viernes, 21 de marzo de 2025

A ver si alguien me ayuda a resolver esta duda

Hace bastante tiempo que no escribo en este blog porque la verdad es que me siento poco motivada. Ya he tratado un montón de veces casi todos los temas que me interesan y para repetirme como una lora prefiero callarme. Hay ya polémicas que me aburren de tan cansinas, y como entre lo que opinan unos y otros ya está dicho prácticamente todo no veo la necesidad de dar yo la matraca con lo mismo. Por otra parte encuentro reflejados mis pensamientos casi calcados en algunos escritores especialmente lúcidos, como Juan Soto Ivars, que parece que me lee el tío la mente sobre casi cualquier tema, y encuentro mucho más práctico reenviar sus artículos a mis amigos que ponerme yo a escribir lo mismo cambiando siete palabras. En fin, que entre unas cosas y otras, me da cada vez más pereza escribir. Aparte de que, la verdad, el tiempo de ocio que antes tenía de vez en cuando en el trabajo, en el que aprovechaba para estas cosas, pues ya no lo tengo. Ahora las horas de curro son de curro, nada de dedicar ratitos muertos a otros quehaceres.

Pero hoy me he metido en una polémica en TwitteX que realmente me ha motivado, porque además cara a la opinión pública es un caso perdido, y esos precisamente son mis favoritos. Probablemente habréis oído hablar del libro que ha escrito sobre el caso de José Bretón el escritor Luisgé Martín. Si no os cuento de qué va la cosa. Luisgé se ha tirado meses carteándose con el asesino, ganándose su confianza y consiguiendo finalmente que confiese y le cuente con pelos y señales cómo fue el proceso que le llevó a cometer el más execrable de los crímenes en las personas de sus hijos.  O para ser más exactos, la recreación mental que el filicida ha hecho a posteriori de sus abominables actos. De resultas de este intercambio epistolar y de algún que otro encuentro en persona ha nacido la polémica obra, que lleva por título "El odio". 

Leí una entrevista a Luisgé en la que más o menos cuenta el sentido que él le ve a este libro, que no es otro que indagar en la monstruosidad, en esa mente turbia, enferma, oscura cuyo funcionamiento las personas "normales" somos incapaces de comprender. Vamos, una labor muy propia de cualquier escritor, que siempre se sentirá atraído por este tipo de personalidades tormentosas. Yo misma encuentro la figura de Bretón apasionante desde un punto de vista literario, equiparable a los personajes atormentados de Dostoyevski o de los grandes dramas shakesperianos o de las tragedias griegas.  Porque sentir fascinación por un personaje no implica empatizar lo más mínimo. Puedes odiarlo, puede darte un asco tremendo, puede revolverte las tripas. Justamente de ese tipo de personajes abyectos está plagada la literatura, la gran literatura, la que nos hace estremecer. Pero claro, aquí chocamos con que éste es un personaje real y con que ha ocasionado un daño irreparable a la madre de sus hijos, un daño que además fue retransmitido en vivo y en directo durante meses a toda la sociedad, lo que provocó que se extendiera como la pólvora primero el estupor por el crimen, y después el horror generalizado.

Y aquí se confrontan estas realidades contrapuestas. Por un lado la libertad del acto creativo, por el otro el respeto al dolor de una mujer para la que esto es una vuelta más de tuerca en su ya insoportable calvario.  Y tengo que añadir que si entro en este dilema es porque siento un gran respeto literario por Luisgé Martín. Si se tratara de un periodista de estos de las vísceras cuya pretensión fuera ganar dinero a cuenta del morbo insano que estos casos despiertan tendría muchas menos dudas. Pero es que yo he leído la autobiografía novelada de Martín, "El amor del revés", y me impactó en su día muy hondamente su crudeza consigo mismo, el desnudo integral de su alma, cómo se autoflageló sin paliativos y sin compasión. Tanto me impresionó que incluso le escribí para decirle que su historia me había removido totalmente por dentro y que me había parecido muy valiente al contarla, así, tan sin reservas, tan a lo bonzo.* Y por eso, porque sé lo que él hizo literariamente con su propia vida, estoy completamente convencida de que no ha escrito un culebrón macabro tipo "true crime" sino que ha querido ahondar en cómo una persona puede llegar a convertirse en monstruo, en el peor peligro para sus propios hijos, en cómo funciona el odio puro y duro.

No sé, igual el libro finalmente se publica (ahora mismo hay una demanda de la madre de los niños y la editorial de momento ha cancelado la publicación hasta que se pronuncie la justicia) y resulta que no, que es una mierda destinada únicamente a sacar rédito económico de los más bajos instintos de la vil plebe. Pero desde luego también creo que sin haberlo leído no se debe condenar automáticamente al autor, ni a la editorial. En estos momentos hay una campaña brutal en redes llamando al boicot, no solo al libro en cuestión sino a cualquier otra obra editada por Anagrama.

