si no sirven de abono al menos nadie me podrá negar que materia orgánica sí que son. Sirven de alimento a animalitos varios y además la tierra los absorbe y se los traga como tierra que es.
El Manolo también caga todos los días en mi casa. Tengo que reconocer que me falta el valor para sacarlo de su camita a las seis de la mañana sólo porque yo sea una esclava de la sociedad capitalista. Él tiene sus sitios en casa en los que caga tranquilamente y luego cuando yo llego esos sí los recojo. Porque ya son mojoncillos duritos, plan cagarrutas, como churritos que se recogen con facilidad y se tiran a la basura sin problema. Pero claro, hay que tener en cuenta que mi suelo es de mármol y los suelos de mármol nunca jamás se han tragado la materia orgánica, por mucho que los riegues.
En fin, que no, que no recojo en la calle las mierdas de mi perro. Si tuviera un perro grande que cagara truños con cierta entidad, pues lo haría sin duda ninguna. Incluso aunque cagara en tierra cultivable. Porque las heces en cuestión no son bonitas, no son un espectáculo edificante en el paisaje urbano, dicho finamente. Vamos, que son asquerosas.
Pero mi perro no caga, mi perro minicaga. Y encima en varias etapas. Y además lo hace indefectiblemente en zonas que absorben todo lo que le echan. Si yo me agachara a recoger sus heces, aparte del riesgo de herniarme o de padecer un ataque de lumbalgia, no haría ningún bien a la sociedad, porque solo conseguiría ponerme yo perdida sin beneficio alguno.
Y tampoco nadie me ha demostrado aún que en una papelera la minimierda de mi perro haga menos daño medioambiental que en un matorral que se la va a tragar y muy probablemente va a dar importantes frutos en forma de arbustos, flores o vete tú a saber qué otro bello ornamento de la naturaleza.
En definitiva, la pregunta inicial: caga tu perro por encima de tus posibilidades?
Pues no, el mío no. El mío caga justamente lo que tiene que cagar para no perjudicar al medio ambiente ni a su dueña. Caga pequeño, caga incluso bonito, diría yo, y caga en relación a su tamaño, y además caga en diferido, como en fascículos, ahora cago un poco, luego otro poco, y así...
Hay dos cosas de las que estoy segura: nadie ha pisado jamás una mierda de mi perro (salvo yo en mi casa porque no la haya visto) y nadie podrá decir jamás que mi perro contamina el medio ambiente porque puedo afirmar rotundamente que en los matorrales favoritos del Manolo para cagar crecen unas rosas preciosas, con un esplendor y una hermosura que no he visto yo jamás en otros matorrales de su misma especie.
Mi perro no solo no contamina sino que contribuye a embellecer la ciudad con sus excrementos. Que ya es mucho más de lo que puede decir de los suyos propios cualquiera que esté leyendo este post. O acaso tú cuando cagas salen rosas preciosas del váter??
Lo ves??
Y claro, aunque hasta aquí el problema no ha llegado (que se sepa, o que se haya dado cuenta alguien) yo no he podido evitar plantearme si nuestros perros no estarán también cagando por encima de nuestras posibilidades.
Particularmente, lo cierto y verdad es que me lo he planteado sobre mi propio perro, para qué voy a engañaros. Estoy yo contribuyendo al deterioro del medio ambiente de mi ciudad por las cagadas de mi perro, que de algún modo son mis propias cagadas?
A ver, ya he hablado aquí largamente de las cagadas de mi Manolo. He contado, por ejemplo, que tiene la costumbre de dar un par de vueltas sobre sí mismo antes de proceder a la defecación propiamente dicha.
También he hablado de que suele sostenerse sobre las dos patas traseras para efectuar el acto evacuatorio, de una forma muy graciosa, al menos para mí, porque le da como un tembleque muy divertido, producto del esfuerzo que hace sobre las susodichas dos patas traseras. Pero en esto del gozoso divertimento reconozco que no puedo hablar objetivamente porque el amor me ciega.
Eso sí, de lo de recoger sus mierdas no he hablado nunca. Básicamente porque nunca las recojo.
Y antes de que se me eche España entera encima, por favor, dejadme hablar y defenderme de vuestros ataques gratuitos.
