jueves, 12 de agosto de 2021

Soy, aunque te descoloques, de mírame y no me toques

Yo de toda la vida he sido muy de "mírame y no me toques".

A ver, me explico. Que siempre me ha gustado mucho que me miren y muy poquito que me toquen. Vamos, que tengo un puntito exhibicionista importante, pero que soy poco propensa al sobeo, al toqueteo y el besuqueo de proximidad.

A mí mandar besos por guasap me encanta, pero en vivo y en directo... Ayssssss, me da mucho repelús. En este aspecto la pandemia me ha venido genial, lo reconozco, porque invita poco al roce. Yo en esta crisis sanitaria estoy disfrutando mucho de las medidas de seguridad impuestas por las autoridades; es más, no me importaría que se quedaran para siempre, no lo voy a ocultar.

En fin, a lo que voy: que una amiga de una amiga de una amiga me ha contado que otra amiga hace trabajitos como dómina. Por lo visto tiene clientes que van y le limpian la casa mientras ella hace punto de cruz y de vez en cuando les insulta y les da un azotillo en el culete.

Joder, qué chollo! Ese curro es ideal para una "mírame y no me toques" como yo! Además, mi casa necesita tanta limpieza! Por no hablar de los arreglos. Las puertas se caen a pedazos, la cocina necesita un completo de arriba abajo, los armarios llevan siglos sin arreglarse. Y esa manita de pintura que llevan esperando las paredes desde hace 15 años que me mudé?

Yo el punto de cruz concretamente no lo trabajo, pero puedo perfectamente leer o hacer crucigramas o incluso escribir en mi blog mientras le hago a alguien el favor de dejar que me arregle la casa. No me importa dejarme mirar mientras me hace los arreglillos caseros, ya digo que mi punto exhibicionista está ahí. Puedo incluso hacerlo en bikini o con lencería fina. Mientras no me toquen yo no tengo problema.

Tampoco le hago ascos a lo de dar azotitos en el culo, o donde encarte. No pongo obstáculos si de vez en cuando tengo que dejar de hacer lo que esté haciendo para dar una palicilla. Mi única línea roja es la distancia de seguridad, digamos a un metro mínimo. Pero me apunto a toda clase de puteos de ésos que les gustan a los masocas. Puedo pinzarles los pezones, las orejas, los huevos, meterles la cabeza en bolsas del Piedra, ponerles un collar de pinchos en el cuello... Mientras a mí no me duela, si a ellos les duele y les gusta, yo encantada.

Lo veo como un intercambio interesante. Por ejemplo, pintura del salón a cambio de unos 25 latigazos con fusta de cuero y mucha mala leche. O bien para fetichistas, paseo a la cocina en ropa interior con contoneo de culo a cambio de... limpieza de horno, nevera y extractor de humos. Para simples mirones podría hacer una oferta de dejarme observar mientras me depilo las cejas, me pinto las uñas y me pongo una mascarilla de aguacate en la cara.... ese pack a cambio de limpiar las rayitas de los azulejos del baño, revisar la fontanería y echar silicona en las juntas de la bañera.

No sé, igual me estoy pasando un poco de generosa, no? Cómo lo veis? Y si sacara abonos? Y ofertas de temporada? Le veis futuro a este negocio?

Ps. También puedo dejar que me hagan la pedicura los fetichistas de pies. Pero con guantes. Y nunca por menos de un barnizado completo de puertas. 

Nart versus Flich: caso abierto

Observo con estupor creciente la última polémica en Twitter.

En el programa "Todo es mentira" una chica cuenta un episodio de acoso sexual vivido en la calle. Los analistas comentan. Obviamente todo el mundo en el plató está escandalizado por la injusticia de que las mujeres tengamos que ir por la calle aguantando este tipo de comportamientos machistas, abusones  e impresentables. Todas lo hemos tenido que soportar en un momento u otro y es muy desagradable, sin duda.

En un momento dado interviene el abogado, periodista y político Javier Nart, y empieza a desarrollar una línea argumental, en mi opinión, de puro sentido común. Intenta explicar que es prácticamente imposible en la calle vernos completamente libres de situaciones desagradables, esto es una realidad innegable. Por mucho que eduquemos a nuestros hijos en valores e intentemos cambiar la mentalidad de la gente, siempre habrá energúmenos, chiflados, violadores, asesinos, pederastas y delincuentes de todo pelaje. Y como no podemos poner un policía detrás de cada persona es importante intentar evitar al máximo este tipo de situaciones. 

Nadie deja a un niño de 5 años solo en la calle precisamente porque sabemos que existen pederastas. Quiere decir esto que culpas a los padres de los niños secuestrados, violados y asesinados? No, quiere decir que si hay un riesgo en la calle la mayoría de los padres intentarán que sus hijos no estén expuestos a ese riego.

Otra analogía. A nadie en su sano juicio se le ocurre meterse en Sevilla en el barrio de las Tres mil viviendas o en Córdoba en la calle Torremolinos a las 5 de la mañana. Bueno, ni a las 3 de la tarde. Ni mujer ni hombre (salvo, que viva allí, conozca el medio y lo tenga controlado, claro. O que vaya a comprar droga y sepa exactamente dónde tiene que ir), pero a dar un bonito paseo nocturno no iría nadie. Por qué? Porque sabes que son sitios peligrosos, con un nivel de violencia muy alto. 

