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lunes, 3 de abril de 2017

El gran basural

Leo el último artículo de Javier Cercas, que va sobre la violencia verbal en Internet, sobre todo en las redes sociales, ese odio que parece que lo impregna y lo guarrea todo.

Copio el enlace y un fragmento del artículo:

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/javier-cercas-el-gran-basural/

Desde que existe Internet –no digamos las llamadas redes sociales– basta con apretar un botón para enfrentarse a toda la basura del mundo: uno puede ver a defensores de los animales deseándole la muerte a un niño de ocho años, enfermo de cáncer, porque ha dicho que le gustaría ser torero; uno puede ver a un patriota de izquierdas riéndose a mandíbula batiente de una mujer (Irene Villa) a la que ETA le cortó de niña dos piernas y tres dedos en un atentado terrorista; uno puede ver a patriotas de derechas tratando de aniquilar la carrera del director de cine que quizá con más ahínco ha defendido la tradición del cine español (Fernando Trueba) porque se le ocurrió decir que no se ha sentido español ni cinco minutos. Y así hasta el infinito. O casi. Es extraordinario: a los niños les prohibimos el porno, pero no esta porquería. Aunque lo que a mí de verdad me intriga es lo otro: ¿cómo va a cambiar el mundo esta inundación de vileza permanente, gratuita y al alcance de todos? ¿Este basural ilimitado va a contaminar la vida o, por el contrario, va a ser una válvula de escape de la abyección humana, más o menos como lo es el fútbol, o como dicen que lo es?

Ya he comentado algunas veces que tengo un amplio historial de participación en foros de discusión y que he sido abundantemente insultada, maldecida y vilipendiada en todos ellos, y que mi actitud ante todo ello es simplemente hacerme la pirámide y descojonarme del exaltado en cuestión, lo cual consigue cabrear todavía más a la gente y ponerla mucho más frenética y violenta. Me da igual, nunca me han afectado las barbaridades que me dicen porque ni conozco a esa gente ni me importa un pimiento la opinión que puedan tener sobre mí.

Lo cierto y verdad es que leyendo el artículo de Cercas me pregunto si es tan cierto que Internet es un inmenso basural o más bien es un amplificador de basura. Porque no creo yo que haya tanta mierda en la red. Hombre, haberla hayla, qué duda cabe, pero no en tanta cantidad como creemos; lo que pasa es que nos pasamos la vida repitiendo una y otra vez esa basura, ya digo, amplificándola, multiplicándola...Si un imbécil escribe un tuit deseándole la muerte a un niño torero con cáncer, es eso, un imbécil que ha cagado su truño del día. Pero si durante semanas e incluso meses en todas partes se habla permanentemente del tuit del indeseable la sensación es que son miles de tuits. Y eso si además no se le pone una demanda y ya tenemos tema para rato durante meses y meses, que si el escrito de la fiscalía, que si los abogados, que si la acusación particular...

Si no les hiciéramos el caso que les hacemos y los periódicos, las radios y las teles no se dedicaran a repetir hasta la saciedad todas las chorradas que se le ocurren al tarado de turno no tendríamos esa sensación de enorme vertedero de mierda que da la red.

Y probablemente el mundo no es ahora peor que antes. Estos gilipollas han existido de toda la vida, los de los chistes de mal gusto o los brutos que amparados en la coartada de una causa noble (el animalismo, por ejemplo) sueltan barbaridades. Pero claro, antes las soltaban en su casa a la hora de comer o como mucho en la barra del bar y solo les escuchaban siete gatos que se limitaban a pensar para sí "menudo imbécil" y punto. Y ahora lo cuelgan en twitter o en facebook y ya se encargan los "indignados" de hacerle publicidad al mensaje y de que todo el mundo se entere de su existencia y lo lea.

Hace unos días supe del escándalo que se había montado por las votaciones finales del concurso Got talent. Yo no lo he seguido y no puedo opinar pero por lo visto las votaciones finales para decidir el ganador del concurso estaban abiertas al público, y una panda de trolls de Forocoches, que al parecer debe de estar lleno de subnormales, decidieron votar masivamente para que ganara el más manta de los finalistas y no el favorito del jurado y de la mayoría del público. Por lo visto lo hicieron para joder a Evaristo Mejide, no tendrían otra cosa más interesante que hacer los mastuerzos.

Y digo yo, de quién es la culpa? Quién fue el primer imbécil que se le ocurrió que fuera la gente desde sus casas la que decidiera quién gana los concursos? O quién va a ser el representante de Eurovisión. Quién fue la lumbrera que ideó este sistema "democrático" de elección? Porque eso del público es un concepto muy amplio en el que tienen cabida desde la gente más normal que vota realmente al que cree que lo ha hecho mejor hasta el que vota a Rosa de España porque le parece muy simpática y campechana o el que vota para joder a Evaristo Mejide porque le cae como el culo. Y cientos de personas que votan por razones igualmente peregrinas. Para mí está claro que el culpable de esos despropósitos es el que le da a la gente la posibilidad de decidir y no pone los mecanismos preventivos para evitar desbarres.