Primeramente, el Manolo caga, cierto es, pero caga poco, en pequeñas cantidades; es un miniperro, casi un nanoperro, pesa solo cuatro kilos. Luego obviamente nunca podría echar un truño en condiciones, de ésos que suele una pisar cuando anda tranquilamente por la calle, llenando de mierda todo el zapato. Las cagadas del Manolo no dan para eso, ni mucho menos. Ni pa un cuarto del zapato; son unas cagadas francamente ridículas, por no decir miserables.
Pero es que además el Manolo caga en dos fases. Lo hace en primera instancia aproximadamente a los dos minutos de pisar la calle, en plan arranque, y luego hay un segundo llamamiento defecatorio más o menos veinte minutos después. Si lo llevas antes a casa puede ser que evites ese segundo momento pero si lo tienes el tiempo suficiente en la calle, no falla. Siempre, por supuesto, con sus dos vueltas de rigor.
Y alguien podría decir: "Bueno, y qué? Déjate de pegos y recoge las mierdas de tu perro, so tía guarra".
Y aquí es donde viene mi explicación: "No, no lo hago y no lo haré por los motivos que paso a exponer":
Como el Manolo caga por partes, caga muy poco cada vez, como ocurriría si tú también cagaras por partes. Si añades a eso que es muy pequeño, caga todavía menos. Con esto quiero decir que la mierda del Manolo no da para recogerla con cierta solvencia y con garantías de éxito. Es muy probable que si intentas recogerla con un pañuelo o una bolsa lo único que consigas es enmierdarte tú sin llegar a capturar ningún elemento sólido o mojón sustancioso que poder soltar en la papelera.
Y luego está el factor B. Desde pequeño yo tengo a mi perro acostumbrado a cagar sobre tierra cultivable. Jamás dejo que cague en asfalto o en terreno duro; si alguna vez hace amago le pego un tirón de la correa y lo dirijo a lugar seguro, o sea, matorral o similar, donde ya dejo que dé todas las vueltas que le de la gana para proceder.
La verdad es que siempre lo he hecho pensando que sus heces servían para abonar la tierra y hacer crecer la flora patria, pero alguien me dijo una vez que las cacas de perro no sirven para abono (la verdad, no sé por qué cuando para abono sirve prácticamente todo). En fin, vale, si no sirven de abono al menos nadie me podrá negar que materia orgánica sí que son. Sirven de alimento a animalitos varios y además la tierra los absorbe y se los traga como tierra que es.
El Manolo también caga todos los días en mi casa. Tengo que reconocer que me falta el valor para sacarlo de su camita a las seis de la mañana sólo porque yo sea una esclava de la sociedad capitalista. Él tiene sus sitios en casa en los que caga tranquilamente y luego cuando yo llego esos sí los recojo. Porque ya son mojoncillos duritos, plan cagarrutas, como churritos que se recogen con facilidad y se tiran a la basura sin problema. Pero claro, hay que tener en cuenta que mi suelo es de mármol y los suelos de mármol nunca jamás se han tragado la materia orgánica, por mucho que los riegues.
En fin, que no, que no recojo en la calle las mierdas de mi perro. Si tuviera un perro grande que cagara truños con cierta entidad, pues lo haría sin duda ninguna. Incluso aunque cagara en tierra cultivable. Porque las heces en cuestión no son bonitas, no son un espectáculo edificante en el paisaje urbano, dicho finamente. Vamos, que son asquerosas.
Pero mi perro no caga, mi perro minicaga. Y encima en varias etapas. Y además lo hace indefectiblemente en zonas que absorben todo lo que le echan. Si yo me agachara a recoger sus heces, aparte del riesgo de herniarme o de padecer un ataque de lumbalgia, no haría ningún bien a la sociedad, porque solo conseguiría ponerme yo perdida sin beneficio alguno.
Y tampoco nadie me ha demostrado aún que en una papelera la minimierda de mi perro haga menos daño medioambiental que en un matorral que se la va a tragar y muy probablemente va a dar importantes frutos en forma de arbustos, flores o vete tú a saber qué otro bello ornamento de la naturaleza.
En definitiva, la pregunta inicial: caga tu perro por encima de tus posibilidades?
Pues no, el mío no. El mío caga justamente lo que tiene que cagar para no perjudicar al medio ambiente ni a su dueña. Caga pequeño, caga incluso bonito, diría yo, y caga en relación a su tamaño, y además caga en diferido, como en fascículos, ahora cago un poco, luego otro poco, y así...