Las personas normales y corrientes evitamos los peligros. No vamos por la vida diciendo: "Que no hay huevos? Agárrame el cubata", y yendo a la calle Torremolinos a fumarnos un cigarrito en un banco. Y no lo hacemos porque nuestro instinto de supervivencia nos hace ponernos a salvo de esos riesgos, como hacen por otra parte todos los animales que en el mundo han sido, son y serán.

Pues bien, del mismo modo que yo he puesto esta sencilla analogía para explicar este razonamiento de puro sentido común, Nart intentó hacer lo mismo con una experiencia vivida en primera persona. Y como es poco probable que a Nart lo hayan intentado violar en la calle alguna vez, lo hizo con otro tipo de delito, y comenzó a narrar cómo una vez le atracaron en una calle que él no sabía que era peligrosa.

En ese momento la presentadora del espacio, la inefable Marta Flich, empieza a gritarle y a decirle que si pretende comparar una agresión sexual con un robo de cartera. Nart intenta explicar que no, que sólo pone un ejemplo de lo que quiere explicar. Pero ya no puede decir nada más porque Flich, al grito de NO TE LO CONSIENTOOOOOOOO comienza a despotricar, a decir que es inadmisible comparar algo así y, a pesar de todos los intentos vanos de Nart por intentar defenderse de sus acusaciones, lo manda callar sin contemplaciones. A continuación Nart, durante un intermedio, se levanta y se va de allí. Una decisión bastante sensata, desde mi punto de vista.

Pues bien, ya tenemos polémica tuitera: los partidarios de que Flich silencie a Nart y no le permita desarrollar su línea argumental porque es moralmente inadmisible, y los que no entienden/entendemos que una persona no pueda explicar un razonamiento que, se puede compartir o no, pero que es perfectamente lícito. 

También hay un importante problema de comprensión verbal, en mi opinión. Porque Nart en ningún momento intenta comparar la gravedad de ambos delitos, sino que lo que pretende es defender lo que decía al comienzo: que el riesgo nulo no existe, que no se puede poner un policía detrás de cada persona, mujer u hombre, y que ese principio de evitación del peligro es igual para todos los delitos. 

Se culpa con ello a las víctimas? En absoluto, el culpable siempre es el agresor.  De eso no cabe la menor duda. Nunca pensaremos que los culpables de un niño violado sean sus padres, pero inmediatamente al saber las circunstancias del hecho, pondremos a nuestros propios hijos a buen recaudo para evitar que les pueda suceder lo mismo. Tampoco ninguna mujer violada es culpable de su violación, pero estoy completamente segura de que ella misma jamás volverá a pasar por el lugar donde ocurrió. Ella misma intentará evitar una situación similar toda la vida. Implica eso una asunción de culpa? En absoluto! Implica que su instinto de supervivencia se ha activado ante ese peligro concreto y que está alerta ya para siempre.

En fin, todo esto da para escribir un tratado. Todos, cada día, cada minuto y cada segundo de nuestras vidas, usamos ese instinto de supervivencia. Soy mujer y además eso implica un plus. No solo no voy a las 5 de la mañana a la calle Torremolinos, sino que no voy a ninguna otra parte sola. Y cuando salgo y me recojo tarde siempre llamo a un taxi y procuro estar en contacto con alguien que lo sepa, por si el taxista también me sale rana. He vivido los suficientes años como para detectar peligros muy variopintos, y por eso pido a los taxistas que se esperen a que entre en mi portal y no haya nadie oculto esperando. En definitiva, nunca seré culpable si alguien me viola, pero voy a intentar con todas mis fuerzas que eso no me pase. Y lo mismo vale para todos los demás posibles delitos: asesinato, robo, estafa...

No entiendo ni quiero entender por qué Marta Flich no dejó a Javier Nart exponer este argumento, que por otra parte yo ya le había oído en otras ocasiones. No entiendo por qué tanta gente está en ese plan intolerante de ser incapaz de escuchar al oponente. No pasa nada por escuchar al otro; siempre le puedes rebatir después. Eso sería lo natural en democracia: hablar y escuchar y confrontar las ideas.  No silenciar, censurar o condenar sin tan siquiera escuchar.

Y lo peor, todo eso bajo la coartada perfecta del feminismo. No me siento representada en ese feminismo rancio, totalitario y gritón. No me gusta la gente que chilla, que manda callar a los demás y que cree que así es como debe defender sus ideas. No me chilles, escúchame y yo te escucharé. Podré estar de acuerdo o no, pero nunca te mandaré callar. Seas hombre o mujer o lo que quieras ser.

lunes, 2 de agosto de 2021

El sueño de una noche de verano del 2021

Os cuento lo de esta noche. Os advierto, es un poco escatológico, por si hay asquerositos leyendo esto. La que avisa no es traidora.

Estoy en una fiesta en un espacio que se corresponde con mi biblio, donde trabajo ahora. Hay mucha gente de mi familia, gente famosa de la tele, un batiburrillo un poco esquizoide, desde mis tías hasta el Sálvame al completo.

