jueves, 28 de enero de 2021

Pongamos que hablo de...

He cambiado recientemente de lugar de trabajo. En general el cambio ha sido beneficioso. Estoy mucho más cerca de casa, por tanto he ganado mucho tiempo al no tener que perderlo en largos trayectos de un lado a otro, lo cual es un verdadero lujo que valoro muy positivamente. Además el sitio es bonito, acogedor, confortable, vamos, que mola. Pero claro, también hay algún que otro inconveniente. 

Ahora hago turnos, unas semanas estoy de mañana y otras de tarde. No me importa, incluso me gusta, pero todo el mundo que haya trabajado alguna vez haciendo turnos sabe que se produce cierto descontrol en los ritmos vitales. Se cambian las horas de comida, de sueño, de rutinas... También, por supuesto, se resiente el tránsito intestinal, sobre todo si ya de por sí es un tránsito irregular y poco dado a grandes alegrías.

Yo desde pequeña siempre he tendido al estreñimiento. Creo que ya he hablado alguna vez de este tema y he explicado de qué manera mi organismo reacciona al hecho de madrugar como algo antinatura. Cómo ese rechazo se refleja en una imposibilidad casi absoluta de ir al baño. Me he llegado a tirar la semana laboral entera, de lunes a viernes, in albis, y hasta el ansiado fin de semana nasti de plasti. Mi naturaleza es sabia pero hijaputa hasta ese punto. Sin embargo en los últimos años podría decirse que mi aparato digestivo y yo habíamos llegado a una especie de entente cordiale; no sé, como que mis hábitos saludables, mi alimentación y mis rutinas diarias favorecían una cierta regularidad. Y además, como en el sitio donde trabajaba anteriormente había un lugar confortable, calentito y relativamente tranquilo en el que me sentía cómoda, la cosa iba sobre ruedas. Prácticamente todos los días tenía mi hora feliz. Pues bien, todo lo que había avanzado en este aspecto se ha ido al traste con el traslado.

Para empezar el sitio nuevo es muy poco apropiado para estos menesteres. A ver si me explico. Los baños que corresponderían a mi puesto de trabajo están prácticamente al aire, y el tráfico de personas es constante. La puerta y las ventanas están abiertas de par en par, no sé si ahora por el tema de la pandemia o es que siempre ha sido así. El caso es que no se está precisamente a gustito en ellos. Desde el vestíbulo se escucha perfectamente todo lo que viene de los baños, puesto que están directamente conectados y ya digo que las puertas permanecen todo el tiempo abiertas.  En fin, que el concepto "intimidad" no estaba precisamente en la mente de quien quiera que fuese el que diseñó esta distribución de espacios demencial.

Por todo esto lo primero que hice al llegar fue una labor de exploración para localizar otros baños más amigables y menos concurridos. Mi puesto de trabajo da a un patio y me lo recorrí entero a la busca de ese lugar discreto, silencioso y apartado que cualquier persona más o menos normal precisa para realizar sus tareas fisiológicas. Tras mucho investigar conseguí localizar uno en un sótano que cumplía perfectamente con las características deseadas. Problema? Que se encontraba relativamente alejado y había que salir al patio y atravesarlo. Bueno, un paseíto tampoco viene mal, aunque con la rasca de estos días no es precisamente agradable. Pero en fin, qué no es una capaz de hacer por su tránsito intestinal?

No contaba yo con otro inconveniente inesperado: el guardia de seguridad. Un señor bastante parlanchín que se pasea constantemente por el patio y que tampoco parece tener como principal cualidad la discreción. 

La primera vez no daba crédito. Iba yo toda feliz, ufana, y satisfecha por el deber cumplido, como sólo puede ir una cuando se siente ligera, liviana, etérea..., y de repente escucho una voz en la lejanía. 

- Eeeeeeeeeh! 

Hossssstia! Será a mí? 

Miro para un lado, miro para otro... y allí que lo veo, en la otra punta del patio. Y sí, dirigiéndose a mí con ostensibles aspavientos. 