Hay dos cosas de las que estoy segura: nadie ha pisado jamás una mierda de mi perro (salvo yo en mi casa porque no la haya visto) y nadie podrá decir jamás que mi perro contamina el medio ambiente porque puedo afirmar rotundamente que en los matorrales favoritos del Manolo para cagar crecen unas rosas preciosas, con un esplendor y una hermosura que no he visto yo jamás en otros matorrales de su misma especie.
Mi perro no solo no contamina sino que contribuye a embellecer la ciudad con sus excrementos. Que ya es mucho más de lo que puede decir de los suyos propios cualquiera que esté leyendo este post. O acaso tú cuando cagas salen rosas preciosas del váter??
Lo ves??
sábado, 28 de noviembre de 2015
Manolo y yo (Otra vez)
- Manolo, que nooooo!
- Guauuuuuu guauuuuuu!
- Que te he dicho que nooooooo, que te pones mu pessssao!
- Guauuuuuuuuu!
- Mira, Manolo, que no es que no quiera, que tú lo sabes, joder, que es que no puedo!
- Uuuuuuuuuuhhhhhhh!
- Manolo, joder, que es por tu bien, que no te voy a dar nada, que me dejes tranquila.
- Uuuuuuuuuuuuuhhhhh!
- Qué pesao, por diosssssss! Que te estoy diciendo que no, coñññññño! Déjame ya, piñazo de perro, hosssstia!
- Uuuuuuuuuuuhhhh!
- Manolo, joer, que has vomitao dos veces hoy, que estás to empachao, que no te doy na, coño!
- Uuuuuuuuuuuuuuhhhh!
- Coño con el puto perro!
- Auuuuuuuhhhhhhhh!
- Noooooooono, cariño, no llores tú que me muero yo de pena. Que no estoy enfadá contigo, de verdad. Que es que si te doy algo te vas a poner malito. Anda, ven, ay mi niño, qué chiquito que es y lo que yo lo quiero. Muackssss muackkks!
- Guau guau guau guau!
- Que nooooo, hosssstia! Que eres muuuuuu pessssssao! Que te vayas ya, que no te voy a dar na, fueraaaaaaa!
- Uuuuuuuuuuuuuuuh!
- Manolo, que me dejes, que me estás hundiendo la moral! Joer, que no puedoooooo! Qué perro más torpe, no se entera de ná, coññño!
- Ejem, ejem! Mamá, qué haces?
- Que qué hago de qué?
- Estás hablando con el Manolo.
- Sí, bueno, y qué? Qué pasa si hablo con el Manolo?
- Mamá, es un perro. No es una persona, no te entiende.
- Y qué? Tú supuestamente eres una persona y tampoco me entiendes, y también hablo contigo. Te estoy hablando, no?
- Mamá, es un perro. Tienes que asimilarlo.
- Guauuuuuuu guauuuuuuuu!
- Menos perro que tú seguro que es. Él por lo menos recoge su mantita, que lo que es tú todavía estoy esperando que recojas tu cuarto desde que te lo dije el mes pasao. Anda que el que ha ido a hablar de perros!
- Vale mamá, pero que sepas que pareces talmente una loca hablando con el perro.
- Bueno, y qué? Que te da vergüenza o algo tener una madre pirá o qué?
- No, no, mamá, si es solo pa que lo sepas.
- Bueno, pos ya me he enterao. Estoy como una cabra suiza, qué passssssa? Manolooooooooo, ven acá pacaaaaaaaaáa, que te voy a dar una cositaaaaaaaa!
- Guau guau guau guau!
- Loca ni loca! Mierrrrrrda niño! Toma Manolillo, un cachito tortilla papas de las que te gustan a ti, poco hecha y con el huevecillo caldoso. Ay lo que lo quiere su mamaaaaaaá, que me lo comooooooo! Cosa más guapa de perro, hosssstia! Lo más bonito del mundooooooooo!
Loca ni loca! Será el niño hijoputa?
- Guauuuuuu guauuuuuu!
- Que te he dicho que nooooooo, que te pones mu pessssao!
- Guauuuuuuuuu!
- Mira, Manolo, que no es que no quiera, que tú lo sabes, joder, que es que no puedo!