En un momento de la fiesta María Patiño dice que se quiere dar una ducha, y yo me apunto. Nos metemos ella, un chaval y yo en una ducha que había en la fiesta. Patiño toda loca debajo del agua, cantando y chorreando, como es propio de una buena ducha. 

Pero de repente chilla: caca caca cacaaaaa! 

Advierto, viene lo escatológico; quien no esté preparado para estas cosas que pare aquí.

Resulta que la tía... se está cagando en la duchaaaaaaaa! Ahí mismo, encantada de la vida. No creáis que estaba avergonzada ni nada; estaba flipando con su caca. Caca diarreica, para más señas.

Yo, por suerte para mí, reacciono de momento y pego un salto, me salgo de la ducha y compruebo que estoy totalmente limpia. He sido rápida, tengo buenos reflejos. Creo que en la cama también debí de pegar un brinco hasta el techo. Pero el otro muchacho, el pobre, tuvo una reacción retardada y cuando salió de la ducha tenía los pies... en fin, no quiero ser demasiado gráfica en mi descripción, mejor lo dejo a vuestra imaginación.

- Aaaaaaaaargggggg, qué ascoooooooo! Cómo me quito estoooooooo?

Totalmente horrorizado, como es natural. 

Claro, en la ducha donde estaba la Patiño con toda la mierda no se podía volver a meter.

Yo lo miro con compasión, con afán de ayudarle, pero no pienso tocar eso. Ni muerta. Así que me curo en salud y le aconsejo algo práctico:

- Pregunta por ahí si hay alguna manguera. 

Lo sé, sé que no es un acto heroico por mi parte, pero es que daba mucho asco, de verdad.  Yo misma intentaba no vomitar, bastante que fui capaz de darle un buen consejo.

El pobre muchacho sale corriendo despavorido, como si corriendo se le fuera a desprender la mierda de María Patiño adherida a sus pies.

En fin, el chico desaparece de mi sueño, pero a continuación veo aparecer a Terelu Campos. 

Y una voz en off, la voz que en el Sálvame adelanta las barbaridades que van a soltar a continuación... ya sabéis, esa voz...  anuncia:

- Y EL NUEVO ROMANCE DE TERELU EEEEEEEEEES...

Y de repente sale el nuevo romance:

- MARÍA PATIÑOOOOOOOOOOO!

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Vale, esta vez no necesito que nadie me interprete el sueño.

Lo sé, estoy viendo demasiada mierda.

Pero bueno, vamos a mirarle el lado positivo. Al menos no sueño que caigo en un pozo, ni que se muere nadie, ni que me quedo ciega ni que se me caen todos los dientes ni cosas así.

Sueño con mierda porque veo mierda. Mi cabeza está bien, funciona adecuadamente.

Y lo mejor,  tiene solución. 

sábado, 31 de julio de 2021

Mis primeras nuevas vacaciones

Hola amigos. 

Hace tiempo que no escribo, pero es que he estado bastante liada. Entre que en mi nuevo trabajo voy a tope y prácticamente no tengo nada de tiempo, y que cuando estoy fuera me he enganchado al culebrón marea fucsia versus marea azul (sí, yo también he caído en las garras de la telemierda, y me declaro inequívocamente azul) pues eso, que no veo momento para sentarme y contaros algo. Tampoco es plan de convertir esto en un blog temático sobre el culebrón de Mierdaset que me apasiona ahora mismo, para mi vergüenza, así que prefiero comentarlo en Twitter y dejar  este espacio personal para otras cosas.

Bueno, pues os cuento. Hoy he empezado mis vacaciones de verano. Gracias, sé que interiormente me estáis felicitando. Y ahora mismo veo por delante un maravilloso paraíso de relax, libertad y tiempo disponible totalmente para el asueto; promesas de lectura, escritura y suculentos placeres que probablemente al final del verano no se habrán cumplido en su totalidad. O sí, quién sabe?

Pero quería empezar dedicando un ratito a mi abandonado blog. A contaros cosillas, como por ejemplo, cómo sigo flipando en mi nuevo curro. Os juro que es la primera vez en años que llegan las vacaciones y no estaba completamente quemada, más que la pipa un indio, deseando que llegara el día. Y palabrita que en mi anterior trabajo no estaba mal en absoluto, al revés, estaba encantada. Pero me pegaba unos madrugones que pa qué, pasaba horas esperando trenes,  que se me estaba poniendo una cara de Penélope que pa qué. Y en verano tenía que llevar en mi cesta de la bici un espray de agua para remojarme por el camino y no caer muerta. Vamos, que llegaba a ese soñado primer día de vacaciones totalmente reventada. 

Hoy he salido del curro a la 1,15, lujazo máximo, y cinco minutos después me estaba tomando una cerveza con mis hijos en el barrio para celebrar el momentazo. Al fin libreeeeeeeee! Pero esta vez, la primera en años, no estaba agotada, no estaba loca por ver llegar este día. Al revés, no me hubiera importado seguir en esta tónica laboral y luego haberme tomado las vacas en septiembre. Puede dar asco y lo entiendo, tal como está este jodido mundo, pero es que tengo que decirlo. Es una experiencia nueva y necesito compartirla.