- Inmaaaaaaaaa, ónde vaaaaaaaaas?

Glupsssssss! 

Pero cómo puedo tener tan mala follá? 

Como tampoco es plan de ponerme a gritar ni tampoco de dar explicaciones, le saludo con la mano y sigo mi camino. Pero nada.

- Nenaaaaa, que ónde vas con este fríooooooooo?

Cáspitas! Albricias! Demonios! Hosssstia el tío! A que no me va a dejar en paz? A que al final le tengo que decir de dónde vengo? 

Aprieto el paso mientras hago como que no lo he oído y no vuelvo a respirar hasta que no he conseguido entrar en terreno seguro.

Y esto, queridos amigos, no ha sido una vez, ni dos, ni tres. Son toooooooooooodas las veces! No falla ni una. El tipo parece que esté todo el día apostado en una esquina esperando a verme pasar, camino del sitio de mi recreo.

Si ya de por sí madrugar es un handicap considerable para mi regularidad intestinal, ahora que tengo un entusiasta observador que no pierde detalle, cómo voy a conseguir convencer a mi organismo de que venza su pereza natural y cumpla con sus obligaciones? 

O dicho de otra manera: volverán las oscuras golondrinas de mi balcón sus nidos a colgar... alguna vez?


viernes, 8 de enero de 2021

La tapa

 - Buenos días, venimos a comprar una tapa de váter.

- Ha tomado las medidas de la taza o sabe la marca?

- Pueeeeees... no. La quiero universal, que valga para todos.

- Ya, señora, pero la universal puede no encajar bien según sea el tamaño de la taza. Por eso es importante saber el modelo o al menos conocer las medidas. Puede hacerle una foto y con eso nos valdría.

- Ah vale, pues entonces mejor vamos y le hacemos la foto y venimos con ella. Hasta qué hora abren?

- Hoy hasta las 3 porque como es Nochebuena no abrimos por la tarde.

- Perfecto, pues nos vamos y a ver si nos da tiempo.

Ya en la calle.

- Qué hacemos? Vamos, le hacemos la foto y volvemos o nos llegamos luego más tarde?

- Sí, claro, y compramos la tapa del váter y nos vamos con ella debajo el brazo a tomarnos la cervecita de Tardebuena.

- Bueno, pues casi mejor lo dejamos para la semana que viene.

- Oye, mamá, acabo de caer! Juan está en casa! Que haga la foto y nos la mande!

- Es verdaaaaaad! Cómo no se nos habrá ocurrido antes? Ahí no hemos estado finas.

- Pos al de la tienda tampoco se le ha ocurrido preguntarnos si había alguien en casa.

- Ahora mismo le mando un audio.

AUDIO

- Cucha, Juan, que hemos venido a comprar la tapa del váter y nos hace falta una foto. Haz el favor de hacer una y mandármela, pero asegúrate de que está limpio. No me la vayas a mandar con un muñequito flotando o con un dibujito. Date prisa, que estamos esperando.

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- Hola, aquí estamos otra vez. Nos ha mandado una foto de la taza mi hijo. Aquí la tiene.

- Huuummmmm! Yo diría que es un Roca, pero no estoy seguro del todo. Pacoooooooooo, ven a ver esta fotooooooo!

- Parece un Roca, sí, pero mejor mándale la foto a Pepe al Polígono, que él lo sabrá mejor.

- Le voy a mandar la foto a un compañero que es un genio de esto. Taza que ve, taza que identifica de momento.

- Sí que parece un genio, sí.

- Dice Pepe que cree que es un Gala pero que necesita otra foto desde más arriba, y que se vea el modelo.

- Vale, se lo digo a mi hijo.

AUDIO

- Juan, que hagas más fotos de la taza desde distintas perspectivas. Y procura que se vea la marca, que está por lo visto en la tapa de la cisterna. Ah, y no hace falta que salgan al ladito tus zapatillas hechas polvo.

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- Aquí tiene las fotos. 

- Ah, pues sí, es Gala, llevaba razón Pepe.

- Y tiene la tapa para ese váter?