- Uuuuuuuuuuhhhhhhh!
- Manolo, joder, que es por tu bien, que no te voy a dar nada, que me dejes tranquila.
- Uuuuuuuuuuuuuhhhhh!
- Qué pesao, por diosssssss! Que te estoy diciendo que no, coñññññño! Déjame ya, piñazo de perro, hosssstia!
- Uuuuuuuuuuuhhhh!
- Manolo, joer, que has vomitao dos veces hoy, que estás to empachao, que no te doy na, coño!
- Uuuuuuuuuuuuuuhhhh!
- Coño con el puto perro!
- Auuuuuuuhhhhhhhh!
- Noooooooono, cariño, no llores tú que me muero yo de pena. Que no estoy enfadá contigo, de verdad. Que es que si te doy algo te vas a poner malito. Anda, ven, ay mi niño, qué chiquito que es y lo que yo lo quiero. Muackssss muackkks!
- Guau guau guau guau!
- Que nooooo, hosssstia! Que eres muuuuuu pessssssao! Que te vayas ya, que no te voy a dar na, fueraaaaaaa!
- Uuuuuuuuuuuuuuuh!
- Manolo, que me dejes, que me estás hundiendo la moral! Joer, que no puedoooooo! Qué perro más torpe, no se entera de ná, coññño!
- Ejem, ejem! Mamá, qué haces?
- Que qué hago de qué?
- Estás hablando con el Manolo.
- Sí, bueno, y qué? Qué pasa si hablo con el Manolo?
- Mamá, es un perro. No es una persona, no te entiende.
- Y qué? Tú supuestamente eres una persona y tampoco me entiendes, y también hablo contigo. Te estoy hablando, no?
- Mamá, es un perro. Tienes que asimilarlo.
- Guauuuuuuu guauuuuuuuu!
- Menos perro que tú seguro que es. Él por lo menos recoge su mantita, que lo que es tú todavía estoy esperando que recojas tu cuarto desde que te lo dije el mes pasao. Anda que el que ha ido a hablar de perros!
- Vale mamá, pero que sepas que pareces talmente una loca hablando con el perro.
- Bueno, y qué? Que te da vergüenza o algo tener una madre pirá o qué?
- No, no, mamá, si es solo pa que lo sepas.
- Bueno, pos ya me he enterao. Estoy como una cabra suiza, qué passssssa? Manolooooooooo, ven acá pacaaaaaaaaáa, que te voy a dar una cositaaaaaaaa!
- Guau guau guau guau!
- Loca ni loca! Mierrrrrrda niño! Toma Manolillo, un cachito tortilla papas de las que te gustan a ti, poco hecha y con el huevecillo caldoso. Ay lo que lo quiere su mamaaaaaaá, que me lo comooooooo! Cosa más guapa de perro, hosssstia! Lo más bonito del mundooooooooo!
Loca ni loca! Será el niño hijoputa?
viernes, 1 de noviembre de 2013
Manolo y yo
Manolo es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no tiene huesos.
Bueeeeeeeno, sí, vaaaaaale, esto es un burdo plagio, pero es que aunque no sea un burro se adapta tan exactamente a mi Manolo que sencillamente, no he podido evitarlo. :(
Cómo explicarlo?
Manolo es ese individuo que viene conmigo a andar el tiempo que yo quiera y al ritmo que yo decida. Caminamos y caminamos sin que se produzcan silencios incómodos ni preguntas coñazo. Él nunca se queja si estoy poco comunicativa, ni me pregunta gilipolleces del tipo: "En qué piensas" ni hace comentarios vacuos para llenar el silencio. Respeta mis tiempos y mis estados de ánimo sin interferencias ni cuestionamientos.
El respeto es mutuo; yo también respeto sus tiempos. Por ejemplo, cuando salimos a andar vamos a mi ritmo, sí, pero yo voy pendiente de sus necesidades y de cuando en cuando me paro en un arbolito para que levante su pata y marque su territorio. Y como sé que tiene costumbre de cagar tres veces tres durante nuestros paseos estoy atenta para que lo haga con sosiego y sin prisas cuando noto sus inquietudes intestinales. Repito, son un respeto, una preocupación y una complicidad mutuos.