En fin, que sí, que Internet es el refugio perfecto para todos los pirados, resentidos y capullos que andan por el mundo, y que dicho sea de paso, siempre han andado. Lo que pasa es que ahora tienen un altavoz mucho más potente y entre todos colaboramos para que sus vómitos se reproduzcan y se hagan famosos en el mundo.  Si nadie repitiera sus chorradas y no se les hiciera ni puto caso terminarían cansándose y los demás consumiríamos mucha menos porquería virtual. Seguro.




lunes, 27 de febrero de 2017

Haters

Leo en El País Semanal el último artículo de Javier Marías cuyo enlace dejaré al final de este post por si alguien está interesado en leerlo completo, y no puedo sino estar de acuerdo al cien por cien con el escritor. El texto se titula "A quién podemos cargarnos hoy?" y va sobre la inexplicable proliferación de polémicas en Internet sobre los asuntos más peregrinos y absurdos.

En este caso lo que llama la atención de Marías es una noticia sobre una portada polémica de la revista Vogue USA en la que aparecen varias modelos de distintas nacionalidades y hechuras pero que ha terminado siendo controvertida por el gesto de una de las modelos, concretamente una de tallas grandes, que tiene una pose distinta a la de sus compañeras.

Así lo relata Marías completamente alucinado:

Dos eran los pecados. Por un lado, la mano y el brazo de una modelo estaban retocados, siendo más largos de lo normal, y, casualmente o no, esa mano es la que coge por la cintura a la modelo “de talla grande, Ashley Graham”. Pero lo imperdonable es que la susodicha Ashley Graham posa de manera levemente distinta que el resto: es la única que, en vez de apoyar una mano en una compañera, la tiene caída, “reposa sobre el muslo y le tapa la cintura”. Ergo: se la obligó a posar así para que pareciera más delgada; ergo: la revista es falaz, discriminatoria e hipócrita, y, lejos de “reivindicar la diversidad de cuerpos”, finge hacerlo y disimula las curvas de Graham. De nada sirvió que ésta asegurara que fue ella quien eligió posar así y que nadie le indicó qué hacer. Twitter siguió vomitando sus vómitos.

En fin, muchos os preguntaréis lo mismo que se pregunta el escritor en su artículo, a saber:

1.  Cómo es posible que haya tanta gente a la que le importe una gilipollez como ésta?

2.  Cómo es posible que estén tan ociosos como para dedicarse a criticar un pego así?

3.  Cómo es posible que hayan mirado la foto tan detalladamente como para percatarse de algo tan nimio?

Yo también me pregunto todo esto. Me cuesta mucho entender a quién le importan este tipo de cosas y cómo hay que estar de la olla para ponerse a mirar con lupa la foto para buscarle algún fallo y despotricar a saco sobre ella. Como no se podía criticar por racista ni por discriminatoria ni por nada políticamente incorrecto puesto que las modelos eran de distintas etnias y constituciones físicas... pues algo había que inventar para ponerla a parir.

Resulta inquietante que haya tanta gente en las redes sociales que se dedica básicamente a buscar cada día algo con lo que meterse y soltar mierda a mansalva. Me refiero al fenómeno de los "haters",  individuos cuya principal ocupación es ésa, además con una saña, una violencia verbal y una agresividad francamente preocupantes.

Hasta aquí lo que le llama la atención y le horroriza a Marías, pero yo voy aún más lejos. A mí también me fascina el efecto que estos odiadores profesionales consiguen en las personas a las que atacan, algunas de las cuales terminan incluso cerrando sus cuentas en las redes solo para huir del acoso. Y me llama la atención porque me resulta incomprensible que a alguien le importe una mierda lo que le pueda decir una panda de desconocidos de los que no sabe nada, salvo que no tienen otra cosa mejor que hacer que soltar chorradas, con frecuencia completamente desquiciadas, por Internet.

A ver, puedo entender la desazón y hasta la desesperación en el tema del acoso a adolescentes, porque se trata de sus propios compañeros, normalmente el acoso en la red es una extensión del que padecen en el mundo real. Además se trata de chavales en pleno crecimiento, que pasan por una etapa en la que la aceptación del grupo es fundamental, y es fácil minar su autoestima y la escasa seguridad en sí mismos que puedan tener. Pero en el caso de personas adultas y ya formadas que son atacadas por absolutos desconocidos que no parecen estar muy bien de la cabeza, me cuesta asimilar que verdaderamente les puedan herir sus críticas y comentarios, por muy ofensivos que pretendan ser. A fin de cuentas no ofende quien quiere sino quien puede. En mi caso por ejemplo es francamente difícil poder ofenderme porque las pocas personas cuya opinión sobre mí realmente me importa jamás actuarían de ese modo, con semejantes virulencia y mala follá.