- Pues yo creo que la que le corresponde es el modelo Diana, pero mejor lo consulto con Pepe. Un momentito.

- Vale.

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- Que dice Pepe que sí, que es el modelo Diana pero de ése aquí no nos queda, tendría que llegarse al Polígono a por él.

- Bueno, entonces ya nos llegamos la semana que viene porque hoy no tenemos tiempo. Muchas gracias.

- De nada, señora, para eso estamos. Feliz Navidad. 

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- Madre mía, qué odisea para comprar una puta taza de váter. Poco más y le tenemos que enseñar el culo, como el del chiste.

- Y lo de las fotos a todo color ha sido de traca. Ese reportaje documental de la taza de nuestro váter paseándose por toda Córdoba. Y con las pantuflas cutres de Juan al lado, jajajajaja! Lo mismo hasta se hace viral, te imaginas?

- Oye, te has dado cuenta de que el modelo de la tapa es Diana de Gala?

- Hosssstia, es verdaaaaaad! Quién coño le pondrá los nombres a las tapas de váter?

- Pues no sé, pero quien sea tiene que ser un cachondo mental.

- O un psicópata, según se mire.

- Pozí.


martes, 15 de diciembre de 2020

Luces

Este año me he vuelto loca. He puesto mi casa que parece una feria. Luces por aquí, luces por allá, no queda un rincón sin decorar y sin iluminar. Tal ha sido mi obsesión por el alumbrado navideño que he contagiado a toda la familia, que se ha lanzado en tropel a la caza y captura de luces de todos los colores, formas y tamaños.

No sé, no sabría explicar qué bicho me ha picado. Pero de repente cuando salgo a la calle, esa calle vacía por la noche, sin luces de bares y comercios, que da hasta miedo pasear por ella, voy dando gracias íntimamente a todos aquellos que se han molestado en poner alumbrado exterior en sus casas y contribuyen con ello a alegrar esas vías tristes y solitarias que me recuerdan que ésta no es una Navidad como cualquier otra. La falta de ambiente navideño en el barrio necesito suplirla con el del calor de los hogares.

Voy mirando las ventanas de mis vecinos buscando desesperadamente esas luces, y me hago amiga del alma de todos los que han decorado sus balcones y terrazas. Me confortan, alegran mis paseos perrunos,  esa rutina de obligado cumplimiento para los que tenemos mascotas caninas. Me siento como la cerillera del cuento, que miraba por las ventanas para sentir el calor de las chimeneas y estufas desde el frío asfalto. La ruta meatoria de mi perra está marcada por esas luces, que son como mi estrella de Oriente. Las voy siguiendo en mi paseo y la Bimba se va meando en todos los arbolitos que encontramos en nuestro recorrido. Y mientras ella va dejando su correspondiente rastro yo miro obnubilada las bombillas de colores, que se encienden y se apagan formando diferentes dibujos luminosos. Y sí, le doy gracias a quien las haya puesto, con el convencimiento de que lo ha hecho para alegrarme la vida.

Ése es el motivo por el que yo también he decorado mi casa en un estilo a medio camino entre el Corte Inglés, el Mouline Rouge y el puticlub Las Vegas. Intento contribuir a esa fiesta de color y al mismo tiempo devolver el favor. Me hace ilusión pensar que cuando otras personas pasean y ven a lo lejos las luces de mi casa es un poco como si las invitara a pasar, a sentarse en mi sofá y a tomar algo calentito. Siento que algunas se quedarán, igual que hago yo, mirando e intentando adivinar quién vive ahí, cuántos somos, qué estaremos haciendo.

En realidad mi faceta de pequeña cerillera viene de lejos; siempre me ha gustado mucho curiosear los interiores de las casas. Pero ha sido ahora, con la pandemia, cuando esa afición se ha convertido en pasión. Y es ahora, en Navidad, cuando esa pasión se ha traducido en una locura psicodélica. Quiero luces luces luces por todas partes, quiero noches rabiosas de guiños luminosos.