Las últimas tres semanas he trabajado de mañana y en jornada reducida de cinco horas. La hora de levantarme era perfecta, las 7, 35, puesto que normalmente estoy despierta mucho antes, y además en el verano cordobés apetece bastante salir de la cama y respirar aire fresco matutino. Si además vas a trabajar en bici y sientes ese airecito de primera hora de la mañana en la cara es un gustazo difícil de explicar a los que no lo hayan experimentado. Mola muchísimo, pero mucho mucho mucho.

Luego llegaba al curro. Apenas había usuarios, así que me dedicaba a mis libros, no paraba en toda la mañana, y se me hacía cortísima la jornada porque cuando acordaba no me había dado tiempo de hacer todo lo que me había propuesto. Cuando chapaba, cogía mi bici, llegaba a casa en un pispás. Cambiarme de ropa, ponerme el bikini, coger la toalla, mi libro, una cerveza y a la piscina. Chapuzón brutal, de cabeza al agua. Luego, tumbamiento, lectura y relax absoluto. Y pensaba: hosssstia, tía, esto es vidorra! Eres la puta ama! Pero la puta ama! Cómo coño no se te había ocurrido hacer esto hace años?  

Entenderéis, pues, que no tuviera ninguna prisa en que llegaran las vacaciones. Bueno, también es verdad que yo en verano no me muevo de Córdoba. Supongo que la gente que está deseando coger vacaciones para largarse a otro sitio no puede entender esto. Pero es que yo aprovecho el verano para disfrutar de que todos mis vecinos se piran a sus apartamentos en la playa o donde quiera que se vayan, que se van todos en plan desplazamiento masivo, y me dejan las instalaciones de la Comunidad para mí solita.

Llevo años diciéndolo: Córdoba puede ser un paraíso en verano si estás en el sitio adecuado con las condiciones precisas. Yo lo estoy. Mi paraíso es ése: soledad, silencio, condiciones de vida óptimas y un nivel de preocupaciones cercano a la nada.  Hay aparcamiento en todas partes, puedes ir de compras tranquilamente, incluso puedes ir a cenar a esos restaurantes que en cualquier otra época del año tienes que reservar con meses de antelación. Es la polla! Por nada del mundo jodería esa maravilla largándome a algún sitio vacacional rodeada de gente ávida de bullicio veraniego. Para mí no hay mayor placer que una refrescante piscina solitaria, un buen libro y el canto de los pajaritos como único sonido de fondo. Y mi perra en la terraza más a gusto que un arbusto.

Lo bueno de ser rarita es que en verano te reconcilias con el mundo, porque ellos se van, tú te quedas y piensas que la vida es realmente bella. Luego, cuando vuelven, hay un pequeño shock, es verdad,  pero el impacto es mínimo porque lo hacen despacito, poco a poco, y apenas te das cuenta. Cuando acuerdas, están todos aquí y ha llegado el otoño. Pero te consuelas pensando que septiembre y octubre tienen un montón de fiestas y que pronto es tu cumple, qué coño! Y cuando menos te lo esperes la Navidad está ahí. Y te encanta la Navidad.

Hosssstia, cómo he llegado a la Navidad si estaba hablando de las vacaciones de verano?

Parezco la abuela Porretas, me enrollo como una persiana.

Bueno, en definitiva, que doy por inauguradas mis primeras vacaciones new life, que firmaría ahora mismo porque esta nueva vida fuera siempre así, y que os deseo a todos un muy feliz verano. 

lunes, 28 de junio de 2021

Lecturas recomendadas brevemente comentadas (2021)

Queridos amigos, como cada año aquí van mis recomendaciones literarias para este verano:

1. La bibliotecaria, by Salley Vickers. Empezamos con un homenaje a mi gremio. Inglaterra, 1958. La joven Sylvia Blackwell consigue un puesto en la biblioteca infantil de un pequeño pueblo. Allí encontrará el calor de algunos vecinos y de sus pequeños lectores pero también tendrá que enfrentarse a la incomprensión y la mezquindad de muchos de los lugareños. También conocerá el amor y sus sinsabores. Una novela a medio camino entre lo folletinesco y lo costumbrista. Vickers nos traslada a la Inglaterra rural de posguerra, a sus casitas con jardín, a las contradicciones morales de sus habitantes y al maravilloso mundo de los libros infantiles. Eso sí, tiene un toquecillo rosáceo que si no te gusta ese tipo de literatura mejor que pases.

2. El amor que te mereces, by Daria Bignardi. Alma y Antonia son madre e hija. Alma tiene una historia familiar trágica que Antonia intenta desentrañar, ahora que ella misma está a punto de ser madre también. Para ello viajará a Ferrara, la ciudad natal de Alma, donde descubrirá los secretos de familia que han marcado la vida de su madre. Advierto que es una historia un poco moñas y a ratos pelín flowerpower, pero tiene su intriga, y además la autora aprovecha para mostrarnos la ciudad de Ferrara, donde ella misma nació. Vamos, que de paso que lees haces un poquito de turismo. Qué más quieres?