Manolo es ese individuo que me hace gracia cuando caga. Es, de hecho, el único ser vivo que me hace gracia cuando caga. Como ya he contado alguna vez es muy divertido. Él da tres vueltas sobre sí mismo y entonces se agacha y caga, ése es su ritual, y a mí me encanta. Y además no huele, por lo menos yo no lo huelo. Nunca antes nadie me había hecho gracia cagando, la verdad. Puede que haya quien al leer esto quiera imitarlo y dar tres vueltas antes de cagar para caerme en gracia, pero desde aquí ya aviso: NO VA A FUNCIONAR. Si lo haces de forma artificial, para resultar gracioso, no lo conseguirás. Eso o sale del alma de forma natural o siempre resultará forzado y poco espontáneo. Mejor que ni lo intentes.
Manolo es también ese individuo que se apalanca conmigo a ver una peli y no se queja porque sea un coñazo ni porque no sea graciosa ni porque se aburre. Le da igual, sólo quiere estar ahí calentito, acurrucado y tranquilo. No da por culo protestando: "Joder, vaya mierda de peli", o "Y esto era una comedia?", o "Pordiossss, qué truño, por qué no vemos Aída". No, Manolo se acomoda y respeta mis deseos, mis elecciones e incluso mis decisiones erróneas. Respeta incluso cuando elijo una película de culto, que son casi todas auténticos piñazos, pero él no dice ni pío ni guau; se limita a meterse debajo de su manta y pasa total. Eso no tiene precio porque no sabéis la de descalificaciones personales que a veces tengo que escuchar por mis elecciones cinematográficas más desgraciadas.
Que sí, que ya lo sé, que él lo único que quiere es estar calentito, que le den de comer y beber y que lo saquen de paseo. Y que el suyo no es un amor incondicional y desinteresado ni muchísimo menos. Lo sé, no soy una inconsciente ni una ingenua.
Pero oye, hay hechos incuestionables. Ahí está Hachiko, el perro japonés que después de morir su dueño fue puntualmente durante 10 años a la estación para recibirlo, hasta que él mismo murió una madrugada en ese mismo lugar. Incluso le hicieron una estatua en la puerta de la estación de aquel pueblito nipón.
Y ahí está aquel otro can que a la muerte de su amo se quedó a vivir en el cementerio y de allí no se volvió a mover nunca hasta que le llegó su propia muerte. Allí encontró su nuevo hogar y era alimentado por los trabajadores del cementerio y por los deudos de los difuntos.
Y como estos casos, a miles. Todos ellos sólo querían estar calentitos y comer y salir de paseo, pero cuando sus dueños murieron la vida siguió para el resto de la gente, el muerto al hoyo y el vivo al bollo; es ley de vida, es lo natural, es así y así tiene que ser. No podemos morirnos todos cuando se nos muere alguien querido, nuestra especie hace siglos que se habría extinguido.
Y sin embargo... ellos siguieron hasta el final esperando a sus dueños. Sin entender que nunca volverían, que se habían ido para siempre y que no los verían nunca más. Hay algo más precioso y menos práctico, racional y humano en este mundo?
Para quien tenga la menor duda, hay una peli sobre Hachiko, que se llama así "Siempre a tu lado (Hachiko)". La protagoniza Richard Gere. La peli como tal peli es una mierda sin paliativos, pero es que aquí lo cinematográfico es lo de menos; lo único importante es la historia de Hachiko, el perrito que fue capaz de recorrer miles de kilómetros para reunirse con su dueño. Bajársela es fácil.
Si alguien es capaz de verla sin derramar hasta el último moco de su nariz es que no tiene corazón ni sentimientos ni alma... ni perrito que le ladre.
Manolo, mi pequeño, peludo y suave Manolo, va por ti.
Bueeeeeeeno, sí, vaaaaaale, esto es un burdo plagio, pero es que aunque no sea un burro se adapta tan exactamente a mi Manolo que sencillamente, no he podido evitarlo. :(
Cómo explicarlo?
Manolo es ese individuo que viene conmigo a andar el tiempo que yo quiera y al ritmo que yo decida. Caminamos y caminamos sin que se produzcan silencios incómodos ni preguntas coñazo. Él nunca se queja si estoy poco comunicativa, ni me pregunta gilipolleces del tipo: "En qué piensas" ni hace comentarios vacuos para llenar el silencio. Respeta mis tiempos y mis estados de ánimo sin interferencias ni cuestionamientos.