No termino de entender el pastizal que se han gastado muchos ayuntamientos en iluminar las calles del centro. No se trataba este año de evitar al máximo las aglomeraciones? No se trataba de no incitar a la gente a que se concentrara en los mismos sitios? A qué viene ese derroche lumínico demencial, esa invitación al desenfreno comercial? Mucho limitar los horarios y los aforos de bares y restaurantes hasta extremos insoportables para los hosteleros,  pero luego venga luces y luces para que la gente vaya a amogollonarse en tres calles del centro. Pero en manos de qué capullos estamos?

Yo, en lugar de ese gasto gilipollesco e inútil, este año habría invitado a que fueran los propios ciudadanos los que se encargaran de engalanar sus ventanas, balcones y terrazas. Que el alumbrado navideño fuera de dentro afuera por una vez. Os imagináis cada edificio iluminado por los vecinos que viven en él? Con la personalidad de cada cual, unas de colores varios, otras azules, otras blancas, unas fijas, otras intermitentes, unas con forma de árbol, otras de estrella, otras de cortina, de portal de Belén.... un decorado multiforme, multicolor, multidimensional. Toda la ciudad vestida de Navidad por sus habitantes, cada uno poniendo su granito de arena, su bombillita, su punto de luz.

Éste no ha sido un año normal para nadie; ha sido un año inolvidable (aunque muchos quisieran olvidarlo). Hemos vivido una experiencia que nunca habíamos imaginado. Me parece una locura que en un año así haya quien quiera que todo se haga igual que siempre. Y del mismo modo que durante el confinamiento convertimos nuestros balcones en lugares de encuentro, que bailábamos y cantábamos en ellos, y aplaudíamos cada tarde a los sanitarios, ahora, en Navidad, deberíamos hacer que todo el protagonismo volviera a ellos.

Lástima que no se le haya ocurrido esta idea a ninguno de nuestros próceres. Triste que se me haya ocurrido a mí, que tengo el mismo ámbito de influencia que una pulga. Pero no sería lo más lógico? Incluso lo más bonito? Que por una vez recayera sobre nosotros ese esfuerzo por alegrarnos la vida mutuamente? No os gustaría pasear por vuestro barrio y ver unas luces que, para variar, no tuvieran el propósito de animarnos al consumo y al jolgorio, sino al recogimiento y a buscar el calor de hogar?

No sé, puede que yo sea muy friki (bueno, vale, lo soy), pero creo que este año era lo que pegaba. Es lo que pega. Pega que nos animemos a nosotros mismos y que nos comuniquemos a través de nuestro alumbrado hogareño. Que chillemos, lloremos o cantemos mediante nuestros juegos de luces.

Venga, no os cortéis! En Internet encontraréis todo tipo de artilugios que se encienden y se apagan. Con baterías, con energía solar, con enchufes. Resistentes a la lluvia, a la nieve, a huracanes, tsunamis y pandemias. Por favor, llenad las calles de luz. Entregaos al frikismo navideño. Sin pudor, a saco. La ciudad es vuestra.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Mi madre

Pienso mucho en mi madre últimamente. No en vano estoy a un año de cumplir la edad en la que ella murió.

Cuesta pensar en superar la edad a la que murió tu madre. Ella permanece ahí intacta en el tiempo, sin envejecer, mientras que yo, si consigo sobrevivir, me iré haciendo mayor, mucho mayor que ella, al punto de que la madre muerta será siempre más joven que la hija. Son esas cosas extrañas que tiene la vida. 

Pienso en qué pensaría de mí, de mi vida, de cómo he hecho las cosas, de la persona en la que me he convertido. Creo que le gustaría. Creo que se sentiría orgullosa. De mí, de mi hermana, de sus nietos, de nuestros logros, de las familias que hemos creado.