3. El jardín vallado, by Catherine Dunne. Nos vamos a Irlanda. Ésta es otra relación maternofilial, pero totalmente distinta a la anterior. Alice es la madre y Beth la hija.  Alice se está muriendo y Beth viene a cuidarla en sus últimos días. Su relación siempre ha sido conflictiva y llena de malentendidos. Unas cartas que Alice ha estado escribiendo para sus hijos desde que comprendió que su muerte estaba cercana serán el camino de la reconciliación. Este relato intimista tiene un ritmo pausado, no suceden muchas cosas, sencillamente se nutre de los recuerdos de los personajes principales. Con la cercanía de la muerte el pasado cobra nueva dimensión, todo se relativiza, y cosas que en su momento tuvieron mucha importancia de repente se convierten en nimiedades.  De esto trata básicamente esta novela. Me ha gustado mucho el estilo elegante de esta escritora irlandesa. 

4. Las lealtades, by Delphine de Vigan. Ésta es una historia dura, incluso brutal, diría yo. En 200 páginas exactas experimentamos una intensa angustia vital. Helene es una profesora que sufrió malos tratos en su infancia. Ahora cree que uno de sus alumnos, Theo, los está padeciendo también. Ella percibe claramente un inmenso sufrimiento en ese niño de 12 años y lo identifica con el suyo de niña. La realidad es que Theo vive una tragedia personal diferente. Sus padres están separados y no se relacionan entre sí. Cada semana Theo se traslada de casa. En la de su madre sólo respira un odio inmenso hacia su padre; ella no quiere saber nada de esa otra semana que su hijo pasa en terreno enemigo. Por su parte, el padre padece una terrible depresión que le impide prácticamente salir de la cama. Theo tiene que bregar con esa dura realidad y busca escape en el alcohol, el único refugio que encuentra para olvidar a ratos esa pesada carga que, como un niño que es, es incapaz de sobrellevar. Es también una historia de angustiosos silencios que pueden tener consecuencias dramáticas. Muy muy dura, no apta para mentes delicadas y/o aprensivas.  Pero también terroríficamente lúcida. Una gran novela, difícil de olvidar.

5. Formas de estar lejos, by Edurne Portela. Y siguiendo con historias duras, ésta tampoco se queda corta. Supongo que la intención de Portela era la de abordar la novela como un caso de violencia machista.  Lo que pasa es que yo más que un tema propiamente de machismo creo que aquí hay algo más complejo. Veo una relación tóxica en la que desde el principio se establecen unos lazos de dependencia mutua enfermizos. A lo largo de la novela Matty se va mostrando como un tipo incapaz de dominar su ira y su frustración, mientras que Alicia se va empequeñeciendo cada vez más, abrumada por el control que su marido ejerce sobre ella pero incapaz de poner fin a la relación.  Una historia en la que la incomunicación y la soledad compartida arrasan con una pareja que estaba destinada al fracaso desde el minuto 0. Altamente recomendable y bastante reveladora de cómo puede el amor terminar convirtiéndose en algo perverso y terrorífico.

6. Un asunto demasiado familiar, by Rosa Ribas. Mateo tiene una agencia de detectives en un barrio de Barcelona. Toda la familia trabaja en la empresa, y los casos que investigan se entremezclan a menudo con lo personal. Pero no creáis que es una novela negra, aunque sí hay misterios que resolver. En realidad la trama va más de las relaciones familiares y amorosas de los Hernández, de la madre, que está como una cabra, la tía más cabra todavía, la hermana desaparecida, los secretos que todos guardan, sus frustraciones, sus filias y sus fobias. Mucho menos terrorífico e impactante que los dos anteriores, aunque también ahonda bastante en las contradicciones y tormentos del alma humana. 

7. Oculto sendero, by Elena Fortún. No sé si conocéis a Fortún. Es la creadora de un famoso personaje de la literatura infantil española, la niña Celia. Bueno, la conozcáis o no, esto es una biografía novelada de la propia autora. Para que os hagáis a la idea, Elena fue una mujer homosexual nacida en 1885 y muerta en 1952. Desde pequeña supo que era una niña diferente, la típica marimacho que no encajaba demasiado bien en lo que se esperaba de una señorita bien educada de la burguesía madrileña. Creativa, sensible, con tendencia al dramatismo y con una imaginación desbordada, tuvo que enfrentarse a sí misma y a la sociedad de su época, nada benévola con los que se salían de la norma. Un relato casi de terror sobre lo que es ser y sentirse bicho raro en una sociedad machista y conservadora que no acepta la diversidad. Da mucha alegría pensar en todo lo que hemos avanzado y, sobre todo, en la suerte que hemos tenido al nacer en estos tiempos. Para que luego digan que cualquier tiempo pasado fue mejor.

8. La primera mano que sostuvo la mía, by Maggie O'Farrell. Nos vamos a Londres. Ésta es la historia de Lexie, una chica de pueblo que se traslada al Londres de los años 50, al ambiente bohemio del Soho. Pero también es la historia de Elina, una muchacha finlandesa que vive en el Londres actual y que acaba de tener un hijo, tras un parto difícil y bastante traumático. Las vidas de ambas se van deslizando por las páginas de este libro de Maggie O'Farrell, lleno de emociones, de sentimiento trágico de la vida y de extrañas coincidencias. El vínculo que las une no lo sabremos hasta casi el final de la novela, y creo que sorprenderá a más de uno. Reconozco que lloré bastante con el desenlace, y yo no soy muy de llorar. Pero es que va justamente de eso, de las primeras manos que sostienen la nuestra. Imposible no echar alguna lagrimilla.