El respeto es mutuo; yo también respeto sus tiempos. Por ejemplo, cuando salimos a andar vamos a mi ritmo, sí, pero yo voy pendiente de sus necesidades y de cuando en cuando me paro en un arbolito para que levante su pata y marque su territorio. Y como sé que tiene costumbre de cagar tres veces tres durante nuestros paseos estoy atenta para que lo haga con sosiego y sin prisas cuando noto sus inquietudes intestinales. Repito, son un respeto, una preocupación y una complicidad mutuos.
Manolo es ese individuo que me hace gracia cuando caga. Es, de hecho, el único ser vivo que me hace gracia cuando caga. Como ya he contado alguna vez es muy divertido. Él da tres vueltas sobre sí mismo y entonces se agacha y caga, ése es su ritual, y a mí me encanta. Y además no huele, por lo menos yo no lo huelo. Nunca antes nadie me había hecho gracia cagando, la verdad. Puede que haya quien al leer esto quiera imitarlo y dar tres vueltas antes de cagar para caerme en gracia, pero desde aquí ya aviso: NO VA A FUNCIONAR. Si lo haces de forma artificial, para resultar gracioso, no lo conseguirás. Eso o sale del alma de forma natural o siempre resultará forzado y poco espontáneo. Mejor que ni lo intentes.
Manolo es también ese individuo que se apalanca conmigo a ver una peli y no se queja porque sea un coñazo ni porque no sea graciosa ni porque se aburre. Le da igual, sólo quiere estar ahí calentito, acurrucado y tranquilo. No da por culo protestando: "Joder, vaya mierda de peli", o "Y esto era una comedia?", o "Pordiossss, qué truño, por qué no vemos Aída". No, Manolo se acomoda y respeta mis deseos, mis elecciones e incluso mis decisiones erróneas. Respeta incluso cuando elijo una película de culto, que son casi todas auténticos piñazos, pero él no dice ni pío ni guau; se limita a meterse debajo de su manta y pasa total. Eso no tiene precio porque no sabéis la de descalificaciones personales que a veces tengo que escuchar por mis elecciones cinematográficas más desgraciadas.
Que sí, que ya lo sé, que él lo único que quiere es estar calentito, que le den de comer y beber y que lo saquen de paseo. Y que el suyo no es un amor incondicional y desinteresado ni muchísimo menos. Lo sé, no soy una inconsciente ni una ingenua.
Pero oye, hay hechos incuestionables. Ahí está Hachiko, el perro japonés que después de morir su dueño fue puntualmente durante 10 años a la estación para recibirlo, hasta que él mismo murió una madrugada en ese mismo lugar. Incluso le hicieron una estatua en la puerta de la estación de aquel pueblito nipón.
Y ahí está aquel otro can que a la muerte de su amo se quedó a vivir en el cementerio y de allí no se volvió a mover nunca hasta que le llegó su propia muerte. Allí encontró su nuevo hogar y era alimentado por los trabajadores del cementerio y por los deudos de los difuntos.
Y como estos casos, a miles. Todos ellos sólo querían estar calentitos y comer y salir de paseo, pero cuando sus dueños murieron la vida siguió para el resto de la gente, el muerto al hoyo y el vivo al bollo; es ley de vida, es lo natural, es así y así tiene que ser. No podemos morirnos todos cuando se nos muere alguien querido, nuestra especie hace siglos que se habría extinguido.
Y sin embargo... ellos siguieron hasta el final esperando a sus dueños. Sin entender que nunca volverían, que se habían ido para siempre y que no los verían nunca más. Hay algo más precioso y menos práctico, racional y humano en este mundo?
Para quien tenga la menor duda, hay una peli sobre Hachiko, que se llama así "Siempre a tu lado (Hachiko)". La protagoniza Richard Gere. La peli como tal peli es una mierda sin paliativos, pero es que aquí lo cinematográfico es lo de menos; lo único importante es la historia de Hachiko, el perrito que fue capaz de recorrer miles de kilómetros para reunirse con su dueño. Bajársela es fácil.
Si alguien es capaz de verla sin derramar hasta el último moco de su nariz es que no tiene corazón ni sentimientos ni alma... ni perrito que le ladre.
Manolo, mi pequeño, peludo y suave Manolo, va por ti.
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