Hace unos años me movía yo por unos foros en los que se opinaba sobre todo lo divino y lo humano y la verdad es que estaba bastante enganchada a ese sitio. Bueno, pues allí había un sujeto, Uboat era su apodo, que tenía una profunda animadversión hacia mí. La verdad es que ideológicamente estábamos en las antípodas, el tipo era bastante facha y nos embarcábamos en tremendas trifulcas sobre cualquier asunto que se planteara. Normalmente la cosa no pasaba de ser, al menos para mí, un divertido intercambio de pullas, exabruptos y escupitajos virtuales, y nadie salía realmente tocado de estos rifirrafes, que no dejaban de ser un entretenimiento inofensivo.

O al menos eso pensaba yo, hasta que un buen día no sé qué coño le pasó al tío este, si le habría tocado yo la tecla o lo había desquiciado o algo, nunca he sabido qué fue, el caso es que cruzó una línea roja que por entonces en aquel lugar era sagrado. Y lo que hizo fue revelar mis datos personales que hasta ese momento se habían mantenido a buen recaudo. En esos foros todo el mundo intervenía con un nick y se consideraba una falta de elegancia imperdonable y una burrada revelar información personal de los que allí nos movíamos. Bueno, pues el tarado aquel un buen día se levantó con ganas de hacer pupa real y soltó allí mi nombre y apellidos, dónde trabajaba y todo lo que había conseguido saber de mí a través de una amiga común con la que yo me escribía y que también se escribía con él.

Reconozco que aquello me sentó como una patada en la espinilla porque hasta ese momento nuestras broncas se habían limitado a lo virtual y jamás habíamos traspasado esa barrera hacia lo personal pero entonces me di cuenta de que aquel sujeto estaba mucho más pirado de lo que yo creía, y hasta me acojoné pensando que si había saltado esa línea igual podía cualquier día perder la pinza definitivamente y coger el coche, plantarse en la puerta de mi trabajo y arrearme tres puñaladas, porque además el tipo era bastante bruto y agresivo y si su violencia verbal se correspondía con la física desde luego era para preocuparse.

Ésa ha sido la única vez que me ha afectado algo que me hayan soltado por Internet, pero fue porque realmente me di cuenta de que el individuo estaba bastante mal de la cabeza y me entró miedo de verdad de lo que pudiera llegar a hacer. Se veía que estaba muy revuelto contra mí y que lo que quería era hacerme daño de verdad. Pero tal como me entró el cabreo se me fue y, una vez superado el modo pánico, decidí sacar el lado positivo del asunto y aprovechar la coyuntura que me había puesto en bandeja el chiflado para hacer una cosa que ya alguna que otra vez me había planteado, que era salir del anonimato en la red, algo que cada vez me daba más repelús, y empezar a hablar y opinar con mi nombre y apellidos, sin tapujos de ninguna clase. Estaba verdaderamente asqueada de la gente que usaba el anonimato para soltar barbaridades y hasta amenazas que jamás en la vida se hubieran atrevido a decir con su identidad real, y yo quería que quedara claro que no pertenecía a ese tipo de cobardes, como por ejemplo sí era el tarado que había revelado mi nombre.

Así que hice lo que más le podía joder en la vida, que fue empezar a firmar mis intervenciones con mi nombre real. Lo que él había supuesto que iba a ser una gran putada se volvió en su contra porque yo ya me sentí libre para ir con mi identidad por delante y a no ocultarme de nadie mientras que él seguía escudado tras su apodo, porque aunque yo podía haber hecho lo mismo y revelar sus datos me habría parecido muy bajuno e indigno ponerme a su altura. Era mucho mejor darle en las narices convirtiendo en un bien lo que él había pretendido que fuera un mal. Y de paso mataba tres pájaros de un tiro porque hacía algo que yo en el fondo creía que debía haber hecho tiempo atrás, y además lo consideré una victoria dialéctica personal puesto que había conseguido sacar al tipo completamente de sus casillas y que perdiera las formas y las papeletas y le perdí el poco respeto que le tenía como contrincante intelectual. Desde ese día pasó a ser cascarón de huevo total.

A partir de ese momento siempre he escrito en todas partes con mi nombre y apellidos y he despotricado contra toda esa gente que permanece escondida detrás de una identidad ficticia porque no tienen cojones para decir lo que piensan, corderos en la vida real y cobardes acosadores detrás de la pantalla. Y por todo esto digo que aparte de no explicarme, al igual que Javier Marías, cómo es posible que haya gente que dedica su vida a agredir verbalmente de forma sistemática sin sentido ni razón, menos me explico todavía que esa gente pueda ocasionar el menor daño en las personas a las que atacan. Y repito mi pregunta: cómo puede importarle a nadie lo que opine de él o ella un pringado al que no conoce ni le conoce y que, por tanto, no tiene capacidad para ocasionarle ningún perjuicio real? Porque si incomprensible es la figura del "hater", no lo es tanto o más la del "hated"?

Ahí dejo la pregunta y el artículo de Marías por si alguien quiere leerlo:

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/javier-marias-cargarnos-hoy/