Creo que le gustaría mi casa. Le encantaría el sitio, fijo. Otra cosa ya sería la cuestión decorativa. Ahí... ufffffff! Estoy segura de que me daría la vara todo el tiempo para que pusiera las cosas a su gusto. Que mi estilo un tanto naif, despreocupado, poco elegante, no le gustaría nada. Se horrorizaría de la falta de cortinas, de que no haya pintado la casa desde que me mudé hace 15 años, de los pañuelos que tengo colgados por todas partes para tapar desconchones y desaguisados varios, de mi escaso interés por rodearme de objetos bonitos, de mi clara preferencia por la utilidad y la comodidad... No me cabe la menor duda de que ahí chocaríamos seguro. 

Pero también creo que envidiaría mi vida. Mi libertad, los tiempos en los que he tenido la suerte de nacer.  En los suyos si te equivocabas era muy difícil rectificar. Si te casabas y no te iba bien estabas jodida. Si te quedabas embarazada y no querías estabas igualmente jodida. Si alguno de tus hijos no era "normal" estabas destinada a sufrir y a llorar lágrimas de sangre por él. Estoy segura de que le hubieran encantado estos tiempos en los que vivir de forma diferente es posible y la diversidad en todos los aspectos es hasta celebrada, aplaudida y fomentada. Saber que su hijo hoy hubiera sido considerado alguien normal, que hubiera podido casarse, formar una familia, vivir sin tener que ocultarse... sé que le habría reconfortado.

No le hubiera gustado en cambio que mi medio de transporte sea la bici, seguro que eso la tendría en un sinvivir. Tampoco le gustaría mi perra. A mi madre no le gustaban los animales, jamás quiso que tuviéramos mascotas en casa. Y le daba muchísimo asco que la gente tocara a sus perros y luego comiera tranquilamente sin lavarse las manos frenéticamente. Ya ni hablemos de dormir con ellos, de dejar que se suban al sofá, de darles besitos. Se moriría si me viera abrazar a mi perra y dormir la siesta con ella pegada. Le daría un síncope. Estaría todo el tiempo advirtiéndome de la cantidad de enfermedades que transmiten los animales. Me apuesto la cabeza.

Si hay algo de lo que sí me alegro enormemente es de que no haya podido ver enfermar y morir a una de sus nietas. Eso habría sido letal para ella. Bastante le costó superar la muerte de su propio hijo, pero ya lo de Helena la habría matado.

De todas formas cuando mi madre llegó a mi edad ya estaba bastante tocada. Apenas veía, estaba prácticamente ciega por su degeneración macular. Las sucesivas quimios la habían dejado muy deteriorada, no le quedaba un órgano sano. Estaba jubilada por enfermedad, y creo que su único disfrute era ver a sus nietas crecer. 

En fin, son reflexiones que me hago. No puedo evitar pensar en ese momento cercano del que hablaba al principio, en el que llegaré a su edad. Yo tampoco pensé nunca que llegaría. Teniendo en cuenta que desde que tuve cáncer a los 35 años siempre he creído que vivo de prestado, como que todo este tiempo es una prórroga del partido. Soy la primera sorprendida de haber llegado hasta aquí. Ya si consigo superar la edad de mi madre me parecerá una auténtica hazaña.

Bueno, no os doy más la chapa. En definitiva es eso, que me acuerdo de mi madre.

LOMLOE nainonainonainona

Menudo follón con la LOMLOE, eh? Que no tenéis ni idea de lo que hablo? Bueno, es que igual la conocéis mejor por Ley Celaà. Ahora sí, no?

Para empezar el nombrecito de marras.

Ley Orgánica de Modificación de la LOE. Me parto y me troncho. Os imagináis cuando éstos se vayan y vengan los siguientes y modifiquen ésta también y la llamen LOMLOMLOE? Y luego cuando vuelvan éstos hagan la subsiguiente LOMLOMLOMLOE? O mejor, la LOM3LOE. O mejor aún, la Lole Tercera.

En fin, qué puedo decir sobre las leyes educativas que no se haya dicho ya? Que esto es un cachondeo, que duren una media de 5 años, que así nos va, que con razón nuestros niños están a la cola-que-está-sola en todos los parámetros internacionales, que menuda panda de inútiles, incapaces de consensuar una ley que dure por lo menos 3 legislaturas seguidas... Podría empezar a rajar y no parar.