9. En ausencia de Blanca, by Antonio Muñoz Molina. Volvemos a España, concretamente a Jaén. Ésta es la historia de una fascinación. Mario es un gris funcionario de provincias enamorado hasta la médula de una mujer, la suya propia, Blanca. Por decirlo sutilmente Blanca es una petarda de mucho cuidado pero ejerce un encantamiento sobre su marido que sólo puede explicarse por la propia grisura del muchacho, que es bastante simploncillo e inexperto y, por tanto, fácilmente encandilable. Es una novela muy cortita, se lee en un pispás, pero se presta a la reflexión sobre el amor y su funcionamiento.  Por qué nos enamoramos o no nos enamoramos de una persona, cuál es la clave, en qué momento se produce ese click en nuestro cerebro. En fin, l'amour, ese gran misterio!

10. La perra, by Pilar Quintana. Nos vamos a Colombia. Una mujer madura, Damaris, adopta a una perrita y la cuida como si fuera la hija que no pudo tener. Empecé a leer esta novela justo el día del aniversario de la muerte de mi perrito Manolo, y me ha removido muchas cosas. El amor que se puede llegar a sentir por un animal, los sentimientos encontrados hacia él, lo indefensos que se encuentran frente a los humanos... En fin, es una novela triste, amarga y dura. Eso sí, muy cortita también, se lee en un ratillo. El final es impactante. Y dan muchas muchas muchas ganas de abrazar a tu perrito, si lo tienes.

11. Fin de temporada, by Ignacio Martínez de Pisón. En 1977 Juan y Rosa van camino de Portugal para que ella se someta a un aborto. Se retoma el relato muchos años después, en un camping de la Costa Dorada. Ésta es la historia de un amor maternofilial, el de Rosa y su hijo Iván, un amor de esos de tú para mí y yo para ti. Un amor que oscila entre lo idílico, lo dañino y lo decididamente enfermizo. En el transcurso de la novela la relación va dando unos giros bastante sorprendentes. Le pondría una pega: que se regodea demasiado en las descripciones. A ratos podría servir de guía de turismo, tanto de la costa catalana como de la Extremadura profunda.  De todas formas, aunque sea una buena historia, hay otras novelas de este autor que me han gustado más. Pero oye, para gustos, colores. Yo la recomiendo y ya vosotros decidís.

12. La trenza, by Laetitia Colombani. Tres mujeres: Smita, Giulia y Sarah. Tres países: India, Italia y Canadá. Tres vidas entrelazadas como cabos de una trenza. La suerte o la desgracia de nacer en un país, en una época, en una determinada familia... marcarán para siempre nuestro destino. Colombani nos va contando la historia de estas tres mujeres y sólo al final descubriremos la relación entre ellas. Un lazo que provoca en el lector una sensación agridulce. Por un lado vemos de qué modo nuestras vidas tienen un vínculo con las de otras personas de lugares muy lejanos a las que nunca conoceremos; pero por otro lado comprobaremos también hasta qué punto el mundo es injusto, cruel e implacable y cómo al final los países ricos siempre sacan beneficio de la pobreza, el analfabetismo y la desesperación de los desheredados del planeta. Un relato conmovedor que no puede dejar indiferente a nadie.

13. Un amor, by Sara Mesa. Nat llega a una aldea de la España profunda y se instala en una casita alquilada. Desde el principio tiene problemas con el casero, hasta el punto de que llega a obsesionarse enfermizamente con él. A partir de ahí establece una serie de relaciones con distintos personajes del pueblo que pondrán a prueba sus límites morales. A pesar de que cuesta entender a veces las motivaciones de la protagonista es inevitable no sentir cierta empatía hacia ella, o al menos piedad por sus múltiples desdichas. Una novela un tanto claustrofóbica que sin embargo atrapa intensamente desde la primera página. Mesa me ha parecido una autora muy interesante de la que pienso leer más cosas.

14. Infelices, by Javier Peña.  Santiago de Compostela. Un grupo de amigos se conocen en la Universidad y crean un grupo que llamarán Círculo de Viena, en homenaje al famoso círculo de intelectuales. Con el tiempo cada uno evoluciona de manera diferente. Hans es asesor político, Moritz escritor, y Rudolph periodista especializado en criminología. Está también Karl, una mujer con una hija superdotada que está relacionada con los tres. Y por último, hay una chica con cáncer. Sus historias se van cruzando a lo largo de la novela, pero si tienen algo en común es que todos ellos están más o menos insatisfechos con sus vidas. Una novela muy inteligente, muy bien escrita y bastante original en su estructura. Algunos capítulos se podrían leer como cuentos independientes, pero todos tienen un sentido dentro de la historia global. Me apunto también a Peña para seguir leyéndolo en el futuro.

