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jueves, 23 de marzo de 2017

Pollúa

Me he puesto una nueva foto de perfil del guasap que es un selfie en bikini ante el espejo.

Mi hija:

- Típica foto de petarda de 15 años de éstas que cuelgan todo el rato fotos con pose sexi en el Instagram.

- Con la diferencia de que los míos no son 15, sino justo al revés, 51. Y te aseguro que si tú consigues llegar a los 51 con un cuerpo como el mío querrás que los demás lo vean porque la primera que no te lo podrás creer serás tú.

Y es cierto. De creer a pies juntillas que a partir de los 45 una persona físicamente es poco menos que un despojo humano a pensar que tengo ahora mismo el cuerpo más petao que en toda mi vida va un gran trecho. Y el resultado ahí está, en mi perfil del guasap.

Entre todo el piropeaje que recibo, me escribe una amiga:

- Hay que ver, hija, que toda la autoestima que a ti te sobra a mí me falta.

Un momento, alto ahí! Cómo que autoestima ni autoestima? Y qué me dices de esa horita de gimnasia que esta menda se mete entre pecho y espalda todos los días. Porque no pensarás que yo tendría el cuerpo que tengo a mis años ni le haría fotos para enseñarlas si no me lo currara y si no tuviera la constancia que hay que tener para conseguir un objetivo.

Menos quejarte de tu autoestima, querida amiga, y más currártelo. Ya verás qué pronto sube esa autoestima cuando día tras día, ante el espejo, tú veas tus músculos endurecerse y ponerte pollúa, que estas hechuras no vienen por gracia divina, aunque la genética tenga su parte de mérito, pero vamos, que esas cosas se las curra una.

Solo tienes que elegir una hora fija al día, las 7 por ejemplo, y a esa hora enchufar la música a to pastilla, agarrar unas pesas y ponerte a pegar botes al ritmo de la música. Si lo prefieres vete a un gimnasio, si es que te motiva relacionarte, pero la experiencia ajena me dice que los gimnasios se cogen con muchas ganas pero se sueltan con las mismas ganas cuando te aburres. En cambio la gimnasia casera a hora fija es como una rutina personal más, como la ducha a las 9 o la cena a las 9'30, algo que tienes que hacer y punto.

Esta misma amiga me dice de vez en cuando que le da "envidia" verme correteando feliz al viento con mi bici. La verdad es que nunca lo he entendido. Se puede sentir envidia de la pasta que gana Cristiano Ronaldo, o de los ojos de Sara Carbonero o de la inteligencia prodigiosa de Einstein, pero... cómo se puede sentir "envidia", por muy sana y muy entrecomillada que sea, de algo que está al alcance de tu mano y que solo requiere un ejercicio de voluntad? Es tan sencillo como comprarte una bici y ponerte a pedalear.

Yo aprendí a montar en bici a los 45, con tanto miedo como vergüenza, porque era supertorpe y hacía el ridículo padre y mis hijos se cachondeaban de todos los trompazos que me pegaba, que no eran pocos. Raro era el día que no me pegaba una leche contra lo que fuera. Y cuando veía a una vieja en mitad de una acera desierta de 5 metros de ancho rezaba para no cargármela porque la bici se iba sola para ella directamente. Y cuando llegaba al tren y bebía agua me salía vapor de la cabeza de tanta tensión que llevaba. Pero me lo propuse y lo conseguí. Y ahora me dedico a sortear viejas haciendo zigzag como una auténtica profesional y hasta les toco la bocina alegremente para que se aparten de mi camino cuando van en comandita y ocupan toda la acera.

Pongo esa foto en mi perfil porque me siento orgullosa de algo que me he currado yo, que no me ha venido llovido del cielo y que hace que efectivamente a mis 51 años esté más que contenta con mi aspecto. Y mi autoestima no está solo en mi cuerpo, que también, sino casi más en mi capacidad de ponerme un objetivo y conseguirlo.

Y si a alguien le parezco una quinceañera petarda y anacrónica, yo encantada. Ya que no puedo ser quinceañera (tampoco sé yo si me gustaría, la verdad) al menos puedo vacilar de tener un cuerpo costeaíto y apañao. Y a ver si con constancia y un poquito de suerte consigo llegar a los 60 como la Preysler (con la cara un poco menos estirá, eso sí) o a los 80 como Sofía Loren o Jane Fonda. Si ellas pueden por qué yo no?

Ah, por cierto, igual de orgullosa o más que de mantener mi cuerpo en forma me siento de mantener preclara mi cabeza. Escribir en este blog con cierta periodicidad, aunque solo me lea un puñaíto de selecto público, no deja de ser un ejercicio mental que me obliga a pensar, a plantearme cosas y a desarrollarlas con cierta claridad verbal. Y eso es igual de importante que currarse los tríceps y ponerse tocha a base de gimnasia o de lo que sea. Mens sana in corpore sano.

Así que lo dicho, menos quejíos y menos "envidias" y más ponerse las pilas. Con tres cojones.