Podría empezar por decir que esto es un puto bucle. Este país es tan cutre que en lugar de discutir de programas de estudios, de métodos de enseñanza, de formación de docentes y de todas las cosas que realmente determinan la calidad del sistema educativo siempre estamos a vueltas con la religión de los cojones.  Bueno, y con el castellano, el otro conflicto endémico. Los grandes problemas de la educación en España, manda huevos. Qué pereza!

Hasta cuándo vamos a tener que estar bregando con estos despropósitos? 

A estas alturas debería quedar claro que la escuela es un lugar al que los niños van a ser instruidos en conocimientos varios; no a ser adoctrinados en ideologías o creencias. Eso es labor de los padres. La religión no es conocimiento; la religión es creencia, es dogma, es doctrina. Señores, por qué no les enseñan a sus hijos esas cosas en casa y dejan la escuela para lo que es, para formarse en las materias del conocimiento humano?

Si lo que se estudiara fuera una Historia de las Religiones podría tener un sentido. Pero no, es pura y dura doctrina católica. Eso no debería ser nunca objeto de estudio en una escuela abierta, porque en ella es inadmisible enseñar como ciertos dogmas que para otros alumnos no creyentes o creyentes de otra religión son ajenos. 

Necesitamos colegios islámicos, budistas, o de Testigos de Jehovah? No, verdad? Entonces por qué tenemos cientos de colegios católicos? Por qué todo lo relativo a la religión los niños no lo aprenden en sus casas? O en las parroquias, o en las mezquitas, o en la sinagoga, o en los lugares habilitados para ello? Tiene que ser en la escuela, que es un sitio para todos?

Por eso no me gustan las escuelas concertadas, porque un 95% son escuelas religiosas que se dedican a adoctrinar. No me importa que salgan más baratas al Estado ni que sean las favoritas de muchos padres. Yo creo que hay que luchar por la excelencia de la escuela pública. Como ocurre en algunos países escandinavos, en los que el nivel es tan alto que apenas nadie lleva a sus hijos a escuelas privadas. La escuela pública tiene que garantizar esa asepsia ideológica, que por cierto, hoy en día tampoco está garantizada en absoluto. Aquí todo el mundo quiere meter mano en las mentes inocentes de nuestros niños. Y ahí tengo que darles la razón en parte a muchos padres de la concertada que desconfían del adoctrinamiento ideológico de los programas de estudios en la enseñanza pública.

Si no deseamos adoctrinamientos religiosos tampoco debemos admitir ninguno de tipo político. Nadie debe decir a los niños qué pensar sobre las cosas. Los únicos valores humanos que la escuela tiene que enseñar son los consensuados en la sociedad. O sea, los derechos y deberes que existen en un país democrático como el nuestro, los recogidos en la Constitución que están obligados a conocer y respetar. Todo lo demás sobra. Por eso en la elaboración de los programas de estudios tiene que haber un acuerdo social amplio, y si en algún punto no lo hay mejor omitir ese aspecto concreto que no imponerlo por la fuerza.

Por poner un suponer: los valores del feminismo que proclaman la igualdad de hombres y mujeres están recogidos en nuestra Constitución y por supuesto deben estar incluidos en los programas. Ahora bien, otros asuntos complejos y polémicos como los temas de género, la ideología queer, la gestación subrogada, la eutanasia, el aborto, etc.... eso, por favor, dejemos que sean las familias las que se encarguen de darles respuestas. Que yo sea partidaria del aborto o la eutanasia no quiere decir que tengan que serlo todas las personas, independientemente de lo que digan las leyes, así que dejemos esas cuestiones fuera de la escuela. En todo caso, se pueden plantear seminarios fuera de las horas lectivas a los que los padres podrían o no apuntar a sus hijos, de forma totalmente voluntaria. Pero nunca intentar imponer un criterio contrario a las familias.