15. Cara de pan, by Sara Mesa. Como ya advertí, regreso a Sara. Esta mujer nos enfrenta siempre a espinosos límites sociales, morales y psicológicos. Aquí tenemos una relación extraña, diríamos a priori que poco apropiada, entre una chica de 13 años y un señor en la cincuentena. Casi y el Viejo son nuestros protagonistas. Casi, una adolescente que pasa de ir al instituto porque se siente ajena a ese mundo, y el Viejo, un tipo peculiar, aficionado a la ornitología y fanático de Nina Simone, en el que la chica encuentra cierta afinidad a primera vista difícil de entender. La relación entre ellos sólo puede concebirse en la más absoluta clandestinidad, como una forma de refugio de un mundo hostil a ambos. Hay mucha ternura en esta historia pero también una gran dureza. La vida puede ser muy difícil para las personas que se salen de "la norma". Si es vuestro caso en algún sentido es muy probable que os sintáis un poquito identificados con estos entrañables personajes.

Y hasta aquí por este año. Felices vacaciones y que ustedes lo lean bien. 

sábado, 12 de junio de 2021

Va por esas criaturas que viven y mueren puras

Aquí estamos, por fin solos y a salvo! Ya estáis con papi, mis niñas, ya nunca más nadie os podrá hacer ningún daño. Yo voy a cuidaros y a protegeros, soy el único en el que podéis confiar.

Ya veréis qué bien vamos a estar ahí abajo los tres juntitos. Aquello es precioso, aunque yo nunca he llegado a bajar hasta el fondo. Ahora lo haremos los tres. 

Mi ilusión siempre fue enseñaros las profundidades del océano de otra manera. Soñaba con llevaros buceando por mis sitios favoritos y que pudiérais ver todas esas cosas que a mí siempre me fascinaron. Mostraros ese mundo submarino en el que el silencio se adueña de todo y no hay nada más que tú y un montón de seres igual de silenciosos que te rodean. He sido tan feliz ahí abajo! Me he sentido tan seguro, tan en paz, tan en mi medio natural! 

Por desgracia no ha podido ser así, como lo soñé. Qué lástima!

Ella lo ha jodido todo. Ella ha intentado separarnos. Y yo no lo podía consentir. Lo entendéis, verdad, mis niñas?

Desde que conoció a ese gilipollas, a ese viejo absurdo que sólo busca carne fresca. Que si no ahora, más adelante, se os querría llevar a su país con él. Y separarnos para siempre. A mis niñas, a lo que más quiero en el mundo, a lo único que quiero en el mundo!

Es ella la que lo ha jodido. Es ella la culpable de todo esto. Luego dirán que yo estaba loco, que era uno de esos machistas, que era un maltratador... Me da igual, que digan lo que quieran. Vosotras, mis niñas, sabéis que os quiero más que a nada en el mundo. Más que a mí mismo. Por eso he tenido que hacer esto. Porque no podía dejar que os alejaran de vuestro papá, que os llevaran a vivir con ese cerdo asqueroso que sólo busca carne fresca. Sí, carne fresca. Quién sabe si algún día vosotras mismas... no quiero ni pensarlo. No, vuestro padre nunca lo permitirá.

Ahora, dentro de un rato, cuando me asegure de que vosotras, mis cielos, mis ángeles, mis tesoros, estáis ya tranquilas ahí abajo, voy a llamarla. No, no le voy a decir ni dónde estamos ni lo que ha pasado ni lo que le espera. Ya tendrá tiempo de darse cuenta de que pudo evitarlo y no lo hizo. Y se va a enterar bien el resto de su vida de lo que nos ha hecho a los tres. Pero sí la voy a llamar para recordarle lo que hemos vivido, lo que yo la he querido, lo felices que éramos, y cómo ella lo ha destrozado todo.

No le importábamos nada. Ni yo ni vosotras. Sólo quería vivir la vida tutiplén con ese cerdo millonario. Anda que iba a tocarle ni de lejos si no tuviera la pasta que tiene! Y le daba igual si él le decía de llevaros a la otra punta del mundo. Se pensaba ir, lo sé. Nunca le ha importado esta familia; es egoísta, sólo piensa en ella, en ella y en ella. Y luego en ella.

Yo no podía permitirlo. Yo no soy un mierda, no puedes hacer conmigo lo que te dé la gana, no me vas a manejar, no me vas a quitar a mis niñas, hijadeputa! Te vas a enterar bien, no vas a saber en la vida dónde están, dónde estamos. Te vas a cagar. A ver qué hace el viejo contigo cuando seas una piltrafa humana incapaz de levantarte de la cama. A ver si entonces le gustas tanto!

Bueno, mis niñas, aquí estamos. Por fin solos, por fin en paz, por fin mías. Ella no nos va a separar ya nunca, papá lo ha impedido. Vais a dormir tranquilitas y nunca vais a sufrir más. Porque aunque no me lo dijérais yo sé que sufríais. Papá lo sabe todo, papá sólo piensa en vosotras, papá nunca os abandonará.

