lunes, 25 de julio de 2022

A este sueño de verano se le ha ido un poco la mano

Me preocupa un sueño que he tenido esta noche.

Resulta que he quedado con un toro en el monte. Yo llego montada a caballo y el toro está allí, esperándome en la lejanía, y de repente nos lanzamos uno contra el otro. Bueno, yo no, mi caballo.  Después de unos cuantos lances, remoloneos, dimes y diretes, el toro cornea al caballo y yo a mi vez pincho al toro con una puntilla.

De repente mi caballo se convierte en un torero, saca una pistola y dispara al toro, pero el toro a su vez saca un cuchillo y se lo clava al torero en pleno pecho. Y aquí viene lo fuerte de verdad, lo que me ha dejado loquísima. Están los dos agonizando en la arena y en esto que el torero saca una especie de tubo de plástico con dos aberturas y se mete él una en la boca y le mete la otra al toro.

He abierto los ojos espantada ipso facto. Obviamente el sueño se ha salido de madre, se me ha ido de las manos. Es lo que pasa con algunos sueños, que llega un momento en que el desmadre ya sobrepasa todo lo oníricamente aceptable y te despiertas sobresaltada. Porque a ver, qué coño tengo que tener yo en mi cabeza para soñar que un torero saca un tubo de plástico y se mete él en la boca un extremo y le mete a un toro el otro? Qué nivel de taramiento mental tengo que tener para soñar cosas así? Chifladura máxima nivel Dios.

Cuando sueño cosas delirantes de este tipo siento la necesidad de dejar constancia escrita porque pienso que si algún psiquiatra pasa por aquí igual por fin descubre por qué mi psique es tan sumamente inquietante.

O igual es que con esta acumulación de noches tórridas tropicales se me han terminado de freír las pocas o muchas neuronas que me quedaban. Que también podría ser.

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