Ésa es la escuela en la que yo creo. Libre y de calidad, ajena a ideologías de todo pelaje, en la que nadie imponga a nadie sus creencias, sus dogmas de fe, su ideología política. Una escuela a la que pueda asistir por igual un niño de padres ateos, católicos, judíos, musulmanes o budistas, sin sentirse aislado o juzgado o cuestionado porque nadie va a discutirle los valores de su familia. Una escuela en la que da igual que seas votante de Podemos, del PP o de Vox, que tu lengua materna sea el castellano, el catalán o el vasco, que te vas a sentir igualmente cómodo en ella. Que los niños van a aprender y a formarse para ser personas preparadas, capaces de vivir en sociedad respetando a todo el mundo, con los conocimientos precisos para pasar a la Universidad o a algún ciclo de Formación Profesional, y punto.

Bueno, pues al parecer esto es un imposible en este país. Entre los curas y las monjas que llevan siglos viviendo del chollo de la concertada y antes muertos que perder esos privilegios, y entre nacionalistas e indepes y sus neuras con el castellano, de este bucle no salimos en la vida. 

Éste es el cuento de nunca acabar nonainonainonainona.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Mí no comprender

Llevo unos días discutiendo en Twitter, como de costumbre, a cuenta de una noticia aparecida en los medios que no ha llamado mucho la atención, supongo que ahogada por la catarata de novedades diarias sobre la pandemia que todo lo llena y todo lo absorbe. La noticia en cuestión iba sobre una profesora de Religión (Católica, por supuesto) que había sido expulsada de su puesto por haberse casado con otra señora.

Como no podía ser menos, guerrilla tuitera entre fans del obispo que la ha echado y partidarios a muerte de la profesora. Lo de siempre, unos defendiendo los sagrados principios de la fe católica y otros despotricando de la cúpula eclesial. Al más puro estilo Twitter, matices cero patatero.

Y mira tú por dónde, siendo yo atea y anticlerical hasta la médula, esta vez me ha tocado ponerme de parte episcopaliana, que manda huevos.

Vamos a ver. Partiendo de la base de que yo siempre he sido contraria a la clase de Religión en la escuela, porque me parece una aberración adoctrinar a los niños en los centros educativos ni en religiones ni en ideologías ni en nada, dado que de momento mi sueño de una escuela totalmente laica alejada de dioses y supersticiones magufas no se ha hecho realidad, me parece completamente lógico que si hay que dar clase de Religión la dé gente que comparta los valores y principios éticos y vitales de la confesión a la que representa.

Vamos, que si la Iglesia Católica es contraria al matrimonio homosexual, al divorcio, a la gestación subrogada o al aborto, por poner algunas de las miles de cosas a las que se opone, me parece complemente normal que no admita entre los docentes de su causa a personas que defiendan e incluso practiquen activamente cualquiera de esas cosas para ellos prohibidas. 

Y esto es tan de perogrullo que los profesores de Religión no pasan por una oposición, como el resto del profesorado de la enseñanza pública, sino que son elegidos a dedo directamente por el obispo correspondiente. Pos qué quieres, criatura? Que te cagues en los principios sagrados del obispo y te mantenga en el puesto?

Y llega una listilla y me dice: pos deberían informarse mejor los obispos porque su jefe ha dejado bien clara la nueva postura de la iglesia sobre la homosexualidad y blablablabla...

Pero alma de cántaro, qué nueva postura ni qué ocho cuartos? El Papa lo que ha dicho hace unos días es poco más o menos lo que viene diciendo el PP desde que se empezó a hablar por estos lares del matrimonio homosexual, hace más de una década. A saber, que los homosexuales son "personas humanas", sí, y que las criaturas tienen derecho a respirar y a vivir, incluso a juntarse en uniones civiles, pero que lo que viene siendo el matrimonio, es y seguirá siendo per secula seculorum cuando se casan un señor y una señora cada uno con sus cosas correspondientes entre las piernas.

El Papa en ningún momento ha dado el beneplácito a la celebración de matrimonios homosexuales, y por tanto ni él ni ninguno de sus obispos puede ver con buenos ojos que esta señora que se ha casado con otra señora vaya por ahí propagando la palabra de Dios, que ellos consideran que dice bien alto y bien claro que eso no es matrimonio ni es nada que se le pueda parecer.