Os quiero, mis amores. Os quiero como nunca podríaís imaginar. Como nunca os iba a querer nadie. Por eso tengo que llevaros conmigo, y siempre estaremos en ese lugar maravilloso en el fondo del mar al que os quería llevar. Ese sitio que íbamos a conocer juntos, pero que ahora vamos a conocer de otra manera. Va a ser nuestro hogar. Allí nadie nos encontrará jamás. Nadie nos separará. Nadie nos hará daño. Palabrita de papá.

Ahora os dejo. Tengo que ir a cargar el móvil para hacer las últimas llamadas. No os preocupéis, estaré en un ratito ahí abajo con vosotras. Antes tengo que dejar unos recados a mamá.

Os adoro, pequeñinas mías. 

Ps. In memoriam de Ruth, Jose, Yaiza, Olivia, Anna, y tantos otros niños que tuvieron la desgracia de tener unos padres o unas madres a los que el odio les pudo más que el amor.

Ps2. Quiero aclarar que esto es un monólogo interior de un tarado explicando a sus hijas por qué cree él que tiene que matarlas. Es que he recibido algún mensaje un tanto inquietante en el que no parece que eso esté claro.

Ps3. Sé que no soy la mejor monologuista del mundo, pero por favor, no intento justificar un asesinato. Nunca pensé que alguien pudiera interpretar esto así.

jueves, 20 de mayo de 2021

Todo el mundo muy pendiente, voy a hablar del medio ambiente

Uno de mis principales objetivos en la vida es dejar la menor cantidad posible de basura durante mi paso por el mundo. Vamos, emporcar lo mínimo, hablando en plata. 

No soy ninguna fanática del cambio climático ni nada de eso. De hecho desde el punto de vista ecológico eso es lo que menos me preocupa. Me parece mucho más peligroso el daño inmenso que hace el hiperconsumismo, la cantidad de mierda que producimos constantemente, los desechos que creamos  y que han terminado convirtiendo el planeta, los mares, los ríos, en estercoleros en los que es imposible la vida. 

Por eso mi compromiso va más por producir el menor número posible de desperdicios y en contribuir en la medida de mis posibilidades a intentar concienciar a mi alrededor sobre la importancia de la gestión inteligente de residuos. Y lo hago con pequeños gestos que no cuestan apenas trabajo. Por ejemplo:

Llevo mi propio taper cuando pido comida para llevar.

Evito todo tipo de plásticos. 

Reutilizo todo hasta que se cae a pedazos.

Uso jabón sólido en lugar de gel.

Uso cepillos de dientes de bambú.

Uso mascarillas de tela.

Compro bolsas de basura biodegradables.

Doy la ropa que ya no quiero para que la use otra gente y yo también compro bastante ropa usada.

Uso vidrios siempre que es posible en lugar de otros envases.

Llevo mi propia bolsa a la compra y reutilizo las bolsitas para coger fruta y verdura.

No tengo coche, me traslado en bici o andando, y si no hay más remedio uso transporte público.

En fin, que intento hacerlo lo mejor posible para no contribuir a engrosar el gran estercolero planetario.  Tal es mi afán por el reciclaje que incluso he donado mi cuerpo a la ciencia para que antes de convertirme en residuo definitivo me puedan reutilizar todo el tiempo que sea posible.

Por eso me siento completamente desolada cuando veo que a mi alrededor a la mayor parte de la gente le importa un pimiento todo esto.

En mi biblio hay contenedores de todos los colores para reciclar pero los usuarios tiran la basura indistintamente en cualquiera. Joder, son personas muy jóvenes, se supone que deberían tener un mínimo de conciencia ecológica, no? Bueno, pues ni flores.

Consumen botellitas de agua de plástico a destajo. Con lo fácil que es traerte tu botella o tu envase de casa y rellenarlo con el agua del grifo, que es lo que hago yo. O si la quieres fría traerte un termo.

Más desolador todavía es ver que el servicio de limpieza echa todas las bolsas al mismo sitio. Me molesté en hacer unos cartelitos para pegarlos en los contenedores indicando el tipo de residuo, y luego voy y me doy cuenta de que las limpiadoras lo juntan todo después. 

Es más, es que el concepto "ecología" no existe para ellas. Para que os hagáis una idea: en la máquina de café de la biblio hay una opción de sacar las bebidas sin vaso. Tú pones tu taza y entra directo el café en ella. Bueno, pues evidentemente yo hago uso de esta opción.  No tengo necesidad ninguna de crear un nuevo residuo cada vez que me tomo algo. Bueno, pues sabéis qué?  Que me preguntan las muchachas muy sorprendidas que por qué me molesto en poner mi taza cuando hay vasos de sobra en la máquina. Una incluso aventuró la teoría de que igual lo hago porque no me gusta el sabor a cartón. Mátame camión!

Es que se te cae el alma a los pies. Si somos tres gatos y medio los que tenemos un poco de conciencia ecológica y el resto van arrasando a su paso con todo lo que se pone por delante, nuestros esfuerzos no tienen sentido. Todas esas cosas que he enumerado antes para qué? Para qué mi cepillo de dientes de bambú? Para qué mi bolsa de la compra? Para qué mi taza en la máquina de café?

Pues básicamente para ganarme fama de rarita (aún más), de escrupulosita y de que no me gusta el café con sabor a cartón.