Conste que entiendo la indignación de la gente y el posicionamiento del lado de la madre.  Lo entiendo porque para mí esa mujer ha sido víctima del peor de los crímenes que puede caber en mi cabeza y si yo estuviera en su lugar probablemente haría lo mismo. Mi duda está en si la justicia debe considerar que su demanda está por encima del derecho a la libertad creativa del autor. Es decir, si abrimos ese melón, si nos ponemos a prohibir libros por el posible daño que puedan hacer a terceras personas hasta dónde podemos llegar. Y qué tendríamos que hacer con las obras maestras del cine y de la literatura que están basadas en hechos reales,  que directamente penetran en la mente de asesinos, de psicópatas, de violadores, de seres repulsivos para la sociedad pero que están ahí, queramos verlo o no.

Desde luego es complicado, no es fácil saber qué es lo correcto. Ya digo que mi postura dubitativa es claramente minoritaria. El clamor popular está por prohibir el libro, matar a Bretón y a Luisgé Martín, y arruinar a la editorial por el sencillo método de no volver a comprar nunca jamás nadie ninguno de sus libros. Luego algunas voces, muy muy muy bajitas, se atreven a decir poco más o menos lo que yo he dicho aquí, y automáticamente son fulminadas por la masa enfurecida. La jauría humana siempre al acecho.

En fin, yo aquí lo dejo. Desde mi mayor respeto hacia Ruth Ortiz y su familia, invito a la reflexión sobre este asunto. Oye, que tampoco hay que tener una opinión diáfana al respecto. Yo misma lo que principalmente tengo son muchísimas dudas, un montón de preguntas, una empatía absoluta hacia las víctimas y por otro lado un respeto creo que legítimo por la labor del escritor que se sumerge en lo más profundo de ese infierno que es la psique de un ser miserable como Bretón.

A ver si alguien me ayuda a resolver esta duda.

* Por si alguien siente curiosidad dejo aquí el post que en su día escribí sobre la biografía de Luisgé:

https://arfondoalaizquierda.blogspot.com/2017/01/el-amor-del-reves-by-luisge-martin.html

2 comentarios:

  1. Lo que parece que no se entiende en X, es que no se prohibe lo que la gente cree, se crea jurisprudencia y luego a esa ley se pueden sumar casos que se alejan de lo que la gente ahora quiere censurar. Además tampoco diferencian entre boicotear la salida de un libro y boicotear a una editorial, ¿acaso Sara Mesa, Soledad Puertolas, David Trueba o cualquier escritor con contrato en vigor son culpables de algo?, o los traductores de obras de Alessandro Baricco o Paul Auster. Nadie expone "qué es lo que debe prohibirse", a parte del libro sin más, es decir, se habla de revictimización, luego ¿se prohibe cualquier libro que revictimice?, no siempre es claro quien es la víctima, por ejemplo el famoso caso de Ramon Sampedro, para su familia fue asesinato, por lo que se podrían sentir identificados como víctimas de su muerte y bajo el amparo de "revictimización" prohibir su libro. He puesto un caso en las antípodas a propósito, para intentar hacer ver que una idea legítima, pasada a ley puede ser un desastre. La censura puede estar en parte del contenido (citas textuales, protección de datos de los menores o incluso prohibir el último capitulo por ser la transcripción textual de la entrevista a Bretón, o incluso establecer X años tras lo sucedido para poder publicar), pero el libro, el concepto del mismo, no debería ser censurado jamás. Ojo, que en España se edita el libro "MEIN KAMPF" de Hitler prohibido en Alemania, que se puede considerar apología del fascismo, y nadie dice nada, ¿no es revictimizar a los judíos?. Entiendo el dolor de la víctima, pero creo que hay herramientas intermedias antes que la censura total y las consecuencias jurídicas que pueda conllevar. Por cierto, soy librero, y no me atrevo a pronunciarme en X por el posible hate hacia mi (incluso aqui he entrado con mi cuenta B), por eso me he desahogado aquí, te pido perdón por todo lo que he soltado, que además es un batiburrilo de ideas, necesitaba soltarlo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De perdón nada. Te agradezco mucho tu comentario. Ya es triste guasa tener que pedir perdón por dar una opinión.

      Y ya es triste que alguien tenga miedo de decir algo en una red social por las posibles y más que probables represalias.

      Este mundo se está convirtiendo en un sitio cada vez más peligroso y la disensión es un deporte de riesgo.

      Acabo de oír en la radio que el juez ha dictaminado que el libro se publique porque la fiscalía se basa para su petición de secuestro en artículos periodísticos y no en el propio libro.

      Pues ya está. Si una vez leído el libro se denuncia porque su contenido pueda atentar contra los derechos de alguna persona entonces ya se verá. La verdad es que confiaba en que ocurriría algo así pero una ya no sabe a qué atenerse.

      Vuelvo a darte las gracias por venir a mi blog a desahogarte.

      Ven cuando quieras.

      Eliminar