Hay que ser un poquito coherente. Se puede o no estar de acuerdo con los preceptos de la Iglesia Católica pero si no lo estás... qué coño haces enseñando esos preceptos en un colegio?? Y por qué se indigna la gente de que te echen de un trabajo en el que te han puesto a dedo, y por tanto, el mismo que te ha puesto tiene todo el derecho a quitarte de ahí y poner a otro? Por qué esa señora no coge y se presenta a unas oposiciones en las que se tenga en cuenta sus conocimientos y sus méritos y así no podrán echarla nunca por no estar de acuerdo con unas teorías o con otras?

En fin, ya sabéis, me meto en todos los fregaos, pero es que no termino de entender cómo razona la gente y la manera en que las personas se apuntan a un bando y ya de ahí no se mueven ni aunque les pongan un cohete en el culo. Joder, que yo soy atea, pero vamos, que no sé qué coño hace una lesbiana dando clases de religión. Más aún, es que no sé ni cómo pueden existir lesbianas católicas. Cómo puede pertenecer la gente a un credo que le considera una especie de aberración de la naturaleza??

Ésta es una de esas cosas que hace que tenga muy poca fe en el futuro de la humanidad. Somos una especie realmente absurda, por no decir completamente idiota.

Qué coño! Somos una especie completamente idiota.

lunes, 19 de octubre de 2020

Tatuaje

Mi hija se ha hecho un tatu. Es un columpio colgado del signo infinito, y en él hay dos muchachas de espaldas, una agarrando a la otra por la cintura. Las muchachas representan a su prima Helena y a ella. Era un proyecto que tenían las dos. Hablaban mucho de él los días anteriores a su muerte, a Helena le hacía mucha ilusión. Ahora Julia ha hecho realidad ese deseo, y a mí me ha inspirado este post. 

Vamos a hablar de tatuajes. Sé que hay gente que no les ve sentido.  Conste que yo, cuando se hacen por mera estética, tampoco entiendo muy bien dónde está la gracia. Vamos, que no soy una forofa incondicional del tatu como objeto decorativo. Tengo sólo dos, y ambos tienen todo el sentido del mundo para mí. Llevo en la espalda, a modo de cadena, los nombres de mis hijos. No hace falta que diga lo que eso significa. Los llevo grabados en la piel como los llevo grabados en la vida. Simplemente.

Mi otro tatu es el de Helena. Ya conté el año pasado por qué me lo había hecho. Tenía una necesidad imperiosa de grabarme su nombre, y de que ella lo viera antes de morir. Lo conseguí por chiripa. Se fue dos días después, pero al menos me dio tiempo a enseñárselo, y de alguna manera eso me reconfortó después de su marcha. 

Los que no somos creyentes y no tenemos el consuelo de un más allá en el que todos nos reencontraremos felices y comeremos perdices sabemos que las personas perduran mientras perduren en nosotros. Puede que mueran, pero ninguna muerte es definitiva mientras las recordemos y las mantengamos presentes en nuestro día a día, en nuestros pensamientos, en nuestras vidas.

Helena vive en mí de muchas maneras pero una de ellas es ese tatu. No sólo lo veo cada día y le dedico mi pensamiento; es que también lo ven los demás. Y la gente que no sabe quién es me pregunta, y entonces yo hablo de ella, la devuelvo a la vida durante un rato. Es una resucitación temporal, es el modo de vivir que tienen los muertos. El tatu de Helena es un recuerdo suyo en mi piel, y a la vez un homenaje. Me acompañará siempre y morirá solo cuando yo muera.

Mi hija también ha decidido grabársela y así ha hecho realidad ese sueño que las dos compartían. Helena ya vive también en su piel. Y siempre estará ahí. Ella también le devolverá la vida cada vez que le cuente a alguien el significado de esas dos muchachas que se abrazan en el columpio. 

Helena no puede ya ver ese tatu, pero cuánto le hubiera gustado!

Mi preciosa Helena, por siempre y para siempre vives en nosotras.